15 de mayo de 2025

Váyase, señor Sánchez

Hay políticos a los que les cuesta mucho permanecer callados tras su paso por el poder, pero si tuviera que destacar a uno sería a José María Aznar, un personaje que desde dejó La Moncloa no ha dejado de seguir soltando improperios por esa boquita que Dios le ha dado. Da la sensación de que aquella machacona solicitud de “márchese, señor González” le dejó tan buen sabor de boca, que muchos años después, cuando ya no es más que un espectro político, en cuanto le dan cancha continúa con letanías similares.

Hace unas semanas, en el congreso del PP europeo en Valencia, se le llenó la boca de insultos, descalificaciones y símiles catastrofistas contra el presidente del gobierno, a cuyo gabinete calificó de moribundo, todo ello frente a mandatarios foráneos. El patriotismo, José María Aznar, se lo pasa por el forro. Si no fuera porque su imagen resulta extravagante, una mezcla de rostro inexpresivo y de discurso hueco, con sus mensajes podría estar haciendo mucho daño a la imagen del país, porque al objeto de sus desvelos no creo que tanta iniquidad le cause mella.

Habría que recordarle al presidente de FAES determinados episodios sucedidos bajo su mandato, aunque estoy convencido de que no serviría de nada, porque debe de considerar que su figura está por encima del bien y del mal.

¿Se le han olvidado los 64 militares fallecidos en el accidente del Yak 42? Quizá, pero fue una auténtica catástrofe causada por la incompetencia de su ministro de defensa al fletar un avión manejado por una sociedad pirata, sin ninguna garantía de seguridad. ¿Se acuerda de lo que sucedió después con la repatriación de los cadáveres? Las precipitaciones por tapar todo aquel espectáculo que dejaba muy mal a su gobierno, originaron que los cuerpos ni siquiera llegaran a España debidamente identificados, con la consiguiente indignación de sus familiares cuando, al abrir los féretros, lo comprobaron.

De lo de las bombas en los trenes de cercanías para qué vamos a hablar. Después de que empezaran a acumularse pruebas de que se trataba de terroristas yihadistas, el señor Aznar y sus portavoces mantuvieron durante un tiempo la versión de que había sido ETA, porque reconocer que su irresponsable entrada en la guerra de Irak podía estar detrás de aquella barbarie no favorecía los interese electorales de su partido.

Por cierto, de la guerra de Irak y de sus consecuencias prefiero no hablar, porque es uno de los mayores disparates políticos que yo he visto cometer a un presidente del gobierno español desde que volvió a España la democracia. Mentira tras mentira para justificar aquella innecesaria invasión, que sólo beneficiaba los intereses de Bush y que causó la muerte de miles de seres humanos..

¿Cómo se atreve el señor Aznar con estos brillantes antecedentes a alzar la voz contra el legítimo gobierno de España en un congreso internacional?

¡Cállese usted, señor Aznar!

11 de mayo de 2025

Los chulapos de pelotón de doña Isabel

Dada la deriva de rebeldía nacionalista y separatista que está tomando el rumbo de las decisiones de Isabel Díaz Ayuso al frente de la Comunidad de Madrid, el otro día me dio por pensar que quizá en cualquier momento nos anuncie que ha decidido crear un cuerpo de policía autonómica. El problema puede que venga a la hora de elegir el nombre. Por supuesto tendría que ser en castellano, cuya pureza defendía la flamante oficina que creó doña Isabel para colocar al ilustre Toni Cantó a su frente. Además, debería ser de rango superior al de los mossos d´escuadra, porque no me imagino que la señora Díaz Ayuso esté dispuesta a quedar por debajo de otras autonomías. Como pelotón es más que escuadra y la palabra chulapo goza de gran prestigio en la capital de España, llego a la conclusión de que un nombre muy adecuado sería el de “chulapos de pelotón”.

La elección del uniforme podría ser causa de conflictos. Los mossos lo solucionaron muy bien, con esa boina que recuerda una barretina, perfecta conjunción entre marcialidad y tradición. Los “chulapos de pelotón” deberían por tanto vestir algo que recordara la tradicional gorra chulapa a cuadros, sin olvidar los típicos claveles verbeneros.

Respectos a los rangos en el escalafón, la cosa se complica algo. Sólo a modo de sugerencia, se me ocurre que la palabra isidro no puede faltar.  Los comisarios podrían ser isidros superiores, los mandos intermedios isidros mayores y los policías de a pie isidrillos, que ascenderían con el tiempo a isidrillos de primera.

Los distintivos de rango no ofrecen tanta dificultad, porque como los galones están ya muy vistos, podrían componerse a base de combinaciones de osos y madroños. Por ejemplo, un isidro superior tres osos en la gorra o en la bocamanga, los mandos intermedios uno o dos y los últimos en el escalafón, los isidrillos y los isidrillos de primera, un madroño y dos respectivamente.

Resuelta las siempre complicadas uniformidad y orgánica de un cuerpo de policía autonómica, nos encontraríamos con la elección del nombre de las dependencias policiales, porque a doña Isabel no le gustaría que se denominaran comisarías, ya que al fin y al cabo es el que usa la policía nacional y ya sabemos que ésta está a las órdenes del gobierno central. Por tanto, podrían denominarse "chulaperías" y habría tantas como distritos en la capital y pueblos en la comunidad. Decididamente, "chulapería de distrito" suena bien. Aunque en los pueblos también podría servir "cuartelillo de chulapos de pelotón".

En cuanto al himno –todo cuerpo uniformado tiene uno- podría ser la música de la Verbena de la Paloma. A mí personalmente me encanta lo del mantón de la China-na China. Aunque, como su ritmo no es muy adecuado para los desfiles y los “chulapos de pelotón” tendrían que desfilar el 2 de mayo frente a la presidenta, junto a los bomberos y otros cuerpos de élite, se me ocurre que quizá aquello de banderita tu eres roja, banderita tu eres gualda, que cantaba Celia Gámez por los escenarios madrileños, podría ser muy adecuado.

Tengo que darle alguna vuelta más a estas ideas. Quedan algunos flecos por definir y no me gustaría que la propuesta le llegara a doña Isabel antes de que esté perfectamente perfilada. Miguel Ángel Rodríguez la pararía, ya que sabe muy bien que su jefa es muy perfeccionista para sus cosas.

7 de mayo de 2025

Sede Vacante

Empezaré confesando que, a pesar de que no soy creyente, siempre he sentido un gran interés por el mundo que se oculta tras los muros de la Ciudad del Vaticano, lleno de intrigas palaciegas, de disimuladas ambiciones y de soterradas luchas por el poder, todo bajo el paraguas de una exquisita diplomacia y de una férrea capa de cautela, características que, a pesar de la turbulenta historia de la Iglesia, ha permitido su supervivencia a lo largo de los siglos. Algunos achacan esta continuidad a la divina protección del Espíritu Santo, pero en mi opinión las explicaciones están mucho más cerca de la condición humana.

Hoy voy a centrarme en uno de sus personajes, en la figura del papa Francisco, tan elogiada en los últimos días, como si su presencia en el Vaticano hubiera provocado un auténtico cambio de rumbo en la marcha de la Iglesia. Yo, debo decirlo, le he tenido siempre una cierta simpatía como persona, porque quizá haya visto en él gestos más humanos o más cercanos a sus contemporáneos que los que veía en los papas anteriores. Pero tengo el convencimiento de que las estructuras de la Santa Sede no se han movido de su milenaria posición ni un ápice, no como consecuencia de que fuerzas ocultas se hayan opuesto a las recomendaciones del papa, sino porque Jorge Bergoglio no ha hecho nada que incomodara el estatus vaticano. Sólo algunas palabras, muchas de ellas por cierto sacadas de contexto.

