22 de noviembre de 2025

Respeto pero no comparto

El título que he escogido hoy, para expresar mi opinión sobre la sentencia dictada por el Supremo contra el Fiscal General del Estado, está copiado de la frase que utilizan los políticos prudentes, muy pocos, cuando quieren expresar su desacuerdo con una decisión judicial. Yo no sólo no comparto la decisión, sino que creo que se trata de una manipulación dictada por un tribunal completamente politizado. Respetarla sí, por supuesto, si se entiende por respeto la obligación de acatarla.

Como no soy jurista, no voy a apoyar mis reflexiones en conceptos legales sino en consideraciones de carácter profano. Sé que los que no estén de acuerdo conmigo encontrarán en esta confesión un punto débil, pero me trae al pairo. Tengo mis ideas y las expongo con total libertad.

Empezaré recordando que toda esta historia parte de un presunto fraude a Hacienda cometido por el novio, compañero o pareja de Isabel Díaz Ayuso, el señor González Amador, a quien los tribunales han imputado, además de por delito fiscal, por falsificación de documentos mercantiles y por pertenencia a organización criminal.

Miguel Ángel Rodríguez, consejero de la presidenta de Madrid, envió a la prensa, cuando saltó el escándalo, el bulo de que la fiscalía proponía un pacto al defraudador y no al revés. A partir de este escenario, que no se puede perder de vista, se produjeron las filtraciones que han motivado la condena al Fiscal General, porque el Tribunal Supremo lo ha considerado responsable de las mismas. Sin embargo, han sido muchos los testigos que, a lo largo de la fase de instrucción y luego durante el juicio, han declarado que las filtraciones tienen otro origen, aunque no hayan querido por ética profesional revelar sus fuentes. Por tanto, no se puede asegurar que haya habido pruebas concluyentes, sino meras interpretaciones de los indicios.

Este asunto es extremadamente delicado, porque pone en entredicho la independencia judicial de algunos jueces, por supuesto no de la judicatura en general, al no dictarse la sentencia por unanimidad y al resultar que los cinco votos a favor de la condena proceden de los magistrados conservadores del tribunal, mientras que los dos que han votado en contra son progresistas. Dicho de otra manera, la legítima lucha política en el parlamento se ha trasladado al seno del Tribunal Supremo, lo que a todas luces introduce un sesgo de parcialidad partidista en la sentencia.

Un asunto que nace del bulo lanzado por un imputado, que no cuenta con pruebas suficientes y que ha dividido al alto tribunal por posicionamientos políticos, se ha convertido en una sentencia condenatoria, nada más y nada menos que contra el Fiscal General del Estado.

Me decía un buen amigo mío, lector habitual de este blog, que el señor García Ortiz ha sido víctima de las luchas en tres frentes, el de la confrontación gobierno y oposición, el de la pugna entre el legislativo y el ejecutivo y el de la rivalidad profesional entre jueces y fiscales. Una apreciación de la que he tomado nota para incluir en esta reflexión.

18 de noviembre de 2025

¿Dónde estaba Mazón?

 

Después de su comparecencia ante la comisión de investigación del Congreso, pocas dudas quedan de que Carlos Mazón oculta algo. No tiene ninguna explicación que, después de haber dimitido, siga sin saberse dónde estuvo cuando acabó la ya famosa comida en El Ventorro. Como es lógico, el tiempo ha ido sacando a la luz muchas de sus contradicciones, porque es muy difícil que en estos tiempos alguien, sobre todo un personaje público, pueda ocultarse bajo una nube de negaciones de la evidencia. Lo último ha sido confesar que despidió a sus escoltas cuando acabó la comida con la periodista, es decir, que anduvo por las calles de Valencia a pecho descubierto cuando acompañó a la periodista que comió con él ese día hasta el aparcamiento donde ésta tenía aparcado el coche y, más tarde, mientras ya sin compañía se dirigió según su versión a la sede del gobierno autonómico, un detalle que hasta ahora había omitido, no por olvido, sino porque pone en evidencia que debía de haber dado por concluida su jornada de trabajo. 

Mazón podría haberse refugiado desde el primer momento en la falta de información o en que no supo valorar la gravedad de la situación. Todo menos mentir, que es la peor de las estrategias. Sin embargo, intentó desde el principio evadirse de la situación, lo que lo convierte en alguien que, consciente de que su comportamiento fue absolutamente incorrecto, adopta la táctica del avestruz. Desconozco por supuesto qué hay detrás de este intento de ignorar la realidad, pero me huele a chamusquina.

No voy a negar que a la indignación provocada por su negligente comportamiento se una la presión de sus adversarios políticos. Pero esto es algo que en democracia forma parte de la normalidad. Por eso me sorprende su comportamiento esquivo, ya que con sus intentos de ocultar la verdad le está dando tres cuartos al pregonero. Un político con un mínimo de sensatez no puede permitirse una conducta tan caótica como la que está teniendo Mazón desde el día de la DANA.

Yo confío en que las diligencias abiertas por la jueza de Catarroja acaben dando luz a este enigmático comportamiento y terminemos todos sabiendo qué hizo Mazón ese día después de la comida. Las contradicciones se han acumulado y, como consecuencia, uno se tiene que preguntar qué oculta el todavía presidente en funciones del gobierno valenciano. Puede ser que no haya nada censurable, pero entonces se demostrará una vez más la falta de capacidad política de Mazón, porque su pertinaz silencio induce a sospecha.

Su última negligencia política consiste en haber desmentido la versión de Feijóo cuando este dijo que había estado en contacto con Mazón a lo largo de todo el día. Ahora resulta que no habló con él hasta las nueve y media. Su torpeza, unida a la de la estrategia del PP, está convirtiendo a este partido en cómplice político de la ineptitud del presidente dimitido.


14 de noviembre de 2025

Monseñor me acusa o las impertinencias clericales

Hay veces que no tengo más remedio que escribir sobre un tema concreto, porque su impacto no me permite centrarme en otro. Hace unos días participe en una comida de amigos, todos hombres y todos de mi edad, incluido un supuesto obispo que uno de los asistentes había incrustado entre nosotros para que bendijera la mesa, aunque nada tuviera que ver con las circunstancias que nos unen a los demás. No voy a dar más detalles, porque los comentarios que posiblemente se me escapen a continuación me aconsejan no hacerlo.

Para que se entienda el contexto, todos los que allí estábamos, salvo “monseñor”, disponemos de una lista de WhatsApp con lo que nos comunicamos cuando necesitamos enviarnos alguna noticia que nos afecte a todos. Pero como suele ocurrir en estos casos, algunos de los integrantes la utilizan para transmitir bobadas de carácter político, auténticas payasadas infantiles malintencionadas, en este caso de tendencia manifiestamente derechista. Yo, en más de una ocasión, he enviado algún comentario para advertir de que no deberíamos romper la armonía que nos une con intromisiones de carácter político. Sin embargo, de nada me han servido las advertencias, porque unos cuantos, siempre los mismos, han continuado haciendo de su capa un sayo.

En un momento determinado de la comida, el mencionado prelado, que por cierto no está en la lista de WA, me señaló con un dedo acusador desde el otro lado de la mesa y empezó una perorata, entre bromas y chascarrillos, en la que me achacaba la condición poco menos que de comunista, con menciones al ”che” Guevara entre otras lindezas. Yo escuché sonriente la diatriba, procuré que la sonrisa no me abandonara el rostro y le contesté que iba a intervenir por alusiones. Parece ser, le dije, que me estás llamando rojo. No, yo no soy un rojo, yo soy "un rojo de mierda”. Oí  risas y alguna carcajada, y observé varias caras con rictus de contrariedad por la intervención del prelado. Después, cambio de conversación y a otra cosa mariposa.

