2 de febrero de 2026

Concesiones o capacidad negociadora

Es curioso observar como lo que para unos es virtud, la capacidad de negociar, para otros se convierte en defecto, el de hacer concesiones indeseables. Me estoy refiriendo a la habilidad demostrada por Pedro Sánchez para conseguir apoyos, a lo largo de una legislatura con un parlamento muy fragmentado, en el que no hay ningún grupo que no defienda a capa y espada sus programas y la preservación de su propia identidad como les exigen los que los votan.

Cuando se está en democracia y se cree en ella, lo razonable es pensar que los programas avancen en la dirección que responda a la composición del Congreso. Por muy minoritaria que sea la presencia de un grupo en el hemiciclo y por muy radical que resulten sus planteamientos, está en su derecho democrático a jugar lo mejor posible las cartas parlamentarias que le hayan concedido sus electores. Por eso, para conseguir mayorías suficientes hay que negociar con las minorías, por supuesto sin sobrepasar los límites que marca la Constitución.

Hasta ahora Pedro Sánchez lo está consiguiendo. Por eso, aun a trancas y barrancas, va sacando sus propuestas adelante, provocando el consabido vocerío de los partidos de la oposición, que no tardan en acusar al presidente del gobierno de las mayores atrocidades que uno se pueda imaginar, entre ellas la de estar rompiendo España.

En ocasiones, cuando los detractores de los acuerdos de Sánchez se ven incapaces de argumentar que se haya infringido el mandato constitucional, se remiten al futuro, se ponen el gorro de adivino y nos anuncian los males que lloverán en el futuro sobre nosotros por culpa de las actuales barrabasadas del presidente. Como el presente contradice sus acusaciones, refugiarse en un mañana que ni ha llegado ni sabemos cómo será, es tarea fácil aunque inútil.

Qué Pedro Sánchez sabe sortear con habilidad política, en beneficio de la continuidad de la legislatura, las dificultades que ofrece un Congreso tan dividido, es algo que ni en los corrillos conservadores se niega. Saben que se trata de un serio inconveniente para acceder al poder de forma inmediata como les gustaría y no encuentran la manera de meterle mano. De ahí las acusaciones de estar rompiendo España y de ahí las conjeturas sobre un mañana catastrófico.

No sé que sucederá en el futuro, porque el resultado de esta dinámica parlamentaria tan enrevesada es impredecible. Puede que llegue un momento en el que los intereses de uno de los grupos que le apoyan le decidan a abandonar la alianza de facto que ahora existe entre los llamado socios de la investidura y, como consecuencia, el presidente del gobierno se vea obligado a convocar elecciones anticipadas. Pero tengo la sensación de que Pedro Sánchez sigue teniendo capacidad negociadora suficiente para conseguir agotar la legislatura. 

Después, las urnas hablarán una vez más y ya se verá lo que sucede.


2 comentarios:

  1. ¿Negociar? Si, pero cediendo lo mínimo y consiguiendo lo máximo. Lo contrario es negociar mal.
    El marco de la Constitución es muy amplio y dentro de él cabe la buena y la mala negociación. Para algunos la negociación de Sánchez ha sido en general mala, muy mala, aún admitiendo la dificultad de la situación en la que se ha encontrado.
    Y, naturalmente que hay que tener muy en cuenta las consecuencias futuras de los hechos presentes, sin exagerarlas, pero siendo consciente de lo que probablemente significarán.

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  2. Alfredo, celebro verte una vez más por el blog, aunque, dado el tema, lo esperaba.
    Dices que para algunos la negociación de Sánchez ha sido mala. Cierto: para algunos. Sin embargo, para los que tienen en cuenta las enormes dificultades con las que se ha encontrado desde que la derecha y la ultraderecha decidieron ir a degüello contra su política, lo que ha hecho Sánchez es aplicar el principio de que la política es el arte de lo posible, eso que se llama pragmatismo.
    ¿Futuro? El que a muchos nos preocupa nada tiene que ver con el actual presidente.

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