La pregunta que me hice entonces y me hago ahora es cómo se
puede demostrar la no existencia de lo que no existe. Cuando alguien asegura la existencia de algo, de la índole que sea, debe estar en condiciones de aportar pruebas o al menos
razonamientos. Lo que no tiene ningún sentido es que se pida lo contrario,
es decir, que haya que demostrar la no existencia de lo que no existe.
Muy poco después de aquel encuentro volví a coincidir con las mismas persona, con las que por cierto he perdido el contacto hace tiempo. En esta segunda ocasión surgió una conversación en términos muy parecidos a los de la primera vez, aunque sobre un tema diferente, el de los fenómenos
paranormales en general. Para que no haya dudas respecto a lo que me refiero,
en la categoría de paranormales entraban la facultad de adivinar el pensamiento,
la capacidad de la mente humana para mover objetos sin tocarlos o la predicción con todo lujo de detalles de sucesos que van a ocurrir en un momento determinado y en algún lugar concreto. No son más que ejemplos, pero creo que ayudan a
entender de qué se estaba hablando.
Supongo que no hace falta que diga que mi posición en esta segunda ocasión fue la de negar categóricamente la existencia de fenómenos paranormales, porque mi capacidad de raciocinio la niega tajantemente. Creo en la ciencia y no acepto conjeturas sobre lo indemostrable. El interlocutor que la defendía, sin embargo, acudía a testimonios “fidedignos”, a experiencias vividas por personas que han experimentado situaciones extrasensoriales y a resucitados que cuentan sus experiencias al otro lado de la muerte. Además, decía que no comprendía mi negativa radical a aceptar que todo esto pudiera ser real, porque debería admitir al menos la posibilidad de que lo fuera.
Pues no. Si la razón me dicta que todo esto nos son más que
patrañas sin fundamento, no me andaré con medias tintas y daré mi opinión si viene a cuento. Porque, en definitiva, estamos hablando de bulos,
de inventos de mentes calenturientas, de falsas verdades y,
en bastantes casos, de personas que aprovechan la ingenuidad de otros para su
realización personal, con ánimo de lucro o simplemente para su distracción.
Dicho sea todo lo anterior con el respeto debido a los que
están dispuesto a dar por válidos los fenómenos paranormales. Como decía aquel, “ca uno es ca uno”. Pero conmigo que no cuenten.




















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