Debe de ser que, como he pedido varias veces que no se utilice nuestra lista para lanzar dardos envenenado que lo único que consiguen es dividir, la interpretación que se ha hecho de mi recomendación es que yo soy un impresentable revolucionario bolivariano, un adepto al marxismo-leninismo, o, como le dije al cura, un “rojo de mierda”, utilizando una expresión muy al uso entre los fachas. 

Conservo en mi teléfono toda la historia desde que se creó la lista, la he revisado, me he centrado en mis creo que tres advertencias a lo largo de cinco años y no he encontrado nada que pudiera interpretarse como posicionamiento ideológico por mi parte. También le he echado un vistazo a las tonterías enviadas por cuatro o cinco de los integrantes de la lista y, una vez más, me he sonrojado al comprobar hasta dónde puede llegar la estulticia humana, insultos malsonantes, falsedades descaradas y una falta de rigor intelectual que tira de espaldas. ¡Ah!, por cierto, todas “rebotadas” de las redes, ninguna aportación personal. Para esto último hay que tener algo de talento, un bien bastante escaso.

No sé si volveré a coincidir con “monseñor”, pero es posible que si lo hago se me escape alguna pregunta sobre la abominable pederastia en la Iglesia Católica. Aunque intentaré no hacerlo, porque sería ponerme a la altura de sus impertinencias clericales.

9 de noviembre de 2025

Palabras, palabras y palabras

Quien lea mis ocurrencias sabe, porque lo he confesado en varias ocasiones, que me gusta escribir. Me gusta porque estoy convencido de que la reflexión previa a la escritura permite cuidar los mensajes, pulirlos, refinarlos y acercarse a la verdadera intención de lo que se pretende decir. Sin embargo, la palabra escrita adolece de un inconveniente, que las ideas en ocasiones no quedan debidamente reflejadas o pueden ser mal interpretadas. No hay nada como escribir con cierta frecuencia para que uno se dé cuenta de que lo que acabo de decir es cierto.

Sin embargo, la palabra hablada, la conversación, aunque tenga el inconveniente de la improvisación y por tanto de decir en algún momento lo que no se pretende, tiene la gran ventaja de que los malentendidos se pueden corregir sobre la marcha. En estos casos se acude a aquello de "no me he expresado bien" o, como recurso alternativo, "déjame que me explique".

A pesar de todo, yo prefiero escribir, aunque es cierto que no le hago ascos a la conversación, sino todo lo contrario, porque me gusta el lenguaje hablado. Sé por supuesto que con lo escrito corro el riesgo de haberme expresado mal, y ahí queda mi torpeza, pero prefiero correr este riesgo a que, en la dialéctica improvisada, no sepa salir de mis propios enredos. Lo he pensado muchas veces y he llegado a la conclusión de que me siento más seguro frente a un teclado que frente a un interlocutor. ¿Timidez? ¿Falta de seguridad? Puede ser.

Pero vayamos a lo que quiero ir. Como éste es un asunto que desde hace mucho tiempo ha llamado mi atención, no sólo leo y me fijo en cada palabra, en cada coma y sobre todo en la intención que subyace tras cada frase, sino que también encuentro un gran atractivo en oír a los oradores de turno, sean éstos tertulianos profesionales, analistas de lo político o políticos de pura cepa.

De los primeros diré que, siendo como son profesionales de la opinión hablada, atienden más a decir que a explicar. Tienen su turno en la tertulia y no les cabe más solución que hablar y hablar. Les pagan para eso y cuanto más digan, sea lo que sea, mayor será su caché.

En cuanto a los llamados analistas, me refiero a los que se supone que saben de qué están hablando, suelo sacar la conclusión de que mejor sería que lo escribieran a que lo hablaran. Es cierto que de todo hay y por tanto sería absurdo generalizar, pero también es verdad que son muy pocos los que, además de dominar la materia que se trate, la saben explicar de viva voz.

Por último, los políticos, que merecen una consideración aparte. El lenguaje de los políticos es muy curioso, porque entre otras cosas procuran desviarse por los senderos que les interesa. No estoy diciendo que mientan, aunque mentirosos los hay a centenares, sino que se ciñen a un guion preestablecido. Es raro que improvisen y mucho más que no aprovechen los micrófonos para decir lo que quieren y no para explicar lo que a sus oyentes les interesa. Entre ellos hay muy buenos oradores y también bastantes incapaces de mantener un discurso durante un cierto tiempo, porque se confunden, se les traba la lengua o se van del tema con facilidad. Pero peor es cuando escriben, porque es ahí donde a muchos se les nota la falta de base intelectual.


4 de noviembre de 2025

La dialéctica de los puños y las pistolas

No sé por qué, pero hoy me ha venido a la cabeza la frase que figura en el título, cuyo autor fue José Antonio Primo de Rivera. Con esta expresión, los falangistas de la vieja guardia se referían a los medios que había que utilizar para salir del “caos” al que, según ellos, la República había llevado a España. Quizá, no lo descarto, haya sido al oír a Santiago Abascal acusar al Open Arms de barco negrero, mientras pedía su hundimiento. Las analogías dialécticas, aun con casi un siglo de distancia, producen en mi mente fenómenos de rememoración.

Estamos asistiendo a una carrera desbocada de declaraciones fascistas que ponen a temblar al más templado. Yo hasta hace poco, dada la falta de contenido intelectual de los mensajes de Vox, no otorgaba demasiada importancia a sus vacuas excentricidades, cargadas de populismo. Me parecían tan fuera de lugar y tiempo, que mi lógica me dictaba que no teníamos por qué preocuparnos. Pero desde hace unos meses, tras observar la evolución de las encuestas de opinión y, sobre todo, el éxito de sus diatribas demagógicas entre los más jóvenes y por tanto con menos experiencia, he empezado a tomar conciencia del peligro que nos amenaza.

Por primera vez desde la desaparición de la dictadura observo que nuestro sistema democrático corre peligro de deterioro. En estos momentos se están dando todas las condiciones que puedan favorecer una involución de carácter fascista. La derecha tradicional española, representada por el PP, ha dado un giro tan espectacular hacia posturas extremistas, que se puede asegurar que su alianza con Vox significará un sometimiento de los primeros a los segundos. Eso si no sucede que los de Abascal superan en votos a los de Feijóo, hipótesis nada descabellada a medio plazo.

El contexto internacional ayuda a ser pesimistas, porque con un Trump en la Casa Blanca y con unas ultraderechas creciendo en Europa, el caldo de cultivo favorece a los que quisieran expulsar a los inmigrantes de España, a los que atacan a puñetazos a los periodistas que se atreven a llamarlos fascistas y a los que en manadas se trasladan de pueblo en pueblo para soliviantar los ánimos de sus habitantes, poniendo en práctica la dialéctica del título.

Pero es que además los medios de comunicación conservadores, unidos en la divulgación del estereotipo que se han sacado de la manga y que llaman “sanchismo”, empujan con todas sus fuerzas hacia el abismo, muchos de ellos sin ser conscientes de lo que se nos puede venir encima. Se han puesto al servicio de una causa fascista, creyendo que están sirviendo otra muy distinta, la del centro derecha.

Durante la cuarta legislatura de Felipe González sucedió algo parecido. Las arraigadas fuerzas reaccionarias de nuestro país unieron sus esfuerzos hasta lograr echar a los socialistas del gobierno. Luis María Ansón, el influyente periodista de la época, no tuvo ningún reparo en confesar que él había participado en la política de acoso y derribo. Pero en aquella ocasión no existía una ultraderecha parlamentaria y lo que en realidad sucedió fue que se produjo una alternancia dentro del sistema constitucional.

Pero ahora otros vientos soplan, a los que se debería prestar más atención. Vox, con sus mensajes populistas y vacíos de contenido, está creciendo como la espuma, mientras que la derecha tradicional, ahora ya sin recato, respalda sus movimientos xenófobos, racistas y desconsiderados con los derechos humanos. Así se empezó en la Alemania anterior a Hitler y ya se sabe lo que sucedió.

