2 de febrero de 2026

Concesiones o capacidad negociadora

Es curioso observar como lo que para unos es virtud, la capacidad de negociar, para otros se convierte en defecto, el de hacer concesiones indeseables. Me estoy refiriendo a la habilidad demostrada por Pedro Sánchez para conseguir apoyos, a lo largo de una legislatura con un parlamento muy fragmentado, en el que no hay ningún grupo que no defienda a capa y espada sus programas y la preservación de su propia identidad como les exigen los que los votan.

Cuando se está en democracia y se cree en ella, lo razonable es pensar que los programas avancen en la dirección que responda a la composición del Congreso. Por muy minoritaria que sea la presencia de un grupo en el hemiciclo y por muy radical que resulten sus planteamientos, está en su derecho democrático a jugar lo mejor posible las cartas parlamentarias que le hayan concedido sus electores. Por eso, para conseguir mayorías suficientes hay que negociar con las minorías, por supuesto sin sobrepasar los límites que marca la Constitución.

Hasta ahora Pedro Sánchez lo está consiguiendo. Por eso, aun a trancas y barrancas, va sacando sus propuestas adelante, provocando el consabido vocerío de los partidos de la oposición, que no tardan en acusar al presidente del gobierno de las mayores atrocidades que uno se pueda imaginar, entre ellas la de estar rompiendo España.

En ocasiones, cuando los detractores de los acuerdos de Sánchez se ven incapaces de argumentar que se haya infringido el mandato constitucional, se remiten al futuro, se ponen el gorro de adivino y nos anuncian los males que lloverán en el futuro sobre nosotros por culpa de las actuales barrabasadas del presidente. Como el presente contradice sus acusaciones, refugiarse en un mañana que ni ha llegado ni sabemos cómo será, es tarea fácil aunque inútil.

Qué Pedro Sánchez sabe sortear con habilidad política, en beneficio de la continuidad de la legislatura, las dificultades que ofrece un Congreso tan dividido, es algo que ni en los corrillos conservadores se niega. Saben que se trata de un serio inconveniente para acceder al poder de forma inmediata como les gustaría y no encuentran la manera de meterle mano. De ahí las acusaciones de estar rompiendo España y de ahí las conjeturas sobre un mañana catastrófico.

No sé que sucederá en el futuro, porque el resultado de esta dinámica parlamentaria tan enrevesada es impredecible. Puede que llegue un momento en el que los intereses de uno de los grupos que le apoyan le decidan a abandonar la alianza de facto que ahora existe entre los llamado socios de la investidura y, como consecuencia, el presidente del gobierno se vea obligado a convocar elecciones anticipadas. Pero tengo la sensación de que Pedro Sánchez sigue teniendo capacidad negociadora suficiente para conseguir agotar la legislatura. 

Después, las urnas hablarán una vez más y ya se verá lo que sucede.


28 de enero de 2026

Que me quiten lo "viajao"

 

A lo largo de mi vida he intentado viajar cuanto más mejor. Lo digo en pasado, porque ahora, con el paso y con el peso de los años, he restringido la frecuencia, pero sobre todo las distancias. Por eso, cuando miro hacia atrás me felicito por no haber perdido el tiempo cuando podía, entre otras cosas porque siempre fui consciente de que llegaría un momento en el que no podría soportar el ajetreo que comportan los viajes. Ahora, salvo alguna que otra escapada, nunca demasiado lejos, me queda el recuerdo de unos tiempos en los que soportar el martirio de los aeropuertos, los inhumanos madrugones y las deprimentes colas ante las taquillas turísticas formaban parte de lo inevitable y no suponían ningún obstáculo para emprender un viaje a cualquier parte del mundo que se me antojara.

Por simplificar, diré que en esto de viajar ha habido en mi vida dos etapas, la de los viajes por trabajo y la de los que he hecho por el puro placer de viajar. Pero, sin embargo y para ser precisos, procuré siempre convertir los primeros en algo más que asistir a cursos y a reuniones, con clientes o sin clientes, con mi mujer o solo, porque las circunstancias que rodeaban aquellos obligados desplazamientos me permitían lograr un buen equilibrio entre responsabilidad laboral y placer turístico. Es más, estoy convencido de que aquellas obligaciones profesionales me permitieron conocer un mundo que, de no haber tenido que hacerlos, quizá nunca se hubiera despertado en mí la afición a viajar. 

En los últimos años, mi mujer y yo nos hemos repetido en muchas ocasiones la conocida frase tópica, “aprovechemos que aún podemos, porque ya vendrán tiempos peores”. Ahora que esta premonición se va cumpliendo porque forma parte de la realidad de la vida, es cuando nos damos cuenta de que merecía la pena no dejar para mañana lo que pudieras hacer hoy.

En los últimos años, estamos pasando una etapa de viajes “nacionales”, de esos que no necesitas sufrir los sinsabores de los aeropuertos ni las estrechuras de los aviones. En nuestro coche, con etapas que nunca sobrepasan nuestra capacidad de resistencia o, si se quiere, de comodidad, hemos recorrido España de arriba abajo y de izquierda a derecha, como dicen los que no manejan bien la rosa de los vientos. Por cierto, alojándonos en paradores de la red de Paradores de España, excelentes hoteles por lo general bien situados, donde las estrellas de su clasificación se corresponden con la realidad.

De los cien paradores con los que cuenta esta cadena, conocemos aproximadamente la mitad. Mi inclinación al coleccionismo me hizo abrigar en un momento determinado la idea de visitar con el tiempo todos o casi todos. Pero “tempus fugit” y, como dicen ahora los posmodernos, va a ser que no.

En cualquier caso, siempre nos quedará el buen recuerdo de los viajes que hemos hecho a lo largo de nuestra vida y sobre todo el bagaje cultural que aporta cada uno de ellos, sea en China o en Chinchón.

24 de enero de 2026

Las tabernas de Madrid

 

He contado en varias ocasiones en este blog que me encanta pasear por los barrios antiguos de Madrid, por esas calles estrechas y cargadas de historia, en cuyas esquinas figuran sonoros nombres de escritores, flanqueadas por teatros construidos donde en su día se erigían las viejas corralas de la capital del reino, sin que falten restaurantes, cervecerías ni tabernas con nombres evocadores.

Cuando recorro esas calles, siempre tengo la sensación de estar en otra ciudad, que viene a ser lo mismo que sentirme trasportado a tiempos ya pasados, porque las ciudades en su constante crecimiento dejan de ser lo que fueron para convertirse en algo distinto. Madrid ha evolucionado en las últimas décadas de tal forma, que resulta casi desconocido incluso para los que vivimos en ella. Por eso, cuando ya no sólo paseo, sino que absorbo con los cinco sentidos la vida en ese centro inalterable que tanto me atrae, pierdo un poco el sentido de la realidad. Pisar los mismos adoquines que pisaron Cervantes o Lope de Vega, Calderón de la Barca o Tirso de Molina, acaba convenciéndome de que estoy recuperando la verdadera esencia de la ciudad.

Pero es que además ese centro ofrece también refugio a los caminantes sedientos o a los andariegos hambrientos, porque cada diez metros se encuentra uno con algún restaurante, cervecería o taberna, auténticos guardianes del más puro casticismo madrileño. Por cierto, me enteré hace unos días de que ese color rojo burdeos o rojo tinto que caracteriza a estas últimas guarda una curiosa historia. Procede de una época en la que en la capital de España había tres librerías y trescientas tabernas, de manera que la pintura servía como distintivo, no fuera a suceder que los interesados analfabetos pasaran de largo. Desconozco qué habrá de realidad en todo esto, pero como el relato me ha gustado aquí lo traigo.

