28 de septiembre de 2026

La novela olvidada en una carpeta roja


Aunque debería tener un poco de paciencia y esperar a que llegara el momento oportuno, no puedo evitar la tentación de contar hoy aquí un asunto que me tiene muy ilusionado. El día 26 de noviembre del año pasado publiqué en este blog un artículo con el título de “La novela olvidada en una estantería”. En él explicaba que, al hacer limpieza en mi estudio, había encontrado una carpeta roja que contenía más de un centenar de folios impresos.

Cuando me puse a leerlos, comprobé que se trataba de una novela cuya escritura había iniciado hacía quince años e interrumpido por alguna razón que en ese momento no recordaba. Como lo que allí figuraba, no sólo me parecía entretenido, sino que además me dejaba intrigado porque no tenía desenlace, me propuse terminarla. La única manera de saber qué le había sucedido al final al protagonista de aquella historia era continuar escribiendo sus andanzas hasta averiguarlo. Si no lo hacía yo, nadie lo haría.

Cuando empecé a trabajar sobre lo que ya estaba escrito, una trama que quería respetar en lo posible, me di cuenta enseguida de que la causa de haber abandonado la escritura radicaba en que, teniendo en cuenta que se trata de un argumento de intriga, me había perdido en mi propio laberinto. Por tanto, lo primero que tuve que hacer fue encontrar la salida, una tarea nada fácil. No sé si les pasará lo mismo a otros escritores, pero en mi caso, si me enredo en mis ocurrencias, me cuesta mucho desenredarme.

Después continué con el argumento inacabado, procurando que no me sucediera lo mismo que aquella vez. El protagonista me fue guiando poco a poco y, de esa manera, con su ayuda, pude enterarme de lo que al final le había sucedido. A continuación me puse a corregir y a corregir, para no olvidarme de las tildes y para no confundir los puntos con las comas.

Pues bien, la novela ya está terminada, enviada a la editorial y en proceso de publicación.  Espero por tanto que dentro de muy poco, quizá un mes, pueda anunciar que ya está disponible. En cualquier caso, los que leen “El huerto abandonado” estarán debidamente informados por si les interesa leerlo.

Esta será la cuarta de mis novelas publicadas -perdidas en “carpetas rojas” debe de haber algunas más- y el séptimo libro que edito. A veces me pregunto si no equivocaría en su día mi vocación, porque a este mundo de la escritura llegué cuando ya había cumplido los sesenta. Pero cuando me entran estas inquietudes siempre me contesto que la mejor de las decisiones que uno ha podido tomar en la vida es la que en su día tomó. A mí no me ha ido mal con la trayectoria profesional que las circunstancias de la vida me hicieron seguir y, por tanto, dejo la escritura en la categoría de afición muy reconfortante. Lo cual no es moco de pavo.

Espero que muy pronto pueda volver a hablar de la novela olvidada en una carpeta roja.

24 de septiembre de 2026

Violencia, chulería y desprecio

 

La diputada de la pimienta, el diputado del puro, el periodista faltón, el alcalde encubridor de agresores, los asaltantes de coches para linchar a sus ocupantes, todos ellos forman parte de este esperpento nacional en el que la derecha de nuestro país está convirtiendo la política. Si no fuera porque detrás de todo esto hay un apoyo soterrado al uso de la violencia, yo diría que se comportan como niños, cuando con su comportamiento deberían estar dando ejemplo de civismo a la sociedad.

Estamos llegando a unos niveles de desfachatez que dan miedo. Se empieza con los insultos, se continúa con el ninguneo y se acaba con la violencia. Mienten, crean bulos, fomentan la desconfianza en las instituciones y terminan convirtiéndose en auténticos antisistemas. Desprecian al adversario, se oponen a colaborar en los asuntos de estado y concluyen acusando al gobierno de dictatorial.

La desconfianza en los jueces está en boca de los ciudadanos. Esta oposición desde sus centros de influencia ha ensuciado de tal forma determinadas actuaciones judiciales, que ha dado lugar a que se cree un clima de desconfianza en la justicia muy poco apropiado para la convivencia ciudadana. De la misma manera, crece cada día la sensación de que la policía no actúa con la misma contundencia en unos casos o en otros. En definitiva, estamos inmersos en un clima muy poco favorecedor de la convivencia que caracteriza a los países civilizados.