31 de octubre de 2025

Los circos de la mediocridad

Confieso que nunca había seguido en directo el desarrollo de un comité de investigación, hasta que hace unos días, motivado por las expectativas que su convocatoria había despertado en la opinión pública, me senté ante el televisor para no perderme ni un solo detalle de la comparecencia en el Senado de Pedro Sánchez. Perseguía dos objetivos, el primero observar cómo se desenvolvía el presidente del gobierno; el segundo analizar el funcionamiento de un procedimiento pensado para investigar responsabilidades políticas concretas. De lo primero no voy a hablar hoy, aunque por supuesto saqué mis propias conclusiones que puede que exponga en otro momento. De lo segundo sí, porque creo que merece una reflexión.

La primera conclusión es que se está utilizando el Senado para algo que no debería corresponder a sus competencias. La cámara alta está concebida para tratar asuntos de carácter territorial y no para investigar la posible implicación del presidente del gobierno en casos de corrupción que afectan a su partido. Lo que sucede es que, como el Partido Popular tiene mayoría absoluta, la utiliza para usarla en lo que le plazca. No digo que sea ilegal, pero supone una manifiesta violación del espíritu de la Constitución. Por tanto, creo que en este caso el escenario no era el adecuado desde un punto de vista institucional.

La segunda es la falta de rigor intelectual de los senadores que representaron a muchos de los partidos que intervinieron. No voy a señalar a ninguno, porque los hubo para todos los gustos y colores. Sólo alguno se libró desde mi punto de vista de caer en la vulgaridad. Preguntas que nada tenían que ver con el asunto investigado, atropello en el diálogo, falta de respeto parlamentario y actitudes ramplonas. Un malísimo ejemplo para la ciudadanía y un paso más hacia el desprestigio de la actual política en nuestro país.

La tercera es que a los comparecientes se les veía el plumero del lucimiento personal, muchos de ellos totalmente desconocidos por la opinión pública, con la oportunidad de darse a conocer. Algunos, además, poniendo de manifiesto que habían recibido la consignas de leña al mono, que no se te escape, que es muy hábil y no se puede desaprovechar una ocasión como ésta. Pero, a pesar de sus intenciones o quizá debido a ellas, casi todos dejaron la sensación de pobreza en el lenguaje y, sobre todo, de no haber entendido el verdadero asunto que se trataba en ese momento.

La cuarta, que el presidente de la comisión dejó muy clara su falta de imparcialidad. Cuando uno de los suyos se desviaba del asunto que los había llevado allí, guardaba silencio, nada tenía que objetar. Pero si el que se iba por los cerros de Úbeda era afín al gobierno, le faltaba tiempo para llamarlo al orden, en algún caso hasta tres veces, con la consiguiente retirada de la palabra. Un espectáculo bochornoso.

La quinta, como resumen y última por hoy, es que el conjunto se me antojó un espectáculo ramplón y me atrevería a decir que infantil, de patio de colegio. 

Como suele ocurrir en estos casos, todos los partidos se han considerado ganadores de esta apuesta parlamentaria, porque en política reza el principio de no reconocer los errores propios y magnificar los contrarios. Sin embargo, a mí me dio vergüenza, precisamente porque creo en la utilidad de las Comisiones de Investigación y, cuando éstas se convierten en una carnavalada, cuando en vez de investigar responsabilidades políticas sus señorías se dedican a hacer política de brocha gorda, tengo que hacer un esfuerzo para sobreponerme a la depresión.

Pero ya lo dijo aquél, el de las armas de destrucción masiva: “el que pueda hacer que haga”.


28 de octubre de 2025

Les están saliendo muchos granos

Trataba yo el otro día de encontrar puntos de coincidencia entre los distintos conflictos sociales abiertos en algunas comunidades autonómicas gobernadas por el PP y, después de darle algunas vueltas, he llegado a la conclusión de que lo que une a todos ellos es la cicatería presupuestaria. Me refiero a los casos de la DANA de Valencia, de las pruebas de cáncer de mama de Andalucía, de los incendios de Castilla-León y de la situación en las universidades públicas de Madrid. Vayamos por partes.

En el trágico caso de las inundaciones en la Comunidad de Valencia de octubre de 2024, además de ponerse de manifiesto la incompetencia del presidente de su gobierno autonómico, se vio con claridad la falta de una mínima estructura de protección civil. En una región de España en la que las inundaciones originadas por fenómenos de gota fría son muy frecuentes, no se han tomado medidas que atenúen los efectos de estos destructivos fenómenos meteorológicos. Se sigue construyendo en los barrancos, no se desvían los arroyos peligrosos ni se canalizan los ríos. Es cierto que esto cuesta dinero, pero si los presupuestos se derivan hacia otros destinos y los impuestos se bajan, las catástrofes originadas por los fenómenos medioambientales se seguirán sucediendo.

Lo de los cribados en Andalucía clama al cielo. Están bien las iniciativas de medicina preventiva contra el cáncer de mama, pero si después se archivan los resultados y no se informa a las afectadas, no sólo no sirven de nada, sino que además se quedan en mera propaganda política sin resultados positivos. Lo que sucede es cuando se desmantela la sanidad pública poco a poco, después pasa lo que pasa, que no hay medios suficientes ni para atender a las mujeres que han dado un diagnóstico positivo ni para informar a las demás. De la posible alteración de datos prefiero no hablar hoy. La fiscalía ha intervenido y esperemos sus conclusiones. Ya habrá tiempo para reflexionar.

Vayamos a los incendios de Castilla-León, cuyo relato sería idéntico si nos refiriéramos a los de Galicia. Según explican los afectados, las brigadas contraincendios estaban desmanteladas, porque mantenerlas activas en invierno cuesta dinero. Fueron los propios vecinos los que tuvieron que hacer frente a las llamas que los cercaban con los escasos medios a su alcance, hasta que con lentitud pasmosa pudieron intervenir los pocos bomberos forestales disponibles. Después, como esto resultaba insuficiente, apareció la UME. Lo que sucede es que cuando se pusieron en marcha los recursos necesarios, los montes ardían por los cuatro costados y no había manera de controlar la catástrofe. Una vez más, escasez de medios como consecuencia de la precariedad presupuestaria.

Por último, Madrid. Tengo en mi entorno familiar a varios universitarios estudiando unos en la universidad pública y otros en la privada y a través de ellos voy conociendo la actual situación en la primera -escasez de medios, aulas hacinadas y profesores desmotivados que se limitan a recitar la lección del día-, mientras que al parecer en la segunda no suele haber más de treinta alumnos por clase, lo que permite un sistema educativo basado en tutorías frecuentes. Está claro que en unas están están a dos velas y en las otras hay dinero.

En pocas palabras, una política ultraconservadora en todas estas comunidades, donde prima la privatización y poco a poco se va abandonado lo público. Pero es que además, por si fuera poco, todo ello bajo el paraguas neoliberal de reducir impuestos.

24 de octubre de 2025

¿Esto no es malversación?

No voy a entrar en el fundamento de las acusaciones de malversación de fondos que el juez Peinado hace a Begoña Gómez, entre otras cosas porque es un asunto que en estos momentos está sub judice. Los tribunales decidirán. Pero sí se me ocurren varias reflexiones al respecto. La primera es que, si utilizar una ayudante oficial para enviar e-mails o WhatsApp personales se considera delito, ordenar a tu jefe de gabinete que intervenga en el lavado de las irregularidades fiscales de tu novio también debería serlo.  Me refiero, claro está, a la intermediación de Miguel Ángel Rodríguez, mano derecha de Isabel Díaz Ayuso, en los tratos económicos de su novio, González Amador, con la Agencia Tributaria. La segunda, de carácter más general, es que el funcionario público que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Sucede, además, que la ley distingue entre malversación impropia, cuando no hay lucro personal, y malversación propia, cuando ésta existe. Que se sepa, la mujer del presidente no se ha lucrado como consecuencia de los mensajes enviados por su colaboradora oficial, mientras que en el caso de la pareja de la presidenta de Madrid hay evidencia de evasión de impuestos, lo que significa que, de manera indirecta, ha intentado apropiarse de un dinero que pertenece al Estado. Como no soy abogado, ahí lo dejo, Que el lector saque sus propias conclusiones.