Como este es un tema que daría mucho de sí, hoy voy a limitarme a analizar tres aspectos concretos de su pontificado: la posición de Francisco frente a la pobreza, su consideración sobre la presencia de la mujer en la Iglesia y su actitud respecto a los homosexuales.  Como muestra un botón, dice el proverbio, pero yo traigo hoy tres. Vayamos por partes.

Respecto a la pobreza, se estima que el patrimonio del Vaticano oscila entre 10.000 y 15.000 millones de dólares, una cifra que llama la atención por su volumen. Sin embargo, yo no he visto a lo largo del último pontificado nada que se corresponda con aquella frase del papa, cuando dijo que quería una Iglesia pobre para los pobres. Es más, en los numerosos conflictos que asolan nuestro planeta, que destruyen vidas humanas y aumentan la pobreza donde ya la había, no he observado ninguna ayuda procedente de la Santa Sede para paliar la situación y, sobre todo, para dar ejemplo. Por si fuera poco, el boato que hemos podido contemplar en los funerales de Francisco se compadece muy mal con el concepto de pobreza. Una ostentación muy alejada de los mensajes evangélicos, a pesar de la simbólica sencillez del ataúd.

En cuanto a la presencia de la mujer en la jerarquía eclesiástica, el papa Francisco no ha hecho nada de nada, más allá de decir, como le oí en una entrevista televisiva, que la iglesia era femenina. Pero las mujeres siguen relegadas a papeles secundarios, en mitad de una organización machista donde las haya. La posibilidad de que ellas accedan al sacerdocio ni se contempla.

Por último, la famosa frase de quién soy yo para juzgar a los homosexuales, que, según el testimonio de algunos periodistas que la oyeron en directo saltó a la prensa completamente truncada, no casa con la recomendación a los padres de que llevaran a sus hijos a un psicólogo cuando observaran en ellos algún signo de "confusión" sexual. Blanco y en botella, porque los psicólogos tratan desórdenes mentales. Cuando escribo esto, me viene a la memoria aquella curiosa recomendación del papa Francisco, cuando dijo aquello de que no accedieran al sacerdocio homosexuales, porque ya había bastante mariconeo en los seminarios. 

Mantengo lo que dije al principio. El papa Francisco fue un personaje que me resultaba simpático por su cercanía y su campechanía, pero sin embargo opino que su paso al frente de los destinos de la Iglesia no ha supuesto ningún cambio en el lento caminar del espíritu vaticano, ni mucho menos una revolución como alguno de sus hagiógrafos trata de defender. Por eso, creo que se le está dando demasiada importancia a cómo será su sucesor. Sea quien sea, supongo que introducirá pocos cambios y ninguno sustancial.



3 de mayo de 2025

Los militares no son un adorno

La polémica surgida en torno a la ausencia de las Fuerzas Armadas en los actos de conmemoración de la fiesta del 2 de mayo en Madrid, me da pie para reflexionar sobre una idea que tengo desde hace muchos años y que hasta ahora nunca me había decidido a manifestar por escrito. Siempre he pensado que los militares no deberían participar como institución en ningún acto publico que no sea estrictamente castrense y de carácter nacional, es decir, ni en los civiles que no reúnan estas condiciones ni en los religiosos.

Las imágenes tan repetidas todos los años del Cristo de la Buena Muerte en brazos de los legionarios, nunca me han gustado, porque comprometen la neutralidad del ejército. Esa mezcla de bravura militar y de religiosidad me parece una manipulación del espíritu castrense a favor de una parte de la sociedad, la de los creyentes o la de los que defienden la tradición de las procesiones.

Cuando veía a la señora Díaz Ayuso años anteriores pasar revista a las tropas y después contemplar su desfile desde un podio frente a las dependencias de la Comunidad de Madrid, se me antojaba una burda imitación de la imagen de un jefe de estado el día de la fiesta nacional de su país. Posiblemente era lo que ella buscaba y no entiendo que hasta ahora el gobierno se lo haya consentido.

El ejército ni es un adorno ni está al servicio de ningún político. Los militares no son mayorettes. Por tanto, utilizar su presencia con soterradas intenciones partidistas es un fraude que hay que evitar, por la propia dignidad de la institución militar y por la salvaguardia de la imagen de su neutralidad. No es propiedad del gobierno, como dice la ilustre presidenta de Madrid, pero sí está a sus órdenes, como indica la Constitución. Su presencia no debe responder al capricho de un político ni al del presidente de una cofradía de penitentes.

Hay polémicas que vienen muy bien porque actúan como revulsivos de situaciones de hecho que no se sustentan en ninguna legalidad. Por tanto, bienvenida la provocada por la supresión de la parada y consiguiente desfile militar frente a doña Isabel Díaz Ayuso, porque, si sirve de ejemplo, no volveremos a ver situaciones como éstas nunca más.


30 de abril de 2025

Salir del armario


No, hoy no voy a hablar de homosexualidad como pudiera deducirse del título que he escogido. Lo que sucede es que este símil tan elocuente me sirve para referirme a los que, con una clara mentalidad conservadora, dicen ser de centro o incluso de izquierdas. Yo a lo largo de mi vida he conocido a bastantes de ellos, individuos que por las razones que sean no se atreven a salir del armario del conservadurismo, no se deciden a confesar que son de derechas.

Lo que sucede es que, como dice el proverbio, se les nota el pelo de la dehesa. Puede ser, no lo descarto, que actúen de buena voluntad, que mantengan una cierta inquietud de carácter social y, como consecuencia, no se crean conservadores. Pero cuando se rasca un poco en sus ideas, empiezan a surgir en los planteamientos que utilizan unos prejuicios que ponen de manifiesto que, tras una pose de progresismo,  se oculta un alma de derechas.

Uno de esos prejuicios suele salir a relucir cuando se toca el debatido asunto de los nacionalismos catalán o vasco. Se ponen en actitud defensiva y aluden inmediatamente a los peligros de que España se rompa, sin atender a matices y sin querer entrar en el análisis de por qué existen, ya que, al considerarlos anatemas, los condenan sin entrar en mayores discusiones. Piensan que a los que defienden la identidad de su patria chica hay que negarles el pan y la sal.

Lo malo de estas actitudes es que resulta imposible el debate. Cuando se está convencido de que un nacionalista tiene el rabo y los cuernos de Lucifer, no vale argüir que la mejor estrategia es la del diálogo, la de la negociación, la de acercar posiciones. No sólo hacen oídos sordos a estos planteamientos civilizados, sino que además terminan llamando separatistas a los promotores del entendimiento o al menos pensando que lo son.

Lo que no dan son soluciones, salvo el consabido consejo de leña al mono. Prefieren mirar para otro lado y, como no son capaces de definir exactamente el peligro inminente que según ellos nos acecha, se remiten al futuro, ignorando que los movimientos centrífugos de algunas minorías catalanas y vascas tienen siglos de existencia... y aquí estamos. Pero su prospección futurista, su visión de las catástrofes que están por llegar, les sirve de argumento.

No es este el único aspecto conservador que surge al rascar en las ideas de los que no se atreven a salir del armario reaccionario. Hay otros muchos, como las actitudes machistas, la fobia a la inmigración, la xenofobia, el odio a los homosexuales, etc. Incluso se les ve el plumero conservador en sus opiniones de política internacional, donde sus simpatías suelen inclinarse a favor de gobiernos de dudosa legitimidad democrática. Pero todas estas últimas características quizá merezcan otro artículo, porque aquí no caben.

La pregunta que me hago es: ¿por qué no salen de una vez del armario? Cuando lo hagan, si lo hacen, se sentirán más a gusto.


