18 de noviembre de 2025

¿Dónde estaba Mazón?

 

Después de su comparecencia ante la comisión de investigación del Congreso, pocas dudas quedan de que Carlos Mazón oculta algo. No tiene ninguna explicación que, después de haber dimitido, siga sin saberse dónde estuvo cuando acabó la ya famosa comida en El Ventorro. Como es lógico, el tiempo ha ido sacando a la luz muchas de sus contradicciones, porque es muy difícil que en estos tiempos alguien, sobre todo un personaje público, pueda ocultarse bajo una nube de negaciones de la evidencia. Lo último ha sido confesar que despidió a sus escoltas cuando acabó la comida con la periodista, es decir, que anduvo por las calles de Valencia a pecho descubierto cuando acompañó a la periodista que comió con él ese día hasta el aparcamiento donde ésta tenía aparcado el coche y, más tarde, mientras ya sin compañía se dirigió según su versión a la sede del gobierno autonómico, un detalle que hasta ahora había omitido, no por olvido, sino porque pone en evidencia que debía de haber dado por concluida su jornada de trabajo. 

Mazón podría haberse refugiado desde el primer momento en la falta de información o en que no supo valorar la gravedad de la situación. Todo menos mentir, que es la peor de las estrategias. Sin embargo, intentó desde el principio evadirse de la situación, lo que lo convierte en alguien que, consciente de que su comportamiento fue absolutamente incorrecto, adopta la táctica del avestruz. Desconozco por supuesto qué hay detrás de este intento de ignorar la realidad, pero me huele a chamusquina.

No voy a negar que a la indignación provocada por su negligente comportamiento se una la presión de sus adversarios políticos. Pero esto es algo que en democracia forma parte de la normalidad. Por eso me sorprende su comportamiento esquivo, ya que con sus intentos de ocultar la verdad le está dando tres cuartos al pregonero. Un político con un mínimo de sensatez no puede permitirse una conducta tan caótica como la que está teniendo Mazón desde el día de la DANA.

Yo confío en que las diligencias abiertas por la jueza de Catarroja acaben dando luz a este enigmático comportamiento y terminemos todos sabiendo qué hizo Mazón ese día después de la comida. Las contradicciones se han acumulado y, como consecuencia, uno se tiene que preguntar qué oculta el todavía presidente en funciones del gobierno valenciano. Puede ser que no haya nada censurable, pero entonces se demostrará una vez más la falta de capacidad política de Mazón, porque su pertinaz silencio induce a sospecha.

Su última negligencia política consiste en haber desmentido la versión de Feijóo cuando este dijo que había estado en contacto con Mazón a lo largo de todo el día. Ahora resulta que no habló con él hasta las nueve y media. Su torpeza, unida a la de la estrategia del PP, está convirtiendo a este partido en cómplice político de la ineptitud del presidente dimitido.


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