Pero sigamos. Se entiende por investigación prospectiva la que, a partir de un supuesto delito sin pruebas suficientes, se buscan por los resquicios de la vida personal del investigado pruebas que ayuden a sostener la acusación inicial. Esta prospección se puede hacer por varios caminos, uno de ellos utilizando la UCO. No creo que haya ni un solo ciudadano al que, si se le somete a una investigación exhaustiva, le pinchan el teléfono, le revisan los mensajes y le someten a una vigilancia continuada no acabe siendo declarado culpable de algún desliz. Si a mí me lo hicieran, acabarían encontrándome algún pecadillo. A mí y a todos.

No sé qué ocurrirá con el caso de la mujer del presidente. Es absolutamente imprevisible, porque las acusaciones se van acumulando, a pesar de las reiteradas llamadas de atención al juez instructor por parte de instancias superiores. De lo que sí estoy seguro es de que detrás de todo esto hay una clara intención de atacar a Sánchez, aprovechando que, como decía arriba, nadie está libre de pecado. No voy a hablar de guerra jurídica, porque se me antojan palabras mayores y no soy de los que se dejan llevar por la indignación. Pero de lo que sí estoy seguro y me atrevo a decirlo sin paliativos es que la instrucción, me refiero al procedimiento, huele a chamusquina. Presentarse en el palacio de La Moncloa para preguntarle a Pedro Sánchez si Begoña Gómez es su mujer resulta escandaloso. Trocear el procedimiento para intentar que alguna de las causas sea susceptible de un juicio con jurado llama la atención hasta a los que somos legos en la materia.

Si la condenan, podré decir aquello de yo también soy Begoña Gómez

19 de octubre de 2025

La derecha no es monárquica

Vamos a ver si soy capaz de explicarme, porque el título que he escogido puede resultar engañoso. Lo que quiero decir es que en el ideario de las formaciones conservadoras y ultraconservadoras no figura la monarquía como el sistema preferido por sus seguidores. A Alfono XIII lo exilió la falta de apoyo de las derechas de la época y durante el régimen franquista se denigró hasta la saciedad a su heredero, el conde de Barcelona, padre de Juan Carlos I. La reinstauración de este último tras la muerte de Franco vino como consecuencia de la decisión del dictador y gracias a la prudencia que los demócratas españoles demostraron para salir del régimen totalitario con las menores heridas posibles.

Lo que sí hay son partidarios de no remover demasiado el pacto constitucional. Pero es que en esto no sólo están los conservadores, sino también muchos progresistas que, aunque se definan republicanos, practican aquello de más vale “no meneallo”. Sin embargo, ni en un lado ni en el otro del espectro político hay auténticos defensores de la monarquía, es decir, convencidos de que la sucesión dinástica sea la mejor de las soluciones en un país moderno y democrático.

Otra cosa son las “poses”. Porque, como consecuencia de que los partidos de izquierdas reconocen su preferencia por un sistema que elija al jefe del estado democráticamente, es decir, por un régimen republicano, las derechas actuales “posturean” lo contrario. Pero, como digo, no son más que fidelidades de trapo, porque convencimiento de que la monarquía sea la mejor solución no hay ninguno.

Me preguntaba alguien el otro día cuál era mi opinión sobre las preferencias de los dos últimos monarcas españoles, Juan Carlos I y Felipe VI, respecto a los presidentes de gobierno; yo le contesté que tenía la sensación de que siempre se habían sentido más cómodos con presidentes socialista que con presidentes populares. Felipe González, durante sus cuatro legislaturas, siempre demostró un cierto grado de cercanía con Juan Carlos I, supongo que motivado por el peso de la responsabilidad constitucional. Desde mi punto de vista, el rey siempre correspondió a esa fidelidad.

Aznar, sin embargo, se limitó a cumplir con las obligaciones protocolarias, pero nunca le vi comportamientos que demostraran auténtica simpatía por el sistema que representaba el rey. Incluso percibí en algún momento un cierto ninguneo al monarca. Eso sí, en la boda de su hija, aquel derroche ostentoso a costa de las arcas del Estado, Juan Carlos I no podía faltar.

Zapatero cumplió perfectamente con sus deberes protocolarios y con la obligada protección de la imagen del rey, no nos olvidemos de la tensa reunión con Chávez; pero a Rajoy nunca le vi gestos que demostraran una gran simpatía por la institución. El primero siempre se ha declarado republicano y al segundo se le supone monárquico por eso de representar en su momento a la derecha del país.

En definitiva, en España hace tiempo que no hay monárquicos, entendiendo como tales a los defensores de la sucesión dinástica. Ni en la derecha, aunque ellos presuman de serlo, ni en la izquierda. Lo que hay en uno y otro lado es aceptación de una realidad impuesta.

14 de octubre de 2025

¡Váyase a abortar a otro lado!

Hay algunos que relacionan la dialéctica de Isabel Díaz Ayuso con el casticismo madrileño. Pero nada tiene que ver el estilo gracioso, cortante e incisivo del deje de los habitantes de algunos barrios de la capital de España, con los gritos histriónicos que se le escapan a la baronesa del PP cuando pretende ser contundente y nota que se queda sin argumentos. Hay chulerías simpáticas y chulerías ramplonas.

El otro día, sin ir más lejos, en una intervención en la Asamblea de Madrid, cuando se debatía sobre la creación de la lista de médicos objetores de conciencia para intervenir en los abortos legales que marca la ley, quiso cortar las acusaciones de oponerse a los derechos de las mujeres y sólo se le ocurrió espetar la frase de “váyase a abortar a otro lado”, con el gesto desencajado y la voz alterada por la ira.

Si alguien cree que eso es chulería castiza madrileña se equivoca. No es más que una inoportuna y vulgar grosería, que la perseguirá durante mucho tiempo, no sólo por la forma, sino sobre todo por el fondo. Porque lo que subyace bajo la frase es el anuncio de su rebeldía, de su predisposición a la desobediencia civil y, en este caso, en un tema tan delicado y tan sensible como es el del aborto.

El Partido Popular, por boca de sus portavoces, no tardó en pronunciarse a favor de la obligación de cumplir las leyes, faltaría más. Pero ni una palabra que sonara a desacuerdo con la presidenta de la Comunidad de Madrid, no vaya a ser que la baronesa se cabree. Tienen un auténtico problema con su rebeldía, pero no saben como atajarla. Se trata de una de esas situaciones que ni favorece a ella ni favorece al partido, pero, como dicen en mi pueblo, ¡ah..., y qué has de hacer!

Un castizo madrileño de verdad diría de ella algo así como, "se le escapan las palabras por todos los orificios que tiene el cuerpo, incluida la boca entre entre ellos", al mismo tiempo que una chulapa de verdad añadiría, "anda y que te ondulen con la permanén...". Pero a doña Isabel sólo se le ocurre mandar a abortar a otro lado, no se sabe bien si a Londres o a otra comunidad.

Todo esto podría tener incluso gracia, si no fuera porque detrás del exabrupto se oculta toda una manera de entender la política, que me atrevería a calificar de casposa y de rancia. Isabel Díaz Ayuso, aconsejada por su inseparable Miguel Ángel Rodríguez, ha decidido que lo importante es que se hable de ella, aunque sea bien. No le importa confundir euskaldún con pin, pan, pun, acusar a los que bloquearon la vuelta ciclista de etarras, informar de que ese día se perseguía a judíos por las calles de Madrid y, ahora, anunciar que se ha convertido en adalid del antiabortismo. Una joya.