27 de abril de 2025

¿Mentirosos o realistas?

A mí nunca me han extrañado las aparentes contradicciones en las que caen con frecuencia los políticos cuando, tras haber asegurado que harían algo en concreto, terminan haciendo lo contrario. Nunca he considerado que mintieran en su momento, sino que las circunstancias sobrevenidas durante el ejercicio de sus funciones los han obligado a cambiar de opinión. 

Por eso entendí muy bien que en su momento Felipe González facilitara que España entrara en la OTAN, a pesar de su rechazo anterior. Tampoco me sorprendió lo más mínimo que José María Aznar pactara con Jordi Pujol una serie de concesiones (supresión de los gobernadores civiles, competencia de los mossos d´esquadra en tráfico etc.), después de haber animado a los suyos a corear aquello de “escucha enano, habla castellano”. Ni que Pedro Sánchez, tras asegurar que no pactaría con Podemos, se aliara con ellos para formar gobierno. Para mí no son mentiras, sino ejercicios de realpolitik.

Cuando se está en contra de un político determinado, es fácil utilizar esta adaptación a las circunstancias para descalificarlo, acusándolo de falso, sobre todo si no se encuentran otros argumentos. A Felipe González lo juzgo por su ingente labor para modernizar un país recién salido de la dictadura de Franco y no porque, obligado por el juego de equilibrios geoestratégicos, nos metiera en la OTAN. A José María Aznar por su irresponsable alianza con Busch, que comprometió a España en un conflicto bélico, guerra que no sólo no era de nuestra incumbencia, sino que además ha dejado un reguero de muertes y una situación muy peligrosa de inestabilidad en la región. Su alianza con Convergencia y Unión, desde mi punto de vista, forma parte de la necesaria adaptación a las circunstancias políticas y no influye en mi juicio sobre su gestión política. En cuanto a Pedro Sánchez y su alianza con Podemos tras las últimas elecciones, no es más que un reconocimiento de la composición del parlamento. O gobernaba con los de Pablo Iglesias o daba paso a la derecha y a la ultraderecha. Para los progresistas no había duda, pero los conservadores nunca lo aceptarán.

No son mentiras, es pragmatismo. Me atrevería incluso a decir que se trata de una virtud y no de un defecto, porque lo indeseable en un político es que no tenga cintura, que no sepa sortear los inconvenientes y las dificultades, que se petrifique ante las contingencias que no favorezcan su permanencia al frente del gobierno. Porque, lo he escrito aquí en varias ocasiones, en política no hay nada más inútil que no poder llevar adelante tu programa político y, si no se está al frente del gobierno, no se gobierna. Elemental.

Adaptarse a las circunstancias del momento forma parte del ejercicio de la política, como también negociar para conseguir alianzas. Algunos, quizá decepcionados por el éxito negociador y por la capacidad de conseguir apoyos de Pedro Sánchez, se remiten a lo que dijo entonces y a lo que dice ahora. Una acusación que en política no tiene ningún sentido.

Por cierto, de las negociaciones, de los pactos y de las concesiones diré algo en breve. Hoy aquí no me cabe.

23 de abril de 2025

El color del cristal con que se mira

Nadie, por muy equilibrada, ordenada y racional que tenga la mente, está libre de que en sus juicios influya la subjetividad. Es cierto que esta influencia se da en distintos grados de intensidad dependiendo de las personas, en algunos casos rayando con el prejuicio; pero, insisto, la visión subjetiva del mundo forma parte del ADN humano. Yo tenía un amigo muy erudito que confesaba no tener principios, ya que para él eran formas de subjetividad latente y, además, prejuicios camuflados bajo la palabra moral. Puede ser que exagerara, pero a mí aquella opinión me ha obligado a reflexionar bastante sobre los principios y sus consecuencias.

La subjetividad en algunas ocasiones procede de confundir la excepción con la norma, la anécdota con la categoría, la parte con el todo. Cuando el otro día una señora a la que conozco muy poco, y con la que coincido de vez en vez como vecina de mesa en una terraza a la hora del aperitivo -¡cómo me inspiran estos encuentros fortuitos!- me espetó, no sé a cuento de qué, “es que a los catalanes con sus manías separatistas no hay quién los aguante”. Naturalmente no respondí a la torpe generalización, consciente de que se trataba de un caso perdido. Allá ella con sus prejuicios, pensé.

Cuento esto porque el caso de mi accidental vecina de mesa es mucho más general de lo que pudiera uno imaginarse. Una parte de la población española no catalana nunca ha entendido ni nunca entenderá que el catalanismo -apego a lo catalán- nada tiene que ver con el separatismo. Los separatistas existen, por supuesto, pero no toda la población ni mucho menos lo es.

Me he preguntado muchas veces cuál puede ser el origen de esta visión tan subjetiva de la realidad catalana, que afecta a una región de más de ocho millones de ciudadanos, pero nunca he encontrado una respuesta. que me convenza. Quizá proceda de la ignorancia, de la falta de conocimiento de la personalidad de aquella región, porque observo que muchos de los que ejercen este prejuicio nunca han pisado aquellas tierras o, de haberlo hecho, sólo como simples visitantes ocasionales.

Hay quienes no aceptan que tengan otro idioma, porque ven en ello un intento forzado de hacerse notar, de demostrar que son diferentes. Otros, cuando les hablas de Historia te contestan que no hay que remontarse a la época de los visigodos, con lo que demuestran no ser duchos en la materia. También existen los que no acaban de aceptar que una parte muy importante de nuestro progreso se haya introducido en el resto de España a través de Cataluña y, como consecuencia, sienten un cierto rencor de carácter envidioso. Por último, las balandronadas del señor Puigdemont y compañía han exacerbado en los últimos años el anticatalanismo de muchos de los anteriores. Por cierto, algunos rechazan lo catalán porque su padre se lo inculcó.

En mi opinión se trata de uno de los mayores problemas que tiene España, la incomprensión de unos sobre otros, la de los separatistas con respecto a la realidad española en su conjunto, la de los separadores con respecto a la catalana en particular. Creo que fue Unamuno quien dijo en una ocasión algo así como que tanto daño hacían a la unidad de España los que querían separarse como los que, con su rechazo, los impulsaban a ello. 

19 de abril de 2025

El bolo colgante y las hormigas voraces

De todos los eufemismos que he oído en las últimas semanas para explicar la coyuntura en la que se encuentra Europa frente a las maquinaciones de Donald Trump, el que más me ha llamado la atención es el de "estamos obligados a defender nuestro estilo de vida”. Se trata de una manera elegante de expresar que, si el actual presidente de EE. UU., no sólo nos deja con el culo al aire en materia de defensa, sino que además arbitra políticas aduaneras que perjudican nuestras economías, es necesario aumentar la conexión entre los países integrantes de la UE, racionalizar el desarrollo tecnológico del conjunto de países que la integran y reorganizar un sistema integral de defensa que nos permita evitar que se nos ningunee.

Los eufemismos se utilizan para edulcorar las expresiones, para decir lo mismo pero con palabras suaves. Hablar ahora a los europeos de rearme no es conveniente, porque la palabra suena a conflicto bélico y además supone un gasto de cierta envergadura. Por eso los políticos europeos prefieren mencionar la defensa de nuestros valores -democracia, estado de derecho, progreso social, etc.- en vez de hablar de misiles y de tanques. Prefieren aludir a la disuasión en vez de a la guerra. Desde mi punto de vista, no les falta razón.

