25 de agosto de 2026

La tolerancia, esa cosa tan rara


Pensaba yo el otro día que la tolerancia es una virtud del ser humano de la que todo el mundo habla para alabarla, aunque sean muy pocos los que la practican, quizá porque su intolerancia no se lo permita.

La tolerancia es un valor moral que significa respetar y aceptar las ideas, creencias, costumbres o formas de ser de otras personas, aunque sean distintas a las nuestras. Ello implica que es preciso entender que no todos piensan, sienten ni actúan igual. Además, supone que hay que dejar que el otro, el diferente a uno mismo, viva y piense como le plazca, sin que te importen sus ideas.

La tolerancia tiene entre otras muchas ventajas la de que ayuda a evitar peleas y a formar una comunidad justa. Sin tolerancia no hay paz ni armonía social, porque precisamente la intolerancia, tantas veces esgrimida como defensa de la identidad propia, destruye la convivencia.

Sin embargo, la tolerancia tiene sus límites éticos, porque no implica que haya que aceptar la injusticia social o la violencia que vulnera los derechos de los demás, Otra cosa es que algunos, para defender su propensión a pasarse por el forro el respeto a los derechos humanos, reclamen tolerancia a los que se oponen a sus desmanes.

Como intento ser tolerante, no debería sacar a relucir casos de discrepancia ideológica, porque uno de sus principios es la de respeto y aceptación de las ideas de los demás. Pero como soy humano y por tanto propenso a la contradicción, voy a referirme a una de esos dardos envenenados que catapulta la ultraderecha a través de las redes sociales en forma de gracieta. En un mensaje que a mí me resulta “intolerable”, proponen que, si el gobierno español ha decidido que España no participe en el Festival de Eurovisión como consecuencia de la invasión israelí de Gaza, no debería haber invitado a Marruecos a participar en la organización del próximo mundial de futbol por su invasión de Ceuta. Así, con dos cojones, si se me permite la expresión coloquial.

Vamos a ver, campeones de la intolerancia. En primer lugar, lo de Gaza no fue una invasión sino un genocidio en toda regla, que continua día a día sin que nadie haga nada para contener la masacre. En segundo, lo de Ceuta se está tratando por vía diplomática, no ha habido más víctimas que las que lamentablemente se ahogaron el primer día. En tercero, el gobierno español, a pesar de las dificultades de todo tipo que arrastra una situación tan complicada como ésta, está intentando no vulnerar ningún derecho humano, aunque la oposición se lo esté poniendo muy difícil. En cuarto, y por último, no es España la que invita a organizar un mundial de futbol, sino la FIFA.

A pesar de que hay quienes ponen muy difícil practicar el valor humano de la tolerancia, yo voy a procurar mantenerme tolerante. Ahora bien, que no me calienten con sandeces.

2 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo, Luis. Esa comparación entre Ceuta y Gaza… ¡por Dios!

    Y luego está lo de Eurovisión y el Mundial de fútbol, que también es bastante descabellado comparar una cosa con la otra. Para empezar, Eurovisión es un festival al que, sinceramente, tampoco tengo yo demasiado apego desde hace «milenios». Hace tiempo que me parece bastante desprestigiado y no entiendo que se le dé tanta importancia. Pero, aparte de eso, una cosa es decidir participar o no en Eurovisión y otra bastante diferente organizar un Mundial de fútbol. Y, como bien dices, no es precisamente España quien decide quién organiza el Mundial.

    Yo, además, tengo que reconocer que cada vez procuro mantenerme más alejado de determinadas discusiones pseudopolíticas. No veo televisión, no escucho la radio y hace ya bastante tiempo que me aburrí de las redes sociales. Para mantenerme informado me basta con leer diariamente algunos resúmenes de prensa y procurar estar al tanto de las grandes noticias nacionales e internacionales. No necesito mucho más, aparte de leer, entre otras cosas, tu blog, que espero siempre con interés. Es más: se me hace poco; me gustaría recibir cada mañana tu parte diario, igual que recibo el de *El País* y otros.

    Los argumentos y declaraciones que me llegan desde algunos sectores de la oposición me resultan exasperantes. Tengo poca paciencia: hay cosas que me parecen tan incongruentes que me ponen nervioso y siento que pierdo el tiempo escuchándolas. E inmediatamente «cambio de canal», aunque en este caso mi canal no sea de televisión, ni siquiera de radio.

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  2. Gracias, Fernando, por tu elogio a mi blog. Hago lo que puedo.
    Dices que cada vez te mantienes más alejado de la política. Lamentablemente yo no puedo, porque no quiero permanecer al margen de la evolución del mundo. Y esa evolución se manifiesta en el debate público. Otra cosa es que ese debate en España en estos momentos de auge de la ultraderecha sea bastante grosero, por no decir repugnante.

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