7 de enero de 2026

Miedo me da o pongamos las barbas a remojar

La violenta intrusión del poder militar de EE. UU. en Venezuela y la  subsiguiente “extracción” de Maduro me han producido sentimientos encontrados. Por un lado, que un dictador populista deje de serlo me llena por completo de satisfacción. Sin embargo, que una potencia hegemónica en el mundo actual no respete las normas del derecho internacional, no sólo me provoca un rechazo absoluto, sino que además me deja completamente desconcertado. Trataré de explicarme.

Cuando por la mañana de ese viernes navideño, nada más levantarme empecé a oír las primeras noticias sobre el ataque, me quedé desconcertado, no porque una maniobra de este tipo no formara parte de mis previsiones, sino porque no entraba en mi cabeza que una potencia como la atacante bombardeara a un país como Venezuela. Pero cuando horas más tarde contemplé en directo la comparecencia de Trump ante los medios de comunicación rodeado por el coro de palmeros que lo acompaña en estas ocasiones, me quedé petrificado. Le estaba explicando al mundo entero que hace lo que le da la gana, que no respeta ni normas ni equilibrios geoestratégicos y que, si hasta ahora no habíamos aprendido la lección, ya  iba siendo hora de que espabiláramos.

El continente americano es suyo -ya lo dijo el presidente Monroe en el siglo XIX- y por tanto que nadie ose intervenir en contra de sus políticas expansionistas, de sus pretensiones colonialistas y de sus intereses particulares. El petróleo venezolano ya no es de sus legítimos propietarios, sino que a partir de ahora estará al servicio de la política que dicte el todopoderoso Trump. Los ciudadanos de Venezuela dejan de ser soberanos, para convertirse en dependientes a partir de ahora de lo que decida el gran autócrata que reside en la Casa Blanca.

Todo esto hasta podría verlo como algo muy lejano, si no fuera porque me viene a la memoria el reparto del mundo que EE. UU. y la Unión Soviética se hicieron tras la segunda guerra mundial. Es cierto que el escenario y los actores son muy distinto ahora a los de entonces, pero mucho me temo que Putin estuviera al tanto de la maniobra americana en Venezuela. Déjame a mí América y yo te dejaré a ti Europa. No me incordies demasiado en mis pretensiones colonialistas y yo no te molestaré en Ucrania, en Bielorrusia, en Moldavia, en las repúblicas bálticas y, si me insistes, en los antiguos países del Pacto de Varsovia. Guardemos las formas entre nosotros y adelante con nuestros respectivos intereses, como mandatarios todopoderosos que somos.

Supongo que a algunos de los que leen estas reflexiones mías lo que acabo de decir les sonará a exageraciones sin fundamento. Pero tiempo al tiempo. Europa corre el riesgo de dejar de ser la zona del mundo con el nivel de progreso más alto, con el mejor coeficiente de respeto a los derechos humanos y con los índices de bienestar social y de ejercicio de las libertades más valorados en el mundo entero, porque ni Trump ni Putin están dispuestos a que así sea.

Mientras tanto, sigamos estúpidamente despellejándonos como gallos de pelea y continuemos con los estrechos y miopes nacionalismos separadores. ¡Qué más quieren ellos!

Del dislate de Groenlandia hablaremos otro día.

4 de enero de 2026

La realidad y la percepción

Aunque cabe suponer que realidades sobre un asunto concreto no hay más que una, lo cierto es que pueden existir infinidad de percepciones sobre el mismo Lo que acabo de decir debería ser cierto en cualquier entorno del pensamiento, pero donde no cabe la menor duda sobre su veracidad es en el terreno de la política. No me refiero a lo que dicen los políticos, porque en este caso no se trata de percepciones sino de interpretaciones interesadas, sino a lo que perciben los ciudadanos de a pie cuando piensan sobre la realidad que los rodea. La economía va bien, porque así lo reflejan las estadísticas, pero la cesta de la compra cada vez es más cara y los jóvenes recién incorporados al mercado del trabajo no ven la posibilidad de comprarse un piso. La realidad es una, la percepción otra.

Por eso, cuando oigo a los portavoces del gobierno defender que la economía va muy bien, sé que no mienten, pero creo que se equivocan al no tener en cuenta la percepción de los ciudadanos. Les falta la pedagogía necesaria para convertir su mensaje en una llamada de esperanza sobre el futuro. Mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos sólo se puede lograr con una economía fuerte, de manera que al menos las bases se están poniendo. Si el crecimiento fuera más lento y los niveles de empleo no aumentaran día a día, las cosas serían mucho peor. El problema de la vivienda es cierto y muy grave, pero requiere un tratamiento específico y siempre será mejor resolverlo bajo el paraguas de una buena situación económica que en bancarrota. Por cierto, resulta curioso que los que utilizan políticamente este asunto contra el gobierno, desde sus virreinatos autonómicos boicoteen las medidas que se van aprobando. Es de una hipocresía que asusta.

Los que saben aprovechar muy bien las percepciones son los partidos de extrema derecha del mundo entero, porque en definitiva aquellas nacen de los mensajes populistas. Los menores no acompañados (MENAS) son un peligro, porque como no tienen nada que hacer y además carecen de educación ciudadana se dedican a violar por las esquinas. No se trata de una realidad, pero sí es fácil convertir el eslogan en percepción.

Trump nos dice que quiere hacer grande a su país otra vez (make America great again), como si ninguno de los presidentes que le antecedieron no lo hubieran querido. La realidad es muy distinta de lo que trasluce el mensaje, porque lo que de verdad pretende el inquilino de la Casa Blanca es poner al mundo patas arriba, algo que le beneficia a él a corto plazo, pero que posiblemente desequilibrará la economía mundial de tal manera que el resultado se volverá contra EE. UU. La realidad es una, que la globalidad tiene una inercia incontenible, y la percepción otra, que la política de Trump hará más felices a sus ciudadanos.

Lo malo de todo esto es que las percepciones terminan convirtiéndose para muchos en sus realidades, una de las razones del auge de los populismos. La ultraderecha avanza en el mundo occidental a pasos agigantados, porque los electores cambian las realidades que los rodean por percepciones.

Pero no, no es lo mismo lo que sucede en realidad que lo que se percibe como real sin serlo.

30 de diciembre de 2025

Donde las dan las toman

He estado a punto de titular el artículo de hoy "Déjame por Dios que coja aire”, pero me he arrepentido a tiempo porque me ha parecido un poco exagerado. La compostura nunca debe perderse, por muy indignado que uno se sienta en un momento determinado.

El otro día me enteré de una serie de noticias que, aunque nada me sorprendieron acostumbrado como estoy al surrealismo, debo reconocer que me soliviantaron una mijita, utilizando una expresión muy gaditana. La primera fue el anuncio por parte de la presidenta de Extremadura de que habían robado en un pueblo de su comunidad las papeletas enviadas por correo, lo que según ella significaba que el gobierno de la nación estaba perpetrando un pucherazo electoral. Por supuesto, los portavoces de su partido no tardaron en repetir el eslogan a los cuatro vientos, anunciando con redobles de tambor que la democracia en nuestro país corre peligro. La Guardia Civil y Correos aclararon inmediatamente que en realidad se trataba del robo de una caja fuerte que contenía 14.000 euros y 120 papeletas electorales. Según las mismas fuentes, desde octubre se habían producido varios atracos en oficinas de esta entidad con el mismo modus operandi, lo que a todas luces indica que se trata de actos cometidos por una banda de vulgares rateros.

Ese mismo día nos enteramos de que han salido a relucir varios casos de acoso machista perpetrados por diferentes miembros destacados del PP, como el del alcalde de Algeciras y senador por este grupo, como el del presidente provincial de Badajoz, como el de un exedil del PP en Rivadavia o como el del exalcalde de El Pinar (Granada). Además, los telediarios nos traen la noticia de que el primo (¿nepotismo?) y chofer de María Guardiola, presidenta de Extremadura, ha sido cesado al trascender que estaba condenado por malos tratos a su pareja. Naturalmente, el partido que preside Alberto Núñez Feijóo  explica que en unos casos no eran conscientes y que en otros se estaban aplicando los protocolos internos para depurar responsabilidades. Asegura que sus casos no son de la misma naturaleza que los del PSOE. 