Por supuesto que, como soy un vapuleado andarín sediento y también hambriento, en muchos de mis excursiones al centro termino entrando con mi mujer en alguna de estas tabernas, para, como nos gusta decir cuando estudiamos la carta, darnos un merecido homenaje. Tengo mis preferidas -La Taberna de Mariano es una de ellas-, pero poco a poco voy ampliando el espectro, porque como ya he dicho la oferta es muy amplia. No hay nada como tomar unos callos a la madrileña regados por un buen tinto en un ambiente en el que no desentonarían ni Baroja ni Azorín, ni Ruano ni Umbral.

Nuestro último descubrimiento ha sido Casa Alberto, que como figura en su rótulo fue fundada en 1827, nada más y nada menos. Una larga barra muy concurrida y un pequeño comedor con apenas seis o siete mesas, envueltos en una decoración que parece extraída de otros tiempos, un servicio muy amable y atento y una buena relación precio calidad.

Pero como sigo y seguiré pateando aquellas calles mientras mi sufrida  espalda me lo permita, estoy convencido de que todavía me quedan muchas tabernas de Madrid por descubrir.

20 de enero de 2026

Blancanieves y los veintisiete enanitos no es un cuento

 

Las comparaciones son odiosa. Ni Trump es Blancanieves ni los países que componen la Unión Europea son enanitos. Pero como me gustan los títulos estrambóticos, ahí se ha quedado. 

En esta deriva “trampista” -ya sabemos que en inglés la u de Trump se pronuncia como una a muy cerrada-, se alzan voces que exigen el enfrentamiento directo con la gran potencia norteamericana o, por el contrario, la sumisión más absoluta a sus mandatos. Sin embargo, también los hay que con los pies en la tierra proponen manejar la situación con calma y mesura, sin levantar demasiado la voz, haciendo valer nuestras ventajas y poniendo en evidencia sus debilidades. Estos últimos son aquellos que anteponen la razón a los instintos, la cabeza al corazón. Algunos, los que de esto entienden, llaman a esta actitud pragmatismo.

El envío de tropas europeas a Groenlandia, un tema que cuando escribo estas líneas está en candelero, hay que entenderlo en sus justos términos y no lanzar las campanas al aire de la demagogia. De tener alguna utilidad, sería estrictamente simbólica, porque a nadie en su juicio se le ocurre pensar que los países europeos planteen un enfrentamiento bélico con EE. UU. Ahora bien, desde mi punto de vista, hay símbolos que pueden ser incluso contraproducentes para los que los exhiben. No lo digo porque la presencia de tropas europeas en aquel territorio vaya a provocar un cataclismo, sino por el riesgo de que resulte una medida en cierto modo ridícula. Bastaría con que los americanos reforzaran su presencia militar en la base que allí tienen con fuerzas superiores a las europeas, para que los que han tomado la iniciativa se quedaran fuera de juego.

Yo comprendo perfectamente que el gobierno español, sin que lo haya descartado de entrada, esté pensando qué hacer. Antes de recurrir a “mostrar la bandera”, es conveniente utilizar la diplomacia, un arte que no se limita a sentarse en una mesa y dialogar, sino que incluye ofertas y contraofertas, soluciones intermedias, compadreos, repartos y, sobre todo, sutiles amenazas que le hagan pensar al otro que ojo con lo que hace.

El gobierno español dice que estaría dispuesto a enviar tropas bajo el paraguas de la OTAN o de la UE, una condición que se me antoja imposible. En la OTAN está EE. UU. y la UE no se encuentra por desgracia lo suficientemente unida como para decidir una iniciativa como ésta. Por tanto, la condición es una elegante manera de decir que ya veremos, dando largas.

Que EE. UU. pretenda controlar el ártico entra dentro de la lógica más aplastante desde el punto de vista del equilibrio estratégico mundial. Los llamados pasos del noroeste se están abriendo como consecuencia del cambio climático y las nuevas rutas se convertirán en vitales para la economía global. Pero lo que no tiene sentido es que para ello pretenda anexionarse un territorio que no es suyo, cuando podría invocar la defensa conjunta de los intereses occidentales bajo el amparo de La OTAN. Es posible, no lo niego, que en su deriva egocéntrica esté pensando en abandonar la alianza atlántica, pero, si así fuera, la Unión Europea podría jugar su mejor baza. Si hay que romper, rompamos ya y juguemos cada uno sus cartas defensivas por separado.

Sospecho que a los responsables militares de la defensa norteamericana esta iniciativa no les gustaría nada. Porque Europa aporta mucho a la seguridad conjunta, en capacidad industrial, en territorio, en población y, también, como potencia militar.

16 de enero de 2026

El pueblo norteamericano o vaya con cuidado señor presidente

 

Quien me conoce sabe que soy muy optimista, característica que no niego. Siempre he intentado ver los aspectos positivos de las cosas y, aunque procuro no ignorar los negativos, tiendo a valorar éstos en sus justos términos. Sé que en esta actitud hay una cierta dosis de voluntarismo, pero hasta ahora me ha ido bien con ella.

Por eso, aunque las iniciativas de Trump me tengan tan preocupado como a tantos y tantos europeos, sigo confiando en que el propio sistema americano corrija con el tiempo el rumbo de la deriva antidemocrática que sufre en la actualidad EE. UU. Los padres de la constitución americana previeron en su momento que situaciones como ésta e incluso más graves pudieran producirse, instituyendo un sistema de equilibrios para proteger a su país de posibles desmanes. La descentralización federal, unas elecciones a medio mandato que pueden cambiar en un momento determinado la composición del Senado y de la Cámara de Representantes, un sistema judicial independiente y unas encuestas para conocer el índice de popularidad del presidente permiten abrigar la esperanza de que el actual inquilino de la Casa Blanca no consiga llevar adelante todas sus interesadas propuestas.

Yo, a lo largo de mi vida, he visto pasar por la Casa Blanca a muchos presidentes de los Estados Unidos de América, desde Roosevelt hasta el actual. Por supuesto que entre ellos ha habido de todo, desde mentirosos hasta puteros, pasando por prodigiosos ignorantes. Pero también algunos con grandes visiones de la política internacional, con mentes abiertas y dialogantes. Es verdad que el marco internacional en el que se mueven todos se asemeja al patio de un colegio donde primara la ley del más fuerte, pero hasta entre los matones hay categorías. El de ahora se lleva el primer premio a la iniquidad, con mucha ventaja respecto al segundo.

Volviendo al tema que en estos momentos origina mi optimismo, es muy posible que poco a poco vayamos observando cambios en la beligerante actitud de Trump con respecto a Europa, que al fin y al cabo debería ser el objeto de nuestros desvelos. Si fuera así, sería consecuencia de que el sistema de contrapesos americano funciona, que los asesores del actual presidente le avisan del deterioro que muestran las encuestas, que la judicatura le para los pies en ocasiones y que el necesario equilibrio geoestratégico internacional le enciende la luz roja de peligro. Porque tonto no es, aunque lo parezca.

Es cierto que pondrá los obstáculos que pueda para seguir haciendo lo que le venga en gana, pero todo tiene un límite. La prensa americana independiente está siendo muy crítica con sus políticas y, aunque las amenazas presidenciales contra algunos periodistas se suceden una tras otras, el cuarto poder en EE. UU. ha derribado a más de un primer mandatario.

El próximo noviembre habrá elecciones legislativas en aquel país y puede ocurrir que a partir de entonces las cosas empiecen a cambiar. Pero ojo, porque hay quienes mueren matando, dicho sea estrictamente en sentido figurado.

