7 de febrero de 2026

Regularización de inmigrantes, otra barrabasada de Sánchez

 

Para empezar, confesaré que hubo un tiempo en el que yo estaba convencido de que en España no había ni racistas ni xenófobos, que vivía en una sociedad tolerante. No es porque no hubiera indicios de actitudes sospechosas de desprecio hacia otras etnias, sino que me parecía un fenómeno tan minoritario que no me llamaba la atención. Pero de un tiempo acá se me han caído los palos del sombrajo. El racismo y la xenofobia campan por sus respetos, poniendo de manifiesto que estaba completamente en las nubes.

Quizá lo que sucedía entonces era que, al estar nuestra sociedad muy encerrada en sus fronteras, el contacto con los extranjeros no existía, salvo el que se tenía con los rubios del norte de Europa, que no sólo no molestaban, sino que por el contrario adornaban nuestras playas con cierto aire de modernidad y exotismo. Pero eso ha cambiado por mor de la inmigración, de tal manera que la intolerancia, soterrada hasta el momento en el que ciudadanos de países con problemas económicos empezaron a llegar a España, ha surgido por todas partes.

La regularización de inmigrantes que ahora propone el gobierno responde al reconocimiento de la realidad. Porque ese medio millón de personas ya residen en España, casi todas ellas trabajando de forma ilegal, sin contratos de trabajo y como consecuencia sin derecho a percibir prestaciones sociales, exactamente igual a como lo hacían los esclavos en los aciagos días de la esclavitud. Por tanto, están contribuyendo a nuestro desarrollo económico y a que nuestro país progrese, pero en el más miserable limbo social.

Es curioso y al mismo tiempo deprimente observar como la derecha y la extrema derecha, con mayor intensidad y menor disimulo en la segunda que en la primera, pero cada vez más cerca las posiciones de unos de las de los otros, han sacado los sables de la intolerancia de sus vainas para esgrimirlas contra la medida regularizadora y contra sus patrocinadores. No les importa la opinión de las organizaciones católicas, entre ellas la Conferencia Episcopal, porque su espíritu religioso debe de ser el de con flores a la virgen que madre nuestra es o el de incienso y gregoriano en las misas catedralicias, pero no el del humanismo cristiano.

Por eso, porque sus mentalidades están más cerca del Ku Klus Klan que de Vicente Ferrer o de Teresa de Calcuta, piden a gritos que se expulse a los emigrantes que violan a nuestras hijas, que quitan el trabajo a los españoles, que ocupan nuestros edificios en ruinas y que -esto ya es el colmo de la incultura- si se les regulariza dará votos a la izquierda, porque la confusa ignorancia de los que así piensan los lleva a no distinguir regularización de nacionalización, en este último caso con derecho al voto. 

¡Qué equivocado estaba yo cuando creía que en España no había racistas ni xenófobos!

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Cualquier comentario a favor o en contra o que complemente lo que he escrito en esta entrada, será siempre bien recibido y agradecido.