Todo esto sería lamentablemente sólo una serie de tristes anécdotas que demostrarían que el machismo sigue vivo en nuestra sociedad en cualquiera de sus niveles, si no fuera porque los populares, siguiendo la consigna de Aznar “el que pueda que haga”, han pretendido convertir los casos de acoso del PSOE en exclusivos de este partido. Lo que sucede es que cuando no se eligen bien los argumentos para la confrontación política, a veces sale el tiro por la culata.

Supongo que, como decía yo aquí hace unos días en otro artículo, a lo largo del tiempo que todavía nos queda hasta las próximas elecciones generales se irá poniendo en evidencia el sinfín de triquiñuelas que la oposición está utilizando para “descabalgar” a Sánchez. Los incondicionales de las derechas y ultraderechas españolas no las reconocerán, porque la ceguera es muy mala consejera. Pero es muy posible que ese sector de la izquierda, que ha visto tambalear sus convicciones en los últimos meses por culpa de los corruptos y los acosadores, reaccione y valore en sus justos términos las maniobras que los de Feijoo y Abascal han fraguado y siguen fraguando para recuperar el poder a costa de lo que sea.

Así mismo, confío en que los que componen esa ancha franja de votantes de centro, que son en realidad los que en las elecciones inclinan la balanza en uno u otro sentido, se den cuenta de lo que está sucediendo y no se dejen engañar por los señuelos neoliberales. Nuestro país no se merece un retroceso en prestaciones sociales ni en libertades democráticas.


26 de diciembre de 2025

Alianzas contra natura, no por favor

Tras el resultado de las elecciones extremeñas, con un PSOE en declive, un PP ganador aunque sin mayoría absoluta y un Vox creciendo como la espuma, se habla mucho de alianzas poselectorales. Por supuesto que todo parece indicar que los de María Guardiola gobernarán con la colaboración de la ultraderecha, pero ni está clara la modalidad de apoyo ni las condiciones que exigirán ni siquiera si lograrán cerrar un pacto. Yo apuesto por la rendición del PP ante las condiciones que le impongan los populistas de Abascal, pero la realidad es que todo está por ver.

Con este panorama, aunque no suponga una novedad porque ya nos hemos acostumbrado a las bajadas de pantalón de los presidentes autonómicos que han necesitado el apoyo de Vox, algunas voces han empezado a sugerir un pacto entre PP y PSOE, algo así como lo que sucede en Alemania entre el CDU y el SPD, es decir entre conservadores y socialdemócratas. Concretamente, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, presidente de Extremadura en varias legislaturas, ha puesto la idea sobre el tapete. El no habla de alianza, sino de facilitar la investidura de María Guardiola para evitar que caiga en manos de Vox, lo que significaría que sus diputados votarían sí y de esa manera la presidenta en funciones podría ignorar las propuestas de los ultraconservadores. Una hipotética alianza, a la que yo no veo ningún porvenir.

La incompatibilidad entre los actuales PP y PSOE es absoluta. En estos momentos, con los populares dependiendo de la ultraderecha y los socialistas del batiburrillo de partido a los que sólo les une el rechazo a la derecha en unos casos y al centralismo conservador en otros, una alianza de esta índole los dejaría en mantillas.

Pero es que, además, ni a los electores conservadores les gustaría una alianza con el odiado Sánchez ni a los socialistas con un Feijóo que se ha convertido, gracias al estilo de oposición macarra que está ejerciendo desde que pasó a ser jefe de la oposición, en un político decadente, sin ideas y con una falta de carisma que llama la atención. Si el PSOE le ayudara a gobernar, perdería muchos votantes.

En mi opinión, esta posible alianza que como digo no creo que les guste a muchos, le daría un breve respiro a María Guardiola, pan para hoy y hambre para mañana. Pero al PSOE lo hundiría hasta niveles de los que le costaría años recuperarse. Por tanto, desde mi punto de vista, lo mejor que puede hacer ahora el partido socialista es agotar la legislatura, intentar que la debacle de Extremadura no se repita en otras comunidades y continuar con las políticas progresistas que le demanda su electorado. El tiempo puede jugar a su favor, siempre y cuando sepa jugar sus cartas y no dilapide el capital que aún mantiene.

No, no va a ser fácil salir del agujero el que una oposición antidemocrática, apoyada por unos poderes fácticos internos y por una inercia de carácter internacional que propicia el auge de las ultraderechas en el mundo entero, lo quiere sepultar. Pero es preferible pasar a la oposición durante unos años que dar pasos en falso. 

21 de diciembre de 2025

Feliz Navidad

En primer lugar, Feliz Navidad para todos los que leéis en este blog mis ocurrencias. No sé a vosotros, pero a mí, a pesar de los inevitables excesos gastronómicos y de algún que otro ajetreo, estas fiestas me siguen pareciendo un paréntesis de tranquilidad entre las tensiones cotidianas. No hace falta que me lo digáis, ya sé que no es más que un espejismo, pero si uno se lo propone puede convertirlo en realidad. Yo lo hago así y no me va mal.

Este año también brindaré, pero no al estilo de Ayuso. Dejaré a un lado a los demonios y procuraré acordarme de los ángeles. Claro es que yo no dispongo de un asesor de chistes fáciles y además mi sentido del humor tiene límites, los que me marca la prudencia. Las chirigotas para los carnavales y la elegancia para los brindis.

Pero a pesar de que, como he dicho arriba, mi voluntad me lleva a abrir un paréntesis navideño de paz, sosiego y tranquilidad, mi mente no para. Es tanta la hipocresía que veo a mi alrededor, tanta la indiferencia ante la desigualdad, tanto el olvido de los muertos en Gaza o en Ucrania o en tantas guerras a lo largo y ancho del mundo, que si cayera en el olvido no me lo perdonaría a mí mismo.

Dice la frase bíblica “paz a los hombres de buena voluntad” y, desde hace siglos, se repite una y otra vez; de manera que de tanto manoseo uno llega a aborrecerla por inútil, sobre todo cuando se la oyes decir a los promotores de las guerras, a los que amenazan las fronteras, a los que desprecian por completo las vidas humanas, a los que expulsan a los inmigrantes como si de ganado se tratara, a los que desalojan a los “okupas” de sus precarias viviendas sin ofrecerles alternativas, a los que desmontan la sanidad pública para que algunos hagan negocio, a los que facilitan la enseñanza privada en perjuicio de la pública, a los que…

Volvamos a la Navidad, que si no me embalo. Yo ya he puesto el belén, el árbol y el papá Noel en la puerta de mi casa, símbolos que me acompañan desde hace decenios. También he cerrado mi programa navideño, el de todos los años, porque soy persona de costumbres tradicionales, según unos, o de usanzas rutinarias en opinión de otros. Pero lo más importante es que sé que estaré rodeado de todos los míos, que habrá turrón, vino y chistes, que me pasaré un pelín en lo de las copas, pero que me sentiré feliz. Porque la Nochebuena se viene, la Nochebuena se va y… No sigo porque de lo que viene a continuación prefiero no acordarme.

Soy consciente por supuesto de la artificialidad de toda esta simbología, pero no me importa mantenerla y fomentarla. Se trata, como decía arriba, de un paréntesis, de un intento de desviar la mente de lo cotidiano, porque no sólo de la inquietante realidad vive el hombre.

Una vez más, ¡Feliz Navidad y mucha suerte en 2026 a todos!


16 de diciembre de 2025

El titubeo de los débiles o tenemos legislatura para rato


Ayer oí y vi la comparecencia de Pedro Sánchez ante los medios de comunicación para dar cuenta de la situación política del momento y, como me pareció cargada de mensajes, no tardé en sentarme frente a mi ordenador con el propósito de ponerme a escribir mis impresiones, no fuera a ser que se me olvidaran. Como se trató de una intervención larga y tendida, trataré de centrarme en los aspectos que a mí me parecen más relevantes.

