18 de febrero de 2026

Unir o desunir a la izquierda. ¿Qué pretenden estos chicos?

 

Lo que está claro, no creo que nadie lo niegue, es que de un tiempo acá el conjunto de la izquierda en España se mueve como un pato mareado. Desde que volvió la democracia a nuestro país, ha habido una izquierda parlamentaria a la izquierda del PSOE, primero representada por el Partido Comunista y más tarde por Izquierda Unida. Pero el 15 de mayo de 2011, tras la manifestación convocada por los que más tarde se denominarían Podemos, la situación dio un cambio brusco, porque la muchachada que lideraba Pablo Iglesias no venía a ocupar el lugar de Izquierda Unida, sino a competir abiertamente con el PSOE. 

Yo lo dije en aquel momento y algunos me tacharon de catastrofista; pero hoy, a la vista de lo que está sucediendo, no tengo por menos que reafirmarme en el convencimiento de que los recién llegados iban a perjudicar al progresismo y como consecuencia a las clases trabajadoras. Recuerdo que entonces sostenía que la pólvora ya estaba inventada y que para despertar al PSOE no había que enfrentarse a él, sino mover el árbol desde dentro para que se cayeran las hojas secas, porque me daba cuenta de que ese lenguaje desfasado de las castas y otras zarandajas por el estilo no tenía cabida en una España que se estaba modernizando poco a poco y que empezaba a caminar por las sendas de una democracia cada vez más consolidada y con un nivel de vida en continuo crecimiento.

Aquella izquierda recién salida del horno acusaba al PSOE de haberse centrado demasiado y como consecuencia de estar abandonando a los más desfavorecidos, ignorando que una gran parte de sus votantes eran progresistas de centro, nada amigos de mensajes revolucionarios ni del lenguaje de las barricadas ni de contraproducentes precipitaciones en los avances sociales. Dice el refrán, vísteme despacio que tengo prisa.

Pero todo esto que estoy contando ya es agua pasada. Podemos ha desaparecido prácticamente del panorama político español, aunque haya habido intentos de reanimarlo mediante la creación de Sumar. Sin embargo, el daño ya estaba hecho. Ahora, cuando tras las estrepitosas derrotas en las autonómicas de todos los partidos de izquierdas, incluido el PSOE, se levantan voces diciendo que hay que hacer algo para evitar que llegue el retroceso social, los que lo proponen siguen en lo mismo, en la desunión, en una falta de realismo que tira de espaldas al más templado. En vez de reconocer la realidad del sustrato electoral de nuestros días, poco amigo de proclamas redentoristas, se empeñan en reeditar el pasado, enfrascados en discusiones banales, sólo preocupados por quién irá en los primeros puestos de las listas electorales.

Cuando oigo a Ione Belarra o a Irene Montero me hago cruces. Utilizan el mismo lenguaje que utilizaba Dolores Ibarruri en la guerra civil, con la diferencia de que desde entonces han pasado noventa años. De la misma manera, me resulta increíble que una vicepresidenta del gobierno actual, Yolanda Díaz, se dirija a la prensa para poner de manifiesto sus desacuerdos con la política del gobierno de coalición. Una cosa son las legítimas discrepancias entre partidos y otra muy distinta desmarcarse de las acciones que propone el consejo de ministros al que pertenece.

Señores de la izquierda a la izquierda del PSOE, así no van a ninguna parte. La pólvora ya estaba inventada y funcionaba, pero sus anacrónicas veleidades la están inutilizando. Por eso, mucho me temo que ese fascismo que tanto temen nos llegue sin que nadie haga algo útil por remediarlo, mientras ustedes siguen enfrascados en discusiones de vía estrecha. Lamentablemente, se lo habrán ganado a pulso.

Ojalá me equivoque.

1 comentario:

  1. Si se tratase de un problema de programas, se podría negociar, pero se trata de nombres. Si tu ganas, yo pierdo. Difícil solución.

    ResponderEliminar

Cualquier comentario a favor o en contra o que complemente lo que he escrito en esta entrada, será siempre bien recibido y agradecido.