12 de enero de 2026

La izquierda inútil

 

Aunque me considero un progresista y como consecuencia voto izquierdas, nunca me han gustado las desmesuras radicales. Cuando apareció Podemos sobre el escenario político español, ya entonces vaticiné dos cosas que me atreví a exponer en ese blog, la primera, que los mensajes populistas de los neófitos acabarían borrándolos del panorama parlamentario por exagerados e inútiles, la segunda, que su presencia perjudicaría al conjunto de la izquierda porque la desmembraría. Hoy puedo decir que las dos previsiones se han cumplido o están en camino de cumplirse.

En un país desarrollado como el nuestro, con unos índices de bienestar altos en comparación con los del mundo en general, caben mal las proclamas radicales. Una cosa es defender la igualdad de oportunidades, el feminismo, la tolerancia hacia las minorías, el apoyo a las capas sociales más necesitadas; pero otra, muy distinta, mantener el lenguaje proletario de la revolución industrial. Las clases medias en España y en otros países de Europa han mejorado considerablemente su situación económica en los últimos decenios, por lo que nada tiene de particular que hagan oídos sordos a determinados soniquetes reivindicativos. Pueden entender que persista la lucha por el progreso social, pero no les encajan los mensajes, exagerados o no, que no reflejen su propia realidad.

Pero es que, además, esa izquierda a la que me refiero no mantiene un mensaje coherente con la realidad del mundo. Ione Belarra, ante la flagrante violación del derecho internacional por parte de Trump, pide que Europa “haga algo”, pero al mismo tiempo está en contra de que los países que componemos la Unión Europea invirtamos más en defensa. No se entiende muy bien qué se puede hacer contra una gran potencia militar  si no se puede hablar con ella desde una posición similar. El buenismo no sirve casi nunca de nada, pero en este caso es completamente inútil.

Si las clases medias dejan de oír, como decía arriba, las proclamas radicales, se inicia un proceso de desafección al progresismo, el efecto contrario al deseado por los fundadores de Podemos. Si además la izquierda moderada, el PSOE, se ve obligado a pactar con ellos para salvar los muebles del desastre, la cosa se complica aún más, porque la tendencia a confundir la izquierda útil con la inútil está servida.

La aparición de Sumar fue un intento de moderar la deriva de Podemos, pero, como sucede con los movimientos políticos especulativos, la iniciativa devino en conflicto entre los unos y los otros. Al fin y al cabo, a los líderes de estos partidos minoritarios les mueve el ansia de sobrevivir como puedan, con el único propósito de lograr tres o cuatro escaños, por supuesto ocupados por los promotores de las maniobras de supervivencia. No olvidemos que el ejercicio de la política es para algunos un modus vivendi como otro cualquiera.


7 de enero de 2026

Miedo me da o pongamos las barbas a remojar

La violenta intrusión del poder militar de EE. UU. en Venezuela y la  subsiguiente “extracción” de Maduro me han producido sentimientos encontrados. Por un lado, que un dictador populista deje de serlo me llena por completo de satisfacción. Sin embargo, que una potencia hegemónica en el mundo actual no respete las normas del derecho internacional, no sólo me provoca un rechazo absoluto, sino que además me deja completamente desconcertado. Trataré de explicarme.

Cuando por la mañana de ese viernes navideño, nada más levantarme empecé a oír las primeras noticias sobre el ataque, me quedé desconcertado, no porque una maniobra de este tipo no formara parte de mis previsiones, sino porque no entraba en mi cabeza que una potencia como la atacante bombardeara a un país como Venezuela. Pero cuando horas más tarde contemplé en directo la comparecencia de Trump ante los medios de comunicación rodeado por el coro de palmeros que lo acompaña en estas ocasiones, me quedé petrificado. Le estaba explicando al mundo entero que hace lo que le da la gana, que no respeta ni normas ni equilibrios geoestratégicos y que, si hasta ahora no habíamos aprendido la lección, ya  iba siendo hora de que espabiláramos.

El continente americano es suyo -ya lo dijo el presidente Monroe en el siglo XIX- y por tanto que nadie ose intervenir en contra de sus políticas expansionistas, de sus pretensiones colonialistas y de sus intereses particulares. El petróleo venezolano ya no es de sus legítimos propietarios, sino que a partir de ahora estará al servicio de la política que dicte el todopoderoso Trump. Los ciudadanos de Venezuela dejan de ser soberanos, para convertirse en dependientes a partir de ahora de lo que decida el gran autócrata que reside en la Casa Blanca.

Todo esto hasta podría verlo como algo muy lejano, si no fuera porque me viene a la memoria el reparto del mundo que EE. UU. y la Unión Soviética se hicieron tras la segunda guerra mundial. Es cierto que el escenario y los actores son muy distinto ahora a los de entonces, pero mucho me temo que Putin estuviera al tanto de la maniobra americana en Venezuela. Déjame a mí América y yo te dejaré a ti Europa. No me incordies demasiado en mis pretensiones colonialistas y yo no te molestaré en Ucrania, en Bielorrusia, en Moldavia, en las repúblicas bálticas y, si me insistes, en los antiguos países del Pacto de Varsovia. Guardemos las formas entre nosotros y adelante con nuestros respectivos intereses, como mandatarios todopoderosos que somos.

Supongo que a algunos de los que leen estas reflexiones mías lo que acabo de decir les sonará a exageraciones sin fundamento. Pero tiempo al tiempo. Europa corre el riesgo de dejar de ser la zona del mundo con el nivel de progreso más alto, con el mejor coeficiente de respeto a los derechos humanos y con los índices de bienestar social y de ejercicio de las libertades más valorados en el mundo entero, porque ni Trump ni Putin están dispuestos a que así sea.

Mientras tanto, sigamos estúpidamente despellejándonos como gallos de pelea y continuemos con los estrechos y miopes nacionalismos separadores. ¡Qué más quieren ellos!

Del dislate de Groenlandia hablaremos otro día.

4 de enero de 2026

La realidad y la percepción

Aunque cabe suponer que realidades sobre un asunto concreto no hay más que una, lo cierto es que pueden existir infinidad de percepciones sobre el mismo Lo que acabo de decir debería ser cierto en cualquier entorno del pensamiento, pero donde no cabe la menor duda sobre su veracidad es en el terreno de la política. No me refiero a lo que dicen los políticos, porque en este caso no se trata de percepciones sino de interpretaciones interesadas, sino a lo que perciben los ciudadanos de a pie cuando piensan sobre la realidad que los rodea. La economía va bien, porque así lo reflejan las estadísticas, pero la cesta de la compra cada vez es más cara y los jóvenes recién incorporados al mercado del trabajo no ven la posibilidad de comprarse un piso. La realidad es una, la percepción otra.

Por eso, cuando oigo a los portavoces del gobierno defender que la economía va muy bien, sé que no mienten, pero creo que se equivocan al no tener en cuenta la percepción de los ciudadanos. Les falta la pedagogía necesaria para convertir su mensaje en una llamada de esperanza sobre el futuro. Mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos sólo se puede lograr con una economía fuerte, de manera que al menos las bases se están poniendo. Si el crecimiento fuera más lento y los niveles de empleo no aumentaran día a día, las cosas serían mucho peor. El problema de la vivienda es cierto y muy grave, pero requiere un tratamiento específico y siempre será mejor resolverlo bajo el paraguas de una buena situación económica que en bancarrota. Por cierto, resulta curioso que los que utilizan políticamente este asunto contra el gobierno, desde sus virreinatos autonómicos boicoteen las medidas que se van aprobando. Es de una hipocresía que asusta.

Los que saben aprovechar muy bien las percepciones son los partidos de extrema derecha del mundo entero, porque en definitiva aquellas nacen de los mensajes populistas. Los menores no acompañados (MENAS) son un peligro, porque como no tienen nada que hacer y además carecen de educación ciudadana se dedican a violar por las esquinas. No se trata de una realidad, pero sí es fácil convertir el eslogan en percepción.