En primer lugar, después de oírle ya no me cabe la menor duda de que, a pesar de los pesares, tiene la intención de continuar gobernando hasta que, de acuerdo con lo que marca la Constitución, acabe la legislatura. Lo ha dicho por activa y por pasiva. El presidente del gobierno reconoce su debilidad parlamentaria, pero tengo la sensación de que confía en su capacidad de negociación y que, como consecuencia, cree poder recuperar el apoyo de sus socios. Su frase “sería un error histórico que gobernara la derecha y la ultraderecha”, es un aviso a navegantes. Ninguno de los llamados partidos de la investidura saldría bien parado con un gobierno presidido por Feijóo con Abascal a su lado y, a pesar del postureo de rebeldía de los últimos días, ellos lo saben.

La segunda conclusión que saqué es que no está dispuesto a cambiar los ministros actuales, salvo a Pilar Alegría que se presenta a las elecciones autonómicas en Aragón. Los ha defendido a todos, a los suyos y a los de Sumar, porque considera que están haciendo un buen trabajo al frente de sus respectivos ministerios. A pesar de que Yolanda Díaz, arrastrada por un impulso de irresponsable deslealtad, se lo pidió en público a través de una entrevista televisada, la contestación ha sido tajante: ¡no!

Anunció entrevistas con Oriol Junqueras y negociaciones con Junts. Posiblemente tendrá que calmar al PNV, que parece haberse inquietado en los últimos días. Respecto a los partidos de izquierda, me refiero a los ladradores y poco mordedores, necesitará calmarlos con nuevas medidas progresistas, lo cual no creo que a Pedro Sánchez le plantee demasiados problemas. Por último, Sumar, a pesar de las declaraciones de cara a su galería, no parece que vaya a romper con su socio de coalición. 

Respecto a los casos de acoso machista, ha sido tajante. El PSOE es un partido feminista pero no infalible. Asegura que se ha reaccionado con contundencia y dice que no admite lecciones de aquellos que niegan la violencia de género y que recortan las libertades de las mujeres, como el derecho al aborto.

De la corrupción, lo mismo. Los procesados han sido apartados del partido desde el primer momento y le recuerda al PP que su sede está pagada con dinero negro y que el partido que ahora preside Feijóo fue condenado por financiación ilegal. El PSOE, asegura,  ni lo ha sido ni lo será.

Ya sé que estas reflexiones les entrarán a los enemigos de Sánchez por un oído y les saldrán por el otro. Pero que los progresistas de este país anden con titubeos tiene muy poco sentido. El gobierno actual está llevando a cabo unas políticas sociales como ningún gobierno socialista anterior se había atrevido a promover. La situación económica es buena y, como ha dicho Sánchez en su comparecencia, no hay más que darse una vuelta por las concurridas calles de nuestras ciudades para comprobar que el país sigue adelante, a pesar de los gritos desesperados de la derecha y la ultraderecha.


12 de diciembre de 2025

Alma republicana y sensatez constitucional

 

Ante de entrar en un tema tan delicado como es el de monarquía o república, confesaré que tengo el alma republicana, pero también que mientras no cambie la Constitución acataré la presencia de un rey al frente de la jefatura del Estado sin levantar la voz. Creo que no hay contradicción entre la idea de que en una república se logran mayores niveles de democracia que en una monarquía y la de que una vez establecido el pacto que refleja la carta magna lo prudente es respetarlo.

Ahora bien, respetar no significa tragar. El rey emérito, no sólo se comportó en su momento como un defraudador de hacienda, como un desaprensivo comisionista y como un vulgar mujeriego, sino que además pasea sus vergüenzas sin ningún recato a lo ancho y largo de la geografía española. Con el libro que acaba de publicar pretende reconciliarse con la Historia, intento absurdo, con aires bastante patéticos, porque no sólo no lo consigue, sino que además queda señalado como un personaje que tan seguro está de su intocable dignidad regia que se pone el mundo por montera o, dicho de otra forma no menos coloquial, le importa un bledo la institución que hoy encarna su hijo y sucesor.

No olvidemos que una de las consecuencias que acarrea su estrafalario y ridículo comportamiento es que perjudica a la Monarquía. El libro recién publicado y el esperpéntico vídeo que ha lanzado para promover su venta lo dejan a la altura de un auténtico mercachifle. Si no fuera porque se sospecha que no es capaz de entender el alcance de su torpeza, uno diría que le han contratado los republicanos para que les ayude a expulsar del trono a su sucesor. Mayor ataque a lo que dice defender no cabe.

Pero volvamos al principio de esta reflexión: monarquía o república. Lo importante ahora debe ser que Felipe VI se comporte con la dignidad de un monarca constitucional, al que se le exige como institución simbólica que de ejemplo de bonhomía, que no se suba al pedestal al que algunos intentan elevarlo, que actúe con la prudencia que corresponde a su obligada situación de neutralidad política, es decir, que no provoque el rechazo de los republicanos ni el alago empalagoso de los monárquicos.

Si lo hace así, si cumple con sus verdaderas obligaciones constitucionales, “puede servir”, puede ayudar a la concordia, al buen entendimiento entre los españoles y entre las partes de España. Si no, si sigue las tortuosas veredas por las que ha transitado el emérito, acabará en algún Abu Dabi perdido entre los oropeles de los sátrapas del petróleo.

Tengo la sensación que el actual rey ha aprendido la lección de lo que no se debe hacer. Es cierto que es sólo una impresión derivada de las formas que observo y no un auténtico convencimiento. Prefiero pensar que está bien preparado, que dispone de un buen bagaje intelectual y que no se deja llevar por los impulsos. Quizá la parte griega de su sangre, la que ha heredado de su madre la reina Sofía, le induzca a no “borbonear”, a no sacar los pies del plato. Ojalá, porque este país ya está harto de tanto desatino regio.

8 de diciembre de 2025

¿Elecciones anticipadas?

Cuando observo las dificultades a las que se enfrenta Pedro Sánchez para sacar adelante sus propuestas parlamentarias y, sobre todo, cuando analizo las maniobras especulativas con las que se justifican algunos grupos para retirarle el respaldo que hasta ahora le habían otorgado, me entran grandes dudas sobre si el presidente del gobierno debería o no convocar elecciones. Además, si a estas consideraciones le uno que los presupuestos no se aprueban desde hace tres años, la incertidumbre se convierte casi en el convencimiento de que así no se puede gobernar.

Sin embargo, cuando contemplo el comportamiento de una oposición, la del PP y Vox, unas veces dándose besos de tornillo en la boca y otras menospreciándose mutuamente, mis conclusiones anteriores se tambalean. Si además analizo el tipo de oposición a Sánchez que están haciendo estos partidos desde que accedió a la presidencia del gobierno, mis dudas se incrementan, porque concluyo que tanta insidia, tanta infamia y tanta vileza debe de estar alertando a una gran parte del electorado, sobre todo cuando ven que detrás de este trampantojo no hay ninguna propuesta constructiva, sólo palabras huecas y brindis al sol.

El gobierno actual, a pesar de las razones que pueda tener para convocar elecciones, debe de estar considerando que el tiempo le favorece, no sólo porque cada día que pasa la oposición pone más en evidencia su falta de calidad, sino además porque ciertas acusaciones de corrupción terminarán esclareciéndose a favor de los acusados, sin olvidar que tanto a Vox como al PP les están saliendo a relucir sus propias tropelías y, no menos importante, sus manifiestos “errores” en la gestión de las autonomías donde gobiernan.

La información que se va teniendo sobre el comportamiento de Mazón está llegando a unos niveles que hacen pensar que no va a poder librarse de responsabilidades penales. Los 228 muertos el día de la DANA antes de que el president se dignara aparecer, claman justicia, de manera que no creo que tardemos mucho tiempo en verlo sentado en el banquillo de los acusados. En cualquier caso, la sociedad española en general y valenciana en particular ya lo ha juzgado y condenado como político.

