La tolerancia es un valor moral que significa respetar y
aceptar las ideas, creencias, costumbres o formas de ser de otras personas,
aunque sean distintas a las nuestras. Ello implica que es preciso entender que
no todos piensan, sienten ni actúan igual. Además, supone que hay que dejar que
el otro, el diferente a uno mismo, viva y piense como le plazca, sin que te
importen sus ideas.
La tolerancia tiene entre otras muchas ventajas la de que ayuda a
evitar peleas y a formar una comunidad justa. Sin tolerancia no hay paz ni
armonía social, porque precisamente la intolerancia, tantas veces esgrimida
como defensa de la identidad propia, destruye la convivencia.
Sin embargo, la tolerancia tiene sus límites éticos, porque
no implica que haya que aceptar la injusticia social o la violencia que vulnera
los derechos de los demás, Otra cosa es que algunos, para defender su
propensión a pasarse por el forro el respeto a los derechos humanos, reclamen tolerancia
a los que se oponen a sus desmanes.
Como intento ser tolerante, no debería sacar a relucir casos
de discrepancia ideológica, porque uno de sus principios es la de respeto y aceptación
de las ideas de los demás. Pero como soy humano y por tanto propenso a la
contradicción, voy a referirme a una de esos dardos envenenados que catapulta
la ultraderecha a través de las redes sociales en forma de gracieta. En un mensaje que a mí me
resulta “intolerable”, proponen que, si el gobierno español ha decidido que
España no participe en el Festival de Eurovisión como consecuencia de la invasión
israelí de Gaza, no debería haber invitado a Marruecos a participar en la
organización del próximo mundial de futbol por su invasión de Ceuta. Así, con
dos cojones, si se me permite la expresión coloquial.
Vamos a ver, campeones de la intolerancia. En primer lugar,
lo de Gaza no fue una invasión sino un genocidio en toda regla, que continua
día a día sin que nadie haga nada para contener la masacre. En segundo, lo de
Ceuta se está tratando por vía diplomática, no ha habido más víctimas que las
que lamentablemente se ahogaron el primer día. En tercero, el gobierno español, a pesar de
las dificultades de todo tipo que arrastra una situación tan complicada como ésta, está intentando no vulnerar ningún derecho humano, aunque la
oposición se lo esté poniendo muy difícil. En cuarto, y por último, no es
España la que invita a organizar un mundial de futbol, sino la FIFA.
A pesar de que hay quienes ponen muy difícil practicar el
valor humano de la tolerancia, yo voy a procurar mantenerme tolerante. Ahora bien, que no me calienten con sandeces.



















