El último que he detectado ha sido la expresión también te
digo. Se trata de una frase que algunos utilizan para, después de haber
dado cualquier tipo de explicación, añadir algo que pudiera contradecir lo
que se acaba de afirmar. Viene a ser algo así como el sin embargo o el no
obstante, dos locuciones que se utilizan para añadir alguna frase que
contradiga en cierto modo lo que se acaba de decir. Por ejemplo: no me
encontraba bien, no obstante, acudí a la reunión. O, también, me encontraba
perfectamente, sin embargo, decidí no ir. Adviértase que hay diferencias, porque mientras que el no obstante se coloca a continuación de una negación, el sin embargo después de una afirmación.
Pues bien, ahora, gracias a este nuevo virus, desaparece lo
que el bien hablante siempre ha dicho, no obstante o sin embargo, y
aparece el también te digo. Ignoro, ya lo he dicho, su origen, pero no me extrañaría que
procediera de algún influencer o de algún presentador famoso o, quizá, de algún
político de estos de nuevo cuño. Pero lo cierto es que se ha extendido en poco
tiempo, de tal forma que no me extrañaría que hubiera llegado para quedarse
entre nosotros.
Hace tiempo se puso de moda el para nada, una manera
enfática y muy poco elegante de decir en absoluto. Como todos los virus lingüísticos, apareció de
la nada, se instaló entre nosotros y ahí está. La expresión más fea no puede
ser, pero en esto del habla hay quienes no distinguen entre bonito y horroroso,
entre correcto e incorrecto. Como algunos dicen, se entiende, ¿verdad? Para qué
corregirlo, según ellos.
Recuerdo que, en una ocasión, durante una reunión de amigos que
organizábamos periódicamente con pretensiones culturales, alguien sacó este
tema. Se discutió, hubo unanimidad en la vulgaridad de la expresión y, cuando
íbamos a cambiar de tema, una de las tertulianas dijo: expresiones como esa yo
no las digo para nada. Es que los virus del lenguaje se contagian con facilidad
y calan en la mente sin que uno se dé cuenta. Lo malo es que no hay más vacuna
que el interés por hablar bien y ya se sabe que de esto queda poco.
He sacado este tema para hacer una confesión
personal, la de que hace unos días, en una conversación con un buen amigo, me
sorprendí a mí mismo repitiendo en varias ocasiones lo de también te digo.
Tardé en darme cuenta, lo que demuestra que el contagio empezaba a hacer efecto
en mi organismo.
Es verdad que para hablar bien no son buenas las florituras. Pero cuidar el estilo y no caer en vulgaridades no es demasiado
difícil. Sólo se necesita poner un poco de interés.

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