En Madrid, todos los días saltan escándalos relacionados con la sanidad pública. El último, que descubro mientras estoy escribiendo estas líneas, es el del reciclaje de los catéteres en el hospital de Torrejón. Que una gerencia decida reutilizarlos sin someterlos a la manipulación de empresas especializadas en un cometido tan delicado, es de una gravedad que provoca indignación. Hay que ser un desalmado para tomar una decisión que pone en riesgo la vida de los usuarios, con el único propósito de ganar más dinero. Este es el resultado del modelo Alzira, uno de los grandes inventos de un Partido Popular con la vista puesta en la privatización de la sanidad.

No voy a seguir poniendo ejemplos, porque para muestra un botón. Pero lo anterior me sugiere concluir que no me sorprende en absoluto que Pedro Sánchez quiera ganar tiempo antes de convocar elecciones. Lo necesita para poner en evidencia lo que espera a los españoles si accede al gobierno el tándem Feijóo-Abascal o Abascal-Feijóo, que tanto monta, monta tanto. ¿Tacticismo político? Pues claro, porque esto es política.

4 de diciembre de 2025

Obras son amores

Hace unos meses, para ser preciso el día uno de agosto de este año, publiqué en el blog un artículo que se titulaba “Las ciudades gruyer”.  A lo largo de sus párrafos reflexionaba sobre un tema que me encanta, la necesaria adaptación de las ciudades a las exigencias que van surgiendo, no sólo en cantidad, también en calidad. En él explicaba que se había iniciado el derribo de un viejo almacén que afeaba el entorno donde vivo, una vieja estructura de hierro y uralita vestigio de otros tiempos, encerrada entre edificios de construcción muy posterior, en uno de los cuales se sitúa mi vivienda en Madrid.

Pues bien, estas obras, que se iniciaron en junio rodeadas de una enorme polémica vecinal, porque la conspiranoia de algunos los alertaba de que la retirada del amianto nos iba a envenenar a todos, avanzan poco a poco para reconvertir aquella cicatriz urbanística en un polideportivo que, aunque desconozco el proyecto porque el ayuntamiento no lo publica, doy por hecho que mejorará sustancialmente el entorno. Como soy un apasionado de las reconversiones urbanas, sigo día a día la evolución de los trabajos a través de las ventanas de mi casa, desde las que se domina perfectamente un panorama que permite hacerse una idea de cómo quedará el enorme patio de manzana cuando las obras estén terminadas por completo, supongo que en un año o poco más.

Tengo vecinos que hubieran preferido que aquella vieja estructura, reliquia de unos tiempos ya superados por la reconversión urbanística de la ciudad, no se hubiera tocado, en parte porque no debe de preocuparles la estética y también como consecuencia de que han debido de imaginarse que los ruidos no les iban a dejar vivir en paz. Sin embargo, a mí, sobre todo en esta época del año con las ventanas cerradas para no pasar frío, no sólo no me molestan, sino que se me antojan una música celestial que anuncia a los cuatro vientos que la profunda transformación de la ciudad ha llegado hasta la puerta de mi casa.

Pero es que, además, siempre me ha parecido muy interesante que los edificios que por alguna razón han perdido la utilidad para la que fueron construidos se reconviertan para otros cometidos. Me encanta visitar antiguas fábricas o viejos mercados transformados en lugares de ocio o en museos o en espacios para cualquier otro cometido. Tengo la sensación de que se reutiliza una construcción que en su momento requirió un esfuerzo creativo y otro nada desdeñable de trabajo, ninguno de los cuales se debe desperdiciar.

El caso al que me refiero arriba no es el mismo, ya lo sé. Pero como a través de las obras estoy descubriendo día a día que parte de la estructura original se mantendrá para sobre ella reconstruir lo nuevo, mi imaginación me lleva a considerar que estoy ante un nuevo Pompidou o ante una nueva estación de Atocha o ante un nuevo mercado del Born. Soñar no cuesta dinero.

Lo cierto es que estas obras me tienen  expectante. Cuando se acaben y si el resultado es como espero que sea volveré a escribir algo aquí. Mientras tanto seguiré asomándome a la ventana cada día para disfrutar de un espectáculo que me tiene enganchado, elucubrar sobre los próximos pasos que se van a dar e imaginarme cómo acabará. Porque, aunque he buscado el proyecto hasta debajo de las piedras, parece como si el ayuntamiento lo ocultara. Sólo sé que será un polideportivo, cuya cubierta  consistirá en una plataforma ecológica.

Qué le vamos a hacer si soy un urbanita enamorado de mi ciudad.


30 de noviembre de 2025

¡Que vienen, que vienen!

 


El anuncio de que Mazón deja la presidencia del gobierno de la Comunidad Valenciana, sin desprenderse por cierto de su aforamiento, ha traído como consecuencia que el Partido Popular con Feijóo al frente se haya tenido que quitar del todo la máscara de la moderación. El presidente dimitido confesó que antes de anunciar su decisión llamó a Santiago Abascal para comunicársela y, a continuación y sin perder un minuto, el presidente del PP se puso en contacto con el de Vox para empezar a negociar un posible acuerdo que evite la convocatoria de elecciones. Dos gestos que ponen de manifiesto que el partido que fundó Fraga Iribarne es incapaz ya de dar un paso sin contar con el beneplácito de la ultraderecha. Al final, mayoría absoluta gracias a lo que ya estaba cantado y continuidad ultraconservadora en el parlamento valenciano.

Si alguien todavía tenía dudas de que el PP y Vox ya son lo mismo, supongo que tras estas noticias se le habrán disipado, porque, como dicen los castizos, blanco y en botella. Aquel Feijóo que presumía de haber ganado cuatro elecciones en Galicia con mayoría absoluta, que vino a Madrid rodeado de una aureola de moderación y que pregonaba que su intención era centrar al partido, en muy poco tiempo se ha entregado por completo a los populistas antieuropeos que lidera Abascal. Durante un tiempo ha intentado disimular con evasivas y hasta con falsedades que estaba dispuesto a mantener una absoluta independencia de los neofascistas, pero la cruda realidad de la política española lo ha derribado de sus propósitos. 

Es curioso observar los argumentos que utilizan en ocasiones los políticos para encubrir sus maniobras. Feijóo dice que necesita a Abascal para garantizar la estabilidad necesaria en la Comunidad Valenciana, cuando en realidad lo que ha conseguido es evitar una convocatoria de elecciones que no le convenían. No ha querido que los valencianos vayan a las urnas, porque temía que su partido se llevara un batacazo. Vox se le aproxima y las izquierdas podrían incluso haber ganado los comicios. No quiere riesgos y, si para eso hay que aliarse con el diablo, pues bendito sea.

Por otro lado, Mazón ha iniciado una lenta retirada, evitando perder el aforamiento, porque sabe que la jueza de Catarroja le puede poner en apuros en cualquier momento y no las tiene todas consigo. Su inepto comportamiento el día de la DANA y sus maniobras posteriores para escurrir el bulto han creado en su imagen tal desprestigio, que se ha visto obligado a echarse a un lado de la política. 

Feijóo lo ha estado respaldando durante este largo año de contradicciones y mentiras, lo que a la vista de muchos lo hace culpable de complicidad. No me sorprendería que en la conversación que tuvieron los dos hace unos días para dar el paso de la dimisión, el presidente del PP le dijera a Mazón que no se preocupara, que procuraría mantenerlo en situación de aforado.

En definitiva, maniobras sucias para conseguir el poder y alambicados acuerdos con el objeto de protegerse unos a otros. Pero lo cierto es que ya se les ve venir y mucho me temo que los demócratas de este país nos llevemos un disgusto. Cuentan con el apoyo de la internacional ultraderechista que hoy lidera Trump. Yo, por si acaso, ya he puesto mis barbas a remojar.