Lo peor de todo esto es que este giro a la desafección se ha producido en los últimos años, cuando estas derechas de ahora, las representadas por el PP y Vox, se han dado cuenta de que o promueven una política de acoso y derribo o vuelven a perder las elecciones. No se sienten seguros y deben de haber llegado a la conclusión de que si no agitan a la ciudadanía se quedan otra vez a dos velas.

A veces el cinismo llega a extremos inconcebibles. Ayuso, por ejemplo, dice que la víctima del caso del desahucio de Maricarmen está siendo ella. No se da cuenta de que, ante una indignación ciudadana bastante generalizada, no se puede quitar de en medio como si las cosas no le afectaran. Por un lado, aplaude a los inversionistas inmobiliarios que acuden a una de esas ferias que a ella tanto le gusta promover. Por otro hace oídos sordos a la situación de los desahuciados por esos fondos. Bonita manera de enfrentarse a lo que sin duda es un problema, el de la vivienda.

Lo malo de este clima de violencia, chulería y desprecio que están creando es que prevalecerá en el tiempo, sea cual sea el gobierno que surja de las próximas elecciones. Han creado una bestia muy difícil de domar, una bestia con la que pretenden derribar al actual gobierno, porque no encuentran otra forma para conseguirlo, sin darse cuenta de que es muy probable que en algún momento se vuelva contra ellos. Una ciudadanía que se acostumbra a que se muestren en el Congreso atomizadores de pimienta, a que la misma que ha intentado hacerse con un ático de lujo se haga la víctima del desahucio de una pensionista de 87 años y a que el alcalde de su ciudad justifique la violencia callejera, está recibiendo muy malas enseñanzas.

20 de septiembre de 2026

En la guerra como en la guerra

 

Si los sucesos de Ceuta han constituido una agresión, un ataque en el que no se han disparado cañonazos ni se han hecho prisioneros ni ha habido víctimas por disparos de fusil o explosión de bombas de mano, pero al fin y al cabo una invasión, a nadie puede sorprenderle que los estragos hayan sido tan grandes que no resulte fácil volver a la normalidad. Las secuelas de una batalla tardan en desaparecer.

Lo que sucede es que en este delicado asunto se están mezclando desde el principio y con intenciones espurias conceptos distintos, mezclando un problema de inmigración con la acusación de haber sufrido una agresión. En mi opinión, ya lo he dicho aquí en varias ocasiones, se trató de una invasión de civiles, tolerada o apoyada por Marruecos, de manera que, al socaire de la avalancha humana, algunos de los que cruzaron la frontera se quedaron en Ceuta como inmigrantes ilegales.

Vayamos por partes para en lo posible aclarar ideas. En éste, como en otros casos similares, los aspectos relacionados con la inmigración llevan el ritmo que permiten las circunstancia, porque existen unas leyes que hay que respetar. Los menores no pueden ser devuelto mientras no exista una fehaciente reclamación de sus padres o tutores y los mayores de edad deben ser sometidos al cribado de las circunstancias que alegan para emigrar a España. Es la ley y hay que cumplirla.

Respecto a la invasión, lo que sucede es que cualquier movimiento de grandes masas humanas origina unos problemas cuya resolución requiere tiempo, porque se trata de seres humanos que han quedado presos de su decisión de sumarse a una avalancha humana. Es cierto que la iniciativa fue suya, pero no menos que un país que se considera un estado de derecho no puede desentenderse de la situación de hecho que se ha creado.

A mí me parece que estamos en la misma situación que estaríamos si en vez de invasión pacífica hubiera sido violenta. De tal forma que, si tras unos ataques manu militari los perjuicios ocasionados por los combates requieren tiempo para ser restañados, tampoco es fácil volver a la normalidad cuando ha habido ocupación sin disparar un solo tiro. Hay que preservar el orden, atender a los que han quedado vagando por las calles, identificarlos uno a uno, abrir los correspondientes expedientes de repatriación o de admisión, proveer medios sanitarios, equipar campamentos, etc. etc. A nadie en su sano juicio se le escapa que todo ello requiere tiempo y dotaciones económicas.