Pero de lo que en realidad estamos hablando es de fortalecer nuestras fronteras geográficas para preservar nuestro estado del bienestar. Los equilibrios han cambiado y, si no se toman medidas urgentes, corremos el riesgo de perder muchos de los logros alcanzados en los últimos decenios. El presidente Trump acusa a los fundadores de la UE de haberla creado para perjudicar a su país, la Federación Rusa pretende acotar nuestro crecimiento en todos los sentidos de la palabra y las ultraderechas europeas se alían con las dos potencias para actuar como un caballo de Troya.

Eufemismos aparte, es cierto que Europa puede perder su estilo de vida. Las amenazas que ahora se ciernen sobre nuestro continente siempre han existido y nunca hasta ahora los líderes europeos se han puesto en la labor de enfrentarse a ellas. Pero nunca es tarde si la dicha es buena. Estamos a tiempo de dar un gran paso en la creación de una auténtica supranacionalidad que nos haga más fuertes. No será fácil, habrá que hacer sacrificios, pero es posible. Una UE cohesionada es mucho más fuerte que la suma de sus fortalezas. Por eso, quizá no sean necesarias cuantiosas inversiones que pongan en riesgo las prestaciones sociales, porque el esfuerzo de cada país en general es ya grande y lo que se requiere ahora es racionalizar el conjunto, centralizando adquisiciones, unificando el mando y poniendo en marcha políticas mancomunadas de desarrollo tecnológico.

Se me ocurre pensar que quizá no sería necesario utilizar tantos eufemismos si se hiciera más pedagogía. Porque muchas de las críticas que se oyen, sobre todo en la izquierda radical, demuestran una falta de información muy grande. Si de verdad queremos defender el progreso social y continuar avanzando en su desarrollo, no hay más remedio que defenderlo. Como decía un amigo mío, muy castizo él en sus expresiones coloquiales, no nos andemos con el bolo colgando, porque corremos el riesgo de que se lo coman las hormigas.

15 de abril de 2025

No es discrepancia legítima, es odio


Aunque ya estoy vacunado contra los exabruptos que los políticos de la derecha y sus adláteres lanzan todos los días contra el presidente del gobierno, sigo sin entender muy bien las razones que les provoca tanta vehemencia. Si se tratara de un político revolucionario que estuviese trastocando las estructuras fundamentales de nuestro país, podría llegar a pensar que los afectados por la "revolución social-comunista” se sintieran incómodos y protestaran. Pero hasta ahora, salvo continuos, decididos y democráticos avances hacia el logro de un país más justo y más igualitario, todo ello acompañado de una evidente mejora de la situación económica, no he visto ningún signo que pudiera hacerme pensar que una parte de la sociedad sienta que peligra su estatus social.

De manera que todo hace pensar que existen otras causas que justifican este odio tan primitivo hacia Pedro Sánchez. Puede ser que una de ellas, quizá la más evidente, sea el origen de sus mandatos. La moción de censura que derrotó al PP de Rajoy debió de causar estragos en las conciencias de muchos ciudadanos conservadores, que hasta ese momento habían querido ver orden y concierto en las políticas de los populares. Los escándalos que se sucedían un día sí y otro también en las finanzas del partido, las maniobras ocultistas que se fraguaban en los despachos de Génova para desacreditar a ciertos políticos y las condenas al PP en los tribunales de justicia habían envalentonado a la oposición liderada por el PSOE, que consiguió aglutinar a su alrededor una mayoría suficiente para proceder a un cambio de gobierno. 

Por si fuera poco tanto descalabro, en las últimas elecciones y contra todo pronóstico, Pedro Sánchez volvió a conseguir el apoyo de la llamada mayoría de la investidura, a pesar de que el PP había sido el partido más votado. Pero éste como no contaba con más apoyo que el que le brindaba la ultraderecha del señor Abascal, una vez más un enorme fiasco para los políticos conservadores.

Por tanto, al final pudiera ser que esta actitud tan de patio de colegio, tan infantil, donde el insulto y la descalificación no dejan hueco para la controversia política, proceda de la frustración que provocó y sigue provocando no ser capaces de ganar la mayoría en el Congreso para gobernar. La avalancha de improperios es tal, que da la sensación de que en algún lugar de los cuarteles generales conservadores se haya creado un think tank, un grupo de expertos en elaborar diatribas insultantes, a caballo entre la infamia barriobajera y el chiste malo. 

Hoy, sin ir más lejos, en una de esas listas de WhatsApp en las que uno a veces se enrola sin medir bien las consecuencias, me ha llegado una foto de Pedro Sánchez besando la mano a Mohamed VI, en una actitud casi de idilio romántico, con el lema de "una imagen vale más que mil palabras". Porque resulta que muchos de estos insultos se basan en la xenofobia, en la homofobia, en el racismo o en el machismo, que al fin y al cabo son algunos de los motores que alimentan el odio visceral de muchos de los que todavía no han podido asimilar la derrota.

No. No es discrepancia política, es odio.

12 de abril de 2025

Matón de patio de colegio


Una vez más elijo un título prestado, esta vez después de haber oído unas declaraciones de Felipe González sobre Donald Trump, en las que, entre otros apelativos de índole parecida, lo tachaba de matón de patio de colegio. Supongo que estas opiniones del histórico dirigente socialista estarán dando vueltas por los mentideros de las redes, porque no tienen desperdicio.

Leo, en fuentes generalmente bien informadas, que la palabra revolución significa “cambio profundo y radical, generalmente violento, en las estructuras políticas y socioeconómicas de una comunidad”. Pues bien, qué duda cabe que el presidente de EE. UU. ha provocado una auténtica revolución de proporciones colosales y de final imprevisible, con todos los ingredientes que figuran en la definición anterior.

Lo malo de las revoluciones es que con harta frecuencia se les van de la mano a los revolucionarios, sin que por supuesto esa fuera su pretensión. Sus características -profundidad, radicalidad y violencia- provocan la inevitable reacción de los afectados, en este caso los gobiernos del mundo entero, lo que todavía agrava más la situación. Sorprende, además, que en este caso sean los presuntos beneficiarios de la revolución, la plutocracia americana, los que parece que más van a sufrir las consecuencias de esta locura revolucionaria.

Lo que no se acaba de entender es que los que rodean a Trump no sean capaces de hacerle ver que las cosas no están saliendo como él quisiera. Eso me preocupa, porque me hace pensar que pudiera haber gato encerrado, en este caso que los intereses especulativos de la minoría más cercana al presidente, no sólo animen a éste a poner el mundo patas arriba, sino que además les importe muy poco el bienestar de su propio país. Si así fuera, estaríamos ante una colosal estafa promovida nada más y nada menos que por la administración de la primera potencia del mundo.

Yo estoy de acuerdo en que Europa está obligada a comportarse con prudencia y no precipitarse a la hora de contrarrestar los efectos de esta salvaje revolución. Pero al mismo tiempo estoy convencido de que está obligada a mostrar el músculo económico que tiene y avanzar a pasos agigantados en la construcción de una auténtica supranacionalidad capaz de plantar cara a los matones de patio de colegio de turno.

Confío, ya lo he dicho aquí en más de una ocasión, en que las políticas de check and balance -control y equilibrio- que recoge la constitución de los Estados Unidos vayan poco a poco reequilibrando la situación. Vamos a ver que decide el presidente de la reserva federal con los tipos de interés, porque Trump le está pidiendo que los baje y hasta ahora no ha conseguido su pretensión. Además, dentro de dos años se renovará una parte de las dos cámaras legislativas norteamericanas y pudiera suceder que los “trumpistas” perdieran la mayoría que ahora tienen. Por último, veamos como evoluciona el índice de popularidad del presidente Trump, porque a corto plazo puede caer como consecuencia del batacazo económico que se va pegar la clase media de aquel país.

No quiero dejarme llevar por el optimismo que siempre me ha caracterizado, pero creo que esta revolución está condenada al fracaso. Si Europa hace bien los deberes, quizá incluso salga beneficiada. 