Lo malo de todo esto es que hay muchos que le ríen las gracias, que celebran sus patochadas y que están dispuestos a que siga al frente de los destinos de la comunidad en la que viven. Como diría aquel, el populismo es lo que tiene.

10 de octubre de 2025

¡Ánimo, Alberto!

No creo que a nadie le sorprenda que diga que los debates parlamentarios en España se han convertido en unos espectáculos esperpénticos. Yo a veces los sigo, siempre con la esperanza de oír frases ingeniosas, razonamientos inteligentes y, por qué no decirlo, la debida cortesía. Pero lamentablemente sólo oigo vulgaridades dialécticas, argumentos extemporáneos e insultos de patio de colegio. Podría poner ejemplos que ilustren lo que digo, pero creo que no hace falta. Todo el mundo sabe a qué me refiero.

Sin embargo, el otro día le oí al presidente de gobierno una frase que me dejó satisfecho: “Ánimo, Alberto”. No es usual oír en el Congreso frases irónicas, ni mucho menos oportunas y cargadas de intención. Porque Sánchez, con una gran sonrisa en la boca, la pronunció cuando Feijóo, después de espetarle que iba a pedir su comparecencia en el Senado, su grupo parlamentario le aplaudió al estilo de una claque de aquellas que se estilaban hace años en los teatros.

Porque lo cierto es que el jefe de la oposición no está en su mejor momento político. Vox le está comiendo terreno a pasos agigantados, la varonesa de Madrid campa por sus respetos y no atiende a las consignas del PP, al ínclito Moreno Bonilla le acaba de salir un grano maligno en su política de recortes en Sanidad, al evasivo Mazón se le estrecha el cerco de sus mentiras y sus contradicciones, las iniciativas parlamentarias del gobierno se siguen aprobando y, por si fuera poco, las encuestas evidencian el progresivo descrédito de Feijóo.

Pero es que, además, en lo de Palestina no ha conseguido salir de la ambigüedad en la que se metió desde el primer momento, al mismo tiempo que en el ejercicio de jefe de la oposición nadie le ha oído hasta ahora hacer propuestas concretas que supongan alternativas a las iniciativas del gobierno progresista. Sólo sabe hablar de corrupción, elevando los informes de la UCO a la categoría de condenas judiciales y convirtiendo indicios en pruebas irrefutables.

Por eso necesita que Pedro Sánchez le dé ánimos y por eso a mí me ha parecido la frase del presidente ingeniosa y oportuna. La actitud del presidente del PP es patética, es decir, triste que induce a la risa. De ahí que esta salida parlamentaria me halla resultado resaltable dentro de la mediocridad a la que nos tienen acostumbrados sus señorías.

Pero no me congratulo. La ausencia de una oposición bien estructurada, que utilice argumentos sólidos en sus intervenciones parlamentarias y que constituya un contrapeso democrático a los posibles errores del gobierno me preocupa y mucho. Significa, entre otras cosas, un deterioro en la todavía joven democracia española. Por eso, me uno a Sánchez en el deseo de darle ánimos a Núñez Feijó, porque los necesita.

6 de octubre de 2025

He publicado un nuevo libro : "Pinceladas"

 

Acabo de publicar un nuevo libro, una especie de colección de anécdotas personales que me han ido sucediendo a lo largo de mi vida. No se trata de una biografía, ni mucho menos, tan sólo de breves apuntes sobre viejos recuerdos de infancia y  juventud. Algunos de ellos ya los había publicado en este blog, bajo el título de “Recuerdos olvidados”, un oxímoron (si son recuerdos no pueden estar olvidados). Ahora recurro a la metáfora, “Pinceladas”, para indicar que no son más que eso, breves pasajes de mi existencia.

Dado que este libro está enfocado a mi entorno más próximo -familia y amigos-, he añadido al final algunas semblanzas sobre aquellas personas que en mayor o menor medida han influido en mi desarrollo personal, quiero decir en mi manera de ver el mundo. Naturalmente, entre ellas están mis padres, mi mujer, mis hermanos y algunos más.

El libro está dividido en cincuenta capítulos -cuarenta anécdotas y diez semblanzas-, todos de poca extensión, de dos o tres páginas. Mi propósito era dar rienda suelta a la nostalgia almacenada a lo largo de ya muchos años y para ello no hacen falta demasiadas palabras. He dado por hecho que con pequeñas descripciones, con breves apuntes, se puede construir la visión de alguien que como yo está pasando por esta vida sin demasiada pena y bastante alegría.

Se trata de un libro regalo, sin propósito comercial alguno. He encargado una pequeña edición en papel que he presentado y entregado a mi familia en la última Guijarrada, nuestra reunión familiar en Castellote, que por cierto acabamos de celebrar a principios de octubre, y he regalado algunos ejemplares a mis amigos más cercanos. Pero es que, por eso escribo este artículo, en unos días estará colgada en el blog una versión digital, para que los lectores del “Huerto abandonado” que quieran puedan descargarlo en sus dispositivos.

Para mí este libro es un hijo literario más, que se suma a los que hasta ahora he publicado. Pero a diferencia de los anteriores, en este no hay ficción, todo es realidad. No se trata de una novela sino de una sincera confesión de alguna de mis andaduras por este mundo, a las que he añadido, casi a título de homenaje, algunas semblanzas personales sobre los que han contribuido a convertirme en la persona que soy.

Si lo leéis, disfrutad; si no, quedaos tranquilos,

1 de octubre de 2025

No nos liemos con las palabras

Es curioso observar cómo todavía algunos negacionistas de los crímenes de guerra que se están cometiendo en Gaza todos los días se esconden tras las palabras para disimular su apoyo a la barbarie. Mientras puedan discutir si es genocidio o no, evitan entrar en la verdadera cuestión, que lo que está cometiendo el Israel de Netanyahu contra la población palestina de la franja es uno de los mayores asesinatos colectivos que han sucedido en los últimos años en el mundo. Así, sin paliativos.

Yo he decidido no perder ni un minuto más en disquisiciones semánticas. Las palabras muchas veces se convierten en trampas. Lo importante no son éstas, sino la realidad que subyace tras las mismas. El rey en su discurso en la ONU no ha utilizado la palabra genocidio, supongo que para no entrar en polémicas absurdas. Pero su codena a la masacre que se está cometiendo ha sonado con toda claridad. Parece ser que a Trump no le han gustado nada sus palabras, lo que a nadie puede sorprender. La Casa Blanca ha tardado varios días en publicar la foto oficial de la bienvenida a Felipe VI, pero al final ha prevalecido el buen juicio diplomático, a pesar de los refunfuños del presidente de los EE. UU.

Como consecuencia, la ilustre presidenta de la comunidad de Madrid nos recuerda que el rey reina pero no gobierna, recordatorio muy de su estilo porque debe de pensar que los madrileños somos idiotas. El rey no gobierna, pero está en su perfecto derecho a llamar al pan pan y al vino vino. Ella también es muy explícita en sus apreciaciones, porque puestos a mentir acusa a los que están en contra de la barbarie de perseguir judíos por las calles y, por cierto, a Sánchez de ser amigo de los terroristas de Hamás.

Masacre, crímenes de lesa humanidad, exterminio, aniquilación, página oscura de la historia de la humanidad y hasta holocausto son expresiones que podrían servir para describir el horror que las bombas israelíes están causando en una población indefensa, que hasta hace dos años vivía con cierta normalidad. Es cierto, y a mí no se me ocurrirá negarlo, que el ataque de Hamás fue una acción terrorista contra ciudadanos israelíes indefensos. Pero aniquilar a una población civil para castigar a los terroristas es de una bestialidad manifiesta, porque no son ellos los culpables del ataque del 7 de octubre de 2023.