Que la oposición, sin duda conocedora de esta realidad, no sólo se niegue a colaborar. sino que además utilice la lentitud como arma política para atacar al gobierno resulta miserable. Porque lo que están haciendo tanto el PP como Vox no es aportar ideas que ayuden a salir de la crisis, sino inhibirse por un lado y atacar por otro. La pregunta que hay que hacerse es: ¿de qué manera hubieran resuelto ustedes el problema si estuvieran gobernado? ¿A tiros? ¿Saltándose la ley?

Suponiendo que lo sepan, no lo dicen.

16 de septiembre de 2026

Nuestros servicios de información fallaron

A medida que se van conociendo nuevos detalles sobre lo sucedido en Ceuta los días 30 y 31 del pasado mes de julio, más evidente parece que los servicios de información españoles fallaron. Se le puede dar muchas vueltas a la situación para apoyar la imprevisibilidad de la invasión multitudinaria, pero, al final, que ni Interior ni Defensa estuvieran debidamente informados es algo que no admite disculpas de ningún tipo. Parece ser que hubo avisos más o menos alarmantes, pero de lo que no hay duda es que los conductos de comunicación no fueron los adecuados. Cuando la seguridad nacional está en juego, las alertas deben llegar a las máximas instancias de la nación sin pasar a través de mandos intermedios. La intervención en el proceso del jefe del gabinete del delegado del gobierno en Ceuta se me antoja algo esperpéntica.

El otro día oí en un programa de televisión comparar este caso con el del ataque a las torres gemelas de Nueva York hace veinticinco años. El compareciente, un ministro del actual gobierno, sostenía que la CIA tampoco había detectado la posibilidad de aquel acto terrorista, entre otras cosas debido al modus operandi que habían elegido los yihadistas para perpetrar su salvaje atentado. Por tanto, seguía su argumento, nada de particular tiene que al CNI le hubiera sucedido lo mismo.

Vamos a ver, ministro: no es lo mismo estrellar aviones comerciales contra edificios civiles, que organizar una invasión ciudadana, formada por 70.000 personas. Puede llegar a entenderse que a la inteligencia norteamericana se le escapara aquello, pero es muy difícil aceptar que a la española no le llegaran noticias sobre algo que funcionó gracias al boca a boca de miles de ciudadanos marroquíes.

En este asunto hay otras controversias en las que hoy no quiero entrar, porque tiempo habrá. Prefiero céntrame en lo que a mí más me preocupa, que uno de los pilares más importante que sostienen la seguridad de un país, los servicios secretos, es decir, el espionaje y el contraespionaje, estuvieran en mantillas ese día. En Ceuta y en Melilla existe un riesgo constante desde hace decenios de que sucedan asaltos masivos a través de sus fronteras, cuya característica más importante es que no se pueden detener a tiros, porque si se hiciera nos convertiríamos en un país genocida. La única manera de actuar es mediante la prevención y la acción diplomática. Pero si nuestro gobierno no se entera de lo que se está cociendo al otro lado de las verjas, es imposible actuar con eficacia.

La falta de información ha sorprendido al gobierno con el pie cambiado, porque no es lo mismo actuar antes de que se produzca la invasión que hacerlo cuando miles de personas, incluidas mujeres y niños, se pasean por las calles de Ceuta. Las acciones diplomáticas, que doy por hecho que se iniciaron inmediatamente, no tienen la misma eficacia a toro pasado que si se hacen antes de que se consume el asalto. Si se actúa a tiempo, se pude ser exigente e incluso es posible utilizar la amenaza represiva. En otro caso, si los acontecimientos te han sobrepasado, solo cabe el uso de paños calientes, es decir, actuar a remolque de los que tomaron la iniciativa y sorprendieron a nuestros dirigentes.

Yo no voy a pedir dimisiones, porque estoy convencido de que estamos ante uno de esos casos de “entre todos la mataros y ella sola se murió”. Sin embargo, sí creo que es preciso proceder a una profunda revisión de nuestros servicios de información, porque es evidente que los marroquíes nos han metido un gol de campeonato.

