29 de agosto de 2026

Ceuta: conflicto territorial y no crisis migratoria

En mi opinión, las explicaciones que se están dando sobre la llamada crisis de Ceuta son incompletas, porque les falta una premisa previa, la del reconocimiento de que existe un conflicto territorial entre España y Marruecos, que aunque a lo largo del tiempo haya pasado por distintas fases de virulencia está ahí desde hace lustros. Marruecos reivindica la soberanía de las dos ciudades autónomas -Ceuta y Melilla-, además de la de las islas y  peñones -Chafarinas, Alhucemas, Alborán, Vélez de la Gomera y Perejil-, mientras que España no renuncia a la españolidad de las mismas.

La oposición lo sabe perfectamente, pero el poco sentido de Estado que caracteriza a sus líderes actuales agudiza el problema. Es consciente de que la única manera de mantener el statu quo es el uso de la diplomacia, la continua negociación y la aplicación de paños calientes, todo ello bajo la innegable realidad de unas excelentes  relaciones comerciales entre los dos países. Sin embargo, en vez de colaborar con el gobierno en el mantenimiento del mejor clima posible en la comunicación con nuestros vecinos del sur, su política partidista enardece las aspiraciones de Marruecos. Mohamed VI se debe de estar frotando las manos al oír el griterío de los líderes del PP y de Vox. ¡Qué disparate!

Se ha hablado de un viaje del rey a Ceuta. El gobierno recuerda que cualquier movimiento del monarca que afecte a la política exterior de nuestro país debe contar con su refrendo, como ordena nuestro sistema constitucional. Pero la oposición, dirigida por el tándem Feijóo-Abascal, reivindica a gritos la conveniencia de que Felipe VI se traslade allí.

Los viejos del lugar recordamos cuando el entonces Príncipe de Gales, hoy rey Carlos III del Reino Unido, hizo escala en Gibraltar en 1981 durante su viaje de novios con lady Di, España protestó por vía diplomática, porque partiendo de la premisa de la existencia de un conflicto territorial, se consideraba una provocación. Los partidos políticos de la época, de derechas y de izquierdas, apoyaron la reclamación. Pero es que además, los reyes Juan Carlos I y Sofía no acudieron a la boda del heredero británico para expresar su malestar.

Si se ignora la existencia de este conflicto, se está ocultando la verdadera realidad de la situación a la ciudadanía, que como consecuencia no entenderá la aparente pasividad del gobierno español ante la “invasión” de Ceuta que tuvo lugar durante los días 30 y 31 del pasado mes de julio. Entrecomillo la palabra invasión para quitarle enjundia a lo sucedido. Pero no se debe dar la espalda a un hecho incuestionable, que Marruecos con este movimiento de masas avisó de que no está dispuesto a renunciar a sus aspiraciones territoriales.

El asunto es de tal importancia para España que, si no se quiere elevar la confrontación a términos mayores, es preciso manejarlo con mucha cautela. El gobierno tiene la obligación de ser prudente y no cometer errores y la oposición debería apoyar esta cautela en vez de utilizar el conflicto para desgastar al gobierno mediante declaraciones explosivas, como la de la siempre malhumorada Cuca Gamarra, que pide la intervención del ejército, o con visitas extemporáneas, como la del ínclito Aznar.

La oposición está falta de líderes responsables. Si algún día llegan a gobernar, pagarán las consecuencias de su mezquindad. 

25 de agosto de 2026

La tolerancia, esa cosa tan rara


Pensaba yo el otro día que la tolerancia es una virtud del ser humano de la que todo el mundo habla para alabarla, aunque sean muy pocos los que la practican, quizá porque su intolerancia no se lo permita.

La tolerancia es un valor moral que significa respetar y aceptar las ideas, creencias, costumbres o formas de ser de otras personas, aunque sean distintas a las nuestras. Ello implica que es preciso entender que no todos piensan, sienten ni actúan igual. Además, supone que hay que dejar que el otro, el diferente a uno mismo, viva y piense como le plazca, sin que te importen sus ideas.

La tolerancia tiene entre otras muchas ventajas la de que ayuda a evitar peleas y a formar una comunidad justa. Sin tolerancia no hay paz ni armonía social, porque precisamente la intolerancia, tantas veces esgrimida como defensa de la identidad propia, destruye la convivencia.

