Poco después de aquella conversación, Isabel Díaz Ayuso, que se caracteriza por no necesitar la influencia de Voz para hacer políticas de ultraderecha, anunciaba que suprime el bono de transporte para los no empadronados en la comunidad que preside. Siendo la noticia tan reciente, todavía no soy capaz de medir la transcendencia social de esta medida discriminatoria, que por cierto afecta también a miles de españoles que viven en Madrid, pero están empadronados en otras comunidades, como muchos estudiantes universitarios.
En este caso, la defensa que hace la ínclita política de la
medida que ha tomado no se basa en acabar con la discriminación que sufrían
los usuarios españoles de los transportes público frente a los inmigrantes
-hasta aquí podíamos llegar-, sino que nos explica que los únicos que deben beneficiarse de esta ayuda social son los que pagan sus impuestos en Madrid. A
los no empadronados se les permite que viajen en tren o en autobús, porque esta
comunidad es una comunidad libre; pero si utilizan el transporte público que
lo paguen. No es el mismo caso de la aplicación de la “prioridad nacional” por
parte de los gobiernos autonómicos pactados con Vox, en los que se niega
asistencia sanitaria a los inmigrantes, salvo en caso de peligro de muerte, pero se le parece mucho Por
cierto, cuánta generosidad entraña que se atienda a los moribundos.
Lo que hace poco parecía una lejana amenaza, un hipotético
retroceso en los derechos humanos, ya está aquí. La visita del papa, con sus
mensajes contra la discriminación xenófoba y a favor de la acogida de los sin papeles, no han servido para nada, porque
algunos utilizan aquello de ante palabras necias oídos sordos, aunque los mensajes vengan de alguien que les ha hecho enronquecer como consecuencia de sus exaltados vítores y entusiastas aclamaciones.
No importa que la historia de la humanidad nos enseñe que el
progreso viene siempre acompañado por la inclusión social, ni tampoco que el humanismo, cristiano o
no cristiano, defienda la igualdad entre todos los seres humanos, porque para
los xenófobos blancos la defensa de los españoles está por encima de cualquier otra consideración social o moral
Se avecinan malos tiempos para la convivencia. Lo que sucede
es que, como el progreso social es imparable, prefiero pensar que estamos ante
una tormenta más o menos duradera, ante un parón momentáneo, y que todo, tarde o
temprano, volverá en algún momento a sus cauces civilizados. Si alguien cree que los movimientos migratorios se pueden frenar, le recomiendo que revise el pasado de la humanidad. La Historia instruye mucho más que los mensajes exaltados.

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