8 de abril de 2025

Asaltar los cielos

 

Creo recordar que fue Pablo Iglesias quien dijo al principio de su andadura política que se proponía asaltar los cielos. De ahí el título que encabeza este artículo, porque ahora parece ser que Irene Montero pretende intentarlo de nuevo. Acabo de oír a Ione Belarra anunciar la candidatura de su compañera de filas como cabeza de lista de Podemos en las próximas elecciones.

Como demócrata, sólo puedo decirle que bienvenida sea a la confrontación política. Ahora bien, como progresista no tengo más remedio que advertirle de lo que en su momento dije, que cuando la pólvora ya está inventada para qué marear la perdiz. La izquierda necesita unión y no divisiones artificiosas. No hace falta ser muy sagaz para reconocer que estas pretensiones personalistas lo único que consiguen es hacer daño a lo que dicen defender, que en este caso no es otra cosa que el progreso social de nuestro país. Las derechas deben de estar frotándose las manos.

Puede ser que estas divisiones sean un mal endémico del progresismo, por aquello de que yo soy más de izquierdas que tú. Pero a mí me resulta incomprensible esta evidente ceguera política que en vez de promover el progreso lo ralentiza, porque en política no hay nada más inútil que no detentar el poder y por consiguiente ser incapaz de llevar adelante los programas que se proponen, en este caso la defensa de los más necesitados.

Por eso, cuando veo estos movimientos no puedo evitar pensar que se trata de espurios intentos de mantener viva una formación política para defender el estatus de algunos. Está claro que unos cuantos escaños conseguirán y, aunque hayan perjudicado a la izquierda en su conjunto, los que los ocupen tendrán unos años por delante de seguridad.

Sé muy bien que lo que he dicho suena muy duro, incluso puede que para algunos insultante. Pero cuando echo en falta el realismo político, cuando observo que determinadas maniobras ponen en peligro la esencia de lo que se pretende defender, se me llevan los demonios. Lo siento.

En la derecha pasa lo mismo, por supuesto. Si alguien cree que la aparición de Vox va a conseguir más "seguridad" y más "patria" de la que defiende el PP está muy equivocado. Lo único que hasta ahora han logrado los de la ultraderecha es debilitar al partido conservador tradicional y apartarlo del poder central. No sólo eso, sino además desprestigiar a los segundos por sus alianzas con los amigos de Trump.

Si la izquierda no se une está condenada al fracaso electoral. Pero, ojo, no valen los acuerdos poselectorales, porque pueden significar pan para hoy y hambre para mañana. Lo único que de verdad es útil es el triunfo de un gran partido, cuya ideología recoja los principios básicos de la lucha por la igualdad, en el que se sientan identificados desde el centro progresista hasta el progresismo radical. Los matices hay que dejarlos aparte, no porque no sean importantes, sino porque en política es necesario ser prácticos.

Señora Montero, debería usted dejar de intentar una vez más asaltar los cielos, porque ha quedado claro que son inaccesibles. 

4 de abril de 2025

¡Cómo gritan estos bellacos!

Las últimas elecciones alemanas han tenido en vilo durante un tiempo a muchos demócratas europeos. La posibilidad de que la ultraderecha de aquel país pudiera llegar a gobernar con los cristianodemócratas de la derecha moderada provocaba inquietudes, porque algunas declaraciones del candidato de la CDU habían insinuado esta posibilidad. Una vez escrutados los resultados y oídas las intenciones del nuevo canciller, Friedrich Merz, las aguas se tranquilizan, al menos de momento. Habrá coalición, pero no con los ultras sino con los socialistas. El llamado cordón sanitario se ha impuesto.

Pero aquello es Alemania y esto es España. Que ahora el PP y Vox den la sensación de andar a la gresca son sólo apariencias. Los dardos que se lanzan entre ellos no son más que intentos de la ultraderecha por hacerse con los votos conservadores y defensa de los populares para mantener su hegemonía. Pero todos sabemos que cuando llegue la hora de la verdad pactarán, porque es posible que por separado no tengan la mayoría necesaria para gobernar. Aquí no caben acuerdos entre socialistas y conservadores, porque las diferencias de pensamiento son abismales. El PP no es la moderada CDU.

Cuando llegue el momento de la campaña electoral, ni el PP ni Vox reconocerán explícitamente que tienen la intención de pactar, porque intentarán mantener su propia identidad frente a sus correspondientes caladeros de votos. Pero en cuanto termine el escrutinio y si los números les salen, empezarán a darse besos en la boca. No es un vaticinio, sino la constatación de la experiencia vivida en los gobiernos autonómicos. Es más, el PP no sólo entrará en el juego porque no contará con más aliados que los de la ultraderecha de Vox, sino además porque en las filas populares hay muchos cuya ideología está muy cerca de la que guía a los ultras. Los votantes de centro, esos que navegan entre dos aguas, deberían pensar que si su voto se decanta hacia el PP, en realidad estarán votando la entrada de Vox en el gobierno, es decir al señor Abascal como vicepresidente.

A mí nunca me ha gustado la expresión cordón sanitario, porque prefiero hablar de defensa de la democracia y de los derechos humanos. Lo primero me parece pasivo, lo segundo activo. Las ultraderechas de todos los países del mundo parecen cortadas por un mismo patrón, son cesaristas, despóticas y totalitarias, además de racistas, homófobas y xenófobas, ideologías que un demócrata debe combatir con todos los recursos que permita la legislación. Las alianzas para evitar que gobiernen es uno de ellos.

La Historia es machacona y repetitiva. Cuando oigo los mensajes de Trump, de Abascal o de Le Pen, me parece estar oyendo los de Mussolini o de Hitler, cuyas consignas se impusieron en casi todo el continente europeo durante decenios, y a los que sólo se pudo derrotar tras una sangrienta guerra mundial, gracias, por cierto, a que EE. UU. intervino en defensa de las democracias occidentales. Da miedo pensar qué hubiera sucedido si en el gran país americano en vez de tener a Roosevelt como presidente hubieran tenido al actual.

No, no es un cordón sanitario lo que se necesita para frenar el avance de la extrema derecha, sino un decidido empeño democrático de parar los pies a los fascistas. ¿Estarían el PP y el PSOE dispuestos a ello como sus colegas alemanes? Mucho me temo que no. 

1 de abril de 2025

Los eslabones de la vida

Recuerdo que hace algún tiempo escribí en este blog un artículo con el título de “Pequeñas casualidades”, encabezamiento que tomé prestado de una película cuya trama ponía en evidencia que la vida está constituida por una secuencia de circunstancias sobrevenidas que van marcando su rumbo. La pregunta que algunos se hacen, ¿qué hubiera pasado si en vez de aquello hubiera sucedido esto otro?, no tiene ningún sentido, porque lo hecho, hecho está. Pero pone de manifiesto que somos conscientes de que nuestra existencia discurre por caminos marcados por las pequeñas casualidades.

De esto, pero aplicado a un caso concreto, voy a hablar hoy. En Semana Santa de 1955, mi padre, recién ascendido a comandante, se incorporó a un nuevo destino, esta vez en Madrid. Él se había adelantado y los demás de la familia nos trasladamos unos días después en tren desde Barcelona, dónde habíamos vivido los dos últimos años. Yo estudiaba tercero de Bachillerato y todavía no había cumplido los trece años de edad. Como el curso escolar no había acabado, a mi hermano Manolo y mí nos matricularon en un nuevo colegio, el Calasancio.

