Por eso, aunque las iniciativas de Trump me tengan tan
preocupado como a tantos y tantos europeos, sigo confiando en que el propio
sistema americano corrija con el tiempo el rumbo de la deriva antidemocrática que
sufre en la actualidad EE. UU. Los padres de la constitución
americana previeron en su momento que situaciones como ésta e incluso más graves pudieran
producirse, instituyendo un sistema de equilibrios para proteger a su país de
posibles desmanes. La descentralización federal, unas elecciones a medio
mandato que pueden cambiar en un momento determinado la composición del Senado
y de la Cámara de Representantes, un sistema judicial independiente y unas
encuestas para conocer el índice de popularidad del presidente permiten
abrigar la esperanza de que el actual inquilino de la Casa Blanca no consiga
llevar adelante todas sus interesadas propuestas.
Yo, a lo largo de mi vida, he visto pasar por la Casa Blanca a muchos presidentes de los Estados Unidos de América, desde Roosevelt hasta el actual. Por supuesto que entre ellos ha habido de todo, desde mentirosos hasta puteros, pasando por prodigiosos ignorantes. Pero también algunos con grandes visiones de la política internacional, con mentes abiertas y dialogantes. Es verdad que el marco internacional en el que se mueven todos se asemeja al patio de un colegio donde primara la ley del más fuerte, pero hasta entre los matones hay categorías. El de ahora se lleva el primer premio a la iniquidad, con mucha ventaja respecto al segundo.
Volviendo al tema que en estos momentos origina mi optimismo, es muy posible
que poco a poco vayamos observando cambios en la beligerante actitud de Trump
con respecto a Europa, que al fin y al cabo debería ser el objeto de nuestros
desvelos. Si fuera así, sería consecuencia de que el sistema de contrapesos
americano funciona, que los asesores del actual presidente le avisan del
deterioro que muestran las encuestas, que la judicatura le para los pies en ocasiones y
que el necesario equilibrio geoestratégico internacional le enciende la luz
roja de peligro. Porque tonto no es, aunque lo parezca.
Es cierto que pondrá los obstáculos que pueda para
seguir haciendo lo que le venga en gana, pero todo tiene un límite. La prensa
americana independiente está siendo muy crítica con sus políticas y, aunque las
amenazas presidenciales contra algunos periodistas se suceden una tras otras,
el cuarto poder en EE. UU. ha derribado a más de un primer mandatario.
El próximo noviembre habrá elecciones legislativas en
aquel país y puede ocurrir que a partir de entonces las cosas empiecen a cambiar. Pero
ojo, porque hay quienes mueren matando, dicho sea estrictamente en sentido figurado.

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