Cuando me puse a leerlos, comprobé que se trataba de una
novela cuya escritura había iniciado hacía quince años e interrumpido por alguna razón que en ese momento no recordaba. Como lo que allí figuraba, no sólo me
parecía entretenido, sino que además me dejaba intrigado porque no tenía
desenlace, me propuse terminarla. La única manera de saber qué le había
sucedido al final al protagonista de aquella historia era continuar escribiendo sus andanzas hasta
averiguarlo. Si no lo hacía yo, nadie lo haría.
Cuando empecé a trabajar sobre lo que ya estaba escrito, una trama que quería respetar en lo posible, me di cuenta enseguida de que la causa de
haber abandonado la escritura radicaba en que, teniendo en cuenta que se trata de un
argumento de intriga, me había perdido en mi propio laberinto. Por tanto, lo
primero que tuve que hacer fue encontrar la salida, una tarea nada fácil. No
sé si les pasará lo mismo a otros escritores, pero en mi caso, si me enredo en mis ocurrencias, me cuesta mucho desenredarme.
Después continué con el argumento inacabado, procurando que no me sucediera lo mismo que aquella vez. El protagonista me fue guiando poco a poco y, de esa manera, con su ayuda, pude enterarme de lo que al final le había sucedido. A continuación me puse a corregir y a corregir, para no olvidarme de las tildes y para no confundir los puntos con las comas.
Pues bien, la novela ya está terminada, enviada a la
editorial y en proceso de publicación. Espero
por tanto que dentro de muy poco, quizá un mes, pueda anunciar que ya está
disponible. En cualquier caso, los que leen “El huerto abandonado” estarán debidamente informados por si les interesa leerlo.
Esta será la cuarta de mis novelas publicadas -perdidas en “carpetas
rojas” debe de haber algunas más- y el séptimo libro que edito. A veces me pregunto si
no equivocaría en su día mi vocación, porque a este mundo de la escritura llegué
cuando ya había cumplido los sesenta. Pero cuando me entran estas inquietudes
siempre me contesto que la mejor de las decisiones que uno ha podido tomar en la
vida es la que en su día tomó. A mí no me ha ido mal con la trayectoria profesional que las circunstancias de la vida me hicieron seguir y, por tanto, dejo la escritura en la categoría de afición muy reconfortante. Lo
cual no es moco de pavo.
Espero que muy pronto pueda volver a hablar de la novela olvidada en una carpeta roja.

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