El propósito de esta venganza no es eliminar a Hamás, sino anexionarse la franja de Gaza y, ya de paso, Cisjordania entera y dejar así a los palestinos sin territorio para construir sobre él un Estado que pueda vivir en paz con el de Israel. Netanyahu y los suyos creen que es la única vía para su supervivencia, pero la Historia demuestra que las soluciones de máximos son incapaces de modificar las realidades geopolíticas. Palestina, les guste o no, existe, y cada día que pasa cuenta con más simpatías en el mundo entero.

Del patético plan de Trump para restablecer la paz y de paso conseguir que algunos de los suyos se enriquezcan, ya hablaremos otro día.

29 de septiembre de 2025

Lo público se achica, la desigualdad se agranda

 

Hace unos días vi una película, “Brian y Maggie”, cuyo argumento giraba en torno a las entrevistas televisivas que un conocido periodista británico hizo en su día a la primera ministra conservadora, Margaret Thatcher, durante su estancia en el número 10 de Downing Street. A mí me entretuvo, porque me gusta el cine político, pero sobre todo me dio una visión muy clara de la realidad que subyace tras la etiqueta del neoliberalismo. La protagonista, a pesar de los ataques que sufría constantemente desde la izquierda y desde su propio partido por su constante desmantelamiento del “estado del bienestar”, defiende con ahínco su política de achicamiento de lo público frente a lo privado.

Cuando el periodista le pregunta si no cree que con sus medidas de reducción de las prestaciones sociales esté contribuyendo a aumentar la brecha entre ricos y pobres, no sólo no lo niega, sino que además razona que es el precio que hay que pagar para que la sociedad en su conjunto se enriquezca, al mismo tiempo que aprovecha para acusar a las políticas socialistas del partido de la oposición, el laborista, de empobrecedoras del país. Neoliberal de pura raza.

Aquí es donde está el meollo de la cuestión, la diferencia real entre ser conservador o progresista. La derecha siempre defenderá la reducción del estado del bienestar, aduciendo que lo que se consigue con las protecciones es adormecer a la sociedad, quitarle fuerza a la iniciativa privada para crear riqueza. La izquierda, por el contrario, partirá de la base de que la distribución de riqueza es injusta y que por tanto hay que favorecer a los más necesitados, porque es preciso mitigar en la medida de lo posible la falta de igualdad de oportunidades entre ricos y pobres. Las políticas fiscales de unos y otros estarán en consonancia con los principios anteriores, los conservadores prometerán reducciones de impuestos a las empresas y a los más ricos, y los progresistas defenderán que el que más tiene pague más. 

Todo lo demás, tanto los “adornos” progresistas (feminismo, derecho al aborto, defensa de la diversidad sexual), como las "consignas" conservadoras (orden, bandera, patria) no son características que de verdad diferencie a unos de otros. Feministas hay en los dos lados, el respeto a los símbolos no es patrimonio de unos sino de todos, el desorden no le gusta a nadie y en todas partes hay mayor o menor tolerancia hacia el colectivo LGTB. Sin embargo, son muchos los ciudadanos que se decantan por una u otra opción teniendo en cuenta estos aspectos secundarios, ignorando que lo que de verdad está en juego es el predominio de las políticas de achicamiento de lo público o el incremento de las medidas de protección social.

Alguno estará pensando que simplifico mucho y no se equivoca. Porque es verdad que hay que tener en cuenta que tanto en un lado como en otro existe toda una gama de posicionamientos, desde el comunismo puro y duro hasta la socialdemocracia moderada por un lado, y desde la radicalidad neoliberal "thatcheriana" hasta los moderados programas sociales de ciertas derechas europeas. Pero lo que es innegable es que en líneas generales hay dos modelos de sociedad y que ésta es la única realidad que deberíamos tener en cuenta los electores a la hora de decidir el voto. Todo lo demás es secundario, pura farfolla distractiva.

25 de septiembre de 2025

Mis novecientas ocurrencias o reflexiones

 

Quienes leen estas ocurrencias o reflexiones mías -las dos palabras me sirven porque de todo hay- saben que me gusta celebrar las centenas. Este artículo hace el número novecientos –no me atrevo a escribir el ordinal, noningentésimo- de los que hasta ahora he publicado en el blog. Cuando digo celebrar, en realidad a lo que me refiero es a que estos hitos me sirven para meditar en voz alta sobre lo que aquí hago o pretendo hacer. Alcanzar metas numéricas sólo tiene la importancia de la constancia, porque cuando escribí el primero, hace ya unos cuantos años, estaba convencido de que tiraría la toalla muy pronto. Pero no ha sido así y me alegro.

Lo he dicho en varias ocasiones, este blog es la válvula de escape de mis inquietudes. No me explico cómo me deshacía de ellas antes de empezar a escribir aquí, porque ahora, lo confieso, cada vez que termino un artículo y pulso el intro siento un gran alivio, como si me hubiera quitado un peso de encima. Por supuesto que en el momento de publicar me pregunto si gustará o no; pero teniendo en cuenta que se trata de opiniones y no de dogmas, tampoco me preocupa demasiado. No todos tenemos las mismas ideas ni nadie está obligado a leer las mías ni mucho menos a compartirlas.

Voy a explicar un poco, porque alguno me lo ha preguntado, la génesis de cada ocurrencia o reflexión. Suele empezar cuando oigo o leo o veo algo que llame mi atención por algún motivo. Acto seguido elijo un título y lo apunto en el que yo llamo mi cuaderno de bitácora. Como es fácil suponer, esta primera acción puede suceder a cualquier hora del día, porque para recibir impresiones del exterior no hay horarios.

En lo que sí mantengo una cierta disciplina es en  la tarea diaria de ponerme frente al ordenador y empezar a teclear. Suele ocuparme un par de horas al día, entre las seis y media y las ocho y media de la tarde. En esto soy bastante cumplidor, aunque naturalmente al no ser una obligación inexcusable cualquier otra actividad puede obligarme a desertar de mi autoimpuesta obligación.

En la primera sesión escribo de un tirón un artículo entero, aunque evidentemente a falta de corregir la forma y el fondo, sobre todo la primera. Digo esto, porque cuando me siento frente al ordenador ya he madurado el mensaje que quiero dar y rara vez me aparto de la idea original. La redacción es otra cosa, porque uno de mis muchos defectos es un inútil perfeccionismo y, como consecuencia, nunca estoy totalmente satisfecho con las palabras elegidas.

En la segunda sesión remato la idea. Pero por lo general no publico el artículo recién acabado hasta unos días después, porque durante los siguiente lo vuelvo a leer y releer hasta que mi criterio me dice que adelante. Mientras tanto el artículo con su foto permanece como borrador en el blog. Por cierto, la elección de la foto requeriría alguna explicación, pero me limitaré a decir que Internet me ayuda mucho a escoger lo que pretendo. Hay imágenes para todo, incluso para las ideas abstractas.

Confesado lo anterior, hoy sólo voy añadir que mi intención es continuar escribiendo aquí. Dada las circunstancias, no me planteo un nuevo objetivo numérico -el millar de artículos- porque las neuronas se van perdiendo día a día y puede que llegue un momento en el que ni siquiera me acuerde de como acceder a la nube para encontrar en ella “El huerto abandonado”. Eso sí, la contraseña la tengo apuntada en un cuaderno. Otra cosa será que se me olvide en cuál.

Suma y sigue.

21 de septiembre de 2025

No es torpeza, es ineptitud

 

Siempre me ha llamado la atención la falta de rigor político que  observo en el estilo de hacer oposición de Feijóo. Al principio, cuando después de llegar a Madrid rodeado de una aureola de moderación y centralidad empezó a soltar las primeras andanadas de brocha gorda, creí que se trataba de un error de principiante que iría corrigiendo a medida que entrara en el detalle de los grandes temas de interés nacional.