Trump nos dice que quiere hacer grande a su país otra vez (make America great again), como si ninguno de los presidentes que le antecedieron no lo hubieran querido. La realidad es muy distinta de lo que trasluce el mensaje, porque lo que de verdad pretende el inquilino de la Casa Blanca es poner al mundo patas arriba, algo que le beneficia a él a corto plazo, pero que posiblemente desequilibrará la economía mundial de tal manera que el resultado se volverá contra EE. UU. La realidad es una, que la globalidad tiene una inercia incontenible, y la percepción otra, que la política de Trump hará más felices a sus ciudadanos.

Lo malo de todo esto es que las percepciones terminan convirtiéndose para muchos en sus realidades, una de las razones del auge de los populismos. La ultraderecha avanza en el mundo occidental a pasos agigantados, porque los electores cambian las realidades que los rodean por percepciones.

Pero no, no es lo mismo lo que sucede en realidad que lo que se percibe como real sin serlo.

30 de diciembre de 2025

Donde las dan las toman

He estado a punto de titular el artículo de hoy "Déjame por Dios que coja aire”, pero me he arrepentido a tiempo porque me ha parecido un poco exagerado. La compostura nunca debe perderse, por muy indignado que uno se sienta en un momento determinado.

El otro día me enteré de una serie de noticias que, aunque nada me sorprendieron acostumbrado como estoy al surrealismo, debo reconocer que me soliviantaron una mijita, utilizando una expresión muy gaditana. La primera fue el anuncio por parte de la presidenta de Extremadura de que habían robado en un pueblo de su comunidad las papeletas enviadas por correo, lo que según ella significaba que el gobierno de la nación estaba perpetrando un pucherazo electoral. Por supuesto, los portavoces de su partido no tardaron en repetir el eslogan a los cuatro vientos, anunciando con redobles de tambor que la democracia en nuestro país corre peligro. La Guardia Civil y Correos aclararon inmediatamente que en realidad se trataba del robo de una caja fuerte que contenía 14.000 euros y 120 papeletas electorales. Según las mismas fuentes, desde octubre se habían producido varios atracos en oficinas de esta entidad con el mismo modus operandi, lo que a todas luces indica que se trata de actos cometidos por una banda de vulgares rateros.

Ese mismo día nos enteramos de que han salido a relucir varios casos de acoso machista perpetrados por diferentes miembros destacados del PP, como el del alcalde de Algeciras y senador por este grupo, como el del presidente provincial de Badajoz, como el de un exedil del PP en Rivadavia o como el del exalcalde de El Pinar (Granada). Además, los telediarios nos traen la noticia de que el primo (¿nepotismo?) y chofer de María Guardiola, presidenta de Extremadura, ha sido cesado al trascender que estaba condenado por malos tratos a su pareja. Naturalmente, el partido que preside Alberto Núñez Feijóo  explica que en unos casos no eran conscientes y que en otros se estaban aplicando los protocolos internos para depurar responsabilidades. Asegura que sus casos no son de la misma naturaleza que los del PSOE. 

Todo esto sería lamentablemente sólo una serie de tristes anécdotas que demostrarían que el machismo sigue vivo en nuestra sociedad en cualquiera de sus niveles, si no fuera porque los populares, siguiendo la consigna de Aznar “el que pueda que haga”, han pretendido convertir los casos de acoso del PSOE en exclusivos de este partido. Lo que sucede es que cuando no se eligen bien los argumentos para la confrontación política, a veces sale el tiro por la culata.

Supongo que, como decía yo aquí hace unos días en otro artículo, a lo largo del tiempo que todavía nos queda hasta las próximas elecciones generales se irá poniendo en evidencia el sinfín de triquiñuelas que la oposición está utilizando para “descabalgar” a Sánchez. Los incondicionales de las derechas y ultraderechas españolas no las reconocerán, porque la ceguera es muy mala consejera. Pero es muy posible que ese sector de la izquierda, que ha visto tambalear sus convicciones en los últimos meses por culpa de los corruptos y los acosadores, reaccione y valore en sus justos términos las maniobras que los de Feijoo y Abascal han fraguado y siguen fraguando para recuperar el poder a costa de lo que sea.

Así mismo, confío en que los que componen esa ancha franja de votantes de centro, que son en realidad los que en las elecciones inclinan la balanza en uno u otro sentido, se den cuenta de lo que está sucediendo y no se dejen engañar por los señuelos neoliberales. Nuestro país no se merece un retroceso en prestaciones sociales ni en libertades democráticas.


26 de diciembre de 2025

Alianzas contra natura, no por favor

Tras el resultado de las elecciones extremeñas, con un PSOE en declive, un PP ganador aunque sin mayoría absoluta y un Vox creciendo como la espuma, se habla mucho de alianzas poselectorales. Por supuesto que todo parece indicar que los de María Guardiola gobernarán con la colaboración de la ultraderecha, pero ni está clara la modalidad de apoyo ni las condiciones que exigirán ni siquiera si lograrán cerrar un pacto. Yo apuesto por la rendición del PP ante las condiciones que le impongan los populistas de Abascal, pero la realidad es que todo está por ver.

Con este panorama, aunque no suponga una novedad porque ya nos hemos acostumbrado a las bajadas de pantalón de los presidentes autonómicos que han necesitado el apoyo de Vox, algunas voces han empezado a sugerir un pacto entre PP y PSOE, algo así como lo que sucede en Alemania entre el CDU y el SPD, es decir entre conservadores y socialdemócratas. Concretamente, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, presidente de Extremadura en varias legislaturas, ha puesto la idea sobre el tapete. El no habla de alianza, sino de facilitar la investidura de María Guardiola para evitar que caiga en manos de Vox, lo que significaría que sus diputados votarían sí y de esa manera la presidenta en funciones podría ignorar las propuestas de los ultraconservadores. Una hipotética alianza, a la que yo no veo ningún porvenir.

La incompatibilidad entre los actuales PP y PSOE es absoluta. En estos momentos, con los populares dependiendo de la ultraderecha y los socialistas del batiburrillo de partido a los que sólo les une el rechazo a la derecha en unos casos y al centralismo conservador en otros, una alianza de esta índole los dejaría en mantillas.

Pero es que, además, ni a los electores conservadores les gustaría una alianza con el odiado Sánchez ni a los socialistas con un Feijóo que se ha convertido, gracias al estilo de oposición macarra que está ejerciendo desde que pasó a ser jefe de la oposición, en un político decadente, sin ideas y con una falta de carisma que llama la atención. Si el PSOE le ayudara a gobernar, perdería muchos votantes.

En mi opinión, esta posible alianza que como digo no creo que les guste a muchos, le daría un breve respiro a María Guardiola, pan para hoy y hambre para mañana. Pero al PSOE lo hundiría hasta niveles de los que le costaría años recuperarse. Por tanto, desde mi punto de vista, lo mejor que puede hacer ahora el partido socialista es agotar la legislatura, intentar que la debacle de Extremadura no se repita en otras comunidades y continuar con las políticas progresistas que le demanda su electorado. El tiempo puede jugar a su favor, siempre y cuando sepa jugar sus cartas y no dilapide el capital que aún mantiene.

No, no va a ser fácil salir del agujero el que una oposición antidemocrática, apoyada por unos poderes fácticos internos y por una inercia de carácter internacional que propicia el auge de las ultraderechas en el mundo entero, lo quiere sepultar. Pero es preferible pasar a la oposición durante unos años que dar pasos en falso. 

21 de diciembre de 2025

Feliz Navidad

En primer lugar, Feliz Navidad para todos los que leéis en este blog mis ocurrencias. No sé a vosotros, pero a mí, a pesar de los inevitables excesos gastronómicos y de algún que otro ajetreo, estas fiestas me siguen pareciendo un paréntesis de tranquilidad entre las tensiones cotidianas. No hace falta que me lo digáis, ya sé que no es más que un espejismo, pero si uno se lo propone puede convertirlo en realidad. Yo lo hago así y no me va mal.