A no ser que vuelva a imperar el sentido común y la ciudadanía les vuelva a tumbar en las urnas. 

26 de noviembre de 2025

La novela olvidada en una estantería

Hoy voy a contar una anécdota personal y, como me gusta hacer en estas ocasiones, tratar de sacar alguna conclusión. El otro día estaba yo haciendo limpieza o, mejor dicho, ordenando las estanterías de mi despacho para deshacerme de todo aquello que no tuviera ya utilidad para mí, cuando encontré una carpeta de plástico rojo que contenía un centenar y medio de folios impresos por ordenador. Ojeé la primera página y me di cuenta de que se trataba de una novela que debí de empezar a escribir hace ya unos quince años y que abandoné como tantos otros intentos fallidos que he sufrido a lo largo del tiempo. 

La empecé a leer y resultó que lo que allí se narraba no me disgustaba.  Además, como se trataba de una historia de suspense, me propuse terminar su lectura para conocer el final de las ocurrencias que en su momento tuve y que, según mis cálculos, debieron de ocuparme varias horas al día durante unos ocho meses Después de varias sesiones de lectura a lo largo de tres días, llegué a la última frase y comprobé, para mi decepción y como me temía, que la trama estaba sin acabar Por tanto, tenía que ponerle final al argumento para averiguar quién era el culpable de aquellas peripecias que se narraban. Si no lo hacía yo, estaba claro que nadie lo haría por mí.

Como resulta que el título de la novela no aparecía en aquellos folios, el segundo problema fue localizar en el ordenador los ficheros que habían dado lugar a la impresión. No voy a entrar en pormenores, pero lo cierto es que, tras un exhaustivo recorrido por el escritorio de mi portátil como lo haría un agente de la UCO, encontré al final los archivos que podían ser el soporte informático de mi novela. Los había guardado bajo el genérico nombre de RELATO, supongo que a la espera de que se me ocurriera el título definitivo.

Hasta aquí los hechos y ahora mis reflexiones. La primera es que, cuando la escritura se convierte en una actividad imprescindible para uno, si te atascas o por falta de inspiración o por tedio creativo, los escritos posteriores absorben tanto la imaginación que se pierde el recuerdo de los anteriores. Una pena, porque una cosa es aparcar a la espera de que aparezcan nuevas ideas y otra, muy distinta, meter lo redactado en el cajón de los olvidos.

En segundo lugar, resulta que estos abandonos son un desperdicio del esfuerzo mental, casi un insulto a la creatividad. Supongo que en aquel momento me atascaría por alguna razón técnica relacionada con el “oficio de escribidor” y que como consecuencia tiré la toalla y me rendí. No estoy seguro, pero lo cierto es que los acontecimientos posteriores -el blog y otros escritos de ficción o no- debieron de tapar en mi mente la existencia de la novela inconclusa. Ha tenido que ser la necesidad de hacer espacio en mis estanterías la circunstancia que me ha obligado a tropezar con el borrador.

No sé si acabaré encontrando el rumbo de la narración, pero debo confesar que ya me he puesto en la labor, porque no puedo quedarme sin saber cómo acaba esta historia. Si lo consigo, lo contaré en este blog.

22 de noviembre de 2025

Respeto pero no comparto

El título que he escogido hoy, para expresar mi opinión sobre la sentencia dictada por el Supremo contra el Fiscal General del Estado, está copiado de la frase que utilizan los políticos prudentes, muy pocos, cuando quieren expresar su desacuerdo con una decisión judicial. Yo no sólo no comparto la decisión, sino que creo que se trata de una manipulación dictada por un tribunal completamente politizado. Respetarla sí, por supuesto, si se entiende por respeto la obligación de acatarla.

Como no soy jurista, no voy a apoyar mis reflexiones en conceptos legales sino en consideraciones de carácter profano. Sé que los que no estén de acuerdo conmigo encontrarán en esta confesión un punto débil, pero me trae al pairo. Tengo mis ideas y las expongo con total libertad.

Empezaré recordando que toda esta historia parte de un presunto fraude a Hacienda cometido por el novio, compañero o pareja de Isabel Díaz Ayuso, el señor González Amador, a quien los tribunales han imputado, además de por delito fiscal, por falsificación de documentos mercantiles y por pertenencia a organización criminal.

Miguel Ángel Rodríguez, consejero de la presidenta de Madrid, envió a la prensa, cuando saltó el escándalo, el bulo de que la fiscalía proponía un pacto al defraudador y no al revés. A partir de este escenario, que no se puede perder de vista, se produjeron las filtraciones que han motivado la condena al Fiscal General, porque el Tribunal Supremo lo ha considerado responsable de las mismas. Sin embargo, han sido muchos los testigos que, a lo largo de la fase de instrucción y luego durante el juicio, han declarado que las filtraciones tienen otro origen, aunque no hayan querido por ética profesional revelar sus fuentes. Por tanto, no se puede asegurar que haya habido pruebas concluyentes, sino meras interpretaciones de los indicios.

Este asunto es extremadamente delicado, porque pone en entredicho la independencia judicial de algunos jueces, por supuesto no de la judicatura en general, al no dictarse la sentencia por unanimidad y al resultar que los cinco votos a favor de la condena proceden de los magistrados conservadores del tribunal, mientras que los dos que han votado en contra son progresistas. Dicho de otra manera, la legítima lucha política en el parlamento se ha trasladado al seno del Tribunal Supremo, lo que a todas luces introduce un sesgo de parcialidad partidista en la sentencia.

Un asunto que nace del bulo lanzado por un imputado, que no cuenta con pruebas suficientes y que ha dividido al alto tribunal por posicionamientos políticos, se ha convertido en una sentencia condenatoria, nada más y nada menos que contra el Fiscal General del Estado.

Me decía un buen amigo mío, lector habitual de este blog, que el señor García Ortiz ha sido víctima de las luchas en tres frentes, el de la confrontación gobierno y oposición, el de la pugna entre el legislativo y el ejecutivo y el de la rivalidad profesional entre jueces y fiscales. Una apreciación de la que he tomado nota para incluir en esta reflexión.

18 de noviembre de 2025

¿Dónde estaba Mazón?

 

Después de su comparecencia ante la comisión de investigación del Congreso, pocas dudas quedan de que Carlos Mazón oculta algo. No tiene ninguna explicación que, después de haber dimitido, siga sin saberse dónde estuvo cuando acabó la ya famosa comida en El Ventorro. Como es lógico, el tiempo ha ido sacando a la luz muchas de sus contradicciones, porque es muy difícil que en estos tiempos alguien, sobre todo un personaje público, pueda ocultarse bajo una nube de negaciones de la evidencia. Lo último ha sido confesar que despidió a sus escoltas cuando acabó la comida con la periodista, es decir, que anduvo por las calles de Valencia a pecho descubierto cuando acompañó a la periodista que comió con él ese día hasta el aparcamiento donde ésta tenía aparcado el coche y, más tarde, mientras ya sin compañía se dirigió según su versión a la sede del gobierno autonómico, un detalle que hasta ahora había omitido, no por olvido, sino porque pone en evidencia que debía de haber dado por concluida su jornada de trabajo. 

Mazón podría haberse refugiado desde el primer momento en la falta de información o en que no supo valorar la gravedad de la situación. Todo menos mentir, que es la peor de las estrategias. Sin embargo, intentó desde el principio evadirse de la situación, lo que lo convierte en alguien que, consciente de que su comportamiento fue absolutamente incorrecto, adopta la táctica del avestruz. Desconozco por supuesto qué hay detrás de este intento de ignorar la realidad, pero me huele a chamusquina.

No voy a negar que a la indignación provocada por su negligente comportamiento se una la presión de sus adversarios políticos. Pero esto es algo que en democracia forma parte de la normalidad. Por eso me sorprende su comportamiento esquivo, ya que con sus intentos de ocultar la verdad le está dando tres cuartos al pregonero. Un político con un mínimo de sensatez no puede permitirse una conducta tan caótica como la que está teniendo Mazón desde el día de la DANA.