Es cierto que me extrañó tanta torpeza, pero en mi fuero interno le di un voto de confianza. Me resultaba difícil aceptar que estuviéramos ante otra Ayuso o ante otro Abascal. Pero a medida que fue pasando el tiempo y fui comprobando que era incapaz de hacer oposición política en el exacto sentido de la expresión, quiero decir de plantear alternativas a las propuestas del gobierno, empecé a pensar que se trataba limpia y llanamente de impericia, quizá motivada por el hecho de que no es lo mismo administrar una comunidad autónoma que un país de tanto peso y complejidad como es España.

Luego pasé por una fase de análisis detallado de sus mensajes y descubrí que los insultos y las descalificaciones hacia Sánchez, no sólo crecían en maledicencia, sino además en frecuencia. Del dimita usted pasó primero al apelativo de ocupa de La Moncloa, después a las acusaciones de corrupción de su entorno, más tarde a señalarlo como capo de una banda de mafiosos, para acabar inculpándolo de vivir de la prostitución. Quién sabe cuál será el próximo capítulo, porque visto lo visto quizá lo acuse de haber convertido los jardines que rodean su residencia en una plantación de marihuana. 

En mis últimas reflexiones he llegado a la conclusión de que no se trata de torpeza sino de absoluta y total incompetencia. Cuando a uno le toca hablar y no sabe de qué, el truco recurrente es cambiar de tema y desviar la conversación hacia otros derroteros más sencillos. Al señor Feijóo no le he oído jamás un juicio sobre asuntos económicos, sobre empleo, sobre crecimiento, sobre productividad o sobre diversificación de la actividad económica. La razón debe de ser que no tiene ni idea de estos asuntos y, claro, entrar en debates parlamentarios cuando se está en mantillas es muy peligroso. Resulta más fácil decir que la corrupción se ha instalado en casa del presidente del gobierno que entrar en materia política.

Pero es que tampoco tiene criterio sobre las difíciles relaciones internacionales. Se limita a leer cuatro consignas que le dictan sus colaboradores y a utilizarlas como señuelos distractivos. ¿Sabemos qué opina de la guerra de Ucrania? Del exterminio del pueblo palestino de Gaza sí dice algo de vez en cuando, evasivas para eludir que estamos asistiendo a uno de los mayores genocidios que han conocido las generaciones actuales.

Mucho me temo, por tanto, que lo suyo no sea torpeza sino ineptitud. A veces me pregunto si contará con un equipo de asesores que le marquen una cierta línea política, que le vayan enseñando poco a poco el arte de gobernar. Pero la respuesta que me doy es que, si ese gabinete existe, su exclusivo cometido debe de ser asesorarle sobre por dónde puede aumentar aún más el calibre de sus groseros insultos. Porque de los temas que de verdad interesan a los españoles tampoco deben de entender gran cosa.

17 de septiembre de 2025

Sí: es genocidio

 

Cada día que pasa resulta más evidente que a los líderes del Partido Popular -de los de Vox qué voy a decir- se les hace muy cuesta arriba aceptar que la masacre continuada de palestinos en la franja de Gaza constituye un genocidio. Algunos de sus líderes, como el alcalde de Madrid, argumentan que no lo es porque genocidio fue el holocausto provocado por los nazis contra los judíos durante la segunda guerra mundial. En su lógica no cabe que lo de Palestina también lo sea, como si se tratara de una contradicción. Feijóo no razona con las mismas premisas que Almeida, se limita a utilizar eufemismos, como el último que se le ha oído, que lo que está sucediendo es una tragedia humanitaria. Díaz Ayuso ni se molesta en disquisiciones semánticas, con acusar a Sánchez de perseguir en Madrid a los judíos se queda más ancha que larga.

No tengo claro qué hay detrás de esta encubierta defensa por parte del PP de los que están masacrando a la población gazatí, aunque sospecho que, además de no querer ganarse las antipatías de Trump, esté el temor a que Sánchez logre movilizar a favor de la causa palestina a una gran parte de la población española, además de contribuir con su política de denuncias a despertar muchas conciencias europeas que por distintas causas parecen estar adormecidas. Sería un éxito político que le daría un gran prestigio, lo que a la oposición no debe de hacerle mucha gracia.

La expresión “estar al lado de la Historia”, en boca de muchos estos días y que parece sacada de un manual de proverbios o de consignas políticas, no es baladí. La magnitud de las atrocidades cometidas por los colectivos humanos no suele verse en su totalidad cuando se observan a corto plazo. Por lo general es preciso que pasen años y a veces hasta lustros para que se pueda medir su alcance, porque se necesita que el tiempo elimine los vapores de subjetividad que empañan la realidad.

Le he oído decir a Josep Borrell, ex alto representante de política exterior de la Unión Europea durante varios años, al que por tanto no se le puede negar un gran conocimiento de los conflictos internacionales, que el genocidio de Gaza constituye una de las páginas más oscuras de la historia de la humanidad. Hace unos días, durante el primer ataque para ocupar la ciudad de Gaza por parte del ejército de Israel, en poco más de seis horas de bombardeos continuos se contabilizaron hasta sesenta y cinco muertos. Sin embargo, como la noticia es recurrente, un día sí y otro también, parece como si la tragedia no acabara de calar en la conciencia de los ciudadanos europeos, como si la barbarie cometida por Netanyahu no fuera con ellos. Incluso algunos han llegado a interiorizar que se trata del derecho de Israel a defenderse.

A pesar de los altercados callejeros, de los porrazos de los antidisturbios y de los cortes de tráfico, yo aplaudo a los que con decisión y sobre todo con tenacidad han conseguido que la Vuelta Ciclista a España no acabara donde estaba previsto. Es una forma muy expresiva de poner de manifiesto el apoyo a un pueblo, el palestino, sometido a un proceso lento y cruel de aniquilamiento. Ojalá cunda el ejemplo y veamos en Europa otras interrupciones y otras muestras de solidaridad con las víctimas del genocidio.

El primer paso ya se ha dado y me siento muy orgulloso de haya sucedido aquí, en mi país.

13 de septiembre de 2025

Inmigrantes

 

Estoy convencido de que el complejo asunto de la inmigración se está tratando en Europa y en España en particular con una gran falta de realismo. Por los dos lados, por el de los que hacen del “buenismo” bandera de la defensa de los inmigrantes irregulares y por el de los que desde la xenofobia y el racismo cargan sus iras y sus odios contra cualquier extranjero que viva en nuestros países. Este tema es lo suficientemente complicado como para no tomárselo con la ligereza con la que se lo toman muchos ciudadanos. Se trata de una cuestión que afecta a los derechos humanos, pero también al futuro desarrollo económico de nuestro entorno geopolítico.

Que quede claro que yo, en cualquier caso, siempre antepondré la consideración de seres humanos que me merecen los inmigrantes a cualquier otra. Pero esta premisa no me impide reconocer que las avalanchas de inmigrantes que llegan a nuestro país y la obligada concentración de menores en centros inadecuados y mal dotados de recursos para atenderlos originen problemas de convivencia. La mayoría de los ciudadanos no sufrimos las consecuencias en primera persona, pero sabemos que hay vecindarios que viven en constante alarma por la presencia de “centros de MENAS” en su proximidad. No se me ocurre decir que se trate de delincuentes, pero qué duda cabe que cualquier grupo de adolescentes desatendidos y con niveles de formación bajos pueden potencialmente crear conflictos.

