23 de abril de 2026

Da que pensar

 

En una de esas listas de WhatsApp en las que proliferan los metepatas, quiero decir los que la utilizan para desahogar sus obsesiones ideológicas aunque nada tengan que ver con el propósito que inspiró en su día la creación del grupo, leo hoy una noticia rebotada de no sé dónde en la que se condena el matrimonio de niñas de nueve años que se practica en determinados países musulmanes.

Naturalmente la condena del “whatsapero” a tales costumbres era fulminante y las respuestas del resto fueron cero, porque quién en su sano juicio no va estar de acuerdo en que haya que condenar esta flagrante violación de los derechos humano, como es casar a una niña a esa edad.

Si digo en el título que da que pensar, es porque llama la atención la cantidad de condenas contra la religión musulmana que están apareciendo en los últimos tiempos en las redes sociales, al mismo tiempo que se observa un silencio bastante preocupante respecto al genocidio de Gaza y a los bombardeos indiscriminados a la población civil de Líbano, cuando no se justifican como ataques a los terroristas  de Hamás o de Hezbolá.

No contentos con este silencio cómplice, las muchachadas fachas, cada vez más numerosas y violentas, gritan en sus manifestaciones aquello de “musulmán el que no bote”. Es decir, ni una palabra contra los genocidas y asesinos de niños, pero sí gritos desaforados contra la religión que practican la mayoría de los que son víctimas de la barbarie genocida.

Lo curioso de todo esto es que la mayoría de estos neonazis presumen de cristianos, cuando el papa León XIV ha condenado sin paliativos las guerras ilegales y cuando la conferencia episcopal española se ha unido sin ambages al jefe espiritual católico. Pero claro, hay quienes del cristianismo sólo han aprendido la historia de las cruzadas, pero muy poco de los mensajes evangélicos que conducen al humanismo cristiano.

Cuando los vientos soplan unidireccionalmente, cuando a las denuncias de abusos en una de las partes  se une el silencio contra los genocidios cometidos por la otra, mientras los macarras botan, botan, botan, hay que preguntarse de dónde vienen las consignas. Yo lo tengo claro, todo esto no es más que una evidente manifestación de las guerras psicológicas que se organizan para apoyar la destrucción y la muerte.

Por tanto, yo le pediría a los “catapultadores” de noticias como la de las niñas obligadas a casarse a los nueve años que reflexionaran antes de disparar, que contemplaran el actual conflicto internacional en su totalidad. Quizá de esa manera no caerían en manos de los estrategas psicológicos de los genocidas. 

2 comentarios:

  1. Es de vergüenza cómo se utilizan noticias reales para fabricar una cortina de humo emocional.
    Lo que más me duele es esa ceguera selectiva: condenar con razón el matrimonio infantil pero callar ante el asesinato de esos mismos niños bajo las bombas. Como bien dices, hay quienes han confundido el Evangelio con una armadura de cruzado, olvidando que la base de nuestra cultura es el humanismo y la piedad, no el 'botar' contra el diferente.

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