14 de marzo de 2026

Los malvados también rezan

 

Uno está acostumbrado a la hipocresía que circula por determinadas esferas políticas, nacionales o internacionales. Pero, a pesar de estar habituado a los rezos de los que asesinan y masacran a las poblaciones de tantos y tantos lugares del mundo, confieso que la foto de Trump, rodeado por su corte de acólitos, con los ojos cerrados y las manos de algunas de sus colaboradoras sobre sus hombros para transmitirle sus bendiciones, superó cualquiera de las especulaciones que yo hubiera hecho hasta entonces sobre hasta dónde puede llegar la falsedad humana

Los protagonistas estaban invocando la ayuda divina para ganar una guerra que ellos habían iniciado. Por supuesto, Trump en el centro, sentado, ensimismado, casi en éxtasis. No bailaba, no hacía el payaso de esa manera tan peculiar que le gusta exhibir. Simplemente oraba para que las bendiciones del cielo cayeran sobre él y le permitieran seguir atacando a los iraníes y destruyendo la economía del mundo.

Debo reconocer que, si no fuera porque las agencias de noticias daban aquellas imágenes como auténticas, yo hubiera pensado que se trataba de un montaje de los enemigos del presidente de EE. UU. La inteligencia artificial permite construir auténticos espantajos, de manera que cualquier cosa era posible.  Pero no, aquello era real.

Invocar a Dios para ganar una guerra no es ninguna novedad. Es más, estoy convencido de que la mayoría de los conflictos bélicos nacen de desavenencias religiosas, donde cada una de las partes reza a su imaginaria divinidad. Por eso, siempre he pensado que si las religiones no existieran el mundo sería mucho mejor. Ahora bien, que en pleno siglo XXI un mandatario de un país desarrollado le pida al cielo que le ayude a seguir masacrando a la población de un país para mayor gloria de su persona, se me antoja, no ya disparatado, sino un auténtico insulto a la inteligencia.

Por supuesto que Trump desaparecerá en algún momento y como consecuencia las aguas volverán a su cauce. Pero el daño tan enorme que sus paranoias le está haciendo a la humanidad tardará mucho en borrarse de la memoria de las gentes civilizadas. Cuando decía aquello de make America great again (haz América grande otra vez), yo pensaba que la grandeza que proclamaba era positiva, que su mensaje se refería a las condiciones de vida de sus ciudadanos. Pero qué equivocado estaba, porque su grandeza no es otra que la que le otorga el poder militar. Su deriva caudillista está empobreciendo el mundo, incluido en ese mundo a su país.

He vivido durante muchos años bajo la sensación de que habitaba en una zona privilegiada del mundo, donde el temor a las guerras quedaba muy lejos. Pero ahora, gracias a dos políticos sin principios, Trump y Putin, a los que se les une el genocida Netanyahu, empiezo a sentir la sensación de que se está destruyendo todo lo que tras la segunda guerra mundial se había construido. Yo no veré las consecuencias de este derrumbe, pero me entristece pensar que, después del esfuerzo de varias generaciones por dejar atrás el odio y las supersticiones, a nuestros hijos y a nuestros nietos les espere un futuro tan incierto.

Espero que el dios de Trump haga oídos sordos a sus invocaciones. Si yo rezara, que no es el caso, le pediría al mío algo distinto, pero que muy distinto.

2 comentarios:

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