6 de marzo de 2026

Se sienten, ¡coño!

Antes de entrar en el tema de hoy, pido perdón por el título elegido. Yo nunca lo hubiera dicho así. Habría elegido otra forma, como por ejemplo “siéntense, ¡coño!”. Pero al golpista le salió de esa manera y ya es tarde para darle lecciones de oratoria. Menos mal que utilizó la interjección más adecuada al ridículo espantajo que iba a protagonizar a continuación. Ninguna otra hubiera casado mejor.

La verdad es que a mí los papeles del 23F recién publicados no me han aportado ninguna novedad. No porque sea muy listo y supiera de antemano lo que había sucedido, sino porque mis conclusiones habían construido un relato muy parecido a lo que se deduce de la documentación que el gobierno acaba de sacar del cajón de los secretos.

Como tantos españoles, viví la intentona de golpe de estado casi en directo. TVE no televisaba la sesión de investidura de Calvo Sotelo y como consecuencia la estaba oyendo por la radio. Mi curiosidad o si se prefiere mi interés por los asuntos políticos me tenían expectante ante los votos inciertos del PNV y de la que entonces se llamaba minoría catalana, dos grupos nacionalistas cuyos apoyos estaban en el aire.

Recuerdo perfectamente que me encontraba solo en casa, porque mi mujer había ido ese día a recoger a nuestros hijos al colegio y todavía no había regresado. Cuando oí los primeros comentarios tras la entrada de los guardias civiles en el hemiciclo, deduje que se trataba de alguna medida de protección antiterrorista, porque mi mente no estaba preparada para procesar lo que en realidad sucedía. Luego la emisión se cortó y me quedé en blanco, aunque ya con la sospecha de que algo grave estaba sucediendo.

Después, a medida que fue pasando el tiempo y se fue teniendo más información, lo primero que me vino a la cabeza era que se trataba de una auténtica chapuza, impropia de unos profesionales a los que se les supone especialistas en planificar cualquier acción que implique el uso de la fuerza. En primer lugar, unos guardias civiles bajo las órdenes de oficiales que no pertenecían a su cadena natural de mandos. En segundo, un capitán general que saca los tanques a la calle en Valencia, mientras en las restantes capitanías generales nadie mueve un dedo. En tercero, un militar muy cercano al rey que pretende ir a la Zarzuela y la Casa Real no se lo permite. Un auténtico esperpento.

Yo nunca creí que Juan Carlos I instigara el golpe como algunos sectores de la derecha han mantenido y siguen manteniendo, pero sí que sus vacilaciones previas, sus conversaciones anteriores con altos mandos militares y su preocupación general por la continuidad de la monarquía le llevaran a hablar a medias tintas, a no ser lo preciso y contundente que debería haber sido. Esos estados de incertidumbre, de no sé no contesto, dieron lugar a que los que poco necesitaban para desenvainar los sables tomaran su actitud dubitativa como de respaldo a la cuartelada. Los papeles recién publicados no dicen nada de esto, pero precisamente por ello me reafirmo en la hipótesis que sostuve en su momento.

Lo pienso ahora y lo pensé entonces. El rey no estuvo a la cabeza del golpe, pero le faltó el coraje necesario para haber cortado por lo sano antes de que se produjera.

1 comentario:

  1. Lo más interesante de tu análisis no es el golpe en sí, sino esa reflexión sobre la 'ambigüedad' del Rey. A veces, en momentos críticos, la falta de una orden tajante puede ser interpretada por otros como un consentimiento implícito, y ese 'no sé, no contesto' es lo que termina alimentando el esperpento.

    No hace falta ser un instigador directo para ser responsable por omisión, desde luego. Visto lo que vino después en el comportamiento de Don Juan Carlos I, su actuación (o su no actuación) de aquel día casa plenamente con su estilo de hacer las cosas. Es una lección de liderazgo vigente: la historia se escribe tanto con lo que uno hace como con lo que uno, teniendo la oportunidad, decide no hacer.

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