6 de septiembre de 2026

Tanto monta, monta tanto, Alberto como Santiago

Por mucho que se empeña el actual Partido Popular en diferenciarse de Vox, no lo consigue. Es verdad que tienen orígenes distintos, pero han llegado a parecerse tanto que resulta imposible distinguir a uno del otro. El primero nació alrededor de un conjunto de conservadores procedentes de las filas del régimen franquista que, conscientes de que los tiempos habían cambiado y que era preciso entrar en la vía de las democracias de corte europeo, se aprestaron a jugar el juego de la alternancia. El segundo, sin embargo, se formó alrededor de unos militantes del primero que, insatisfechos con el juego democrático de sus mayores, se lanzaron a los montes del neofascismo.

Lo sucedido a continuación es conocido por todos, pero conviene recordarlo. En primer lugar, los dos partidos entraron en competencia abierta, porque el caladero de votos de Vox estaba y sigue estando entre los votantes del PP. En segundo, ni uno ni otro tiene fuerza electoral suficiente como para conseguir en unas elecciones la mayoría necesaria para gobernar en solitario. En tercero, y como consecuencia de lo anterior, están gobernando al alimón en varias comunidades autónomas, con el esperado predominio de las políticas ultras, que se están imponiendo sobre las que en otros tiempos fueron las de aquel centro derecha que representaba el Partido Popular.

Lo cierto es que en estos momentos es muy difícil distinguir a unos de otros, porque el proceso de ósmosis ideológico ha provocado que tanto monte, monte tanto lo que dicen unos y lo que vociferan los otros. Es más, incluso en la categoría de los insultos es imposible distinguir quien los espeta, porque todos son de la misma calaña.

Lo malo de todo esto es que hay votantes conservadores moderados que se han quedado sin opción razonable, de manera que de perdidos al río. Seguirán votando al PP porque todavía mantienen la esperanza de que regrese a sus orígenes, aunque nadie sabe cuánto tiempo durará el encantamiento facha.

Llegados a este punto, se me ocurre pensar que quizá la única manera de enmendar esta situación sea esperar a que se hagan con el gobierno de la nación y confiar en que los electores moderados comprueben sobre la realidad del día a día que lo que está haciendo Feijóo-Abascal no es lo que ellos esperaban. Habrá que armarse de paciencia, tomar tila y contar hasta cien.

Feijóo se ha convertido en un clon de Abascal. Lo que se nos viene encima  podría inscribirse en un episodio más del juego democrático. Pero no es así, porque estamos en las puertas de un frenazo en el desarrollo de nuestro país, donde los peces grandes volverán a devorar a los chicos, sin que nadie les ponga cortapisas.

Si no, al tiempo.

1 comentario:

  1. Y veremos reducidas nuestras pensiones y dirán que es que el gobierno anterior dejó una situación desastrosa. 🥺

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