19 de abril de 2026

Los tiranos en la Historia

 

Las páginas de la historia de la humanidad están repletas de tiranos, de hombres poderosos que han sometido a sus súbditos y a sus vecinos a la represión, al sufrimiento y a la incertidumbre sobre el futuro de su existencia. Por supuesto, cuando utilizo el adjetivo “poderosos” me estoy refiriendo a los que disponen de la  capacidad de manejar a su antojo las vidas de los seres humanos que les rodean, unas veces mediante el dictado de leyes opresoras y otras bajo la utilización de las armas.

Algunos de ellos, por cierto, han llegado a ser considerados próceres en sus respectivos países, porque sus contemporáneos, en vez de ver en sus actuaciones vileza, crimen e inmoralidad, han creído descubrir virtudes redentoras de la humanidad y los han sublimado. Pero la mayoría han pasado a los anales de la Historia como enajenados, psicópatas y desalmados.

No sé como recogerá la Historia la figura de Donald Trump, si como prócer o como tirano. Pero de lo que sí estoy seguro es de que sus contemporáneos están viendo en él a un desaprensivo dirigente que, partiendo de un nivel de ignorancia “fuera de serie”, se permite manejar el mundo a su antojo, siguiendo tan sólo el impulso de sus caprichosos intereses. Una de sus últimas baladronadas ha sido la de que está dispuesto a destruir toda una civilización, frase que encierra los síntomas evidentes de un desequilibrio emocional que encajaría en alguna de las  disfunciones que estudia la psiquiatría. 

Esto no puede acabar bien. Me refiero a su paso por el poder, por la presidencia de ese gran país que se llama EE. UU. No sé cuál será el final, porque las variables geoestratégicas que intervienen en el modelo son muchas y es imposible anticipar cómo se moverán las fichas en el tablero internacional. Pero lo que tengo por seguro es que ese infierno que presume que desencadenará sobre Irán, un país heredero del imperio persa, que nunca ha sido colonia de nadie y cuyo nivel cultural es alto -consideraciones religiosas aparte-, puede volverse contra él, lo que significa contra su país y contra ese mundo tan complejo y variopinto que llamamos Occidente.

Yo nunca pensé que Trump se atreviera a dar los pasos que está dando, porque nunca imaginé que su ignorancia y su osadía fueran tan grandes. Es más, creí que los equilibrios de poderes que siempre han funcionado en la política de EE. UU. no le permitirían tantos desmanes. Pero es que no se me había pasado por la imaginación que estuviéramos ante un personaje como éste, de la misma manera que los rusos nunca debieron imaginar que se encontrarían con un Stalin, los alemanes con un Hitler y los hunos con Atila. 

Lo dejo aquí, porque cualquier cosa que diga puede ser mañana todavía peor. 

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