La empecé a leer y resultó que lo que allí se narraba no me disgustaba. Además, como se trataba de una historia de suspense, me propuse terminar su lectura para conocer el final de las ocurrencias que en
su momento tuve y que, según mis cálculos, debieron de ocuparme varias horas al día durante unos ocho meses Después de varias
sesiones de lectura a lo largo de tres días, llegué a la última frase y
comprobé, para mi decepción y como me temía, que la trama estaba sin acabar Por
tanto, tenía que ponerle final al argumento para averiguar quién era
el culpable de aquellas peripecias que se narraban. Si no lo hacía yo, estaba claro que nadie lo haría por mí.
Como resulta que el título de la novela no aparecía en
aquellos folios, el segundo problema fue localizar en el ordenador los ficheros
que habían dado lugar a la impresión. No voy a entrar en pormenores, pero lo
cierto es que, tras un exhaustivo recorrido por el escritorio de mi portátil como lo haría un agente de la UCO, encontré
al final los archivos que podían ser el soporte informático de mi novela. Los había guardado bajo el genérico nombre de RELATO, supongo que a la espera de que se
me ocurriera el título definitivo.
Hasta aquí los hechos y ahora mis reflexiones. La primera es
que, cuando la escritura se convierte en una actividad imprescindible para uno, si te atascas o por falta de inspiración o por tedio creativo, los escritos posteriores absorben tanto la imaginación que se pierde el recuerdo de los
anteriores. Una pena, porque una cosa es aparcar a la espera de que aparezcan nuevas ideas y otra, muy distinta, meter lo redactado en el cajón de los
olvidos.
En segundo lugar, resulta que estos abandonos son un desperdicio del
esfuerzo mental, casi un insulto a la creatividad. Supongo que en aquel momento
me atascaría por alguna razón técnica relacionada con el “oficio de escribidor”
y que como consecuencia tiré la toalla y me rendí. No estoy seguro, pero lo
cierto es que los acontecimientos posteriores -el blog y otros escritos de
ficción o no- debieron de tapar en mi mente la existencia de la novela inconclusa. Ha
tenido que ser la necesidad de hacer espacio en mis estanterías la circunstancia que me ha
obligado a tropezar con el borrador.

Ni un minuto.
ResponderEliminarLuis, no te demores ni un minuto.
¡Animo!, o como tú escribirías "¡Ánimo!".
Angel
No tengo más remedio, porque si no me quedo sin saber el final de la historia.
EliminarEsperamos impacientes esa novela recuperada del olvido.
ResponderEliminarEstoy en ello, pero no es fácil "recomponer" un argumento inconcluso y olvidado. Pero, en peores garitas he hecho guardia.
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