11 de febrero de 2026

Musk contra el perverso Sánchez

Dicen, no estoy seguro de que sea cierto, que Elon Musk es el hombre más rico del mundo. Pero, aunque esta afirmación pueda no ser más que una exageración periodística, a mí no me cabe la menor duda de que pobre no es. Es más, desde que lo vi en el despacho oval con su hijo a caballito en los hombros, su elegante gorra de golf calada hasta las cejas, en presencia del presidente de los EE. UU. y mirando al tendido universal con cara de aquí estoy yo, tengo la sospecha de que sus poderes económicos no deben de dejar mucho que desear. Otra cosa es que se le se note a cada paso que da el polvo de la dehesa, una expresión que utilizaba mucho una de mis abuelas y que me gusta repetir en su honor cada vez que tengo ocasión. Mejor que ahora, nunca.  

Pero vayamos al grano. Como a Sánchez se le ha ocurrido sumarse a las iniciativas contra el mal uso de las redes sociales, empezando por proponer un control de la entrada en las mismas a los menores de dieciséis años, para qué queremos más. Elon Musk, a quien no caracteriza la mesura en sus expresiones, ha abierto la caja de los truenos contra el presidente del gobierno de España, no vaya a ser que cunda el ejemplo y se propague la lucha contra los abusos de las tecnológicas. Habrá pensado, porque este pensamiento forma parte del decálogo de los buitres del capitalismo, que hay que cortar por lo sano, sin contemplaciones.

Confieso que a mí cuando oí los primeros exabruptos del amigo de Trump me asusté, porque no me parecía muy prudente enfrentarse a este tipo de individuos. Pero en cuanto supe que Abascal aplaudía al multimillonario y después que Feijóo aseguraba que él no se iba a meter en los jardines que se metía Sánchez, empecé a tranquilizarme, porque la discusión descendía a la arena de la política y eso cambiaba el panorama. Si algo odia el votante equilibrado es la intromisión de los magnates extranjeros en los asuntos de su país.

Tras los primeros días de las declaraciones de Musk contra Sánchez, como los periodistas acuden con frecuencia a frases estereotipadas, se empezó a utilizar la expresión guerra de las tecnológicas, hipérbole que desde mi punto de vista no tiene cabida en este contexto. Yo preferiría hablar de ética, porque las intromisiones del dueño de X en los asuntos de un país soberano se caracterizan por faltar a los principios que marca la moral más elemental y no a los enfrentamientos bélicos. La falta de escrúpulos suele ser la seña de identidad de los millonarios todopoderosos.

Estoy convencido de que Sánchez ha medido muy bien la repercusión de sus iniciativas en este asunto, que cuenta con el respaldo de gran parte de los mandatarios europeos y que capitalizará a su favor el barullo que Musk intenta organizar. Por supuesto sus enemigos en España se pondrán a favor de las iniciativas del magnate, porque dado su odio son capaces de aliarse con el diablo. Incluso es posible que Isabel Díaz Ayuso proponga para el multimillonario la Medalla de Madrid, para premiar su contribución a la paz mundial.

Por cierto, yo hace tiempo que decidí no utilizar las redes sociales. Pero eso sería objeto de otra reflexión. Hoy no toca.

2 comentarios:

  1. De acuerdo en todo lo que dice el artículo.
    Una pregunta de gramática, de las que le gustan al autor: ¿se dice "el polvo de la dehesa" o "el pelo de la dehesa".?

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  2. También de acuerdo en todo, mas haciendo una observación:
    Feijoo un día dice que él no se mete en los líos de Sánchez pero otro día dijo (no sé si antes o después) que esa medida de prohibir las redes sociales a los menores de 16 ya la había propuesto él.
    Y dicho esto, ahora me gustaría ahondar y conocer vuestra opinión sobre la medida que propone Sánchez: realmente es conveniente "prohibir", así tan tajantemente, o sería mejor regular el tema sin necesidad de prohibiciones absolutas?, pues podríamos estar impidiendo que muchachos jóvenes, aunque sean adolescentes, puedan conocer y opinar sobre el mundo en qué viven, donde las redes sociales ocupan un papel fundamental en la comunicación.

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