Sin embargo, la tolerancia tiene sus límites éticos, porque no implica que haya que aceptar la injusticia social o la violencia que vulnera los derechos de los demás, Otra cosa es que algunos, para defender su propensión a pasarse por el forro el respeto a los derechos humanos, reclamen tolerancia a los que se oponen a sus desmanes.

Como intento ser tolerante, no debería sacar a relucir casos de discrepancia ideológica, porque uno de sus principios es la de respeto y aceptación de las ideas de los demás. Pero como soy humano y por tanto propenso a la contradicción, voy a referirme a una de esos dardos envenenados que catapulta la ultraderecha a través de las redes sociales en forma de gracieta. En un mensaje que a mí me resulta “intolerable”, proponen que, si el gobierno español ha decidido que España no participe en el Festival de Eurovisión como consecuencia de la invasión israelí de Gaza, no debería haber invitado a Marruecos a participar en la organización del próximo mundial de futbol por su invasión de Ceuta. Así, con dos cojones, si se me permite la expresión coloquial.

Vamos a ver, campeones de la intolerancia. En primer lugar, lo de Gaza no fue una invasión sino un genocidio en toda regla, que continua día a día sin que nadie haga nada para contener la masacre. En segundo, lo de Ceuta se está tratando por vía diplomática, no ha habido más víctimas que las que lamentablemente se ahogaron el primer día. En tercero, el gobierno español, a pesar de las dificultades de todo tipo que arrastra una situación tan complicada como ésta, está intentando no vulnerar ningún derecho humano, aunque la oposición se lo esté poniendo muy difícil. En cuarto, y por último, no es España la que invita a organizar un mundial de futbol, sino la FIFA.

A pesar de que hay quienes ponen muy difícil practicar el valor humano de la tolerancia, yo voy a procurar mantenerme tolerante. Ahora bien, que no me calienten con sandeces.

20 de agosto de 2026

Eclipsados y "eclipsistas"


Puede ser que la reflexión que viene a continuación pueda sorprender a más de uno. Pero como me sale del alma no me voy a reprimir. A mí la expectación colectiva que ha despertado el eclipse me parece inusitada, impropia del siglo XXI. Puedo entender que llame la atención, pero no que se organicen excursiones colectivas, que se movilicen recursos especiales de protección civil y que no se hable de otra cosa en los medios de comunicación durante una temporada.

Como estoy pasando unos días dentro de la franja geográfica “privilegiada” por el fenómeno -en Castellote (Teruel)-, he recibido llamadas de amigos interesados en saber dónde lo iba a ver. Cuando he contestado que me limitaría a observar desde la terraza de mi casa la oscuridad que se produjera, porque la orografía del terreno me impedía ver el eclipse directamente, he percibido actitudes de extrañeza, acompañadas de justificaciones de su interés. Frases como “esto no se ve más que una vez en la vida” o “el espectáculo tiene que ser sorprendente” han confirmado su decepción ante mi apatía.

Como suele ocurrir con estas hipnosis colectivas, la picaresca ha hecho su inevitable acto de presencia, porque basta con que las masas se movilicen tras cualquier reclamo para que los pícaros se pongan en marcha. Gafas fraudulentas de las que en vez de proteger la retina aumentan la peligrosidad de los rayos solare o, por el contrario, ocultan por completo la visión del fenómeno; venta de entradas en lugares especiales para disfrutar con comodidad del eclipse: precios astronómicos en hostelería, etc. etc.

Lo dicho, una especie de hipnosis colectiva,

Lo anterior lo había escrito antes de que se produjera el eclipse. Lo que viene a continuación son reflexiones posteriores, que por cierto no sólo no contradicen lo que pensaba entonces, sino que coinciden.

Todavía no he oído a nadie que me diga que la experiencia ha sido fantástica y menos que ha estado a la altura de sus expectativas. Por el contrario, curiosa reacción, quejas, o porque  no se hizo completamente de noche, o porque duró muy poco, o porque la muchedumbre lo abrumaba, o porque los forestales le impidieron pasar y tuvo que dar un rodeo, o…

Yo, que sólo vi desde la terraza el anochecer repentino, sí saqué una conclusión, la de que el cerebro humano se acostumbra de tal manera a los procesos naturales del universo, que cuando se produce alguna alteración “antinatural” se incomoda. A mí aquella oscuridad sobrevenida me provocó una cierta desazón, hasta el punto de que tuve que preguntarle a los que me rodeaban si ellos también se estaban quedando ciegos.