Este año también brindaré, pero no al estilo de Ayuso. Dejaré a un lado a los demonios y procuraré acordarme de los ángeles. Claro es que yo no dispongo de un asesor de chistes fáciles y además mi sentido del humor tiene límites, los que me marca la prudencia. Las chirigotas para los carnavales y la elegancia para los brindis.

Pero a pesar de que, como he dicho arriba, mi voluntad me lleva a abrir un paréntesis navideño de paz, sosiego y tranquilidad, mi mente no para. Es tanta la hipocresía que veo a mi alrededor, tanta la indiferencia ante la desigualdad, tanto el olvido de los muertos en Gaza o en Ucrania o en tantas guerras a lo largo y ancho del mundo, que si cayera en el olvido no me lo perdonaría a mí mismo.

Dice la frase bíblica “paz a los hombres de buena voluntad” y, desde hace siglos, se repite una y otra vez; de manera que de tanto manoseo uno llega a aborrecerla por inútil, sobre todo cuando se la oyes decir a los promotores de las guerras, a los que amenazan las fronteras, a los que desprecian por completo las vidas humanas, a los que expulsan a los inmigrantes como si de ganado se tratara, a los que desalojan a los “okupas” de sus precarias viviendas sin ofrecerles alternativas, a los que desmontan la sanidad pública para que algunos hagan negocio, a los que facilitan la enseñanza privada en perjuicio de la pública, a los que…

Volvamos a la Navidad, que si no me embalo. Yo ya he puesto el belén, el árbol y el papá Noel en la puerta de mi casa, símbolos que me acompañan desde hace decenios. También he cerrado mi programa navideño, el de todos los años, porque soy persona de costumbres tradicionales, según unos, o de usanzas rutinarias en opinión de otros. Pero lo más importante es que sé que estaré rodeado de todos los míos, que habrá turrón, vino y chistes, que me pasaré un pelín en lo de las copas, pero que me sentiré feliz. Porque la Nochebuena se viene, la Nochebuena se va y… No sigo porque de lo que viene a continuación prefiero no acordarme.

Soy consciente por supuesto de la artificialidad de toda esta simbología, pero no me importa mantenerla y fomentarla. Se trata, como decía arriba, de un paréntesis, de un intento de desviar la mente de lo cotidiano, porque no sólo de la inquietante realidad vive el hombre.

Una vez más, ¡Feliz Navidad y mucha suerte en 2026 a todos!


16 de diciembre de 2025

El titubeo de los débiles o tenemos legislatura para rato


Ayer oí y vi la comparecencia de Pedro Sánchez ante los medios de comunicación para dar cuenta de la situación política del momento y, como me pareció cargada de mensajes, no tardé en sentarme frente a mi ordenador con el propósito de ponerme a escribir mis impresiones, no fuera a ser que se me olvidaran. Como se trató de una intervención larga y tendida, trataré de centrarme en los aspectos que a mí me parecen más relevantes.

En primer lugar, después de oírle ya no me cabe la menor duda de que, a pesar de los pesares, tiene la intención de continuar gobernando hasta que, de acuerdo con lo que marca la Constitución, acabe la legislatura. Lo ha dicho por activa y por pasiva. El presidente del gobierno reconoce su debilidad parlamentaria, pero tengo la sensación de que confía en su capacidad de negociación y que, como consecuencia, cree poder recuperar el apoyo de sus socios. Su frase “sería un error histórico que gobernara la derecha y la ultraderecha”, es un aviso a navegantes. Ninguno de los llamados partidos de la investidura saldría bien parado con un gobierno presidido por Feijóo con Abascal a su lado y, a pesar del postureo de rebeldía de los últimos días, ellos lo saben.

La segunda conclusión que saqué es que no está dispuesto a cambiar los ministros actuales, salvo a Pilar Alegría que se presenta a las elecciones autonómicas en Aragón. Los ha defendido a todos, a los suyos y a los de Sumar, porque considera que están haciendo un buen trabajo al frente de sus respectivos ministerios. A pesar de que Yolanda Díaz, arrastrada por un impulso de irresponsable deslealtad, se lo pidió en público a través de una entrevista televisada, la contestación ha sido tajante: ¡no!

Anunció entrevistas con Oriol Junqueras y negociaciones con Junts. Posiblemente tendrá que calmar al PNV, que parece haberse inquietado en los últimos días. Respecto a los partidos de izquierda, me refiero a los ladradores y poco mordedores, necesitará calmarlos con nuevas medidas progresistas, lo cual no creo que a Pedro Sánchez le plantee demasiados problemas. Por último, Sumar, a pesar de las declaraciones de cara a su galería, no parece que vaya a romper con su socio de coalición. 

Respecto a los casos de acoso machista, ha sido tajante. El PSOE es un partido feminista pero no infalible. Asegura que se ha reaccionado con contundencia y dice que no admite lecciones de aquellos que niegan la violencia de género y que recortan las libertades de las mujeres, como el derecho al aborto.

De la corrupción, lo mismo. Los procesados han sido apartados del partido desde el primer momento y le recuerda al PP que su sede está pagada con dinero negro y que el partido que ahora preside Feijóo fue condenado por financiación ilegal. El PSOE, asegura,  ni lo ha sido ni lo será.

Ya sé que estas reflexiones les entrarán a los enemigos de Sánchez por un oído y les saldrán por el otro. Pero que los progresistas de este país anden con titubeos tiene muy poco sentido. El gobierno actual está llevando a cabo unas políticas sociales como ningún gobierno socialista anterior se había atrevido a promover. La situación económica es buena y, como ha dicho Sánchez en su comparecencia, no hay más que darse una vuelta por las concurridas calles de nuestras ciudades para comprobar que el país sigue adelante, a pesar de los gritos desesperados de la derecha y la ultraderecha.


12 de diciembre de 2025

Alma republicana y sensatez constitucional

 

Ante de entrar en un tema tan delicado como es el de monarquía o república, confesaré que tengo el alma republicana, pero también que mientras no cambie la Constitución acataré la presencia de un rey al frente de la jefatura del Estado sin levantar la voz. Creo que no hay contradicción entre la idea de que en una república se logran mayores niveles de democracia que en una monarquía y la de que una vez establecido el pacto que refleja la carta magna lo prudente es respetarlo.

Ahora bien, respetar no significa tragar. El rey emérito, no sólo se comportó en su momento como un defraudador de hacienda, como un desaprensivo comisionista y como un vulgar mujeriego, sino que además pasea sus vergüenzas sin ningún recato a lo ancho y largo de la geografía española. Con el libro que acaba de publicar pretende reconciliarse con la Historia, intento absurdo, con aires bastante patéticos, porque no sólo no lo consigue, sino que además queda señalado como un personaje que tan seguro está de su intocable dignidad regia que se pone el mundo por montera o, dicho de otra forma no menos coloquial, le importa un bledo la institución que hoy encarna su hijo y sucesor.

No olvidemos que una de las consecuencias que acarrea su estrafalario y ridículo comportamiento es que perjudica a la Monarquía. El libro recién publicado y el esperpéntico vídeo que ha lanzado para promover su venta lo dejan a la altura de un auténtico mercachifle. Si no fuera porque se sospecha que no es capaz de entender el alcance de su torpeza, uno diría que le han contratado los republicanos para que les ayude a expulsar del trono a su sucesor. Mayor ataque a lo que dice defender no cabe.

