12 de enero de 2026

La izquierda inútil

 

Aunque me considero un progresista y como consecuencia voto izquierdas, nunca me han gustado las desmesuras radicales. Cuando apareció Podemos sobre el escenario político español, ya entonces vaticiné dos cosas que me atreví a exponer en ese blog, la primera, que los mensajes populistas de los neófitos acabarían borrándolos del panorama parlamentario por exagerados e inútiles, la segunda, que su presencia perjudicaría al conjunto de la izquierda porque la desmembraría. Hoy puedo decir que las dos previsiones se han cumplido o están en camino de cumplirse.

En un país desarrollado como el nuestro, con unos índices de bienestar altos en comparación con los del mundo en general, caben mal las proclamas radicales. Una cosa es defender la igualdad de oportunidades, el feminismo, la tolerancia hacia las minorías, el apoyo a las capas sociales más necesitadas; pero otra, muy distinta, mantener el lenguaje proletario de la revolución industrial. Las clases medias en España y en otros países de Europa han mejorado considerablemente su situación económica en los últimos decenios, por lo que nada tiene de particular que hagan oídos sordos a determinados soniquetes reivindicativos. Pueden entender que persista la lucha por el progreso social, pero no les encajan los mensajes, exagerados o no, que no reflejen su propia realidad.

Pero es que, además, esa izquierda a la que me refiero no mantiene un mensaje coherente con la realidad del mundo. Ione Belarra, ante la flagrante violación del derecho internacional por parte de Trump, pide que Europa “haga algo”, pero al mismo tiempo está en contra de que los países que componemos la Unión Europea invirtamos más en defensa. No se entiende muy bien qué se puede hacer contra una gran potencia militar  si no se puede hablar con ella desde una posición similar. El buenismo no sirve casi nunca de nada, pero en este caso es completamente inútil.

Si las clases medias dejan de oír, como decía arriba, las proclamas radicales, se inicia un proceso de desafección al progresismo, el efecto contrario al deseado por los fundadores de Podemos. Si además la izquierda moderada, el PSOE, se ve obligado a pactar con ellos para salvar los muebles del desastre, la cosa se complica aún más, porque la tendencia a confundir la izquierda útil con la inútil está servida.

La aparición de Sumar fue un intento de moderar la deriva de Podemos, pero, como sucede con los movimientos políticos especulativos, la iniciativa devino en conflicto entre los unos y los otros. Al fin y al cabo, a los líderes de estos partidos minoritarios les mueve el ansia de sobrevivir como puedan, con el único propósito de lograr tres o cuatro escaños, por supuesto ocupados por los promotores de las maniobras de supervivencia. No olvidemos que el ejercicio de la política es para algunos un modus vivendi como otro cualquiera.


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