30 de noviembre de 2025

¡Que vienen, que vienen!

 


El anuncio de que Mazón deja la presidencia del gobierno de la Comunidad Valenciana, sin desprenderse por cierto de su aforamiento, ha traído como consecuencia que el Partido Popular con Feijóo al frente se haya tenido que quitar del todo la máscara de la moderación. El presidente dimitido confesó que antes de anunciar su decisión llamó a Santiago Abascal para comunicársela y, a continuación y sin perder un minuto, el presidente del PP se puso en contacto con el de Vox para empezar a negociar un posible acuerdo que evite la convocatoria de elecciones. Dos gestos que ponen de manifiesto que el partido que fundó Fraga Iribarne es incapaz ya de dar un paso sin contar con el beneplácito de la ultraderecha. Al final, mayoría absoluta gracias a lo que ya estaba cantado y continuidad ultraconservadora en el parlamento valenciano.

Si alguien todavía tenía dudas de que el PP y Vox ya son lo mismo, supongo que tras estas noticias se le habrán disipado, porque, como dicen los castizos, blanco y en botella. Aquel Feijóo que presumía de haber ganado cuatro elecciones en Galicia con mayoría absoluta, que vino a Madrid rodeado de una aureola de moderación y que pregonaba que su intención era centrar al partido, en muy poco tiempo se ha entregado por completo a los populistas antieuropeos que lidera Abascal. Durante un tiempo ha intentado disimular con evasivas y hasta con falsedades que estaba dispuesto a mantener una absoluta independencia de los neofascistas, pero la cruda realidad de la política española lo ha derribado de sus propósitos. 

Es curioso observar los argumentos que utilizan en ocasiones los políticos para encubrir sus maniobras. Feijóo dice que necesita a Abascal para garantizar la estabilidad necesaria en la Comunidad Valenciana, cuando en realidad lo que ha conseguido es evitar una convocatoria de elecciones que no le convenían. No ha querido que los valencianos vayan a las urnas, porque temía que su partido se llevara un batacazo. Vox se le aproxima y las izquierdas podrían incluso haber ganado los comicios. No quiere riesgos y, si para eso hay que aliarse con el diablo, pues bendito sea.

Por otro lado, Mazón ha iniciado una lenta retirada, evitando perder el aforamiento, porque sabe que la jueza de Catarroja le puede poner en apuros en cualquier momento y no las tiene todas consigo. Su inepto comportamiento el día de la DANA y sus maniobras posteriores para escurrir el bulto han creado en su imagen tal desprestigio, que se ha visto obligado a echarse a un lado de la política. 

Feijóo lo ha estado respaldando durante este largo año de contradicciones y mentiras, lo que a la vista de muchos lo hace culpable de complicidad. No me sorprendería que en la conversación que tuvieron los dos hace unos días para dar el paso de la dimisión, el presidente del PP le dijera a Mazón que no se preocupara, que procuraría mantenerlo en situación de aforado.

En definitiva, maniobras sucias para conseguir el poder y alambicados acuerdos con el objeto de protegerse unos a otros. Pero lo cierto es que ya se les ve venir y mucho me temo que los demócratas de este país nos llevemos un disgusto. Cuentan con el apoyo de la internacional ultraderechista que hoy lidera Trump. Yo, por si acaso, ya he puesto mis barbas a remojar.

A no ser que vuelva a imperar el sentido común y la ciudadanía les vuelva a tumbar en las urnas. 

4 comentarios:

  1. No, no son lo mismo, pero si para obtener el poder hay que cambiar los principios ... pues, como Groucho Marx, "tengo otros". Ahora bien, no son los únicos. Ya lo decía Guerra, "echaremos de menos el bipartidismo".

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  2. Gracias por tu comentario. En mi opinión, la estrategia de las dos derechas les recomienda mantener una cierta aparente distancia , porque al fin y al cabo cada una de ellas pretende alcanzar la hegemonía en la franja ultraconservadora del electorado. Pero en estos momentos oír a uno de sus líderes es oír al otro. Quien vota PP sabe que puede estar dando entrada a la ultraderecha en el gobierno de España.
    A Guerra, sabido es que le fue muy bien con el bipartidismo. No me extraña que lo añore. Pero corren otros tiempos y hay que adaptarse a ellos.

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    1. El comentario anterior era mío, pero si no hago nada me sale como anónimo.
      De entrada, para evitar interpretaciones sesgadas, no me gustaría ver un gobierno de PP y/o Vox. Pero Vox es un partido que, al menos hoy por hoy, es legal y no hay que excluir a nadie.
      Dicho eso, sí hay diferencias entre el PP (pocas en el de Madrid) y Vox, por ejemplo su visión de la UE.
      Comparto que "corren otros tiempos" y lo único que se puede hacer con el bipartidismo es añorarlo ... algunos.

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    2. Te confieso, Alfredo, que había adivinado tu personal estilo en el comentario anónimo anterior.
      Ya sé que Vox es un partido legal, porque estamos en una auténtica democracia que no excluye a nadie, aunque ellos y el PP lo nieguen. Pero eso no me impide pensar que quien vota al PP sabe que está propiciando la llegada de la ultraderecha antieuropea al gobierno de España.
      Ahora bien, ellos sabrán lo que votan.

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