Quizá lo que sucedía entonces era que, al estar nuestra
sociedad muy encerrada en sus fronteras, el contacto con los
extranjeros no existía, salvo el que se tenía con los rubios del norte de Europa,
que no sólo no molestaban, sino que por el contrario adornaban nuestras playas
con cierto aire de modernidad y exotismo. Pero eso ha cambiado por mor de la
inmigración, de tal manera que la intolerancia, soterrada hasta el momento en
el que ciudadanos de países con problemas económicos empezaron a llegar a
España, ha surgido por todas partes.
La regularización de inmigrantes que ahora propone el gobierno
responde al reconocimiento de la realidad. Porque ese medio millón de personas
ya residen en España, casi todas ellas trabajando de forma ilegal, sin contratos
de trabajo y como consecuencia sin derecho a percibir prestaciones sociales, exactamente igual a como lo hacían los esclavos en los aciagos días de la esclavitud. Por tanto, están contribuyendo a nuestro desarrollo económico y a que nuestro país progrese, pero
en el más miserable limbo social.
Es curioso y al mismo tiempo deprimente observar como la
derecha y la extrema derecha, con mayor intensidad y menor disimulo en la
segunda que en la primera, pero cada vez más cerca las posiciones de unos de
las de los otros, han sacado los sables de la intolerancia de sus vainas para
esgrimirlas contra la medida regularizadora y contra sus patrocinadores. No les
importa la opinión de las organizaciones católicas, entre ellas la Conferencia
Episcopal, porque su espíritu religioso debe de ser el de con flores a la virgen que
madre nuestra es o el de incienso y gregoriano en las misas catedralicias,
pero no el del humanismo cristiano.
Por eso, porque sus mentalidades están más cerca del Ku Klus
Klan que de Vicente Ferrer o de Teresa de Calcuta, piden a gritos que se expulse a los emigrantes
que violan a nuestras hijas, que quitan el trabajo a los españoles, que
ocupan nuestros edificios en ruinas y que -esto ya es el colmo de la
incultura- si se les regulariza dará votos a la izquierda, porque la confusa ignorancia de los que así piensan los
lleva a no distinguir regularización de nacionalización, en este último caso con derecho al voto.
¡Qué equivocado estaba yo cuando creía que en España no
había racistas ni xenófobos!

Luis, magnífico artículo pero cuando hablas de “Vicente Ferrer” quizás tendrías que decir que se trata del “filántropo”, como lo define Wikipedia, para que algún lector y los robots que te leen no se confundan con “San Vicente Ferrer” que a pesar de su santidad no fue un claro ejemplo de amor al prójimo sobre todo si no era cristiano, cristiano. Y de la también santa Teresa de Calcuta….
ResponderEliminarAngel
Ángel, me refiero al filántropo. En cualquier caso, tanto Vicente como Teresa no son más que ejemplos para resaltar el contraste entre rechazar a los diferentes o vivir entre ellos.
EliminarCompletamente de acuerdo con el artículo en lo que respecta a la decisión de regularizar a los inmigrantes sin papeles.
ResponderEliminarNo creo sin embargo que los españoles sean en general xenófobos o racistas. Los hay, pero no es algo generalizable. Ahora bien, en España, y en otros países, la extrema derecha está cosechando triunfos apoyada en el miedo a la inmigración incontrolada. A corto plazo ese miedo es injustificado; a largo plazo, no se. Pero si no queremos que prosperen los partidos de extrema derecha y lo que es peor, su ideario, hay que hacer algo, y hay que hacerlo ahora, antes de que la situación se nos vaya de las manos. Se me ocurre proponer públicamente un pacto a negociar entre todos partidos para regular la inmigración bajo las siguientes bases: (a) Los inmigrantes que están ya en España son intocables, salvo que haya razones para su persecución penal por delitos cometidos. (b) Se regulará la entrada de nuevos inmigrantes de acuerdo con las posibilidades de integración de cada momento. (c) Cada nuevo inmigrante tendrá sus papeles y tendrá sus derechos laborales homologables a los de los nacionales.
Si algún partido se opone, o pone condiciones impresentables, perderá parte de sus apoyos.
Por supuesto el asunto es muy complicado y no se puede tratar en unas líneas.
Alfredo, todo un programa el que propones. Ahora bien: ¿Quién sienta a la izquierda y a la derecha en la misma mesa a dialogar sobre un tema tan complejo como es éste?
EliminarNo todos los españoles son racistas, no lo digo en mi artículo, pero de un tiempo acá proliferan. Ese miedo al futuro que tú dices no tiene más fundamento que el que procede de los mensajes de la ultraderecha. Los inmigrantes seguirán llegando a Europa, porque es imposible blindar las fronteras. Lo que hay que hacer es canalizar adecuadamente esa inmigración, con medidas de asimilación y no de rechazo.
Por otro lado: ¿Quién está favoreciendo el auge de Vox? Los que están dispuestos a tragar lo que haga falta con tal de gobernar, entre otros tragos endurecer las políticas contra los inmigrantes.