4 de diciembre de 2025

Obras son amores

Hace unos meses, para ser preciso el día uno de agosto de este año, publiqué en el blog un artículo que se titulaba “Las ciudades gruyer”.  A lo largo de sus párrafos reflexionaba sobre un tema que me encanta, la necesaria adaptación de las ciudades a las exigencias que van surgiendo, no sólo en cantidad, también en calidad. En él explicaba que se había iniciado el derribo de un viejo almacén que afeaba el entorno donde vivo, una vieja estructura de hierro y uralita vestigio de otros tiempos, encerrada entre edificios de construcción muy posterior, en uno de los cuales se sitúa mi vivienda en Madrid.

Pues bien, estas obras, que se iniciaron en junio rodeadas de una enorme polémica vecinal, porque la conspiranoia de algunos los alertaba de que la retirada del amianto nos iba a envenenar a todos, avanzan poco a poco para reconvertir aquella cicatriz urbanística en un polideportivo que, aunque desconozco el proyecto porque el ayuntamiento no lo publica, doy por hecho que mejorará sustancialmente el entorno. Como soy un apasionado de las reconversiones urbanas, sigo día a día la evolución de los trabajos a través de las ventanas de mi casa, desde las que se domina perfectamente un panorama que permite hacerse una idea de cómo quedará el enorme patio de manzana cuando las obras estén terminadas por completo, supongo que en un año o poco más.

Tengo vecinos que hubieran preferido que aquella vieja estructura, reliquia de unos tiempos ya superados por la reconversión urbanística de la ciudad, no se hubiera tocado, en parte porque no debe de preocuparles la estética y también como consecuencia de que han debido de imaginarse que los ruidos no les iban a dejar vivir en paz. Sin embargo, a mí, sobre todo en esta época del año con las ventanas cerradas para no pasar frío, no sólo no me molestan, sino que se me antojan una música celestial que anuncia a los cuatro vientos que la profunda transformación de la ciudad ha llegado hasta la puerta de mi casa.

Pero es que, además, siempre me ha parecido muy interesante que los edificios que por alguna razón han perdido la utilidad para la que fueron construidos se reconviertan para otros cometidos. Me encanta visitar antiguas fábricas o viejos mercados transformados en lugares de ocio o en museos o en espacios para cualquier otro cometido. Tengo la sensación de que se reutiliza una construcción que en su momento requirió un esfuerzo creativo y otro nada desdeñable de trabajo, ninguno de los cuales se debe desperdiciar.

El caso al que me refiero arriba no es el mismo, ya lo sé. Pero como a través de las obras estoy descubriendo día a día que parte de la estructura original se mantendrá para sobre ella reconstruir lo nuevo, mi imaginación me lleva a considerar que estoy ante un nuevo Pompidou o ante una nueva estación de Atocha o ante un nuevo mercado del Born. Soñar no cuesta dinero.

Lo cierto es que estas obras me tienen  expectante. Cuando se acaben y si el resultado es como espero que sea volveré a escribir algo aquí. Mientras tanto seguiré asomándome a la ventana cada día para disfrutar de un espectáculo que me tiene enganchado, elucubrar sobre los próximos pasos que se van a dar e imaginarme cómo acabará. Porque, aunque he buscado el proyecto hasta debajo de las piedras, parece como si el ayuntamiento lo ocultara. Sólo sé que será un polideportivo, cuya cubierta  consistirá en una plataforma ecológica.

Qué le vamos a hacer si soy un urbanita enamorado de mi ciudad.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Cualquier comentario a favor o en contra o que complemente lo que he escrito en esta entrada, será siempre bien recibido y agradecido.