Aquella izquierda recién salida del horno acusaba al PSOE de
haberse centrado demasiado y como consecuencia de estar abandonando a los más desfavorecidos, ignorando que una gran parte de sus votantes eran progresistas
de centro, nada amigos de mensajes revolucionarios ni del lenguaje de las
barricadas ni de contraproducentes precipitaciones en los avances sociales.
Dice el refrán, vísteme despacio que tengo prisa.
Pero todo esto que estoy contando ya es agua pasada. Podemos ha desaparecido prácticamente del panorama político español, aunque haya habido
intentos de reanimarlo mediante la creación de Sumar. Sin embargo, el daño ya estaba hecho. Ahora, cuando tras las
estrepitosas derrotas en las autonómicas de todos los partidos de izquierdas, incluido el PSOE, se
levantan voces diciendo que hay que hacer algo para evitar que llegue el retroceso social, los que lo proponen siguen en lo mismo, en la desunión,
en una falta de realismo que tira de espaldas al más templado. En vez de
reconocer la realidad del sustrato electoral de nuestros días, poco amigo de
proclamas redentoristas, se empeñan en reeditar el pasado, enfrascados en
discusiones banales, sólo preocupados por quién irá en los primeros puestos de
las listas electorales.
Cuando oigo a Ione Belarra o a Irene Montero me hago cruces. Utilizan
el mismo lenguaje que utilizaba Dolores Ibarruri en la guerra civil, con la
diferencia de que desde entonces han pasado noventa años. De la misma manera,
me resulta increíble que una vicepresidenta del gobierno actual, Yolanda Díaz,
se dirija a la prensa para poner de manifiesto sus desacuerdos con la política
del gobierno de coalición. Una cosa son las legítimas discrepancias entre partidos y otra muy distinta desmarcarse de las acciones que propone el consejo de ministros al que pertenece.
Señores de la izquierda a la izquierda del PSOE, así no van a ninguna parte. La pólvora ya estaba inventada y funcionaba, pero sus anacrónicas veleidades la están inutilizando. Por eso, mucho me temo que ese fascismo que tanto temen nos llegue sin que nadie haga algo útil por remediarlo, mientras ustedes siguen enfrascados en discusiones de vía estrecha. Lamentablemente, se lo habrán ganado a pulso.
Ojalá me equivoque.

Si se tratase de un problema de programas, se podría negociar, pero se trata de nombres. Si tu ganas, yo pierdo. Difícil solución.
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