Pero volvamos al principio de esta reflexión: monarquía o república. Lo importante ahora debe ser que Felipe VI se comporte con la dignidad de un monarca constitucional, al que se le exige como institución simbólica que de ejemplo de bonhomía, que no se suba al pedestal al que algunos intentan elevarlo, que actúe con la prudencia que corresponde a su obligada situación de neutralidad política, es decir, que no provoque el rechazo de los republicanos ni el alago empalagoso de los monárquicos.

Si lo hace así, si cumple con sus verdaderas obligaciones constitucionales, “puede servir”, puede ayudar a la concordia, al buen entendimiento entre los españoles y entre las partes de España. Si no, si sigue las tortuosas veredas por las que ha transitado el emérito, acabará en algún Abu Dabi perdido entre los oropeles de los sátrapas del petróleo.

Tengo la sensación que el actual rey ha aprendido la lección de lo que no se debe hacer. Es cierto que es sólo una impresión derivada de las formas que observo y no un auténtico convencimiento. Prefiero pensar que está bien preparado, que dispone de un buen bagaje intelectual y que no se deja llevar por los impulsos. Quizá la parte griega de su sangre, la que ha heredado de su madre la reina Sofía, le induzca a no “borbonear”, a no sacar los pies del plato. Ojalá, porque este país ya está harto de tanto desatino regio.

8 de diciembre de 2025

¿Elecciones anticipadas?

Cuando observo las dificultades a las que se enfrenta Pedro Sánchez para sacar adelante sus propuestas parlamentarias y, sobre todo, cuando analizo las maniobras especulativas con las que se justifican algunos grupos para retirarle el respaldo que hasta ahora le habían otorgado, me entran grandes dudas sobre si el presidente del gobierno debería o no convocar elecciones. Además, si a estas consideraciones le uno que los presupuestos no se aprueban desde hace tres años, la incertidumbre se convierte casi en el convencimiento de que así no se puede gobernar.

Sin embargo, cuando contemplo el comportamiento de una oposición, la del PP y Vox, unas veces dándose besos de tornillo en la boca y otras menospreciándose mutuamente, mis conclusiones anteriores se tambalean. Si además analizo el tipo de oposición a Sánchez que están haciendo estos partidos desde que accedió a la presidencia del gobierno, mis dudas se incrementan, porque concluyo que tanta insidia, tanta infamia y tanta vileza debe de estar alertando a una gran parte del electorado, sobre todo cuando ven que detrás de este trampantojo no hay ninguna propuesta constructiva, sólo palabras huecas y brindis al sol.

El gobierno actual, a pesar de las razones que pueda tener para convocar elecciones, debe de estar considerando que el tiempo le favorece, no sólo porque cada día que pasa la oposición pone más en evidencia su falta de calidad, sino además porque ciertas acusaciones de corrupción terminarán esclareciéndose a favor de los acusados, sin olvidar que tanto a Vox como al PP les están saliendo a relucir sus propias tropelías y, no menos importante, sus manifiestos “errores” en la gestión de las autonomías donde gobiernan.

La información que se va teniendo sobre el comportamiento de Mazón está llegando a unos niveles que hacen pensar que no va a poder librarse de responsabilidades penales. Los 228 muertos el día de la DANA antes de que el president se dignara aparecer, claman justicia, de manera que no creo que tardemos mucho tiempo en verlo sentado en el banquillo de los acusados. En cualquier caso, la sociedad española en general y valenciana en particular ya lo ha juzgado y condenado como político.

En Madrid, todos los días saltan escándalos relacionados con la sanidad pública. El último, que descubro mientras estoy escribiendo estas líneas, es el del reciclaje de los catéteres en el hospital de Torrejón. Que una gerencia decida reutilizarlos sin someterlos a la manipulación de empresas especializadas en un cometido tan delicado, es de una gravedad que provoca indignación. Hay que ser un desalmado para tomar una decisión que pone en riesgo la vida de los usuarios, con el único propósito de ganar más dinero. Este es el resultado del modelo Alzira, uno de los grandes inventos de un Partido Popular con la vista puesta en la privatización de la sanidad.

No voy a seguir poniendo ejemplos, porque para muestra un botón. Pero lo anterior me sugiere concluir que no me sorprende en absoluto que Pedro Sánchez quiera ganar tiempo antes de convocar elecciones. Lo necesita para poner en evidencia lo que espera a los españoles si accede al gobierno el tándem Feijóo-Abascal o Abascal-Feijóo, que tanto monta, monta tanto. ¿Tacticismo político? Pues claro, porque esto es política.

4 de diciembre de 2025

Obras son amores

Hace unos meses, para ser preciso el día uno de agosto de este año, publiqué en el blog un artículo que se titulaba “Las ciudades gruyer”.  A lo largo de sus párrafos reflexionaba sobre un tema que me encanta, la necesaria adaptación de las ciudades a las exigencias que van surgiendo, no sólo en cantidad, también en calidad. En él explicaba que se había iniciado el derribo de un viejo almacén que afeaba el entorno donde vivo, una vieja estructura de hierro y uralita vestigio de otros tiempos, encerrada entre edificios de construcción muy posterior, en uno de los cuales se sitúa mi vivienda en Madrid.

Pues bien, estas obras, que se iniciaron en junio rodeadas de una enorme polémica vecinal, porque la conspiranoia de algunos los alertaba de que la retirada del amianto nos iba a envenenar a todos, avanzan poco a poco para reconvertir aquella cicatriz urbanística en un polideportivo que, aunque desconozco el proyecto porque el ayuntamiento no lo publica, doy por hecho que mejorará sustancialmente el entorno. Como soy un apasionado de las reconversiones urbanas, sigo día a día la evolución de los trabajos a través de las ventanas de mi casa, desde las que se domina perfectamente un panorama que permite hacerse una idea de cómo quedará el enorme patio de manzana cuando las obras estén terminadas por completo, supongo que en un año o poco más.

Tengo vecinos que hubieran preferido que aquella vieja estructura, reliquia de unos tiempos ya superados por la reconversión urbanística de la ciudad, no se hubiera tocado, en parte porque no debe de preocuparles la estética y también como consecuencia de que han debido de imaginarse que los ruidos no les iban a dejar vivir en paz. Sin embargo, a mí, sobre todo en esta época del año con las ventanas cerradas para no pasar frío, no sólo no me molestan, sino que se me antojan una música celestial que anuncia a los cuatro vientos que la profunda transformación de la ciudad ha llegado hasta la puerta de mi casa.

Pero es que, además, siempre me ha parecido muy interesante que los edificios que por alguna razón han perdido la utilidad para la que fueron construidos se reconviertan para otros cometidos. Me encanta visitar antiguas fábricas o viejos mercados transformados en lugares de ocio o en museos o en espacios para cualquier otro cometido. Tengo la sensación de que se reutiliza una construcción que en su momento requirió un esfuerzo creativo y otro nada desdeñable de trabajo, ninguno de los cuales se debe desperdiciar.

El caso al que me refiero arriba no es el mismo, ya lo sé. Pero como a través de las obras estoy descubriendo día a día que parte de la estructura original se mantendrá para sobre ella reconstruir lo nuevo, mi imaginación me lleva a considerar que estoy ante un nuevo Pompidou o ante una nueva estación de Atocha o ante un nuevo mercado del Born. Soñar no cuesta dinero.

Lo cierto es que estas obras me tienen  expectante. Cuando se acaben y si el resultado es como espero que sea volveré a escribir algo aquí. Mientras tanto seguiré asomándome a la ventana cada día para disfrutar de un espectáculo que me tiene enganchado, elucubrar sobre los próximos pasos que se van a dar e imaginarme cómo acabará. Porque, aunque he buscado el proyecto hasta debajo de las piedras, parece como si el ayuntamiento lo ocultara. Sólo sé que será un polideportivo, cuya cubierta  consistirá en una plataforma ecológica.

Qué le vamos a hacer si soy un urbanita enamorado de mi ciudad.


