12 de diciembre de 2025

Alma republicana y sensatez constitucional

 

Ante de entrar en un tema tan delicado como es el de monarquía o república, confesaré que tengo el alma republicana, pero también que mientras no cambie la Constitución acataré la presencia de un rey al frente de la jefatura del Estado sin levantar la voz. Creo que no hay contradicción entre la idea de que en una república se logran mayores niveles de democracia que en una monarquía y la de que una vez establecido el pacto que refleja la carta magna lo prudente es respetarlo.

Ahora bien, respetar no significa tragar. El rey emérito, no sólo se comportó en su momento como un defraudador de hacienda, como un desaprensivo comisionista y como un vulgar mujeriego, sino que además pasea sus vergüenzas sin ningún recato a lo ancho y largo de la geografía española. Con el libro que acaba de publicar pretende reconciliarse con la Historia, intento absurdo, con aires bastante patéticos, porque no sólo no lo consigue, sino que además queda señalado como un personaje que tan seguro está de su intocable dignidad regia que se pone el mundo por montera o, dicho de otra forma no menos coloquial, le importa un bledo la institución que hoy encarna su hijo y sucesor.

No olvidemos que una de las consecuencias que acarrea su estrafalario y ridículo comportamiento es que perjudica a la Monarquía. El libro recién publicado y el esperpéntico vídeo que ha lanzado para promover su venta lo dejan a la altura de un auténtico mercachifle. Si no fuera porque se sospecha que no es capaz de entender el alcance de su torpeza, uno diría que le han contratado los republicanos para que les ayude a expulsar del trono a su sucesor. Mayor ataque a lo que dice defender no cabe.

Pero volvamos al principio de esta reflexión: monarquía o república. Lo importante ahora debe ser que Felipe VI se comporte con la dignidad de un monarca constitucional, al que se le exige como institución simbólica que de ejemplo de bonhomía, que no se suba al pedestal al que algunos intentan elevarlo, que actúe con la prudencia que corresponde a su obligada situación de neutralidad política, es decir, que no provoque el rechazo de los republicanos ni el alago empalagoso de los monárquicos.

Si lo hace así, si cumple con sus verdaderas obligaciones constitucionales, “puede servir”, puede ayudar a la concordia, al buen entendimiento entre los españoles y entre las partes de España. Si no, si sigue las tortuosas veredas por las que ha transitado el emérito, acabará en algún Abu Dabi perdido entre los oropeles de los sátrapas del petróleo.

Tengo la sensación que el actual rey ha aprendido la lección de lo que no se debe hacer. Es cierto que es sólo una impresión derivada de las formas que observo y no un auténtico convencimiento. Prefiero pensar que está bien preparado, que dispone de un buen bagaje intelectual y que no se deja llevar por los impulsos. Quizá la parte griega de su sangre, la que ha heredado de su madre la reina Sofía, le induzca a no “borbonear”, a no sacar los pies del plato. Ojalá, porque este país ya está harto de tanto desatino regio.

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