Por eso, si a la obligada defensa de los derechos humanos unimos que España para mantener su desarrollo económico necesita inmigrantes, está claro que hay que activar protocolos de asimilación y de atención adecuados. Por supuesto que estos planes cuestan dinero, pero, visto desde una perspectiva económica, el retorno de la inversión está garantizado. Los partidos políticos, en vez de enzarzarse en discusiones sectarias sobre el trato que hay que dar a los inmigrantes, deberían ponerse de acuerdo en promover políticas, no sólo de asilo, sino sobre todo de asimilación. Porque se trata de una necesidad nacional.

Lo que sucede es que ahora todo está enmascarado por la suicida confrontación entre progresistas y conservadores, los primeros defendiendo la inmigración contra viento y marea y los segundos pidiendo que se les impida la llegada a tiros si fuera necesario. No hay realismo por ninguna de las partes, porque la izquierda no debería dar la espalda a los conflictos sociales que una inmigración descontrolada puede originar ni la derecha olvidar que, además de que España necesita a los inmigrantes, son personas a las que hay que tratar como se merecen.

Pero como vivimos tiempos de turbulencias políticas, de anteposición de intereses partidistas a los que de verdad habría que atender sin miopías ideológicas y sin mezquindades sectarias, lo cierto es que no parece que ni los unos ni los otros estén dispuestos a aceptar el reto de arbitrar políticas inteligentes de asimilación para los que llegan a nuestro país con el único y legítimo propósito de mejorar su nivel de vida.

Los bosques se incendian por falta de medidas preventivas y los inmigrantes se hacinan porque nadie es capaz de entender que se trata de un fenómeno imparable al que hay que dar el tratamiento adecuado. Mientras tanto, todos a la gresca y la casa sin barrer.

8 de septiembre de 2025

El universo no tiene límites

 

En mis elucubraciones, me pregunto con frecuencia cuándo y cómo se originó el universo. La conocida teoría del Big Bang (la gran explosión) a mí no me convence, no porque niegue su existencia, ocurrida según los científicos hace casi 14.000 millones de años, sino porque mi razón me dicta que si hubo una explosión es porque algo había antes. No puede explotar lo que no existe.

Algunos resuelven la incógnita del origen del universo acudiendo a la figura del creador. Pero la pregunta que viene a continuación es quién creó al creador. Como no soy creyente, quiero decir que no acudo a interpretaciones que no admita mi capacidad de razonar, me he dado a mí mismo una respuesta, la de que el universo siempre ha existido, nadie lo creó. No sólo eso, sino que además nunca desaparecerá. El universo no tuvo principio ni tendrá final. 

Pero es que, además, creo que sus dimensiones también son infinitas. No entra en mi lógica que tenga límites, que exista una frontera a partir de la cual ya no hay universo, sólo hay nada o, mejor dicho, la nada. El universo no puede ser como esas bolas de nieve que en su día estuvieron tan de moda. Sus límites, por tanto, son inaccesibles.

Lo que sucede es que nuestra mente está poco evolucionada y no es capaz de asimilar el concepto de infinitud, porque está moldeada por experiencias basadas en la finitud. Todo tiene un principio y todo tiene un final. Sin embargo, el infinito sí está presente en las matemáticas y en la filosofía, porque sin ese concepto cualquiera de estas dos ramas del conocimiento se quedaría coja.

Decía al principio que se trata de una elucubración, y decía bien, puesto que no es más que una teoría sin bases sólidas. Pero a mí me vale para darme una contestación a la pregunta de dónde venimos o, por los menos, para que la inquietud sobre el origen del universo no me distraiga de otros menesteres más al alcance de mis entendederas. Los creyentes de cualquiera de las incontables religiones que existen y han existido en el mundo han elaborado el concepto del dios creador del universo. ¿Por qué no puedo yo elaborar mi propia teoría y aceptarla como principio?  Si hubiera que darle un  nombre podría valer el de teoría de la no creación o, más académico, de la infinitud del universo.

Es cierto que a partir de aquí surgen muchas preguntas, casi todas contestadas ya por la ciencia. Una de ellas es el origen del hombre. Darwin, con su extraordinaria teoría de la evolución dejó muy claras las cosas, aunque, como reacción a las interpretaciones que contradigan la existencia del creador, haya resurgido las teorías creacionistas, sin más justificación que la fe. Una vez más, ciencia contra fantasía.

Pero, volviendo al tema que hoy me ocupa, el universo, según mi hipótesis, ni es finito en extensión ni lo es en tiempo. No tiene límites, ha existido siempre y nunca desaparecerá. 

Ahora bien, que nadie me pida que lo demuestre.

4 de septiembre de 2025

El imperio se hunde

 

Con la palabra imperio me refiero hoy aquí al conjunto formado por los EE. UU. de América y sus aliados occidentales. Por analogía con otras etapas de la Historia, a mí siempre me ha parecido que designar con este apelativo al grupo de naciones en el que los europeos nos consideramos inscritos no se aleja demasiado de nuestra realidad geopolítica. Existe una potencia dominadora -antes Roma, ahora USA- y un emperador -antes los césares romanos, ahora los presidentes americanos-. Ni pretendo utilizar el término en sentido peyorativo ni mucho menos sentar cátedra con mi atrevimiento. Sólo que nos entendamos.

Dicho lo anterior, tengo la sensación de que nuestro imperio se está hundiendo, como le sucedió al romano. En este último caso fue debido a la debilidad de Roma, que propició la invasión de los bárbaros del norte; en el nuestro, porque la deriva populista, antidemocrática e incoherente del inquilino de la Casa Blanca nos está convirtiendo en el hazmerreír de Rusia y China.

Cuando Trump ganó las elecciones por segunda vez, confesé en este blog que confiaba en que la inercia democrática de las instituciones americanas frenara las veleidades del nuevo presidente. En mi cabeza no entraba que, por muy ajeno que estuviera de la realidad política, los jueces le permitieran comportamientos anticonstitucionales. No es que yo fuera entonces un ingenuo, sino que mi experiencia me dictaba la imposibilidad de que un inquilino de la Casa Blanca pudiera cometer desatinos de la envergadura de los que estamos viendo día tras día. En realidad, creía en aquello de que perro ladrador poco mordedor.

El espectáculo de Alaska, con alfombra roja, sonrisas de oreja a oreja y aplausos halagadores, una auténtica pantomima surrealista, se hubiera quedado sólo en esperpento si no fuera por lo que ha venido a continuación, el fracaso total de la diplomacia americana frente a la rusa. En poco menos de veinticuatro horas, Trump pasó de considerarse el triunfador de aquella jornada memorable a reconocer tácitamente que le habían tomado el pelo.

De todas las promesas sobre política exterior que hizo durante la campaña electoral no ha cumplido ninguna. Porque los sátrapas, Putin y Netanyahu, en vez de atemperar los ánimos y abandonar sus políticas expansionistas, han recrudecido los ataques asesinos a Ucrania y a Gaza respectivamente. Se han reído y se siguen riendo del emperador en su cara. Pero, lo que es peor, al comprobar que Trump no tiene nada que ofrecerles, le han perdido por completo el respeto, porque han comprobado la debilidad de su imperio.

Así empezó Roma antes de su caída. Las legiones romanas eran  poderosas y capaces de defender las fronteras del imperio, pero la ineptitud de sus emperadores fue poco a poco animando a los pueblos germánicos, empujados por los hunos, a atacar, hasta que lograron acabar con el inmenso poder de aquel imperio.

Europa, que nos guste o no es parte de este imperio, debe incrementar su autonomía frente a Washington, porque de no hacerlo corre el riesgo de hundirse con la “metrópoli”. Algunos pasos se están dando, es cierto, pero se me antojan insuficientes. Después, cuando Washington sea consciente de nuestra capacidad de decidir lo que más nos interese, podremos seguir en alianza, porque la unión hace la fuerza, pero no tendremos que seguir a ciegas los dictámenes del emperador de turno. Los castizos dicen, juntos pero no revueltos.