El primer día de clase me colocaron junto a un compañero, José Miguel. Como es natural, y teniendo en cuenta que yo allí no conocía a nadie, no tardé en establecer una buena amistad con mi vecino de pupitre, que poco a poco me fue introduciendo en mi nuevo ambiente escolar. Con el tiempo, aquella amistad, en principio puramente escolar, se convirtió en más general, porque me integré en el grupo de los amigos de mi amigo.

A través de José Miguel conocí a un primo suyo por parte de madre, Juan Luis, algo mayor que yo, que, a diferencia del resto de los integrantes de nuestra pandilla, no estudiaba en el colegio Calasancio. A su vez, éste nos presentó a otro de sus primos, en este caso por parte de padre, que se llamaba José Antonio.

Los años fueron pasando, se acabó el colegio y empezó la universidad.  Cuando yo ya había cumplido los 19 años, en noviembre de 1961, José Antonio llevó un día a su hermana Ana Mary a uno de nuestros guateques. Tenía 16 años y hasta entonces no la había visto nunca o quizá me hubiera pasado desapercibida. Pero lo cierto es que ese día sí reparé en su presencia, hasta el punto de que quedamos en asistir juntos a un baile en la facultad de medicina, donde actuaban los Pekenikes, un grupo musical muy de moda en aquella época.

Podría alargar el relato de las pequeñas casualidades que terminaron en boda en 1969, con dos hijos y cinco nietos, pero me parece innecesario para el propósito que me guía hoy. Si no fuera porque aquel día de abril de 1955 el padre prefecto decidió que me sentara junto a José Miguel, si José Miguel no me hubiera presentado a Juan Luis, si Juan Luis no hubiera integrado a José Antonio en nuestra pandilla y si José Antonio no hubiera llevado a su hermana a uno de nuestros guateques, mi vida hubiera sido completamente distinta a como ha sido y, por supuesto, también la de otros muchos que me rodean, algunos de los cuales ni siquiera habrían nacido.

La vida es un carrusel de pequeñas casualidades que van trazando su recorrido. El libre albedrío existe, claro que sí, pero siempre estará condicionado por la dirección que tomemos en cada una de las bifurcaciones. Es verdad que el camino se hace al andar, pero se anda por donde el terreno lo permite. La topografía marca los senderos y las pequeñas casualidades trazan el discurrir de la vida. 

27 de marzo de 2025

Perdona, pero no te escucho

No es la primera vez que traigo aquí este asunto, el de la confusión cada vez más extendida entre los verbos oír y escuchar. Si escribo lo que viene a continuación no es para enseñar a nadie a hablar correctamente, sino para darme el gusto del pataleo. Porque resulta que esta incorrección lingüística ha llegado a tal extremo, que es muy difícil encontrar un presentador de televisión o un locutor de radio o un guionista de doblaje cinematográfico que sepa distinguir entre oír -percibir sonidos- y escuchar -poner atención a lo que se oye-. De hecho, ya casi nadie oye, todos escuchan.

La confusión a veces resulta esperpéntica. El otro día le oí decir a un famoso presentador de televisión que acababa de conectar con su corresponsal en Kiev, “perdona, voy a cortar, porque no te escucho”. Quería decir, por supuesto, que no le oía por culpa de las interferencias. Pero, arrastrado por la incorreción, en realidad lo que le dijo fue que, como no prestaba atención a sus comentarios, cortaba la comunicación. ¡Será maleducado!

Otro ejemplo, esta vez procedente de un corresponsal de guerra, que ni corto ni perezoso nos explica micrófono en mano que se despertó porque empezó a escuchar las explosiones de las bombas. Vamos a ver, si estaba dormido, no podía estar prestando atención a los sonidos que llegaban a sus oídos. Le despertaron los estruendos que oyó, pero no podía estar escuchándolos porque, según confiesa, estaba completamente grogui. Quizá, una vez despierto, se pusiera a escucharlos para averiguar en qué zona de la ciudad estaban cayendo las bombas.

El otro día, en una película española, un policía le preguntaba a un testigo que si había escuchado los disparos del asesino. Una vez más confusión, porque a no ser que estuviera pendiente del asesinato, no podía estar escuchando. La pregunta correcta hubiera sido, ¿oyó usted los disparos?

Otra frase incorrecta, que oigo con mucha frecuencia, es "el otro día escuchamos". Esta frase implica que quien la expresa está seguro de que, además de él, sus interlocutores también prestaron atención, cuando en principio no lo sabe. 

Yo a mis nietos, cuando les corrijo la confusión, les aconsejo que si tienen dudas sobre qué verbo utilizar analicen la situación. Oirán o escucharán en función de la misma. Si hay voluntad de prestar atención a los sonidos que llegan a sus oídos estarán escuchando. Si sólo hay percepción de sonidos, estarán oyendo. Luego, si atienden escucharán y si no seguirán oyendo sin prestar atención.

Es verdad que en ocasiones se pueden utilizar los dos verbos, porque cuando se escucha algo es porque se oye. Tan correcto es decir que se oye la radio como que se escucha, porque lo segundo implica lo primero. Pero no al revés, porque se pueden estar oyendo la radio sin escucharla.

Se me ocurre que entre oír y escuchar existe la misma diferencia que entre ver y mirar. Pero hasta ahora no le he oído decir a nadie expresiones como "no me gusta conducir de noche, porque en la oscuridad no miro bien".

 

24 de marzo de 2025

Alcaldes y faraones

Tenía yo una amiga catalana, muy progre ella, que un día hace ya muchos años me dijo algo así como que otra cosa no, pero que la derecha cuando estaba en el poder se hinchaba a hacer obras públicas. Cada vez que veo una de esas actuaciones para mejorar las infraestructuras, que solemos calificar de faraónicas, me acuerdo de ella, cuya reflexión naturalmente no acababa ahí, porque añadía que con menos impuestos y con tantas pirámides quedaba poco dinero para la realización de obras sociales.

A mí la creación y la mejora de las infraestructuras de cualquier orden siempre me han fascinado,  porque evidentemente significan progreso. Suelo seguir con interés eso que algunos llaman “megaproyectos”, otros “megaparanoias”, bastantes “megadisparates” y muchos “obras faraónicas”, porque en las opiniones sobre el desarrollo urbanístico hay de todo como en botica. Ahora mismo en Madrid están en marcha varios de estos proyectos, con centenares de millones de euros comprometidos, (Chamartín, línea 11 de metro, intercambiador de Conde Casal, soterramiento del Paseo de Extremadura, etc.).

Por lo general las críticas que reciben este tipo de actuaciones suelen ser de orden estético o técnico. Recuerdo la construcción de las torres de la ciudad deportiva del Real Madrid, proyecto que parte de la opinión pública calificaba de disparate urbanístico, porque según ellos iban a congestionar una zona de la ciudad hasta entonces bastante tranquila. Los rascacielos se hicieron, su silueta se ha incorporado al skyline de Madrid y ninguna de las predicciones catastróficas se ha cumplido.

Tampoco se me olvida el túnel de la M 30, que en su momento levantó ampollas en parte de la opinión pública. Pues ahí está descongestionando el tráfico, creando espacio para el Madrid Río, un bonito parque fluvial, y abriendo a la urbanización barrios que hasta entonces parecían no existir.

Yo nunca le pondré pegas a las inversiones públicas en infraestructuras, porque soy un convencido de que la mejora en las comunicaciones y en el urbanismo mejoran la vida de los ciudadanos y la hace más confortable. Lo que sucede es que, como decía mi amiga “rojeras”, si se disminuye la recaudación porque se bajan los impuestos y al mismo tiempo se gasta el dinero a raudales en obras, necesariamente se estará detrayendo presupuesto para la sanidad pública, para la enseñanza o para las ayudas sociales a los más necesitados. Es de cajón aritmético.