Yo confío en que las diligencias abiertas por la jueza de Catarroja acaben dando luz a este enigmático comportamiento y terminemos todos sabiendo qué hizo Mazón ese día después de la comida. Las contradicciones se han acumulado y, como consecuencia, uno se tiene que preguntar qué oculta el todavía presidente en funciones del gobierno valenciano. Puede ser que no haya nada censurable, pero entonces se demostrará una vez más la falta de capacidad política de Mazón, porque su pertinaz silencio induce a sospecha.

Su última negligencia política consiste en haber desmentido la versión de Feijóo cuando este dijo que había estado en contacto con Mazón a lo largo de todo el día. Ahora resulta que no habló con él hasta las nueve y media. Su torpeza, unida a la de la estrategia del PP, está convirtiendo a este partido en cómplice político de la ineptitud del presidente dimitido.


14 de noviembre de 2025

Monseñor me acusa o las impertinencias clericales

Hay veces que no tengo más remedio que escribir sobre un tema concreto, porque su impacto no me permite centrarme en otro. Hace unos días participe en una comida de amigos, todos hombres y todos de mi edad, incluido un supuesto obispo que uno de los asistentes había incrustado entre nosotros para que bendijera la mesa, aunque nada tuviera que ver con las circunstancias que nos unen a los demás. No voy a dar más detalles, porque los comentarios que posiblemente se me escapen a continuación me aconsejan no hacerlo.

Para que se entienda el contexto, todos los que allí estábamos, salvo “monseñor”, disponemos de una lista de WhatsApp con lo que nos comunicamos cuando necesitamos enviarnos alguna noticia que nos afecte a todos. Pero como suele ocurrir en estos casos, algunos de los integrantes la utilizan para transmitir bobadas de carácter político, auténticas payasadas infantiles malintencionadas, en este caso de tendencia manifiestamente derechista. Yo, en más de una ocasión, he enviado algún comentario para advertir de que no deberíamos romper la armonía que nos une con intromisiones de carácter político. Sin embargo, de nada me han servido las advertencias, porque unos cuantos, siempre los mismos, han continuado haciendo de su capa un sayo.

En un momento determinado de la comida, el mencionado prelado, que por cierto no está en la lista de WA, me señaló con un dedo acusador desde el otro lado de la mesa y empezó una perorata, entre bromas y chascarrillos, en la que me achacaba la condición poco menos que de comunista, con menciones al ”che” Guevara entre otras lindezas. Yo escuché sonriente la diatriba, procuré que la sonrisa no me abandonara el rostro y le contesté que iba a intervenir por alusiones. Parece ser, le dije, que me estás llamando rojo. No, yo no soy un rojo, yo soy "un rojo de mierda”. Oí  risas y alguna carcajada, y observé varias caras con rictus de contrariedad por la intervención del prelado. Después, cambio de conversación y a otra cosa mariposa.

Debe de ser que, como he pedido varias veces que no se utilice nuestra lista para lanzar dardos envenenado que lo único que consiguen es dividir, la interpretación que se ha hecho de mi recomendación es que yo soy un impresentable revolucionario bolivariano, un adepto al marxismo-leninismo, o, como le dije al cura, un “rojo de mierda”, utilizando una expresión muy al uso entre los fachas. 

Conservo en mi teléfono toda la historia desde que se creó la lista, la he revisado, me he centrado en mis creo que tres advertencias a lo largo de cinco años y no he encontrado nada que pudiera interpretarse como posicionamiento ideológico por mi parte. También le he echado un vistazo a las tonterías enviadas por cuatro o cinco de los integrantes de la lista y, una vez más, me he sonrojado al comprobar hasta dónde puede llegar la estulticia humana, insultos malsonantes, falsedades descaradas y una falta de rigor intelectual que tira de espaldas. ¡Ah!, por cierto, todas “rebotadas” de las redes, ninguna aportación personal. Para esto último hay que tener algo de talento, un bien bastante escaso.

No sé si volveré a coincidir con “monseñor”, pero es posible que si lo hago se me escape alguna pregunta sobre la abominable pederastia en la Iglesia Católica. Aunque intentaré no hacerlo, porque sería ponerme a la altura de sus impertinencias clericales.

9 de noviembre de 2025

Palabras, palabras y palabras

Quien lea mis ocurrencias sabe, porque lo he confesado en varias ocasiones, que me gusta escribir. Me gusta porque estoy convencido de que la reflexión previa a la escritura permite cuidar los mensajes, pulirlos, refinarlos y acercarse a la verdadera intención de lo que se pretende decir. Sin embargo, la palabra escrita adolece de un inconveniente, que las ideas en ocasiones no quedan debidamente reflejadas o pueden ser mal interpretadas. No hay nada como escribir con cierta frecuencia para que uno se dé cuenta de que lo que acabo de decir es cierto.

Sin embargo, la palabra hablada, la conversación, aunque tenga el inconveniente de la improvisación y por tanto de decir en algún momento lo que no se pretende, tiene la gran ventaja de que los malentendidos se pueden corregir sobre la marcha. En estos casos se acude a aquello de "no me he expresado bien" o, como recurso alternativo, "déjame que me explique".

A pesar de todo, yo prefiero escribir, aunque es cierto que no le hago ascos a la conversación, sino todo lo contrario, porque me gusta el lenguaje hablado. Sé por supuesto que con lo escrito corro el riesgo de haberme expresado mal, y ahí queda mi torpeza, pero prefiero correr este riesgo a que, en la dialéctica improvisada, no sepa salir de mis propios enredos. Lo he pensado muchas veces y he llegado a la conclusión de que me siento más seguro frente a un teclado que frente a un interlocutor. ¿Timidez? ¿Falta de seguridad? Puede ser.

Pero vayamos a lo que quiero ir. Como éste es un asunto que desde hace mucho tiempo ha llamado mi atención, no sólo leo y me fijo en cada palabra, en cada coma y sobre todo en la intención que subyace tras cada frase, sino que también encuentro un gran atractivo en oír a los oradores de turno, sean éstos tertulianos profesionales, analistas de lo político o políticos de pura cepa.

De los primeros diré que, siendo como son profesionales de la opinión hablada, atienden más a decir que a explicar. Tienen su turno en la tertulia y no les cabe más solución que hablar y hablar. Les pagan para eso y cuanto más digan, sea lo que sea, mayor será su caché.

En cuanto a los llamados analistas, me refiero a los que se supone que saben de qué están hablando, suelo sacar la conclusión de que mejor sería que lo escribieran a que lo hablaran. Es cierto que de todo hay y por tanto sería absurdo generalizar, pero también es verdad que son muy pocos los que, además de dominar la materia que se trate, la saben explicar de viva voz.

Por último, los políticos, que merecen una consideración aparte. El lenguaje de los políticos es muy curioso, porque entre otras cosas procuran desviarse por los senderos que les interesa. No estoy diciendo que mientan, aunque mentirosos los hay a centenares, sino que se ciñen a un guion preestablecido. Es raro que improvisen y mucho más que no aprovechen los micrófonos para decir lo que quieren y no para explicar lo que a sus oyentes les interesa. Entre ellos hay muy buenos oradores y también bastantes incapaces de mantener un discurso durante un cierto tiempo, porque se confunden, se les traba la lengua o se van del tema con facilidad. Pero peor es cuando escriben, porque es ahí donde a muchos se les nota la falta de base intelectual.


4 de noviembre de 2025

La dialéctica de los puños y las pistolas

No sé por qué, pero hoy me ha venido a la cabeza la frase que figura en el título, cuyo autor fue José Antonio Primo de Rivera. Con esta expresión, los falangistas de la vieja guardia se referían a los medios que había que utilizar para salir del “caos” al que, según ellos, la República había llevado a España. Quizá, no lo descarto, haya sido al oír a Santiago Abascal acusar al Open Arms de barco negrero, mientras pedía su hundimiento. Las analogías dialécticas, aun con casi un siglo de distancia, producen en mi mente fenómenos de rememoración.