30 de noviembre de 2025

¡Que vienen, que vienen!

 


El anuncio de que Mazón deja la presidencia del gobierno de la Comunidad Valenciana, sin desprenderse por cierto de su aforamiento, ha traído como consecuencia que el Partido Popular con Feijóo al frente se haya tenido que quitar del todo la máscara de la moderación. El presidente dimitido confesó que antes de anunciar su decisión llamó a Santiago Abascal para comunicársela y, a continuación y sin perder un minuto, el presidente del PP se puso en contacto con el de Vox para empezar a negociar un posible acuerdo que evite la convocatoria de elecciones. Dos gestos que ponen de manifiesto que el partido que fundó Fraga Iribarne es incapaz ya de dar un paso sin contar con el beneplácito de la ultraderecha. Al final, mayoría absoluta gracias a lo que ya estaba cantado y continuidad ultraconservadora en el parlamento valenciano.

Si alguien todavía tenía dudas de que el PP y Vox ya son lo mismo, supongo que tras estas noticias se le habrán disipado, porque, como dicen los castizos, blanco y en botella. Aquel Feijóo que presumía de haber ganado cuatro elecciones en Galicia con mayoría absoluta, que vino a Madrid rodeado de una aureola de moderación y que pregonaba que su intención era centrar al partido, en muy poco tiempo se ha entregado por completo a los populistas antieuropeos que lidera Abascal. Durante un tiempo ha intentado disimular con evasivas y hasta con falsedades que estaba dispuesto a mantener una absoluta independencia de los neofascistas, pero la cruda realidad de la política española lo ha derribado de sus propósitos. 

Es curioso observar los argumentos que utilizan en ocasiones los políticos para encubrir sus maniobras. Feijóo dice que necesita a Abascal para garantizar la estabilidad necesaria en la Comunidad Valenciana, cuando en realidad lo que ha conseguido es evitar una convocatoria de elecciones que no le convenían. No ha querido que los valencianos vayan a las urnas, porque temía que su partido se llevara un batacazo. Vox se le aproxima y las izquierdas podrían incluso haber ganado los comicios. No quiere riesgos y, si para eso hay que aliarse con el diablo, pues bendito sea.

Por otro lado, Mazón ha iniciado una lenta retirada, evitando perder el aforamiento, porque sabe que la jueza de Catarroja le puede poner en apuros en cualquier momento y no las tiene todas consigo. Su inepto comportamiento el día de la DANA y sus maniobras posteriores para escurrir el bulto han creado en su imagen tal desprestigio, que se ha visto obligado a echarse a un lado de la política. 

Feijóo lo ha estado respaldando durante este largo año de contradicciones y mentiras, lo que a la vista de muchos lo hace culpable de complicidad. No me sorprendería que en la conversación que tuvieron los dos hace unos días para dar el paso de la dimisión, el presidente del PP le dijera a Mazón que no se preocupara, que procuraría mantenerlo en situación de aforado.

En definitiva, maniobras sucias para conseguir el poder y alambicados acuerdos con el objeto de protegerse unos a otros. Pero lo cierto es que ya se les ve venir y mucho me temo que los demócratas de este país nos llevemos un disgusto. Cuentan con el apoyo de la internacional ultraderechista que hoy lidera Trump. Yo, por si acaso, ya he puesto mis barbas a remojar.

A no ser que vuelva a imperar el sentido común y la ciudadanía les vuelva a tumbar en las urnas. 

26 de noviembre de 2025

La novela olvidada en una estantería

Hoy voy a contar una anécdota personal y, como me gusta hacer en estas ocasiones, tratar de sacar alguna conclusión. El otro día estaba yo haciendo limpieza o, mejor dicho, ordenando las estanterías de mi despacho para deshacerme de todo aquello que no tuviera ya utilidad para mí, cuando encontré una carpeta de plástico rojo que contenía un centenar y medio de folios impresos por ordenador. Ojeé la primera página y me di cuenta de que se trataba de una novela que debí de empezar a escribir hace ya unos quince años y que abandoné como tantos otros intentos fallidos que he sufrido a lo largo del tiempo. 

La empecé a leer y resultó que lo que allí se narraba no me disgustaba.  Además, como se trataba de una historia de suspense, me propuse terminar su lectura para conocer el final de las ocurrencias que en su momento tuve y que, según mis cálculos, debieron de ocuparme varias horas al día durante unos ocho meses Después de varias sesiones de lectura a lo largo de tres días, llegué a la última frase y comprobé, para mi decepción y como me temía, que la trama estaba sin acabar Por tanto, tenía que ponerle final al argumento para averiguar quién era el culpable de aquellas peripecias que se narraban. Si no lo hacía yo, estaba claro que nadie lo haría por mí.

Como resulta que el título de la novela no aparecía en aquellos folios, el segundo problema fue localizar en el ordenador los ficheros que habían dado lugar a la impresión. No voy a entrar en pormenores, pero lo cierto es que, tras un exhaustivo recorrido por el escritorio de mi portátil como lo haría un agente de la UCO, encontré al final los archivos que podían ser el soporte informático de mi novela. Los había guardado bajo el genérico nombre de RELATO, supongo que a la espera de que se me ocurriera el título definitivo.

Hasta aquí los hechos y ahora mis reflexiones. La primera es que, cuando la escritura se convierte en una actividad imprescindible para uno, si te atascas o por falta de inspiración o por tedio creativo, los escritos posteriores absorben tanto la imaginación que se pierde el recuerdo de los anteriores. Una pena, porque una cosa es aparcar a la espera de que aparezcan nuevas ideas y otra, muy distinta, meter lo redactado en el cajón de los olvidos.

En segundo lugar, resulta que estos abandonos son un desperdicio del esfuerzo mental, casi un insulto a la creatividad. Supongo que en aquel momento me atascaría por alguna razón técnica relacionada con el “oficio de escribidor” y que como consecuencia tiré la toalla y me rendí. No estoy seguro, pero lo cierto es que los acontecimientos posteriores -el blog y otros escritos de ficción o no- debieron de tapar en mi mente la existencia de la novela inconclusa. Ha tenido que ser la necesidad de hacer espacio en mis estanterías la circunstancia que me ha obligado a tropezar con el borrador.

No sé si acabaré encontrando el rumbo de la narración, pero debo confesar que ya me he puesto en la labor, porque no puedo quedarme sin saber cómo acaba esta historia. Si lo consigo, lo contaré en este blog.

22 de noviembre de 2025

Respeto pero no comparto

El título que he escogido hoy, para expresar mi opinión sobre la sentencia dictada por el Supremo contra el Fiscal General del Estado, está copiado de la frase que utilizan los políticos prudentes, muy pocos, cuando quieren expresar su desacuerdo con una decisión judicial. Yo no sólo no comparto la decisión, sino que creo que se trata de una manipulación dictada por un tribunal completamente politizado. Respetarla sí, por supuesto, si se entiende por respeto la obligación de acatarla.

Como no soy jurista, no voy a apoyar mis reflexiones en conceptos legales sino en consideraciones de carácter profano. Sé que los que no estén de acuerdo conmigo encontrarán en esta confesión un punto débil, pero me trae al pairo. Tengo mis ideas y las expongo con total libertad.

Empezaré recordando que toda esta historia parte de un presunto fraude a Hacienda cometido por el novio, compañero o pareja de Isabel Díaz Ayuso, el señor González Amador, a quien los tribunales han imputado, además de por delito fiscal, por falsificación de documentos mercantiles y por pertenencia a organización criminal.