Pero tampoco estoy de acuerdo con lo contrario, con abandonar la creación de infraestructuras y el embellecimiento de las poblaciones en beneficio exclusivo de las políticas sociales, porque no se puede olvidar que el aumento de la calidad de vida de los ciudadanos es una mejora social.

En éste como en tantos asuntos públicos hay que buscar soluciones intermedias. Pero mucho me temo que en el Madrid de mis amores el equilibrio se esté rompiendo a favor del espejismo faraónico y en perjuicio de las ayudas sociales a los más necesitados. 

20 de marzo de 2025

Sólo 4.143 muertos por COVID en las residencias de ancianos de Madrid

Tenía yo un amigo negacionista del holocausto, que sostenía que la cifra de víctimas judías en los campos de exterminio alemanes fue muy inferior a los casi seis millones que reconocían las estadísticas oficiales. Se trataba en su opinión de una patraña inventada por Israel para engordar la cifra de las indemnizaciones. Un día le pedí que, ya que parecía estar tan enterado, pusiera él el número. Naturalmente no me lo dio, porque sabía que ponerlo, fuera el que fuese, significaba reconocer que el genocidio existió.

Isabel Díaz Ayuso sí ha dado su cifra de ancianos fallecidos por COVID en las residencias de la comunidad que preside, exactamente la de 4.143, frente a los 7.269 que maneja el INE. Yo no voy a entrar aquí en la discusión de cifras, sino en la circunstancia de que la presidenta de la CAM, al dar la suya, reconoce la mayor, que los protocolos que se siguieron no fueron los adecuados, porque propiciaron la muerte de un número considerable de residentes, muchos de los cuales, si se los hubiera trasladado a un hospital podrían haberse salvado, al mismo tiempo que los fallecidos habrían sido atendidos hasta el último momento como seres humanos. 

A diferencia de mi amigo, doña Isabel ha caído en su propia trampa. Éste es un asunto que debe de estar dándole muchos quebraderos de cabeza a la ínclita política conservadora. Prueba de esta inquietud es que el otro día se despachó en la asamblea de Madrid con “basta ya de mierdas”, expresión que, además de vulgar, trasluce un sentimiento de temor a las consecuencias.

En la pandemia hubo precipitaciones obligadas por las circunstancias. En todo, en las compras de material a precios especulativos, en la construcción de hospitales innecesarios y en los protocolos establecidos deprisa y corriendo. La situación no era fácil, es cierto, y por consiguiente se actuó con urgencia. Lo digo porque muchos de los escándalos que están apareciendo ahora se amparan en la anómala situación que vivimos en 2020. Pero esta circunstancia no puede servir de justificación para eludir responsabilidades, entre otras cosas porque es preciso corregir lo que se hizo mal. Situaciones de emergencia pueden volver a surgir en cualquier momento y, por consiguiente, es preciso aprovechar la experiencia para tomar medidas preventivas.

Yo no me atrevo a asegurar que en el caso de las residencias de ancianos existan responsabilidades penales, porque para eso están los tribunales de justicia que dirán la última palabra. Pero lo que sí afirmo es que negarse a aceptar la evidencia de que se cometieron gravísimos errores es la peor de las actitudes que puede adoptar un político. Como consecuencia, creo que doña Isabel Díaz Ayuso, con su corrección del número de muertos y con su escatológica expresión “basta ya de mierdas”, ha puesto de manifiesto su nulo interés por rectificar los errores que se cometieron en las residencias de ancianos. 

No sé como acabará este asunto, puede que en los archivos judiciales y parlamentarios como tantos otros escándalos. De lo que sí estoy seguro es de que si uno de mis seres queridos hubiera muerto en las mismas condiciones que aquellos 4.143 ancianos que confiesa doña Isabel, a pesar de mi edad, y aunque tuviera que acudir en silla de ruedas, me iban a estar oyendo ella y sus colaboradores hasta que me quedara afónico. No tengo la menor duda.

16 de marzo de 2025

No hay mal que por bien no venga

 

Parece que algo se está moviendo en la conciencia de los líderes europeos. Tengo la sensación de que gracias a la deriva en las relaciones internacionales que ha tomado Trump, los mandatarios de la Unión Europea están considerando abandonar la sumisión a los EE. UU. que se adoptó tras la segunda guerra mundial, cuando los americanos y los rusos decidieron dividir en dos zonas de influencia nuestro continente. Ha sido muy cómodo mantenerse bajo el abrigo y la tutela de la gran potencia americana durante décadas, pero empiezan a sonar tambores de autonomía y autosuficiencia geoestratégica.

No es fácil romper bruscamente los lazos que nos unen a EE. UU. ni creo que a Europa le convenga. No se trata de enfrentarse a la gran potencia, sino de hablar de tú a tú a quienes pretenden cambiar bruscamente el orden mundial, pensando sólo en su propio beneficio e ignorando por completo los intereses de sus tradicionales aliados. Europa no debe entrar en una dinámica de confrontación, sino en la de poner en evidencia su fortaleza. No creo que haya mejor forma de hacer las cosas, cuando la diplomacia resulta ineficaz.

La era Trump terminará algún día, porque la propia dinámica de la democracia americana obligará tarde o temprano a pasar página. Pero mucho me temo que las secuelas sean duraderas. Si mientras tanto Europa reacciona, avanza en la integración y empieza a comportarse como una potencia independiente de los caprichos de los demás, se habrá dado un gran paso. Potencial existe, mucho más cuando estamos observando que tanto el Reino Unido como Canadá nos consideran aliados frente al rumbo que está tomando la política norteamericana. Creo, por tanto, que ha llegado la ocasión de sacudirse las tutelas de otros y empezar a pensar en nuestra autonomía como bloque independiente.

Enemigos de esta política hay y seguirá habiendo muchos, países de la UE con gobiernos de extrema derecha que miran con simpatía a Putin y a Trump (Viktor Orbán), partidos ultra conservadores que prefieren la sumisión a potencias extranjeras que la independencia geoestratégica de Europa (Vox), oposiciones que anteponen sus intereses partidistas a los intereses del país (PP) y formaciones de izquierda radical que se oponen a que se invierta en defensa, porque subestiman la importancia de la capacidad disuasoria, sin entender que el progreso social requiere seguridad para protegerlo (Podemos). Un error por cierto muy extendido.

Pero a pesar de todo creo que Europa está ante la oportunidad de salir del letargo institucional en el que había caído, porque la política exterior de la administración Trump está poniendo en peligro su supervivencia como área de mayor nivel de bienestar social y económico del mundo. Es una oportunidad para avanzar con rapidez hacia la creación de un auténtico estado supranacional.

Si esto es posible lo vamos a saber muy pronto, porque las fichas en el tablero internacional se están moviendo a gran velocidad. ¿Sabrá la Unión Europea mover las suyas? Si así fuera, es muy posible que podamos decir aquello de que no hay mal que por bien no venga.

11 de marzo de 2025

¡Ya está bien de señoritas!

 

Dicen que tener el “oído largo” facilita la inspiración. No sé si será cierto, pero lo que sí puedo afirmar es que yo, cuando oigo algo que me llama la atención, no tardo en abrir el ordenador y ponerme a teclear. Esta vez la inspiración me ha llegado cuando tomaba una cerveza con Ana Mary en una terraza cubierta, muy cerca de una mesa en la que una pareja de mediana edad hablaba de lo humano, de lo divino y... del gobierno. En un momento determinado ella, alzando la voz para que todos pudiéramos oír sus puntos de vista, le espetó a su compañero: como dice Feijóo, ya está bien de señoritas.