Lo vuelvo a decir y no me cansaré de repetirlo: sin seguridad no hay libertad ni democracia.

10 de septiembre de 2026

¡Cuánta suciedad!

 

Nunca me ha gustado refugiarme en lamentaciones, en parte porque las considero inútiles, pero sobre todo porque prefiero enfrentarme a las causas del lamento en vez de refugiarme en el victimismo. Lo que sucede es que cuando lo que uno ve a su alrededor supera ciertos niveles de indignación, sólo queda la denuncia. El actual lenguaje que utilizan ciertos políticos no es digno de un país civilizado que ha demostrado durante un ya largo periodo de tiempo que sabe vivir en democracia y que confía en el funcionamiento de sus instituciones.

Lo que está ocurriendo en España con el estilo de oposición que utiliza el dúo de la bencina incendiaria no conoce precedentes. Yo he seguido las comparecencias en el Congreso de varios presidentes y de otros tantos jefes de la oposición, de manera que puedo asegurar que nunca he visto tanta mala baba y tanto “macarrismo”, ni en las expresiones ni en los “epítetos cariñosos”. De un estilo de hacer política en el que se valoraba la gracia y el donaire parlamentario, hemos pasado a otro en el que cuantas más vulgaridades se introduzcan más aplauden los acólitos.

Lo lamentable es que esto no ha empezado hoy, sino que viene sucediendo desde que Pedro Sánchez es presidente del gobierno, es decir, desde hace ocho años. Cuando se gobierna se cometen errores y el actual presidente no iba a ser el único que se librara de este riesgo. Pero esta oposición encabezada por Feijóo-Abascal, en vez de denunciar los fallos y proponer soluciones razonadas, hace un totum revolutum de la figura del presidente y de todo aquello que lo rodee, lanza soflamas incendiarias a los cuatro vientos, pero ni dice qué habría que hacer para solucionar lo que a ellos no les gusta ni plantea alternativas.

Este comportamiento tiene varias causas. Yo diría que la primera es el afán de revancha, porque no han podido digerir que un voto de censura, basado en la corrupción del PP condenada en sede judicial, los desplazara del poder. La segunda, que, sin un programa definido, guiados sólo por la inercia conservadora de oponerse a todo aquello que signifique progreso, carecen de propuestas que poner sobre la mesa, de manera que es mucho más fácil insultar, llamar traidor o corrupto a quien preside el gobierno, que razonar. La tercera, que la falta de escrúpulos de esta oposición, su errática trayectoria les hace confiar más en la internacional ultra que en las instituciones de su país.

Ahora bien, que tengan en cuenta que por la boca muere el pez.

6 de septiembre de 2026

Tanto monta, monta tanto, Alberto como Santiago

Por mucho que se empeña el actual Partido Popular en diferenciarse de Vox, no lo consigue. Es verdad que tienen orígenes distintos, pero han llegado a parecerse tanto que resulta imposible distinguir a uno del otro. El primero nació alrededor de un conjunto de conservadores procedentes de las filas del régimen franquista que, conscientes de que los tiempos habían cambiado y que era preciso entrar en la vía de las democracias de corte europeo, se aprestaron a jugar el juego de la alternancia. El segundo, sin embargo, se formó alrededor de unos militantes del primero que, insatisfechos con el juego democrático de sus mayores, se lanzaron a los montes del neofascismo.

Lo sucedido a continuación es conocido por todos, pero conviene recordarlo. En primer lugar, los dos partidos entraron en competencia abierta, porque el caladero de votos de Vox estaba y sigue estando entre los votantes del PP. En segundo, ni uno ni otro tiene fuerza electoral suficiente como para conseguir en unas elecciones la mayoría necesaria para gobernar en solitario. En tercero, y como consecuencia de lo anterior, están gobernando al alimón en varias comunidades autónomas, con el esperado predominio de las políticas ultras, que se están imponiendo sobre las que en otros tiempos fueron las de aquel centro derecha que representaba el Partido Popular.

