Quien diga que el actual presidente de EE. UU. no sabe qué
quiere se equivoca. Su objetivo está muy claro, que él y los suyos ganen
dinero. Donde se hace un lío es en cómo, porque la osadía unida a la
ignorancia siempre ha resultado una mezcla explosiva. Por eso, los vaivenes que
observamos en sus decisiones no son con respecto al fin sino en relación al
procedimiento para alcanzarlo. El primero está claro, el segundo depende de la
dirección del viento.
En este nuevo desatino que se llama guerra de Irán y que yo
prefiero llamar guerra de Trump, sabe perfectamente lo que persigue: el petróleo.
El régimen de los Ayatolás y la libertad del pueblo iraní se la trae al pairo,
por no decir una grosería. Qué más le dará a él, si ni siquiera conoce la situación social de aquel país. Si consigue controlar sus
yacimientos petrolíferos, si aumenta su poderío económico, pues ya está. Los
líderes supremos que continúen con su sistema teocrático y los velos de las
mujeres bien colocados pueden resultar hasta coquetos.
Donde se pierde es en la manera de alcanzar el objetivo que
se ha marcado, porque su veleta se mueve en función del viento y éste muchas veces
es impredecible. Ahora, cuando comprueba que el poder militar de Irán no es el
que imaginaba, cuando sus aliados le dicen que no están dispuestos a entrar en el conflicto, cuando
la guerra está perjudicando la economía de su propio país y en consecuencia
tirando por los suelos su popularidad, no sabe si seguir machacando a los
iraníes o poner las botas de los marines sobre el terreno o dejar empantanada la situación. Porque lo de las negociaciones
no se lo cree nadie. Se trata de una cortina de humo con tan sólo el soporte de
que Paquistán está intentando mediar en el conflicto
Lo cierto es que se ha metido en un lío cuyo desenlace es
impredecible. Su amigo Putin se relame en Moscú, por no decir que se retuerce
de la risa que le debe de provocar la estulticia de su colega. De Netanyahu qué
voy a decir. Su amigo ha conseguido que la opinión pública se olvide del
genocidio de Gaza, de manera que pueda tener las manos libres para iniciar el
del Líbano. Dos al mismo tiempo es demasiado.
No sigo, porque me sulfuro. Me queda la esperanza, quizá
algo ingenua, de que los equilibrios geoestratégicos del mundo terminen
anulando tanta canallada. Pero mientras que esto no suceda, seguiremos viendo
muertos y muertos, refugiados y refugiados y, sobre todo, el enriquecimiento de
unos cuantos poderosos.

Luis, aunque el verbo “sulfurar” esté en el diccionario de la RAE, me temo que deberías buscar un sinónimo, pues los robots que te lean e incluso tus nietos seguro que no lo entienden.
ResponderEliminarSin embargo me encanta que lo utilices pues hace unos 48 años que no leía u oía y ya sabes que las palabras que no se usan desaparecen.
Angel