Me han dicho que habrá uno nuevo el siglo que viene. Creo que no me va a merecer la pena esperar a verlo.

15 de agosto de 2026

También te digo

En alguna otra ocasión he escrito sobre lo que yo denomino virus del lenguaje, latiguillos verbales que nacen en algún momento sin que se conozca el origen y que se propagan con la rapidez de las epidemias virales. Por eso, como resultan peligrosos para el buen hablar, a mí me llaman la atención y me ponen en guardia para evitar el contagio, cosa que no siempre consigo.

El último que he detectado ha sido la expresión también te digo. Se trata de una frase que algunos utilizan para, después de haber dado cualquier tipo de explicación, añadir algo que pudiera contradecir lo que se acaba de afirmar. Viene a ser algo así como el sin embargo o el no obstante, dos locuciones que se utilizan para añadir alguna frase que contradiga en cierto modo lo que se acaba de decir. Por ejemplo: no me encontraba bien, no obstante, acudí a la reunión. O, también, me encontraba perfectamente, sin embargo, decidí no ir. Adviértase que hay diferencias, porque mientras que el no obstante se coloca a continuación de una negación, el sin embargo después de una afirmación.

Pues bien, ahora, gracias a este nuevo virus, desaparece lo que el bien hablante siempre ha dicho, no obstante sin embargo, y aparece el también te digo. Ignoro, ya lo he dicho, su origen, pero no me extrañaría que procediera de algún influencer o de algún presentador famoso o, quizá, de algún político de estos de nuevo cuño. Pero lo cierto es que se ha extendido en poco tiempo, de tal forma que no me extrañaría que hubiera llegado para quedarse entre nosotros.

Hace tiempo se puso de moda el para nada, una manera enfática y muy poco elegante de decir en absoluto. Como todos los virus lingüísticos, apareció de la nada, se instaló entre nosotros y ahí está. La expresión más fea no puede ser, pero en esto del habla hay quienes no distinguen entre bonito y horroroso, entre correcto e incorrecto. Como algunos dicen, se entiende, ¿verdad? Para qué corregirlo, según ellos.

Recuerdo que, en una ocasión, durante una reunión de amigos que organizábamos periódicamente con pretensiones culturales, alguien sacó este tema. Se discutió, hubo unanimidad en la vulgaridad de la expresión y, cuando íbamos a cambiar de tema, una de las tertulianas dijo: expresiones como esa yo no las digo para nada. Es que los virus del lenguaje se contagian con facilidad y calan en la mente sin que uno se dé cuenta. Lo malo es que no hay más vacuna que el interés por hablar bien y ya se sabe que de esto queda poco.

He sacado este tema para hacer una confesión personal, la de que hace unos días, en una conversación con un buen amigo, me sorprendí a mí mismo repitiendo en varias ocasiones lo de también te digo. Tardé en darme cuenta, lo que demuestra que el contagio empezaba a hacer efecto en mi organismo.

Es verdad que para hablar bien no son buenas las florituras. Pero cuidar el estilo y no caer en vulgaridades no es demasiado difícil. Sólo se necesita poner un poco de interés.

10 de agosto de 2026

El feminismo de don Alberto

Le oí decir al señor Feijóo hace algún tiempo que para feminismo el de su abuela, que tuvo ocho hijos nada más y nada menos. Por favor, que alguien le explique al ilustre presidente del PP qué es el feminismo, porque lo está confundiendo con la maternidad. Feminismo, don Alberto, es la defensa de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. No tiene nada que ver con traer muchos hijos al mundo, actitud loable donde las haya, pero en otro orden de cosas.

Unos días antes había soltado en un mitin la ingeniosa frase de que para feministas “nuestras madres y nuestras abuelas”. Aquella redonda apología ya me había dado una pista sobre qué podría venir a continuación, cuando retomara el tema en algún momento. Pero nunca llegué a pensar que su ideología lo llevara a tanto dislate. Nuestras abuelas y nuestras madres, señor Feijóo, necesitaban el permiso de sus maridos para todo y, salvo excepciones, ninguna protestaba porque aquella situación les parecía normal.

