Pongamos un ejemplo. Pedro Sánchez celebra un consejo de ministros
en el que se anuncian medidas de carácter social para hacer frente al deterioro
económico que origina la guerra de Trump y Netanyahu. Inmediatamente, las
cabezas pensantes de Génova dan la señal de alarma, porque evidentemente se
trata de un conjunto de decisiones de carácter social que será bien
acogido por la población en general, algo que es necesario contrarrestar sobre la marcha, no vaya a suceder que el presidente del gobierno gane prestigio.
En esa misma reunión, alguien cita el barullo que se originó
antes de que se iniciara la reunión del consejo, cuando los ministros de Sumar
se negaban a participar en el mismo si no se tenían en cuenta sus planteamiento sobre las políticas de vivienda. No importa, dice uno de los pensantes del
PP, que al final los dos partidos que conforman la coalición se pusieran de acuerdo en forma y fondo; lo que hay que destacar es que “la primera guerra que deben
parar es la que tiene lugar dentro del propio gobierno”.
Los demás aplauden la genial idea y la transmiten hacia
arriba, es decir a Feijóo, a Tellado y al resto de querubines de la corte
conservadora responsables de transmitir sus ingeniosas propuestas. Ya se encargarán ellos, porque están muy entrenados, de añadir las
distintas salsas que aderecen el argumentario.
En Vox, menos dados a la utilización de sofisticados
eslóganes, se limitarán a proclamar que Sánchez ya está otra vez distrayendo a
la opinión pública con disparates para tapar sus corrupciones. Nadie les tiene
que decir a los portavoces lo que deben decir, porque al tratarse de una
estrategia unidimensional, de esas de pensamiento único, es fácil que se
acuerden. Pero es que, además, si a alguno se le ocurriera proponer cualquier
variación, sería tachado de traidor y expulsado inmediatamente del partido. Al líder
supremo no se le discute ni una coma. Hasta ahí podíamos llegar.
Ahora que los jefes de gobierno europeos aproximan sus posiciones a las que defendió Pedro Sánchez desde el primer momento sobre la guerra de Irán sin que le temblara el pulso, veremos como reaccionan los muñidores de ideas de
Génova, porque no lo tienen fácil. Lo más probable es que callen o inventen
relatos paralelos para quitar importancia al merecido prestigio que el
presidente del gobierno se gana día a día en los foros internacionales.
Lo seguidores del líder supremo de la ultraderecha lo tienen más fácil. Su argumento seguirá siendo el de siempre, para qué variarlo: Pedro Sánchez no sabe ya
qué hacer para tapar la corrupción que le rodea.

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