14 de abril de 2026

La vida es absurda, pero hay que vivirla

 

El otro día leí la cita de Albert Camus que encabeza este artículo. Como este tipo de aseveraciones me llaman siempre la atención por la sabiduría que se suele esconder tras las palabras, en un ejercicio de entretenimiento "metafísico" me puse a analizarla. Lo primero que me llamó la atención es que en una misma frase se expresaran dos mensajes muy profundos en apariencia, el primero deductivo y el segundo conformista o, dicho con mayor rigor, de carácter práctico. Pero vayamos por partes.

la idea de que la vida es absurda supongo que procede en último extremo de la teoría de la evolución. Si como sostienen los evolucionistas el ser humano procede de innumerables mutaciones sucedidas a lo largo de millones de años, a partir de que la casualidad diera lugar a que un conjunto de elementos químicos formara el fundamento de una primera estructura biológica, que duda cabe de que si estamos aquí no obedece a otra razón que al azar o, si se prefiere, a una eventualidad.

Si es así, qué sentido tiene la vida que no sea el de que formamos parte de una constante transformación o evolución. Ni hemos escogido haber nacido ni vivimos persiguiendo otro objetivo que no sea el que nos dicta el sentido de la supervivencia, que por cierto es también consecuencia de la evolución.

Otra cosa es que, a medida que la evolución ha ido progresando, ese instinto de supervivencia haya creado civilizaciones, culturas, comportamientos y actitudes ante la vida. Por cierto, unas asegurando su sinsentido y otras tratando de justificarlo. Pero esta dicotomía o, mejor dicho, ese amplio espectro de pensamientos no es el objetivo de este artículo.

Sigamos con Camus cuando dice que la vida, aunque no tenga ningún sentido, hay que vivirla. Volvemos a la misma idea de antes, a la del instinto de supervivencia, que, como ha quedado dicho arriba, procede de la propia evolución. Porque este impulso no sólo nos lleva a defendernos contra la adversidad, sino además a tratar de mejorar constantemente nuestras condiciones de vida, en todos los sentidos que estas palabras implican.

Como decía, dos profundas reflexiones concatenadas en una misma expresión, a cuál más interesante. Dos motivos de análisis profundo, para filosofar o para entretener o para las dos cosas a la vez,

Por cierto, voy a desempolvar de mis estanterías La peste, una novela de Albert Camus que leí en su día y que me entusiasmó. Se me ha abierto el apetito “existencialista”. Qué le vamos a hacer.

2 comentarios:

  1. Veo que te has levantado hoy con un apetito metafísico de lo más refinado, Luis. Es fascinante el análisis que haces sobre el azar y la evolución, pero permíteme que le discutamos un poco al bueno de Camus.

    ¿Cómo que la vida no tiene sentido? Quizá no tenga un sentido cósmico dictado por las estrellas, pero... ¿acaso no tiene todo el sentido del mundo sentarse a disfrutar de un buen filete con patatas? ¿O saborear una cerveza bien fría con unos mejillones rellenos de gambas al ajillo en una terraza frente al mar? Para mí, el sentido no es una entelequia filosófica, sino el rastro de felicidad que dejan esos momentos.

    Al leerte me ha venido a la cabeza Proust. Como él mismo sugería, el verdadero sentido de la vida no es solo escribir novelas de recuerdos, sino compartir mesa y mantel con los amigos, disfrutando de una buena conversación sobre el propio sentido de vivir.

    A veces nos empeñamos en buscar la razón de nuestra existencia en los millones de años de mutaciones (que también es muy interesante, no digo que no) cuando la respuesta está en el imperio de los cinco sentidos. Si el azar nos ha puesto aquí, ¡qué menos que celebrar ese azar con un buen festín y una buena charla! Me parece una idea magnífica que desempolves La Peste, pero no te pongas demasiado existencialista, que la vida, además de vivirla, hay que saborearla.

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    1. Lo que tú dices de la vida en tu comentario, también lo dice Camus: hay que vivirla. Pero eso no elimina el sinsentido que "denuncia" el filósofo. Disfrutar de una cerveza fría es vivirla, no darle sentido.
      Por cierto, siempre he tenido una cierta vena existencialista.

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