Estamos asistiendo a una carrera desbocada de declaraciones fascistas que ponen a temblar al más templado. Yo hasta hace poco, dada la falta de contenido intelectual de los mensajes de Vox, no otorgaba demasiada importancia a sus vacuas excentricidades, cargadas de populismo. Me parecían tan fuera de lugar y tiempo, que mi lógica me dictaba que no teníamos por qué preocuparnos. Pero desde hace unos meses, tras observar la evolución de las encuestas de opinión y, sobre todo, el éxito de sus diatribas demagógicas entre los más jóvenes y por tanto con menos experiencia, he empezado a tomar conciencia del peligro que nos amenaza.

Por primera vez desde la desaparición de la dictadura observo que nuestro sistema democrático corre peligro de deterioro. En estos momentos se están dando todas las condiciones que puedan favorecer una involución de carácter fascista. La derecha tradicional española, representada por el PP, ha dado un giro tan espectacular hacia posturas extremistas, que se puede asegurar que su alianza con Vox significará un sometimiento de los primeros a los segundos. Eso si no sucede que los de Abascal superan en votos a los de Feijóo, hipótesis nada descabellada a medio plazo.

El contexto internacional ayuda a ser pesimistas, porque con un Trump en la Casa Blanca y con unas ultraderechas creciendo en Europa, el caldo de cultivo favorece a los que quisieran expulsar a los inmigrantes de España, a los que atacan a puñetazos a los periodistas que se atreven a llamarlos fascistas y a los que en manadas se trasladan de pueblo en pueblo para soliviantar los ánimos de sus habitantes, poniendo en práctica la dialéctica del título.

Pero es que además los medios de comunicación conservadores, unidos en la divulgación del estereotipo que se han sacado de la manga y que llaman “sanchismo”, empujan con todas sus fuerzas hacia el abismo, muchos de ellos sin ser conscientes de lo que se nos puede venir encima. Se han puesto al servicio de una causa fascista, creyendo que están sirviendo otra muy distinta, la del centro derecha.

Durante la cuarta legislatura de Felipe González sucedió algo parecido. Las arraigadas fuerzas reaccionarias de nuestro país unieron sus esfuerzos hasta lograr echar a los socialistas del gobierno. Luis María Ansón, el influyente periodista de la época, no tuvo ningún reparo en confesar que él había participado en la política de acoso y derribo. Pero en aquella ocasión no existía una ultraderecha parlamentaria y lo que en realidad sucedió fue que se produjo una alternancia dentro del sistema constitucional.

Pero ahora otros vientos soplan, a los que se debería prestar más atención. Vox, con sus mensajes populistas y vacíos de contenido, está creciendo como la espuma, mientras que la derecha tradicional, ahora ya sin recato, respalda sus movimientos xenófobos, racistas y desconsiderados con los derechos humanos. Así se empezó en la Alemania anterior a Hitler y ya se sabe lo que sucedió.

31 de octubre de 2025

Los circos de la mediocridad

Confieso que nunca había seguido en directo el desarrollo de un comité de investigación, hasta que hace unos días, motivado por las expectativas que su convocatoria había despertado en la opinión pública, me senté ante el televisor para no perderme ni un solo detalle de la comparecencia en el Senado de Pedro Sánchez. Perseguía dos objetivos, el primero observar cómo se desenvolvía el presidente del gobierno; el segundo analizar el funcionamiento de un procedimiento pensado para investigar responsabilidades políticas concretas. De lo primero no voy a hablar hoy, aunque por supuesto saqué mis propias conclusiones que puede que exponga en otro momento. De lo segundo sí, porque creo que merece una reflexión.

La primera conclusión es que se está utilizando el Senado para algo que no debería corresponder a sus competencias. La cámara alta está concebida para tratar asuntos de carácter territorial y no para investigar la posible implicación del presidente del gobierno en casos de corrupción que afectan a su partido. Lo que sucede es que, como el Partido Popular tiene mayoría absoluta, la utiliza para usarla en lo que le plazca. No digo que sea ilegal, pero supone una manifiesta violación del espíritu de la Constitución. Por tanto, creo que en este caso el escenario no era el adecuado desde un punto de vista institucional.

La segunda es la falta de rigor intelectual de los senadores que representaron a muchos de los partidos que intervinieron. No voy a señalar a ninguno, porque los hubo para todos los gustos y colores. Sólo alguno se libró desde mi punto de vista de caer en la vulgaridad. Preguntas que nada tenían que ver con el asunto investigado, atropello en el diálogo, falta de respeto parlamentario y actitudes ramplonas. Un malísimo ejemplo para la ciudadanía y un paso más hacia el desprestigio de la actual política en nuestro país.

La tercera es que a los comparecientes se les veía el plumero del lucimiento personal, muchos de ellos totalmente desconocidos por la opinión pública, con la oportunidad de darse a conocer. Algunos, además, poniendo de manifiesto que habían recibido la consignas de leña al mono, que no se te escape, que es muy hábil y no se puede desaprovechar una ocasión como ésta. Pero, a pesar de sus intenciones o quizá debido a ellas, casi todos dejaron la sensación de pobreza en el lenguaje y, sobre todo, de no haber entendido el verdadero asunto que se trataba en ese momento.

La cuarta, que el presidente de la comisión dejó muy clara su falta de imparcialidad. Cuando uno de los suyos se desviaba del asunto que los había llevado allí, guardaba silencio, nada tenía que objetar. Pero si el que se iba por los cerros de Úbeda era afín al gobierno, le faltaba tiempo para llamarlo al orden, en algún caso hasta tres veces, con la consiguiente retirada de la palabra. Un espectáculo bochornoso.

La quinta, como resumen y última por hoy, es que el conjunto se me antojó un espectáculo ramplón y me atrevería a decir que infantil, de patio de colegio. 

Como suele ocurrir en estos casos, todos los partidos se han considerado ganadores de esta apuesta parlamentaria, porque en política reza el principio de no reconocer los errores propios y magnificar los contrarios. Sin embargo, a mí me dio vergüenza, precisamente porque creo en la utilidad de las Comisiones de Investigación y, cuando éstas se convierten en una carnavalada, cuando en vez de investigar responsabilidades políticas sus señorías se dedican a hacer política de brocha gorda, tengo que hacer un esfuerzo para sobreponerme a la depresión.

Pero ya lo dijo aquél, el de las armas de destrucción masiva: “el que pueda hacer que haga”.


28 de octubre de 2025

Les están saliendo muchos granos

Trataba yo el otro día de encontrar puntos de coincidencia entre los distintos conflictos sociales abiertos en algunas comunidades autonómicas gobernadas por el PP y, después de darle algunas vueltas, he llegado a la conclusión de que lo que une a todos ellos es la cicatería presupuestaria. Me refiero a los casos de la DANA de Valencia, de las pruebas de cáncer de mama de Andalucía, de los incendios de Castilla-León y de la situación en las universidades públicas de Madrid. Vayamos por partes.

En el trágico caso de las inundaciones en la Comunidad de Valencia de octubre de 2024, además de ponerse de manifiesto la incompetencia del presidente de su gobierno autonómico, se vio con claridad la falta de una mínima estructura de protección civil. En una región de España en la que las inundaciones originadas por fenómenos de gota fría son muy frecuentes, no se han tomado medidas que atenúen los efectos de estos destructivos fenómenos meteorológicos. Se sigue construyendo en los barrancos, no se desvían los arroyos peligrosos ni se canalizan los ríos. Es cierto que esto cuesta dinero, pero si los presupuestos se derivan hacia otros destinos y los impuestos se bajan, las catástrofes originadas por los fenómenos medioambientales se seguirán sucediendo.

