14 de mayo de 2026

Mi tío abuelo Augusto Agero, escultor cubista

Cuando yo era joven, la madre de mi padre, mi abuela Petra -para nosotros la abuelita-, nos hablaba con frecuencia de un hermano mayor que ella, Augusto, que a la edad de veinte años abandonó sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando en Madrid y se trasladó a París, arrastrado por la ola de artistas españoles que en aquella época consideraban a la ciudad del Sena la meca del arte. Había conocido en Madrid a Picasso, también estudiante entonces, y posiblemente convencido por él no dudó en embarcarse en una aventura de final incierto.

Recuerdo que mi abuela, que murió cuando yo ya había iniciado mi trayectoria profesional, me había casado y mis hijos daban sus primeros pasos en la vida, con la que por cierto tuve muchas ocasiones de hablar largo y tendido de lo divino y de lo humano, cuando se refería a su hermano mayor lo hacía con cierto pesar, porque desde su marcha no había vuelto a verlo ni prácticamente a saber nada de él. Como era la menor de cinco, siendo Augusto el segundo, doy por hecho que cuando el artista se despidió de la familia ella tendría doce o trece años, una edad en la que los recuerdos se adhieren al alma como las lapas a las rocas.

Hace unos días, el nombre de Augusto volvió a mi memoria. Busqué en Internet posibles referencias a su persona y, para mi sorpresa, me encontré con que un erudito español, estudioso del cubismo, había publicado en 2022 un minucioso estudio sobre la vida y obra de mi tío abuelo. Ni corto ni perezoso entré en Amazon, lo encontré y lo pedí.

En cuanto inicié su lectura, entusiasmado por la cantidad de datos que aparecían en el libro, casi todos para mí desconocidos, me propuse localizar al autor del libro, Juan José Gil Sánchez; hasta que, después de navegar por la red durante algún tiempo, conseguí su teléfono. Llamada por mi parte, identificándome como sobrino nieto de Augusto Agero, y sorpresa por la suya al comprobar que estaba hablando con un nieto de una de las hermanas del protagonista de su estudio. Después una cita en su domicilio, un encuentro personal muy enriquecedor con quien confiesa que a estas alturas se considera un pariente más del escultor.

Me gustaría ahondar aquí, en este blog, sobre la azarosa vida de Augusto Agero, no desde el punto de vista académico, sino del humano. A pesar de que se le considera el primer escultor cubista de la historia del arte, su recuerdo se ha difuminado casi por completo. Pero el formato que he elegido para los artículos que escribo aquí no permite la extensión que requiere mi propósito. No obstante, dado el interés que su figura ha despertado en mí, he decidido escribir un resumen de cierta extensión sobre su vida, en la que, aun procurando ser fiel a la realidad de la poca información que existe sobre él, mis elucubraciones recubran las lagunas. Si lo consigo, colgaré el escrito en el blog, en el apartado de mis libros, para que quien lo desee pueda leerlo en formato e-book.

Indagar en la vida de quienes me han precedido siempre ha sido una de mis aficiones. Sé que es un propósito que no conduce a nada útil, porque, aunque la influencia de los genes existe, la realidad de las personas tiene mucho más que ver con la trayectoria de su vida que con la herencia genética. Pero, aun así, conocer cómo vivieron los de las generaciones que te han precedido resulta interesante.

No sé si cumpliré con mi intención de escribir unas reflexiones sobre cómo creo que debió de ser la vida de Augusto Agero, pero como el movimiento se demuestra andando, me pongo en marcha. 

2 comentarios:

  1. ¡Qué interesante ha debido de ser ese encuentro con el autor de la obra, Luis! Además, despierta una gran nostalgia leer sobre nuestra abuelita Petra, a la que conocí muy bien hasta sus últimos días en Cádiz.

    Lamentablemente, por ser yo entonces muy joven, no tuve la ocasión de enterarme de la existencia de este hermano suyo tan fascinante. Es una verdadera lástima que se perdiera el contacto; en aquella época, entre las distancias y cómo funcionaban el transporte y el correo, el aislamiento era casi inevitable.

    Estoy deseando que publiques esas reflexiones en formato e-book. Estoy seguro de que las devoraré. Un abrazo.

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    1. Fernando, ser mayor que tú tiene algunas ventajas -pocas-, entre ellas haber disfrutado de la oportunidad que tuve de haber hablado mucho de nuestros antepasados con la "abuelita".
      Respecto al escrito, ya lo he empezado. Pero como estoy metido de lleno en algún otro proyecto literario, no sé cuando lo acabaré.

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