Mazón podría haberse refugiado desde el primer momento en la falta
de información o en que no supo valorar la gravedad de la situación. Todo menos
mentir, que es la peor de las estrategias. Sin embargo, intentó desde el principio evadirse de la situación, lo que lo convierte en alguien que, consciente de que
su comportamiento fue absolutamente incorrecto, adopta la táctica del avestruz. Desconozco por
supuesto qué hay detrás de este intento de ignorar la realidad, pero me huele a
chamusquina.
No voy a negar que a la indignación provocada por su
negligente comportamiento se una la presión de sus adversarios políticos. Pero
esto es algo que en democracia forma parte de la normalidad. Por eso me
sorprende su comportamiento esquivo, ya que con sus intentos de ocultar la verdad le está dando tres cuartos al pregonero. Un político con un mínimo de
sensatez no puede permitirse una conducta tan caótica como la que está
teniendo Mazón desde el día de la DANA.
Yo confío en que las diligencias abiertas por la jueza de
Catarroja acaben dando luz a este enigmático comportamiento y terminemos todos sabiendo qué hizo Mazón ese día después de la comida. Las contradicciones
se han acumulado y, como consecuencia, uno se tiene que preguntar qué oculta el todavía presidente en funciones del gobierno valenciano. Puede ser que no haya nada censurable,
pero entonces se demostrará una vez más la falta de capacidad política de Mazón,
porque su pertinaz silencio induce a sospecha.
Su última negligencia política consiste en haber desmentido la versión de Feijóo cuando este dijo que había estado en contacto con Mazón a lo largo de todo el día. Ahora resulta que no habló con él hasta las nueve y media. Su torpeza, unida a la de la estrategia del PP, está convirtiendo a este partido en cómplice político de la ineptitud del presidente dimitido.

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