Trump, en su calenturienta imaginación, debió de pensar en algún
momento que lo de Irán iba a ser muy parecido a lo de Venezuela, no sé si por
ingenuidad o por ignorancia o por las dos cosas a la vez. Parece ser que los
altos mandos militares le habían aconsejado no provocar un conflicto como el
que proponía, consejo que el todopoderoso inquilino de la Casa Blanca desestimó, para embarcarse en una aventura de la que parece no
saber cómo salir.
Otra cosa es Netanyahu, que en realidad es el verdadero instigador de
la locura a la que estamos asistiendo. Israel no necesita ocupar el territorio iraní, ni tan siquiera conseguir un cambio de régimen. Lo que pretende y está
consiguiendo es provocar inestabilidad en la zona, ampliar los asentamientos en
las zonas limítrofes y debilitar a sus enemigos. Sabe perfectamente que Irán
está ahí y seguirá estando. Pero en su política de ganar tiempo ha involucrado a
los EE. UU., liderados ahora por un auténtico ignorante de la realidad internacional.
Esta guerra en mi opinión no ha hecho más que empezar, porque,
mientras las tropas terrestres no ocupen los centros neurálgicos de Irán, algo
impensable, el conflicto continuará. Irán tiene una extensión de 1,648 millones
de kilómetros cuadrados, lo que equivale a más de tres veces la superficie de
España. Pero es que además, por muchos enemigos internos que tenga el régimen
de los Ayatolás, los pueblos, cuando se sienten atacados, se unen contra el
enemigo común, en este caso EE. UU. e Israel.
Estamos asistiendo a un cruce de falsas
informaciones, como sucede en todas las guerras, porque desmoralizar al enemigo
siempre ha sido un arma muy poderosa. Pero la realidad, al menos la que se
deduce de la información que nos llega, es que Trump se ha metido en un
berenjenal del que no sabe salir, ya que hacerlo lo desprestigiaría ante la
opinión pública norteamericana, aún más de lo que ya está. Creía que se iba a
apuntar una victoria fácil que añadir a su palmarés, pero le está saliendo el
tiro por la culata.
Lo curioso de todo esto es que no haya tenido en cuenta las
derrotas de Vietnam o de Afganistán, que nadie le haya advertido de que hay
guerras que no se pueden ganar, porque la victoria no sólo depende de la capacidad militar de quien ataca, sino de las condiciones geoestratégicas del enemigo.
Como Irán no es Venezuela, dentro de muy poco hablaremos de
Cuba. Yo ya tengo preparada la pluma.















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