Cuando se está en democracia y se cree en ella, lo razonable
es pensar que los programas avancen en la dirección que responda a la
composición del Congreso. Por muy minoritaria que sea la presencia de un grupo en el hemiciclo y por muy radical que resulten sus planteamientos, está en su derecho democrático
a jugar lo mejor posible las cartas parlamentarias que le hayan concedido sus electores. Por eso, para conseguir mayorías suficientes hay que
negociar con las minorías, por supuesto sin sobrepasar los límites que marca la Constitución.
Hasta ahora Pedro Sánchez lo está consiguiendo. Por eso,
aun a trancas y barrancas, va sacando sus propuestas adelante, provocando el consabido
vocerío de los partidos de la oposición, que no tardan en acusar
al presidente del gobierno de las mayores atrocidades que uno se pueda
imaginar, entre ellas la de estar rompiendo España.
En ocasiones, cuando los detractores de los acuerdos de
Sánchez se ven incapaces de argumentar que se haya infringido el mandato
constitucional, se remiten al futuro, se ponen el gorro de adivino y nos
anuncian los males que lloverán en el futuro sobre nosotros por culpa de las actuales barrabasadas del presidente. Como el presente contradice sus acusaciones,
refugiarse en un mañana que ni ha llegado ni sabemos cómo será, es tarea fácil aunque inútil.
Qué Pedro Sánchez sabe sortear con habilidad política, en
beneficio de la continuidad de la legislatura, las dificultades que ofrece un
Congreso tan dividido, es algo que ni en los corrillos conservadores se niega. Saben
que se trata de un serio inconveniente para acceder al poder de forma inmediata
como les gustaría y no encuentran la manera de meterle mano. De ahí las acusaciones de estar rompiendo España y de ahí las conjeturas sobre un mañana catastrófico.
No sé que sucederá en el futuro, porque el resultado de esta dinámica parlamentaria tan enrevesada es impredecible. Puede que llegue un momento en el que los intereses de uno de los grupos que le apoyan le decidan a abandonar la alianza de facto que ahora existe entre los llamado socios de la investidura y, como consecuencia, el presidente del gobierno se vea obligado a convocar elecciones anticipadas. Pero tengo la sensación de que Pedro Sánchez sigue teniendo capacidad negociadora suficiente para conseguir agotar la legislatura.
Después, las urnas hablarán una vez más y ya se verá lo que sucede.



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