Ese mismo día Trump acababa de anunciar que retiraba ipso facto la ayuda militar a Ucrania, lo que había motivado una comparecencia ante los medios de Úrsula Van der Leyen para informar que proponía un aumento de la capacidad defensiva de la Unión Europea valorada en 800.000 millones de euros, nada más y nada menos. Por otro lado, se acababan de conocer las últimas estadísticas del empleo en España, según las cuales el número de afiliados a la seguridad social había aumentado en sólo un mes en 100.000 trabajadores. Por si fuera poco, llegaban noticias de que en Siria se había perpretado una matanza de unos 1.000 alauitas.

Pero para mi vecina de mesa las noticias importantes del día no eran las que acabo de señalar, sino los comentarios del señor Feijóo haciéndose eco de las acusaciones sin pruebas de Víctor Aldana, el empresario implicado en muchos de los varios casos de corrupción abiertos en nuestro país. Tiene sentido que a esta señora le inspiren en sus apreciaciones de carácter político las señoritas y no las noticias destacadas, porque al fin y al cabo es lo único que oye decir al jefe de filas de los conservadores. Si sigue el curso de la actualidad a través de las intervenciones de este último, no puede hablar de otra cosa.

Por cierto, en los últimos días hemos visto al presidente del gobierno español asistir a varias reuniones de altos cargos de la Unión Europea, interviniendo en ellas en inglés. Cuando pienso que en vez del señor Sánchez pudiera estar representando a España el señor Feijóo, me entra una inquietud tremenda, porque supongo que se tendría que limitar a decir good morning o a esperar a que la traducción simultánea lo pusiera al corriente de por dónde iban los tiros. Que un alto mandatario en estos tiempos de globalización no sepa hablar inglés supone una limitación que sus votantes deberían tener en cuenta, porque se trata de un hecho que puede dejarnos fuera de las decisiones que se tomen en las altas esferas internacionales.

Volviendo al tema que hoy me ocupa, qué duda cabe de que es mucho más fácil hablar de señoritas que de empleo o de conflictos internacionales. Lo de las amiguitas lo entiende muy bien mi vecina de mesa, lo otro es muy posible que la dejara sin capacidad para emitir juicios políticos, lo que a su vez a mí me dejaría sin la oportunidad de estar entretenido oyendo juicios ajenos mientras me tomo una cerveza a la hora del aperitivo. No sé si son "oído largos", pero sí que a mí la capacidad auditiva me incita a entrar aquí de vez en cuando para dar mi opinión sobre lo humano, lo divino y... el gobierno.

8 de marzo de 2025

Mamarrachadas infantiloides

Yo creía que con el vídeo de Trump sobre Gaza ya no volvería a ver en mi vida mayores mamarrachadas infantiloides. Pero me equivocaba, porque el de La isla de las corrupciones, creada, emitida y difundida por las cabezas pensantes del Partido Popular, supera con creces la estupidez infantil del primero. Tengo la sensación de que los creativos populares se creen que los ciudadanos españoles somos idiotas o, al menos, que nos gustan los juegos sin ingenio.

Parece ser que la causa de esta mamarrachada infantiloide está en la consigna que el señor Feijóo lanzó hace poco a la cúpula conservadora, la de que había que estar en las redes sociales más activos que los de Vox. Debe de ser que los líderes del PP entienden por más activos más infantiles, porque el video de marras se las trae.

Confieso que en ocasiones, cuando oigo decir que el partido que preside don Alberto carece de ideas, que en su proyecto de país hay más agujeros que en un queso de Gruyere, me entran dudas de si no serán acusaciones malintencionadas esgrimidas por el gobierno. Pero cuando me encuentro con decisiones como las que han originado este video, se disipan mis dudas, porque se trata de una iniciativa que pone de manifiesto que no son capaces de contraatacar políticamente, sólo de propagar videos maliciosos, repetir insultos hasta la saciedad y acogerse a la anécdota en vez de a la categoría.

La realidad que subyace detrás de todo esto es que temen que les adelanten por la derecha. El PP está estancado en intención de voto, mientras que Vox, aunque con lentitud, sigue creciendo. Lo que significa que, ya no sólo se está partiendo el voto conservador, sino que el partido que fundó Fraga Iribarne corre el peligro de ser superado por el de los seguidores de Abascal.

No, don Alberto no lo tiene fácil, porque puede suceder que durante su presidencia se pierda la hegemonía en la derecha que hasta ahora ha disfrutado su partido. Por eso patalean en vez de hacer política; por eso caen en el populismo barato, en vez de actuar como partido de estado; por eso acuden a la difusión de mamarrachadas, en vez de ejercer de oposición seria.

Pero es que, además, el señor Feijóo se está apoyando en personajes como Miguel Tellado y Cuca Gamarra, políticos que en ocasiones parecen extraídos de los dibujos de un caricaturista. Caras alargadas, sonrisas aviesas y miradas perdonavidas, imagen contraria a la que debe dar un líder europeo moderno. Porque en política hay veces que la imagen vale más que cien palabras.

En resumidas cuentas, los partidos de derechas andan a la gresca entre ellos, lo que no sólo no les conviene, sino que además los induce a mantenerse en una espiral de actitudes infantiles, con lo cual cada vez agravan más su situación de debilidad.

Allá ellos. 

4 de marzo de 2025

El marrón de Mazón

 

Por más vueltas que le dé el señor Mazón, su incompetencia lo ha metido en un laberinto del que no puede salir. Lo hizo mal el día de la DANA y continúa demostrando que no está preparado para gobernar. No sólo cae constantemente en contradicciones, sino que además pierde la serenidad frente a los medios de comunicación y acrecienta la sensación de que está más quemado que una falla en la noche de la cremá.

Su comportamiento se está convirtiendo en un espectáculo entre patético y bochornoso para la mayoría de los españoles y de los valencianos en particular. El PP y su presidente lo sostienen a duras penas, intentando no comprometer sus palabras demasiado. El señor Feijóo, en un alarde de clarividencia, dijo hace unos días que su dimisión podría dar paso a un gobierno de la izquierda progresista, por lo que ahí estaba y ahí se quedaba… de momento.

Sin embargo, cuánto más tiempo dure esta esperpéntica interinidad de facto peor para los intereses de los populares, porque las contradicciones y las mentiras para tapar mentiras, no sólo perjudican la imagen del señor Mazón, también la de los que lo protegen. Por mucha cautela que pongan estos últimos cuando se refieren a su compañero de filas, su silencio y sus palabras a medias ponen de manifiesto su complicidad.

Tengo la sensación de que el tiempo juega en contra de los intereses conservadores. El ovillo se ha enredado y el señor Mazón cada vez que intenta deshacer los nudos los aprieta más. No tiene salida, porque su ausencia en el centro de emergencias es injustificable. Es cierto que los daños materiales habrían sido los mismos si la señal de alarma se hubiera dado antes, pero a medida que se van conociendo detalles de las muertes causadas por la catástrofe, van quedando menos dudas de que muchas de ellas se hubieran podido evitar.

Uno de los argumentos que esgrimen algunos preclaros dirigentes del PP es que el señor Mazón está centrado ahora en la recuperación de las zonas afectadas y que las urnas lo juzgarán en función del éxito de ésta. Pero la pregunta que se hacen muchos es cómo se juzga la vuelta a la normalidad, porque no hay una unidad de medida para cuantificarla. Si a esta circunstancia le unimos que muchos de los afectados tardarán años en recuperar sus vidas anteriores a la catástrofe, es fácil concluir que no puede confiar en que una buena gestión le salvará de la situación de descrédito en la que ha caído.

Alguien debería aconsejarle al señor Mazón que dimita, que deje de dar tantas explicaciones esperpénticas y que se retire con la máxima dignidad posible. A no ser que lo que pretenda es mantenerse como aforado cuando lleguen las acciones judiciales que le amenazan.