Algunos de ellos, por cierto, han llegado a ser considerados
próceres en sus respectivos países, porque sus contemporáneos, en vez de ver en sus actuaciones
vileza, crimen e inmoralidad, han creído descubrir virtudes redentoras de la
humanidad y los han sublimado. Pero la mayoría han pasado a los anales de la
Historia como enajenados, psicópatas y desalmados.
No sé como recogerá la Historia la figura de Donald Trump,
si como prócer o como tirano. Pero de lo que sí estoy seguro es de que sus
contemporáneos están viendo en él a un desaprensivo dirigente que, partiendo
de un nivel de ignorancia “fuera de serie”, se permite manejar el mundo a su
antojo, siguiendo tan sólo el impulso de sus caprichosos intereses. Una de sus últimas baladronadas ha sido la de que está dispuesto a destruir toda una civilización, frase
que encierra los síntomas evidentes de un desequilibrio emocional que encajaría
en alguna de las disfunciones que estudia la psiquiatría.
Esto no puede acabar bien. Me refiero a su paso por el
poder, por la presidencia de ese gran país que se llama EE. UU. No sé cuál será
el final, porque las variables geoestratégicas que intervienen en el modelo son
muchas y es imposible anticipar cómo se moverán las fichas en el tablero internacional. Pero lo que
tengo por seguro es que ese infierno que presume que desencadenará sobre Irán,
un país heredero del imperio persa, que nunca ha sido colonia de nadie y cuyo
nivel cultural es alto -consideraciones religiosas aparte-, puede volverse contra
él, lo que significa contra su país y contra ese mundo tan complejo y
variopinto que llamamos Occidente.
Yo nunca pensé que Trump se atreviera a dar los pasos que
está dando, porque nunca imaginé que su ignorancia y su osadía fueran tan
grandes. Es más, creí que los equilibrios de poderes que siempre han funcionado
en la política de EE. UU. no le permitirían tantos desmanes. Pero es que no se
me había pasado por la imaginación que estuviéramos ante un personaje como éste, de la misma manera que los rusos nunca debieron imaginar que se
encontrarían con un Stalin, los alemanes con un Hitler y los hunos con Atila.
Lo dejo aquí, porque cualquier cosa que diga puede ser mañana todavía peor.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Cualquier comentario a favor o en contra o que complemente lo que he escrito en esta entrada, será siempre bien recibido y agradecido.