4 de enero de 2026

La realidad y la percepción

Aunque cabe suponer que realidades sobre un asunto concreto no hay más que una, lo cierto es que pueden existir infinidad de percepciones sobre el mismo Lo que acabo de decir debería ser cierto en cualquier entorno del pensamiento, pero donde no cabe la menor duda sobre su veracidad es en el terreno de la política. No me refiero a lo que dicen los políticos, porque en este caso no se trata de percepciones sino de interpretaciones interesadas, sino a lo que perciben los ciudadanos de a pie cuando piensan sobre la realidad que los rodea. La economía va bien, porque así lo reflejan las estadísticas, pero la cesta de la compra cada vez es más cara y los jóvenes recién incorporados al mercado del trabajo no ven la posibilidad de comprarse un piso. La realidad es una, la percepción otra.

Por eso, cuando oigo a los portavoces del gobierno defender que la economía va muy bien, sé que no mienten, pero creo que se equivocan al no tener en cuenta la percepción de los ciudadanos. Les falta la pedagogía necesaria para convertir su mensaje en una llamada de esperanza sobre el futuro. Mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos sólo se puede lograr con una economía fuerte, de manera que al menos las bases se están poniendo. Si el crecimiento fuera más lento y los niveles de empleo no aumentaran día a día, las cosas serían mucho peor. El problema de la vivienda es cierto y muy grave, pero requiere un tratamiento específico y siempre será mejor resolverlo bajo el paraguas de una buena situación económica que en bancarrota. Por cierto, resulta curioso que los que utilizan políticamente este asunto contra el gobierno, desde sus virreinatos autonómicos boicoteen las medidas que se van aprobando. Es de una hipocresía que asusta.

Los que saben aprovechar muy bien las percepciones son los partidos de extrema derecha del mundo entero, porque en definitiva aquellas nacen de los mensajes populistas. Los menores no acompañados (MENAS) son un peligro, porque como no tienen nada que hacer y además carecen de educación ciudadana se dedican a violar por las esquinas. No se trata de una realidad, pero sí es fácil convertir el eslogan en percepción.

Trump nos dice que quiere hacer grande a su país otra vez (make America great again), como si ninguno de los presidentes que le antecedieron no lo hubieran querido. La realidad es muy distinta de lo que trasluce el mensaje, porque lo que de verdad pretende el inquilino de la Casa Blanca es poner al mundo patas arriba, algo que le beneficia a él a corto plazo, pero que posiblemente desequilibrará la economía mundial de tal manera que el resultado se volverá contra EE. UU. La realidad es una, que la globalidad tiene una inercia incontenible, y la percepción otra, que la política de Trump hará más felices a sus ciudadanos.

Lo malo de todo esto es que las percepciones terminan convirtiéndose para muchos en sus realidades, una de las razones del auge de los populismos. La ultraderecha avanza en el mundo occidental a pasos agigantados, porque los electores cambian las realidades que los rodean por percepciones.

Pero no, no es lo mismo lo que sucede en realidad que lo que se percibe como real sin serlo.

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