26 de noviembre de 2025

La novela olvidada en una estantería

Hoy voy a contar una anécdota personal y, como me gusta hacer en estas ocasiones, tratar de sacar alguna conclusión. El otro día estaba yo haciendo limpieza o, mejor dicho, ordenando las estanterías de mi despacho para deshacerme de todo aquello que no tuviera ya utilidad para mí, cuando encontré una carpeta de plástico rojo que contenía un centenar y medio de folios impresos por ordenador. Ojeé la primera página y me di cuenta de que se trataba de una novela que debí de empezar a escribir hace ya unos quince años y que abandoné como tantos otros intentos fallidos que he sufrido a lo largo del tiempo. 

La empecé a leer y resultó que lo que allí se narraba no me disgustaba.  Además, como se trataba de una historia de suspense, me propuse terminar su lectura para conocer el final de las ocurrencias que en su momento tuve y que, según mis cálculos, debieron de ocuparme varias horas al día durante unos ocho meses Después de varias sesiones de lectura a lo largo de tres días, llegué a la última frase y comprobé, para mi decepción y como me temía, que la trama estaba sin acabar Por tanto, tenía que ponerle final al argumento para averiguar quién era el culpable de aquellas peripecias que se narraban. Si no lo hacía yo, estaba claro que nadie lo haría por mí.

Como resulta que el título de la novela no aparecía en aquellos folios, el segundo problema fue localizar en el ordenador los ficheros que habían dado lugar a la impresión. No voy a entrar en pormenores, pero lo cierto es que, tras un exhaustivo recorrido por el escritorio de mi portátil como lo haría un agente de la UCO, encontré al final los archivos que podían ser el soporte informático de mi novela. Los había guardado bajo el genérico nombre de RELATO, supongo que a la espera de que se me ocurriera el título definitivo.

Hasta aquí los hechos y ahora mis reflexiones. La primera es que, cuando la escritura se convierte en una actividad imprescindible para uno, si te atascas o por falta de inspiración o por tedio creativo, los escritos posteriores absorben tanto la imaginación que se pierde el recuerdo de los anteriores. Una pena, porque una cosa es aparcar a la espera de que aparezcan nuevas ideas y otra, muy distinta, meter lo redactado en el cajón de los olvidos.

En segundo lugar, resulta que estos abandonos son un desperdicio del esfuerzo mental, casi un insulto a la creatividad. Supongo que en aquel momento me atascaría por alguna razón técnica relacionada con el “oficio de escribidor” y que como consecuencia tiré la toalla y me rendí. No estoy seguro, pero lo cierto es que los acontecimientos posteriores -el blog y otros escritos de ficción o no- debieron de tapar en mi mente la existencia de la novela inconclusa. Ha tenido que ser la necesidad de hacer espacio en mis estanterías la circunstancia que me ha obligado a tropezar con el borrador.

No sé si acabaré encontrando el rumbo de la narración, pero debo confesar que ya me he puesto en la labor, porque no puedo quedarme sin saber cómo acaba esta historia. Si lo consigo, lo contaré en este blog.

4 comentarios:

  1. Ni un minuto.
    Luis, no te demores ni un minuto.
    ¡Animo!, o como tú escribirías "¡Ánimo!".
    Angel

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    1. No tengo más remedio, porque si no me quedo sin saber el final de la historia.

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  2. Esperamos impacientes esa novela recuperada del olvido.

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    1. Estoy en ello, pero no es fácil "recomponer" un argumento inconcluso y olvidado. Pero, en peores garitas he hecho guardia.

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