Como no soy jurista, no voy a apoyar mis reflexiones en
conceptos legales sino en consideraciones de carácter profano. Sé que los que
no estén de acuerdo conmigo encontrarán en esta confesión un punto débil, pero
me trae al pairo. Tengo mis ideas y las expongo con total libertad.
Empezaré recordando que toda esta historia parte de un presunto
fraude a Hacienda cometido por el novio, compañero o pareja de Isabel Díaz Ayuso,
el señor González Amador, a quien los tribunales han imputado, además de por delito
fiscal, por falsificación de documentos mercantiles y por pertenencia a
organización criminal.
Miguel Ángel Rodríguez, consejero de la presidenta de
Madrid, envió a la prensa, cuando saltó el escándalo, el bulo de que la fiscalía proponía un pacto al
defraudador y no al revés. A partir de este escenario, que no se puede perder
de vista, se produjeron las filtraciones que han motivado la condena al Fiscal General, porque el Tribunal Supremo lo ha considerado responsable
de las mismas. Sin embargo, han sido muchos los testigos que, a lo largo de la
fase de instrucción y luego durante el juicio, han declarado que las filtraciones
tienen otro origen, aunque no hayan querido por ética profesional revelar sus
fuentes. Por tanto, no se puede asegurar que haya habido pruebas concluyentes,
sino meras interpretaciones de los indicios.
Este asunto es extremadamente delicado,
porque pone en entredicho la independencia judicial de algunos jueces, por supuesto no de la judicatura en general, al no
dictarse la sentencia por unanimidad y al resultar que los cinco votos a favor
de la condena proceden de los magistrados conservadores del tribunal, mientras que los dos
que han votado en contra son progresistas. Dicho de otra manera, la legítima
lucha política en el parlamento se ha trasladado al seno del Tribunal Supremo, lo
que a todas luces introduce un sesgo de parcialidad partidista en la sentencia.
Un asunto que nace del bulo lanzado por un
imputado, que no cuenta con pruebas suficientes y que ha dividido al alto
tribunal por posicionamientos políticos, se ha convertido en una sentencia
condenatoria, nada más y nada menos que contra el Fiscal General del Estado.
Me decía un buen amigo mío, lector habitual de este blog, que el señor García Ortiz ha sido víctima de las luchas en tres frentes, el de la confrontación gobierno y oposición, el de la pugna entre el legislativo y el ejecutivo y el de la rivalidad profesional entre jueces y fiscales. Una apreciación de la que he tomado nota para incluir en esta reflexión.

Estoy deseando conocer la sentencia, sus motivaciones y toda la cola que traerá de comentarios, opiniones, debates, tertulias, etc. Y cuando el Tribunal Constitucional tumbe la sentencia del TS los de derechas dirán que el Tribunal de garantías está politizado, y en cambio ahora piden elecciones generales. Todo un sinsentido que acaba por aburrir y por desconfiar de la "Alta" Justicia y de alguna Oposición.
ResponderEliminarEstas actuaciones crean desconfianzas y terminan perjudicando a las propias instituciones que las promueven. Tengo la sensación de que sus señorías suponían perfectamente las reacciones que se avecinaban, pero de lo que se trata es de hacer ruido para acabar con el "sanchismo".
EliminarMe deja absolutamente descolocado ver que se publica el fallo antes que la sentencia. Es como si se da el resultado de un partido de fútbol antes de jugarlo. En esta precipitación parece como si el plan hubiera sido: “Para empezar lo declaramos culpable de todos modos y luego ya, si eso, redactamos una sentencia”
ResponderEliminarTotalmente de acuerdo. Estas prisas "dan que pensar".
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