19 de junio de 2026

La discriminación xenófoba avanza

 

Me decía el otro día un amigo mío que se declara votante de Vox, que la aplicación del ya famoso principio de la ultraderecha que se conoce como “prioridad nacional”, no sólo no discrimina, sino que por el contrario acaba con la perniciosa costumbre de que los servicios sociales atiendan antes a los inmigrantes que a los españoles. Le mostré mi perplejidad ante su aseveración, pero como estaba tan convencido de que tenía razón porque así se lo habían explicado sus fuentes de información, no hubo manera de continuar debatiendo sobre este tema. Según sus palabras, todo es una interpretación mal intencionada de una ideología que sólo persigue defender el bienestar de los españoles.

Poco después de aquella conversación, Isabel Díaz Ayuso, que se caracteriza por no necesitar la influencia de Voz para hacer políticas de ultraderecha, anunciaba que suprime el bono de transporte para los no empadronados en la comunidad que preside. Siendo la noticia tan reciente, todavía no soy capaz de medir la transcendencia social de esta medida discriminatoria, que por cierto afecta también a miles de españoles que viven en Madrid, pero están empadronados en otras comunidades, como muchos estudiantes universitarios.

En este caso, la defensa que hace la ínclita política de la medida que ha tomado no se basa en acabar con la discriminación que sufrían los usuarios españoles de los transportes público frente a los inmigrantes -hasta aquí podíamos llegar-, sino que nos explica que los únicos que deben  beneficiarse de esta ayuda social son los que pagan sus impuestos en Madrid. A los no empadronados se les permite que viajen en tren o en autobús, porque esta comunidad es una comunidad libre; pero si utilizan el transporte público que lo paguen. No es el mismo caso de la aplicación de la “prioridad nacional” por parte de los gobiernos autonómicos pactados con Vox, en los que se niega asistencia sanitaria a los inmigrantes, salvo en caso de peligro de muerte, pero se le parece mucho Por cierto, cuánta generosidad entraña que se atienda a los moribundos.

Lo que hace poco parecía una lejana amenaza, un hipotético retroceso en los derechos humanos, ya está aquí. La visita del papa, con sus mensajes contra la discriminación xenófoba y a favor de la acogida de los sin papeles, no han servido para nada, porque algunos utilizan aquello de ante palabras necias oídos sordos, aunque los mensajes vengan de alguien que les ha hecho enronquecer como consecuencia de sus exaltados vítores y entusiastas aclamaciones.

No importa que la historia de la humanidad nos enseñe que el progreso viene siempre acompañado por la inclusión social, ni tampoco que el humanismo, cristiano o no cristiano, defienda la igualdad entre todos los seres humanos, porque para los xenófobos blancos la defensa de los españoles está por encima de cualquier otra consideración social o moral

Se avecinan malos tiempos para la convivencia. Lo que sucede es que, como el progreso social es imparable, prefiero pensar que estamos ante una tormenta más o menos duradera, ante un parón momentáneo, y que todo, tarde o temprano, volverá en algún momento a sus cauces civilizados. Si alguien cree que los movimientos migratorios se pueden frenar, le recomiendo que revise el pasado de la humanidad. La Historia instruye mucho más que los mensajes exaltados.

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