Este error conceptual de don Alberto está bastante extendido. El feminismo no es la lucha de las mujeres contra los hombres, tampoco el intento de superarlos, ni mucho menos la maternidad. El feminismo es simplemente la reivindicación de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Además no es, o no debería ser, patrimonio de la izquierda. De hecho, no son pocos los ciudadanos conservadores que defienden esta lucha por lograr la equiparación real de oportunidades. Sin embargo, muchos líderes de la derecha se autoexcluyen de las reivindicaciones, dejando el campo abierto a los progresistas. Entre ellos el presidente del PP, porque el señor Abascal ni está ni se le espera.

El feminismo no es lo contrario del machismo, aunque también sean muchos los que así lo creen. Lo contrario del machismo se denomina hembrismo, pensamiento que defiende la superioridad de las mujeres frente a los hombres. Pero el feminismo persigue exclusivamente la igualdad. ¿Alguien puede en su sano juicio y en el siglo XXI oponerse a esta idea? Pues sí, los hay, aunque evidentemente no lo van a confesar abiertamente, sino con retóricas alambicadas como la invocación de la maternidad o los elogios a las madres y a las abuelas.

Mucho se ha avanzado en la lucha feminista, pero mucho queda por hacer. El machismo está en la educación de muchos hombres -también de muchas mujeres- porque la historia de la humanidad se ha sustentado en la idea de la superioridad social de los varones y no es fácil sacudirse de encima este lastre. Por eso yo aplaudo la militancia feminista y por eso yo celebro cualquier avance de los derechos de las mujeres hacia la igualdad con los de los hombres. 

6 de agosto de 2026

Ceuta y los traidores

Lo que ha sucedido en Ceuta constituye un auténtico esperpento, no por los hechos en sí, aunque sean muy graves, sino por el tratamiento informativo o desinformativo que se le ha dado y sigue dando. Un asunto tan complejo como éste requeriría, por parte de todos, una rigurosidad comunicativa que brilla por su ausencia.

Lo que subyace detrás de todo lo que acaba de suceder y lleva años repitiéndose con cierta frecuencia es algo de lo que nadie se atreve a hablar, que Marruecos no cede ni cederá en sus pretensiones de integrar las dos ciudades autónomas en su territorio. Lo que para nosotros es un hecho incuestionable, que Ceuta y Melilla son españolas, no lo es para nuestro vecino del sur ni para muchos otros países del mundo, entre ellos, no lo perdamos de vista, EE. UU. En algunos lugares se juzga la situación como un caso de colonialismo.

Por eso, las entretelas de las relaciones de los gobiernos españoles con Marruecos son en ocasiones difíciles de entender, porque si no se tiene en cuenta lo anterior se corre el riesgo de llegar a conclusiones erróneas. La oposición debería comportarse de acuerdo con esta realidad, en vez de, como está sucediendo en estos momentos, utilizar la tensión para ganar votos. Es curioso observar como Feijóo no menciona a Marruecos, porque sabe muy bien que quizá algún día le toque la difícil tarea que ahora le corresponde a Sánchez. No sólo no le conviene crear tiranteces con nuestros vecinos, sino que, además, haciendo gala de un cinismo político tan irresponsable como falto de patriotismo, aprovecha la ocasión para culpar del ataque a los que defienden la soberanía española de las dos ciudades en vez de señalar al culpable.

Las guerras hoy ya no son como lo eran en los tiempos del desastre de Anual. La defensa militar de Ceuta y Melilla nos llevaría a una confrontación bélica total, en la que posiblemente no hubiera ni vencedores ni vencidos, como está sucediendo en Ucrania o en Irán. El problema, no sólo subsistiría, sino que se recrudecería, dejando muertos y destrucción por las dos partes. Por tanto, exigirle al gobierno “mano dura”, no sólo es de una irresponsabilidad manifiesta, sino que además demuestra ignorancia política.

La Unión Europea, influida por la corriente xenófoba que recorre Europa y desconocedora de la realidad geopolítica de las complicadas relaciones entre España y Marruecos, ha dado un ejemplo de insolidaridad imperdonable. Lo de Meloni no tiene nombre, cuando Italia cuenta con una tasa de inmigración ilegal mayor que la nuestra. Que los turistas españoles tengan que pasar en las fronteras italianas controles especiales cuando visitan sus ciudades clama al cielo.

