Para que se entienda el contexto, todos los que allí
estábamos, salvo “monseñor”, disponemos de una lista de WhatsApp con lo que nos
comunicamos cuando necesitamos enviarnos alguna noticia que nos afecte a todos.
Pero como suele ocurrir en estos casos, algunos de los integrantes la utilizan para transmitir bobadas de carácter político, auténticas payasadas
infantiles malintencionadas, en este caso de tendencia manifiestamente derechista. Yo, en más de
una ocasión, he enviado algún comentario para advertir de que no deberíamos romper
la armonía que nos une con intromisiones de carácter político. Sin embargo, de
nada me han servido las advertencias, porque unos cuantos, siempre los mismos, han continuado
haciendo de su capa un sayo.
En un momento determinado de la comida, el mencionado prelado, que por cierto no está en la lista de WA, me señaló con un dedo acusador desde el otro lado de la mesa y empezó una perorata, entre bromas
y chascarrillos, en la que me achacaba la condición poco menos que de comunista, con menciones al ”che” Guevara
entre otras lindezas. Yo escuché sonriente la diatriba, procuré que la sonrisa no me
abandonara el rostro y le contesté que iba a intervenir por alusiones. Parece ser, le
dije, que me estás llamando rojo. No, yo no soy un rojo, yo soy "un rojo de mierda”. Oí risas y alguna carcajada, y observé varias
caras con rictus de contrariedad por la intervención del prelado. Después,
cambio de conversación y a otra cosa mariposa.
Debe de ser que, como he pedido varias veces
que no se utilice nuestra lista para lanzar dardos envenenado que lo único que
consiguen es dividir, la interpretación que se ha hecho de mi
recomendación es que yo soy un impresentable revolucionario bolivariano, un
adepto al marxismo-leninismo, o, como le dije al cura, un “rojo de mierda”, utilizando una expresión muy al uso entre los fachas.
Conservo en mi teléfono toda la historia desde que se creó
la lista, la he revisado, me he centrado en mis creo que tres advertencias a lo
largo de cinco años y no he encontrado nada que pudiera interpretarse como
posicionamiento ideológico por mi parte. También le he echado un vistazo a las tonterías
enviadas por cuatro o cinco de los integrantes de la lista y, una vez más, me
he sonrojado al comprobar hasta dónde puede llegar la estulticia humana, insultos malsonantes, falsedades descaradas y una falta de rigor intelectual
que tira de espaldas. ¡Ah!, por cierto, todas “rebotadas” de las redes, ninguna
aportación personal. Para esto último hay que tener algo de talento, un bien bastante escaso.
No sé si volveré a coincidir con “monseñor”, pero es posible
que si lo hago se me escape alguna pregunta sobre la abominable pederastia en la Iglesia Católica. Aunque intentaré no hacerlo, porque sería ponerme a la altura de sus impertinencias clericales.

¡Bravo, Luis!
ResponderEliminarAngel
Gracias, Ángel. Fue un mal trago, créeme.
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