18 de mayo de 2026

Por sus declaraciones los conoceréis

 

Son tantas las sandeces que sueltan por sus boquitas algunos políticos, que una vez puesto el título de este artículo no sé por dónde empezar. Intentaré hacer una abstracción y me remitiré a las más recientes, aunque sólo sean una muestra entre tanto desatino. Vayamos a ello.

Cuando el otro día María Jesús Montero se refirió a los guardias civiles muertos mientras perseguían a unos narcotraficantes como víctimas de un accidente laboral, metió la pata hasta el corvejón. No tengo ni idea de qué pasó por su cabeza en aquel momento, pero sospecho que intentaba tapar con un eufemismo las críticas sobre la falta de medios para combatir a unos peligrosos delincuentes, que cuentan con armas de fuego de largo alcance y lanchas rápidas difíciles de interceptar. Lo malo de esto es que, si ya las encuestas situaban al PSOE como perdedor en las autonómicas de Andalucía, me temo que con estas lindezas todavía la cosa ha sido peor.

Fernando Clavijo, el presidente de la comunidad canaria, con sus esperpénticas declaraciones sobre las ratas nadadoras y los mosquitos asesinos ha dado una nota de despiste digna de figurar en los anales de los disparates. No satisfecho con tanto alarde de incultura, cuando se entera de que uno de los españoles evacuados del crucero infectado de hantavirus ha dado positivo, a voz en grito acusa al gobierno central de haber engañado a los canarios. No sabe o no quiere saber que cuando se es víctima del contagio de un virus existe todo un proceso previo a la manifestación de síntomas. Por tanto, no admite que cuando estaba en el barco diera negativo y después, en el Gómez Ulla, resultara positivo.

Lo peor del caso de Clavijo es la persistencia en sus acusaciones, seguramente porque una vez entrado en el laberinto no sabe cómo salir del lío. Supongo que tanto alarde de incultura le pasará factura en las urnas, aunque da la sensación de que hay un sector de la ciudadanía que lo perdona todo.

Pero quizá el mayor de los espantajos dialécticos a los que hayamos asistido en los últimos días  haya sido la retahíla de torpezas cometidas durante su viaje “empresarial” por Isabel Díaz Ayuso. Desde que aterrizó en Méjico no ha parado de enfangarse, primero con declaraciones muy poco diplomáticas en un país que tiene clavados en el corazón los atropellos que se cometieron en su día contra los indígenas por parte de los “conquistadores" españoles, después con su defensa como gato panza arriba del trato que estaba recibiendo por parte de algunos sectores mejicanos y por último acusando al gobierno español de no haberla protegido contra los peligros que la acechaban.

La presidenta de la comunidad de Madrid ha incurrido en una deslealtad contra los intereses de España digna de atención. Cuando hasta Felipe VI intenta limar asperezas en el deterioro de las relaciones entre nuestro país y Mejico, cuando Pedro Sánchez invita a la presidenta mejicana a una cumbre progresista en Barcelona y cuando parecía que se normalizaban las relaciones diplomáticas entre los dos países, llega la ínclita política ultraconservadora y pone los muebles pata arriba. ¿Dónde está su patriotismo? ¿Dónde ha dejado la lealtad institucional?

Ella sabrá, pero mucho me temo que se va a ver obligada a dar muchas explicaciones sobre sus declaraciones y sobre quien ha pagado sus placenteras vacaciones en la Riviera Maya, si nosotros los contribuyentes o las donaciones de ciertos intereses privados.


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