Por eso, cuando oigo a los portavoces del gobierno defender
que la economía va muy bien, sé que no mienten, pero creo que se equivocan al
no tener en cuenta la percepción de los ciudadanos. Les falta la pedagogía
necesaria para convertir su mensaje en una llamada de esperanza sobre el
futuro. Mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos sólo se puede lograr
con una economía fuerte, de manera que al menos las bases se están poniendo. Si
el crecimiento fuera más lento y los niveles de empleo no aumentaran día a día,
las cosas serían mucho peor. El problema de la vivienda es cierto y muy grave, pero requiere un tratamiento específico y siempre será mejor resolverlo bajo el paraguas de una buena situación económica que en bancarrota. Por cierto, resulta curioso que los que utilizan políticamente este asunto contra el gobierno, desde sus virreinatos autonómicos boicoteen las medidas que se van aprobando. Es de una hipocresía que asusta.
Los que saben aprovechar muy bien las percepciones son los partidos de
extrema derecha del mundo entero, porque en definitiva aquellas nacen de los mensajes populistas. Los menores no acompañados (MENAS) son un peligro, porque
como no tienen nada que hacer y además carecen de educación ciudadana se
dedican a violar por las esquinas. No se trata de una realidad, pero sí es
fácil convertir el eslogan en percepción.
Trump nos dice que quiere hacer grande a su país otra vez (make
America great again), como si ninguno de los presidentes que le antecedieron no lo hubieran querido. La realidad es muy distinta de lo
que trasluce el mensaje, porque lo que de verdad pretende el inquilino de la Casa Blanca es poner al
mundo patas arriba, algo que le beneficia a él a corto plazo, pero que
posiblemente desequilibrará la economía mundial de tal manera que el resultado se
volverá contra EE. UU. La realidad es una, que la globalidad tiene una
inercia incontenible, y la percepción otra, que la política de Trump hará más
felices a sus ciudadanos.
Lo malo de todo esto es que las percepciones terminan
convirtiéndose para muchos en sus realidades, una de las razones del auge de los populismos. La ultraderecha avanza en el mundo
occidental a pasos agigantados, porque los electores cambian las realidades que los rodean por percepciones.
Pero no, no es lo mismo lo que sucede en realidad que lo que se percibe como real sin serlo.

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