Estamos llegando a unos niveles de desfachatez que dan
miedo. Se empieza con los insultos, se continúa con el ninguneo y se acaba con
la violencia. Mienten, crean bulos, fomentan la desconfianza en las
instituciones y terminan convirtiéndose en auténticos antisistemas. Desprecian al
adversario, se oponen a colaborar en los
asuntos de estado y concluyen acusando al gobierno de dictatorial.
La desconfianza en los jueces está en boca de los ciudadanos.
Esta oposición desde sus centros de influencia ha ensuciado de tal forma determinadas
actuaciones judiciales, que ha dado lugar a que se cree un clima de
desconfianza en la justicia muy poco apropiado para la convivencia ciudadana.
De la misma manera, crece cada día la sensación de que la policía no actúa con
la misma contundencia en unos casos o en otros. En definitiva, estamos inmersos en un clima
muy poco favorecedor de la convivencia que caracteriza a los países
civilizados.
Lo peor de todo esto es que este giro a la desafección se ha
producido en los últimos años, cuando estas derechas de ahora, las
representadas por el PP y Vox, se han dado cuenta de que o promueven una política
de acoso y derribo o vuelven a perder las elecciones. No se sienten seguros y deben
de haber llegado a la conclusión de que si no agitan a la ciudadanía se quedan
otra vez a dos velas.
A veces el cinismo llega a extremos inconcebibles. Ayuso,
por ejemplo, dice que la víctima del caso del desahucio de Maricarmen está
siendo ella. No se da cuenta de que, ante una indignación ciudadana bastante
generalizada, no se puede quitar de en medio como si las cosas no le afectaran. Por un lado, aplaude a los inversionistas inmobiliarios que acuden a
una de esas ferias que a ella tanto le gusta promover. Por otro hace oídos
sordos a la situación de los desahuciados por esos fondos. Bonita manera de
enfrentarse a lo que sin duda es un problema, el de la vivienda.
Lo malo de este clima de violencia, chulería y desprecio que
están creando es que prevalecerá en el tiempo, sea cual sea el gobierno que surja de las
próximas elecciones. Han creado una bestia muy difícil de domar, una bestia con
la que pretenden derribar al actual gobierno, porque no encuentran otra forma para
conseguirlo, sin darse cuenta de que es muy probable que en algún momento se
vuelva contra ellos. Una ciudadanía que
se acostumbra a que se muestren en el Congreso atomizadores de pimienta, a que
la misma que ha intentado hacerse con un ático de lujo se haga la víctima del desahucio
de una pensionista de 87 años y a que el alcalde de su ciudad justifique la
violencia callejera, está recibiendo muy malas enseñanzas.



















