La pregunta que me hago es cómo puede ser que las cosas sean
así, cuando ni el PP ni Vox explican con claridad al electorado cómo van a
gobernar y, por si fuera poco, cuando lo hacen enseñan unas cartas con
soluciones que nunca han sido del agrado de la inmensa mayoría de los
españoles.
Como he escrito en el título, algo se ha hecho mal por parte de la
izquierda o, dicho de otra manera, mucho me temo que el voto de derechas sea más de rechazo a la izquierda que de conformidad con las tesis ultraconservadoras. Las causas supongo que son muchas, pero entiendo que entre ellas ha
habido y sigue habiendo un problema de comunicación. El griterío desaforado de las bancadas del
PP y de Vox, amplificado por los medios de comunicación que le son afines, no
ha sido rebatido debidamente por los portavoces del gobierno. Unas veces por
pusilanimidad, por no caer en lo mismo que sus rivales, y otras por torpeza.
Desde mi punto de vista, salvo las intervenciones parlamentarias de Pedro
Sánchez, a mi juicio brillantes, no ha habido en el resto del gobierno la
contundencia que hubiera sido exigible ante los atropellos, insultos y maledicencias.
Si bien es cierto que la comunicación es uno de los puntos débiles del gobiernos, no es el único. Los bandazos de los socios del PSOE, unas veces discrepando ostensiblemente de las decisiones que se toman en el consejo de ministros y otras lanzando dardos envenenados, han perjudicado al conjunto de la izquierda. Es evidente que lo hacen para defender su propia identidad, pero los tiros les salen por la culata. No se puede estar en misa y repicando.
La corrupción ha hecho daño, claro. Pero mucho más que a sus
oponentes, lo que no tiene explicación si tenemos en cuenta la cantidad de
casos que arrastran los populares y la ultraderecha. Estamos en este momento
asistiendo a un vendaval de acusaciones contra los que dirigían el Partido Popular
en la época de Rajoy y diera la sensación de que todo se va a quedar en agua de
borrajas. Puede ser, no lo niego, que mientras unos acusan sin fundamento, los
otros se aten los machos. Pero, en cualquier caso, torpeza política. En la guerra como en la guerra.
Lo de Junts lo dejo aparte, porque su “cambiazo” no tiene
ningún sentido, salvo el instinto de conservación. Pero lo cierto es que ha dejado al gobierno en minoría
parlamentaria, lo que evidentemente supone un deterioro de imagen muy serio. Es
cierto que este gobierno no ha hecho ninguna concesión a sus pretensiones
soberanistas, pero es que no sé qué esperaban de un partido que se mueve en la
legalidad constitucional.
Por último, aunque Pedro Sánchez y su equipo de exteriores
están demostrando una gran valentía frente a las locas pretensiones de Trump y Netanyahu, a la ciudadanía no le llega con
claridad la política internacional que se está jugando, porque no se explica
bien. No vale con gritar ¡no a la guerra!, hay que hacer más pedagogía.
Algo se ha hecho mal y las consecuencias de estos errores
amenazan con llegarnos dentro de poco en forma de un gobierno neofascista, con mensajes que ya fueron condenados en Nuremberg. A no ser que los portavoces del gobierno reaccionen y empiecen a explicar a la ciudadanía lo que de verdad hay detrás de la falta de calidad intelectual de Feijóo y de Abascal.

Luis, comparto plenamente tu análisis sobre la 'torpeza' comunicativa del Gobierno. Como bien dices, no basta con tener la razón; hay que saber proyectarla.
ResponderEliminarMe llama mucho la atención el papel de la actual portavoz, Elma Saiz. Me resulta una comunicadora excesivamente rígida, casi robótica, que incluso duda, se equivoca y tartamudea al leer el guion. En política, como en el cine, si el actor no transmite naturalidad y se limita a leer un guion encorsetado, el espectador desconecta. Si nos pusiéramos en plan director de casting, yo elegiría para ese papel a Félix Bolaños, al que siempre veo mucho más suelto en todas sus intervenciones.
Esa debilidad se agrava con el comportamiento de la izquierda radical. Sus socios de gobierno, con su propio 'griterío' interno para marcar perfil, terminan por emborronar cualquier mensaje coherente del Ejecutivo. Al final, entre la rigidez de unos y los dardos de otros, la ciudadanía se queda huérfana de explicaciones.
Hoy necesitaríamos para portavoz un perfil como el de Iñaki Gabilondo o el de Eduardo Sotillos (del primer gobierno de Felipe González): voces con autoridad moral que sepan desarmar la maledicencia con inteligencia. Si no hay una voz clara que explique el proyecto, el silencio termina favoreciendo a los que solo saben 'botar'. Un abrazo.
Si, algo se ha hecho mal para que las previsiones sean moderadamente negativas para la izquierda.
ResponderEliminarLa comunicación ha sido mejorable, pero creo que hay algo mas.
La macroeconomía ha ido bastante bien, pero mucha gente no lo ha notado, en gran parte por el difícil acceso a la vivienda. Para mi, ese ha sido el mayor fallo de Sánchez en los siete años en que está en el poder. Solo recientemente parece haberse dado cuenta de un problema que viene de atrás y que no se resuelve de la noche a la mañana.
Por otra parte sus socios no han estado a la altura necesaria y él no ha sabido ponerlos en su sitio, por miedo - para mí injustificado - a que lo abandonasen.
Menos mal que lo que hay enfrente es una oposición a todas luces infumable. Así que no hay que perder la esperanza de que la situación se reconduzca.