Unos días antes había soltado en un mitin la ingeniosa frase
de que para feministas “nuestras madres y nuestras abuelas”. Aquella redonda
apología ya me había dado una pista sobre
qué podría venir a continuación, cuando retomara el tema en algún momento.
Pero nunca llegué a pensar que su ideología lo llevara a tanto
dislate. Nuestras abuelas y nuestras madres, señor Feijóo, necesitaban el
permiso de sus maridos para todo y, salvo excepciones, ninguna protestaba porque aquella situación les
parecía normal.
Este error conceptual de don Alberto está bastante
extendido. El feminismo no es la lucha de las mujeres contra los hombres,
tampoco el intento de superarlos, ni mucho menos la maternidad. El feminismo es
simplemente la reivindicación de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Además no es, o no debería ser, patrimonio de la izquierda. De hecho, no son
pocos los ciudadanos conservadores que defienden esta lucha por lograr la equiparación
real de oportunidades. Sin embargo, muchos líderes de la derecha se
autoexcluyen de las reivindicaciones, dejando el campo abierto a los progresistas.
Entre ellos el presidente del PP, porque el señor Abascal ni está ni se le espera.
El feminismo no es lo contrario del machismo, aunque también
sean muchos los que así lo creen. Lo contrario del machismo se denomina
hembrismo, pensamiento que defiende la superioridad de las mujeres frente a los
hombres. Pero el feminismo persigue exclusivamente la igualdad. ¿Alguien puede en su
sano juicio y en el siglo XXI oponerse a esta idea? Pues sí, los hay,
aunque evidentemente no lo van a confesar abiertamente, sino con retóricas
alambicadas como la invocación de la maternidad o los elogios a las madres y a las abuelas.
Mucho se ha avanzado en la lucha feminista, pero mucho queda por hacer. El machismo está en la educación de muchos hombres -también de muchas mujeres- porque la historia de la humanidad se ha sustentado en la idea de la superioridad social de los varones y no es fácil sacudirse de encima este lastre. Por eso yo aplaudo la militancia feminista y por eso yo celebro cualquier avance de los derechos de las mujeres hacia la igualdad con los de los hombres.

Efectivamente. En tiempos de nuestros abuelos y abuelas era muy común tener muchos hijos. Lo contrario era pecado, o bien había que abstenerse de caricias y cosas sabrosas entre féminas y machotes.
ResponderEliminarCon el tiempo la cosa se fue complicando: ya no se podían tener tantos hijos, no por falta de ganas de tenerlos, sino porque resultaba cada vez más difícil mantenerlos. Ahí está la cosa y pare usted de contar.
Que el hombre saliera a trabajar a la calle y la mujer se quedara en casa al cuidado de tantos hijos era lo normal y, probablemente, lo más práctico. Pero no necesariamente lo más sano para una mujer con ambiciones sociales, laborales y demás.
El problema viene después: ¿cómo educamos a nuestros hijos en la igualdad, en un mundo donde hay paro y competencia laboral? Antes era muy fácil: tenías que competir en el mercado laboral contra otros hombres. Ahora la cosa se complica: tienes que competir también contra las mujeres. ¡Y con lo listas y esforzadas que son!
No se trata de competencia entre hombres y mujeres sino entre personas. De esa manera, los que tengan más preparación y mejores cualidades intelectuales ocuparán los puestos de más responsabilidad y así nos irá mejor a todos los seres humanos.
Eliminar