Confesaré que yo voté SÍ en el referéndum que convocó Felipe
González para que los españoles decidiéramos si entrábamos en la OTAN. Lo hice, porque consideraba
entonces y sigo considerando ahora que se trata de una alianza de carácter
defensivo. Pertenecer a un grupo de aliados que unen sus fuerzas para hacer
frente a las amenazas externas otorga una cierta sensación de seguridad. Lo que sucede es que, ahora, el
ínclito morador de la Casa Blanca, en su deriva belicista, intenta cambiar el espíritu
fundacional del tratado, nada más y nada menos que para convertirlo
en un club de títeres a su servicio.
Lo cierto es que Trump se ha metido con sus ataques a Irán en un
auténtico berenjenal, del que ahora no sabe cómo salir. Irán no es Venezuela, ni
mucho menos. Es cierto que EE. UU. posee una capacidad destructiva
impresionante, pero eso no significa que pueda vencer en una guerra de estas
características, como no pudo en Vietnam ni en Afganistán. Destruirá sus
infraestructuras, matará centenares de iraníes y dejará en la miseria a millones de personas. Pero ganar la guerra, en el exacto sentido de la
palabra, no está en sus manos.
Netanyahu, sin embargo, a quien considero el verdadero
inductor de este disparate, sí conseguirá sus objetivos, afianzar la siempre
expuesta seguridad de Israel, aumentar y consolidar los asentamientos en las
regiones limítrofes y aglutinar a sus compatriotas alrededor de su figura. En
realidad, el mandatario israelí no necesita ganar la guerra contra Irán. Le
basta con debilitarlo y a ser posible dejarlo moribundo durante unas decenas de
años. Es la estrategia para sobrevivir cuando se vive rodeado de enemigos.
Por cierto, cuando oigo a determinados dirigentes políticos
de la extrema izquierda vociferar contra nuestra pertenencia a la OTAN y contra
las bases de utilización conjunta, no tengo por menos que pensar en que
confunden defensa con agresión. Estamos en la alianza para defendernos si
procede y hemos llegado a determinados acuerdos con EE. UU. porque lo
consideramos un aliado. Otra cosa muy distinta es lo que está sucediendo ahora
con Trump. Pero una cosa es hacer frente a los matones que nos quieren meter en
sus guerras ofensivas y otra muy distinta destruir toda una organización
defensiva, en la que estamos mucho más involucrados de lo que algunos piensan.
OTAN sí y guerras ilegales no. No hay absolutamente ninguna contradicción.














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