Lo de los cribados en Andalucía clama al cielo. Están bien las iniciativas de medicina preventiva contra el cáncer de mama, pero si después se archivan los resultados y no se informa a las afectadas, no sólo no sirven de nada, sino que además se quedan en mera propaganda política sin resultados positivos. Lo que sucede es cuando se desmantela la sanidad pública poco a poco, después pasa lo que pasa, que no hay medios suficientes ni para atender a las mujeres que han dado un diagnóstico positivo ni para informar a las demás. De la posible alteración de datos prefiero no hablar hoy. La fiscalía ha intervenido y esperemos sus conclusiones. Ya habrá tiempo para reflexionar.

Vayamos a los incendios de Castilla-León, cuyo relato sería idéntico si nos refiriéramos a los de Galicia. Según explican los afectados, las brigadas contraincendios estaban desmanteladas, porque mantenerlas activas en invierno cuesta dinero. Fueron los propios vecinos los que tuvieron que hacer frente a las llamas que los cercaban con los escasos medios a su alcance, hasta que con lentitud pasmosa pudieron intervenir los pocos bomberos forestales disponibles. Después, como esto resultaba insuficiente, apareció la UME. Lo que sucede es que cuando se pusieron en marcha los recursos necesarios, los montes ardían por los cuatro costados y no había manera de controlar la catástrofe. Una vez más, escasez de medios como consecuencia de la precariedad presupuestaria.

Por último, Madrid. Tengo en mi entorno familiar a varios universitarios estudiando unos en la universidad pública y otros en la privada y a través de ellos voy conociendo la actual situación en la primera -escasez de medios, aulas hacinadas y profesores desmotivados que se limitan a recitar la lección del día-, mientras que al parecer en la segunda no suele haber más de treinta alumnos por clase, lo que permite un sistema educativo basado en tutorías frecuentes. Está claro que en unas están están a dos velas y en las otras hay dinero.

En pocas palabras, una política ultraconservadora en todas estas comunidades, donde prima la privatización y poco a poco se va abandonado lo público. Pero es que además, por si fuera poco, todo ello bajo el paraguas neoliberal de reducir impuestos.

24 de octubre de 2025

¿Esto no es malversación?

No voy a entrar en el fundamento de las acusaciones de malversación de fondos que el juez Peinado hace a Begoña Gómez, entre otras cosas porque es un asunto que en estos momentos está sub judice. Los tribunales decidirán. Pero sí se me ocurren varias reflexiones al respecto. La primera es que, si utilizar una ayudante oficial para enviar e-mails o WhatsApp personales se considera delito, ordenar a tu jefe de gabinete que intervenga en el lavado de las irregularidades fiscales de tu novio también debería serlo.  Me refiero, claro está, a la intermediación de Miguel Ángel Rodríguez, mano derecha de Isabel Díaz Ayuso, en los tratos económicos de su novio, González Amador, con la Agencia Tributaria. La segunda, de carácter más general, es que el funcionario público que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Sucede, además, que la ley distingue entre malversación impropia, cuando no hay lucro personal, y malversación propia, cuando ésta existe. Que se sepa, la mujer del presidente no se ha lucrado como consecuencia de los mensajes enviados por su colaboradora oficial, mientras que en el caso de la pareja de la presidenta de Madrid hay evidencia de evasión de impuestos, lo que significa que, de manera indirecta, ha intentado apropiarse de un dinero que pertenece al Estado. Como no soy abogado, ahí lo dejo, Que el lector saque sus propias conclusiones.

Pero sigamos. Se entiende por investigación prospectiva la que, a partir de un supuesto delito sin pruebas suficientes, se buscan por los resquicios de la vida personal del investigado pruebas que ayuden a sostener la acusación inicial. Esta prospección se puede hacer por varios caminos, uno de ellos utilizando la UCO. No creo que haya ni un solo ciudadano al que, si se le somete a una investigación exhaustiva, le pinchan el teléfono, le revisan los mensajes y le someten a una vigilancia continuada no acabe siendo declarado culpable de algún desliz. Si a mí me lo hicieran, acabarían encontrándome algún pecadillo. A mí y a todos.

No sé qué ocurrirá con el caso de la mujer del presidente. Es absolutamente imprevisible, porque las acusaciones se van acumulando, a pesar de las reiteradas llamadas de atención al juez instructor por parte de instancias superiores. De lo que sí estoy seguro es de que detrás de todo esto hay una clara intención de atacar a Sánchez, aprovechando que, como decía arriba, nadie está libre de pecado. No voy a hablar de guerra jurídica, porque se me antojan palabras mayores y no soy de los que se dejan llevar por la indignación. Pero de lo que sí estoy seguro y me atrevo a decirlo sin paliativos es que la instrucción, me refiero al procedimiento, huele a chamusquina. Presentarse en el palacio de La Moncloa para preguntarle a Pedro Sánchez si Begoña Gómez es su mujer resulta escandaloso. Trocear el procedimiento para intentar que alguna de las causas sea susceptible de un juicio con jurado llama la atención hasta a los que somos legos en la materia.

Si la condenan, podré decir aquello de yo también soy Begoña Gómez

19 de octubre de 2025

La derecha no es monárquica

Vamos a ver si soy capaz de explicarme, porque el título que he escogido puede resultar engañoso. Lo que quiero decir es que en el ideario de las formaciones conservadoras y ultraconservadoras no figura la monarquía como el sistema preferido por sus seguidores. A Alfono XIII lo exilió la falta de apoyo de las derechas de la época y durante el régimen franquista se denigró hasta la saciedad a su heredero, el conde de Barcelona, padre de Juan Carlos I. La reinstauración de este último tras la muerte de Franco vino como consecuencia de la decisión del dictador y gracias a la prudencia que los demócratas españoles demostraron para salir del régimen totalitario con las menores heridas posibles.

Lo que sí hay son partidarios de no remover demasiado el pacto constitucional. Pero es que en esto no sólo están los conservadores, sino también muchos progresistas que, aunque se definan republicanos, practican aquello de más vale “no meneallo”. Sin embargo, ni en un lado ni en el otro del espectro político hay auténticos defensores de la monarquía, es decir, convencidos de que la sucesión dinástica sea la mejor de las soluciones en un país moderno y democrático.

Otra cosa son las “poses”. Porque, como consecuencia de que los partidos de izquierdas reconocen su preferencia por un sistema que elija al jefe del estado democráticamente, es decir, por un régimen republicano, las derechas actuales “posturean” lo contrario. Pero, como digo, no son más que fidelidades de trapo, porque convencimiento de que la monarquía sea la mejor solución no hay ninguno.

Me preguntaba alguien el otro día cuál era mi opinión sobre las preferencias de los dos últimos monarcas españoles, Juan Carlos I y Felipe VI, respecto a los presidentes de gobierno; yo le contesté que tenía la sensación de que siempre se habían sentido más cómodos con presidentes socialista que con presidentes populares. Felipe González, durante sus cuatro legislaturas, siempre demostró un cierto grado de cercanía con Juan Carlos I, supongo que motivado por el peso de la responsabilidad constitucional. Desde mi punto de vista, el rey siempre correspondió a esa fidelidad.

Aznar, sin embargo, se limitó a cumplir con las obligaciones protocolarias, pero nunca le vi comportamientos que demostraran auténtica simpatía por el sistema que representaba el rey. Incluso percibí en algún momento un cierto ninguneo al monarca. Eso sí, en la boda de su hija, aquel derroche ostentoso a costa de las arcas del Estado, Juan Carlos I no podía faltar.

Zapatero cumplió perfectamente con sus deberes protocolarios y con la obligada protección de la imagen del rey, no nos olvidemos de la tensa reunión con Chávez; pero a Rajoy nunca le vi gestos que demostraran una gran simpatía por la institución. El primero siempre se ha declarado republicano y al segundo se le supone monárquico por eso de representar en su momento a la derecha del país.

En definitiva, en España hace tiempo que no hay monárquicos, entendiendo como tales a los defensores de la sucesión dinástica. Ni en la derecha, aunque ellos presuman de serlo, ni en la izquierda. Lo que hay en uno y otro lado es aceptación de una realidad impuesta.