Miguel Ángel Rodríguez, consejero de la presidenta de Madrid, envió a la prensa, cuando saltó el escándalo, el bulo de que la fiscalía proponía un pacto al defraudador y no al revés. A partir de este escenario, que no se puede perder de vista, se produjeron las filtraciones que han motivado la condena al Fiscal General, porque el Tribunal Supremo lo ha considerado responsable de las mismas. Sin embargo, han sido muchos los testigos que, a lo largo de la fase de instrucción y luego durante el juicio, han declarado que las filtraciones tienen otro origen, aunque no hayan querido por ética profesional revelar sus fuentes. Por tanto, no se puede asegurar que haya habido pruebas concluyentes, sino meras interpretaciones de los indicios.

Este asunto es extremadamente delicado, porque pone en entredicho la independencia judicial de algunos jueces, por supuesto no de la judicatura en general, al no dictarse la sentencia por unanimidad y al resultar que los cinco votos a favor de la condena proceden de los magistrados conservadores del tribunal, mientras que los dos que han votado en contra son progresistas. Dicho de otra manera, la legítima lucha política en el parlamento se ha trasladado al seno del Tribunal Supremo, lo que a todas luces introduce un sesgo de parcialidad partidista en la sentencia.

Un asunto que nace del bulo lanzado por un imputado, que no cuenta con pruebas suficientes y que ha dividido al alto tribunal por posicionamientos políticos, se ha convertido en una sentencia condenatoria, nada más y nada menos que contra el Fiscal General del Estado.

Me decía un buen amigo mío, lector habitual de este blog, que el señor García Ortiz ha sido víctima de las luchas en tres frentes, el de la confrontación gobierno y oposición, el de la pugna entre el legislativo y el ejecutivo y el de la rivalidad profesional entre jueces y fiscales. Una apreciación de la que he tomado nota para incluir en esta reflexión.

18 de noviembre de 2025

¿Dónde estaba Mazón?

 

Después de su comparecencia ante la comisión de investigación del Congreso, pocas dudas quedan de que Carlos Mazón oculta algo. No tiene ninguna explicación que, después de haber dimitido, siga sin saberse dónde estuvo cuando acabó la ya famosa comida en El Ventorro. Como es lógico, el tiempo ha ido sacando a la luz muchas de sus contradicciones, porque es muy difícil que en estos tiempos alguien, sobre todo un personaje público, pueda ocultarse bajo una nube de negaciones de la evidencia. Lo último ha sido confesar que despidió a sus escoltas cuando acabó la comida con la periodista, es decir, que anduvo por las calles de Valencia a pecho descubierto cuando acompañó a la periodista que comió con él ese día hasta el aparcamiento donde ésta tenía aparcado el coche y, más tarde, mientras ya sin compañía se dirigió según su versión a la sede del gobierno autonómico, un detalle que hasta ahora había omitido, no por olvido, sino porque pone en evidencia que debía de haber dado por concluida su jornada de trabajo. 

Mazón podría haberse refugiado desde el primer momento en la falta de información o en que no supo valorar la gravedad de la situación. Todo menos mentir, que es la peor de las estrategias. Sin embargo, intentó desde el principio evadirse de la situación, lo que lo convierte en alguien que, consciente de que su comportamiento fue absolutamente incorrecto, adopta la táctica del avestruz. Desconozco por supuesto qué hay detrás de este intento de ignorar la realidad, pero me huele a chamusquina.

No voy a negar que a la indignación provocada por su negligente comportamiento se una la presión de sus adversarios políticos. Pero esto es algo que en democracia forma parte de la normalidad. Por eso me sorprende su comportamiento esquivo, ya que con sus intentos de ocultar la verdad le está dando tres cuartos al pregonero. Un político con un mínimo de sensatez no puede permitirse una conducta tan caótica como la que está teniendo Mazón desde el día de la DANA.

Yo confío en que las diligencias abiertas por la jueza de Catarroja acaben dando luz a este enigmático comportamiento y terminemos todos sabiendo qué hizo Mazón ese día después de la comida. Las contradicciones se han acumulado y, como consecuencia, uno se tiene que preguntar qué oculta el todavía presidente en funciones del gobierno valenciano. Puede ser que no haya nada censurable, pero entonces se demostrará una vez más la falta de capacidad política de Mazón, porque su pertinaz silencio induce a sospecha.

Su última negligencia política consiste en haber desmentido la versión de Feijóo cuando este dijo que había estado en contacto con Mazón a lo largo de todo el día. Ahora resulta que no habló con él hasta las nueve y media. Su torpeza, unida a la de la estrategia del PP, está convirtiendo a este partido en cómplice político de la ineptitud del presidente dimitido.


14 de noviembre de 2025

Monseñor me acusa o las impertinencias clericales

Hay veces que no tengo más remedio que escribir sobre un tema concreto, porque su impacto no me permite centrarme en otro. Hace unos días participe en una comida de amigos, todos hombres y todos de mi edad, incluido un supuesto obispo que uno de los asistentes había incrustado entre nosotros para que bendijera la mesa, aunque nada tuviera que ver con las circunstancias que nos unen a los demás. No voy a dar más detalles, porque los comentarios que posiblemente se me escapen a continuación me aconsejan no hacerlo.

Para que se entienda el contexto, todos los que allí estábamos, salvo “monseñor”, disponemos de una lista de WhatsApp con lo que nos comunicamos cuando necesitamos enviarnos alguna noticia que nos afecte a todos. Pero como suele ocurrir en estos casos, algunos de los integrantes la utilizan para transmitir bobadas de carácter político, auténticas payasadas infantiles malintencionadas, en este caso de tendencia manifiestamente derechista. Yo, en más de una ocasión, he enviado algún comentario para advertir de que no deberíamos romper la armonía que nos une con intromisiones de carácter político. Sin embargo, de nada me han servido las advertencias, porque unos cuantos, siempre los mismos, han continuado haciendo de su capa un sayo.

En un momento determinado de la comida, el mencionado prelado, que por cierto no está en la lista de WA, me señaló con un dedo acusador desde el otro lado de la mesa y empezó una perorata, entre bromas y chascarrillos, en la que me achacaba la condición poco menos que de comunista, con menciones al ”che” Guevara entre otras lindezas. Yo escuché sonriente la diatriba, procuré que la sonrisa no me abandonara el rostro y le contesté que iba a intervenir por alusiones. Parece ser, le dije, que me estás llamando rojo. No, yo no soy un rojo, yo soy "un rojo de mierda”. Oí  risas y alguna carcajada, y observé varias caras con rictus de contrariedad por la intervención del prelado. Después, cambio de conversación y a otra cosa mariposa.

Debe de ser que, como he pedido varias veces que no se utilice nuestra lista para lanzar dardos envenenado que lo único que consiguen es dividir, la interpretación que se ha hecho de mi recomendación es que yo soy un impresentable revolucionario bolivariano, un adepto al marxismo-leninismo, o, como le dije al cura, un “rojo de mierda”, utilizando una expresión muy al uso entre los fachas. 

Conservo en mi teléfono toda la historia desde que se creó la lista, la he revisado, me he centrado en mis creo que tres advertencias a lo largo de cinco años y no he encontrado nada que pudiera interpretarse como posicionamiento ideológico por mi parte. También le he echado un vistazo a las tonterías enviadas por cuatro o cinco de los integrantes de la lista y, una vez más, me he sonrojado al comprobar hasta dónde puede llegar la estulticia humana, insultos malsonantes, falsedades descaradas y una falta de rigor intelectual que tira de espaldas. ¡Ah!, por cierto, todas “rebotadas” de las redes, ninguna aportación personal. Para esto último hay que tener algo de talento, un bien bastante escaso.

No sé si volveré a coincidir con “monseñor”, pero es posible que si lo hago se me escape alguna pregunta sobre la abominable pederastia en la Iglesia Católica. Aunque intentaré no hacerlo, porque sería ponerme a la altura de sus impertinencias clericales.