Mientras tanto, Trump se relame porque sabe que se está creando una tensión en el estrecho de Gibraltar de la que espera sacar provecho. Netanyahu por su parte, acosado por todas partes, está encantado con la inestabilidad permanente en esta zona, intentando ganar para su causa a un país musulmán. La jugada, a los dos, mejor no les ha podido salir.

Lo que ha sucedido no ha sido un problema de inmigración, sino una invasión con el ánimo de provocar mayor desestabilización. Se han colado, es cierto, algunos inmigrantes, pero la inmensa mayoría de los asaltantes han vuelto a su país sin apenas incidentes. Han amagado una marcha verde sin consumarla. En definitiva, le han mostrado al mundo entero la fragilidad de estas fronteras.

Afortunadamente un gobierno responsable ha reaccionado con prudencia, sin caer en la provocación. Si hubiera habido como algunos pedían algún tipo de represión violenta, es posible que hoy a España se la estuviera tachando de genocida. Las muertes sucedidas han sido consecuencia del despropósito marroquí, no de la actuación de nuestras fuerzas de seguridad.

Mientras tanto aquí, dentro de nuestras fronteras, una oposición desnortada, desleal y rencorosa, apoyada por una ultraderecha que le está comiendo el terreno poco a poco sin necesidad de hacer demasiados esfuerzos, está apoyando con sus estrategias electorales a esta maraña de enemigos externos. Saben que con su actitud están poniendo en peligro a su país, pero les importa un comino. 

2 de agosto de 2026

Áticos, residencias y oficinas

Tengo la sensación de que a la ínclita Isabel Díaz Ayuso la han pillado con el carrito del helado, por no decir con las manos en la masa, expresión más agresiva, o en bragas, símil excesivamente vulgar para mi gusto. La comunidad de Madrid había comprado un ático de lujo para uso provisional de la presidenta, de manera que la prensa, concretamente el diario El País, denunció la extraña adquisición.


Un piso de cuatrocientos ochenta y cinco metros cuadrados, con una espléndida terraza, situado en el barrio de Chamberí, concretamente en la calle del general Martínez Campos, parece a juicio de cualquier persona sensata algo desproporcionado, aunque doña Isabel, en un intento de lavar la cara del esperpento justificara la millonaria compra con la explicación de que se iba a utilizar para celebrar reuniones.

El escándalo ha sido tal, que en veinticuatro horas los portavoces de la comunidad han pasado de justificar el despilfarro a poner en venta este inmueble y cuatro más situados en la Gran Vía, explicando que el dinero recaudado se destinará a paliar las consecuencias de los devastadores incendios. No dan demasiados datos, ni cuánto ha costado este bodrio transaccional, ni a qué estaban destinados los pisos del centro de Madrid, ni las razones por las que de repente, sin mediar palabra, donde dije digo, digo Diego.

A mí esta historia no me sorprende nada, porque la inscribo dentro de la sensación de impunidad que envuelve muchos de los movimientos de Ayuso: turismo en Méjico disfrazado de viaje de carácter oficial, con conflicto diplomático incluido; participación de su jefe de gabinete en los manejos fiscales de su novio y reuniones de gobierno en “la casita”, a cuarenta y cinco kilómetros de Madrid. Absoluta, como digo, sensación de impunidad.

En cualquier caso, a doña Isabel no se le mueve una onda del peinado. Tan acostumbrada está a que sus seguidores aplaudan todo aquello que diga o haga, que las críticas le resbalan sin mojarla. Lo de la corrupción no va con ella, eso es cosa de otros lares, de gente progre y mal educada. Lo suyo es “peccata minuta” comparado con las barbaridades del rival, que por cierto no es su adversario directo en la comunidad que preside, sino nada más y nada menos que el presidente del gobierno.

A mí me parece vergonzoso todo esto. No puedo entender que los movimientos especulativos de Ayuso no le pasen factura. Me resulta inimaginable que no se hayan presentado ya denuncias por el despilfarro del dinero que pagamos todos los madrileños. Me abochorna que los de su partido miren para otro lado, no les vaya a suceder lo que a Pablo Casado. Pero sobre todo se me revuelven las tripas cuando veo a ciudadanos normales, a los que considero honrados en sus comportamientos habituales, defender a toda costa la continuidad en el cargo de la actual presidenta de la CAM.