Lo cierto es que en estos momentos es muy difícil distinguir a unos de otros, porque el proceso de ósmosis ideológico ha provocado que tanto monte, monte tanto lo que dicen unos y lo que vociferan los otros. Es más, incluso en la categoría de los insultos es imposible distinguir quien los espeta, porque todos son de la misma calaña.

Lo malo de todo esto es que hay votantes conservadores moderados que se han quedado sin opción razonable, de manera que de perdidos al río. Seguirán votando al PP porque todavía mantienen la esperanza de que regrese a sus orígenes, aunque nadie sabe cuánto tiempo durará el encantamiento facha.

Llegados a este punto, se me ocurre pensar que quizá la única manera de enmendar esta situación sea esperar a que se hagan con el gobierno de la nación y confiar en que los electores moderados comprueben sobre la realidad del día a día que lo que está haciendo Feijóo-Abascal no es lo que ellos esperaban. Habrá que armarse de paciencia, tomar tila y contar hasta cien.

Feijóo se ha convertido en un clon de Abascal. Lo que se nos viene encima  podría inscribirse en un episodio más del juego democrático. Pero no es así, porque estamos en las puertas de un frenazo en el desarrollo de nuestro país, donde los peces grandes volverán a devorar a los chicos, sin que nadie les ponga cortapisas.

Si no, al tiempo.

2 de septiembre de 2026

Chao pescao, que te han pillao

Frases como las del título, en las que aparecen palabras extranjeras y vocablos chelis, siempre me han planteado dudas de carácter tipográfico al escribirlas, porque algunas deberían ir en cursivas y otras entrecomilladas. Pero como gracias a alguno de nuestros preclaros políticos las chulerías se están convirtiendo en expresiones comunes, las dejo como están.

Lo que sí voy a hacer es diseccionar su contenido o al menos explicar mi interpretación. Estoy completamente convencido de que Isabel Díaz Ayuso soltó lo de chao pescao, no porque esté acostumbrada a frases como ésta, sino porque sabe que todo aquello que suene a macarra le gusta a un amplio sector de sus votantes. Es muy posible que cuando empezó su trayectoria política no pasara por su cabeza decir vulgaridades como la que soltó hace unos días para advertir de que no iba a dar más explicaciones sobre la compra multimillonaria de un ático a la medida de sus ambiciones, pero debido a que sus palmeros le ríen las gracias y al comprobar que algunos la valoran más cuanto más se prodigue en majezas verbeneras, ahora las utiliza con generosidad.

Lo de que te han “pillao” lo he añadido yo, arrastrado por su frase. Pido perdón por caer en la tentación chulesca, pero es que la ínclita Isabel me lo ha puesto a huevo. La maniobra urdida por la presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid para hacerse con una residencia a la altura de sus aspiraciones, no sólo ha fracasado, sino que además la ha dejado con su ilustre culo al aire. Estaba preparando el terreno y la prensa ha descubierto la jugada y denunciado la presunta utilización de fondos públicos para fines privados sin someterse a los filtros oficiales.

Como en este país últimamente se aplica la ley del embudo con bastante frecuencia -lo ancho para mí y lo estrecho para ti-. no tengo ni idea de la repercusión política que traerá este escándalo. Lo que tengo claro es que, si esta misma maniobra la hubiera intentado uno de los actuales líderes del PSOE, ya estaría en manos de los tribunales. Acusaciones populares, de esas que tanto le gustan a la oposición, no hubieran faltado.

Dicen que el PP se siente incómodo y no me sorprende, porque este intento de hacerse con un ático en el centro de Madrid por la puerta de atrás deja en muy mal lugar a sus autores. Pero como Ayuso sigue siendo un buen activo político para ellos, todo se quedará en nada. Si hay que tragar sapos, se tragan, todo sea en beneficio de ganar las próximas elecciones.

Sin embargo, este asunto no se ha acabado de momento. Yo confío en que las denuncias prosperen y que se exijan responsabilidades, porque de otra manera se estará dando muy mal ejemplo a la ciudadanía. Si la justicia funciona como debe funcionar, todavía nos queda mucho por ver en el caso "chao pescao".