Sin embargo, es tal la necesidad que siento de poner en
negro sobre blanco mis ideas, que creo que seguiría escribiendo aunque nadie
me leyera. Para mí escribir significa ordenar ideas, meditar sobre su
contenido, valorar su consistencia y someter a mi propia censura cuanto
expongo. Al menos es lo que creo que hago, aunque me temo que muchas veces me
salte mis propias normas guiado por la indignación que me producen
ciertas noticias.
Otro de mis problemas es que, como estas reflexiones no son lo único que escribo, en ocasiones siento cierta angustia, la que produce el
creer que no llego a todo lo que me propongo. Ahora mismo estoy inmerso en la
ultimación de una nueva novela, que supongo que verá la luz en muy poco tiempo,
quizá en septiembre o en octubre. De manera que tengo que hacer un verdadero
esfuerzo para continuar escribiendo en el blog, aunque éste sea mi hijo
literario predilecto.
Por cierto, los lectores del blog tendrán la oportunidad de
leer en versión digital la novela que acabo de mencionar, aunque también me
propongo publicar una pequeña edición en papel. Pero de esto ya hablaremos en
otro momento.
Es muy posible que cuando llegue al artículo número 1.000 me
tome un respiro, no sé si temporal o definitivo. Pero como eso será dentro de
cinco meses, ya veremos qué pasa entonces con mi estado de ánimo. De momento
todavía tengo fuerzas para enfrentarme a este trabajo y por consiguiente no me
planteo parar, aunque quizá sí atemperar los ímpetus.
Llevo tanto tiempo escribiendo aquí, que me da pánico dejar
de hacerlo. Supongo que esta sensación se parecerá un poco al “mono” de los
drogodependientes, con una diferencia, que en la escritura no existe la
metadona. Lo único que en este caso satisface el síndrome de abstinencia es
seguir escribiendo sin parar.
Mucho me temo que lo que acabo de confesar sea un lamento
producido por la pereza, por ese sopor que le entra a uno cuando está a pocos metros de la playa. A los mesetarios, como
yo, los cambios de altitud les producen alteraciones en el estado de ánimo. Pero,
aunque esté de vacaciones, de momento voy a seguir escribiendo,
¡Hasta ahí podíamos llegar!



















