21 de marzo de 2026

Las guerras imposibles

 

Un viejo chiste gráfico, creo que una de aquellas entrañables viñetas de Antonio Mingote o quizá del inolvidable Forges, representaba a lo lejos un hongo atómico y en primer plano dos soldados atrincherados contemplando la explosión nuclear, mientras uno le decía al otro algo así como “todo esto está muy bien, pero hasta que lleguemos nosotros... ".  El mensaje estaba claro, las guerras no se ganan hasta que se ocupa el territorio enemigo. Mientras tanto se destruye y se mata, pero si al enemigo le queda un mínimo de aliento la guerra continúa.

Trump, en su calenturienta imaginación, debió de pensar en algún momento que lo de Irán iba a ser muy parecido a lo de Venezuela, no sé si por ingenuidad o por ignorancia o por las dos cosas a la vez. Parece ser que los altos mandos militares le habían aconsejado no provocar un conflicto como el que proponía, consejo que el todopoderoso inquilino de la Casa Blanca desestimó, para embarcarse en una aventura de la que parece no saber cómo salir.

Otra cosa es Netanyahu, que en realidad es el verdadero instigador de la locura a la que estamos asistiendo. Israel no necesita ocupar el territorio iraní, ni tan siquiera conseguir un cambio de régimen. Lo que pretende y está consiguiendo es provocar inestabilidad en la zona, ampliar los asentamientos en las zonas limítrofes y debilitar a sus enemigos. Sabe perfectamente que Irán está ahí y seguirá estando. Pero en su política de ganar tiempo ha involucrado a los EE. UU., liderados ahora por un auténtico ignorante de la realidad internacional.

Esta guerra en mi opinión no ha hecho más que empezar, porque, mientras las tropas terrestres no ocupen los centros neurálgicos de Irán, algo impensable, el conflicto continuará. Irán tiene una extensión de 1,648 millones de kilómetros cuadrados, lo que equivale a más de tres veces la superficie de España. Pero es que además, por muchos enemigos internos que tenga el régimen de los Ayatolás, los pueblos, cuando se sienten atacados, se unen contra el enemigo común, en este caso EE. UU. e Israel.

Estamos asistiendo a un cruce de falsas informaciones, como sucede en todas las guerras, porque desmoralizar al enemigo siempre ha sido un arma muy poderosa. Pero la realidad, al menos la que se deduce de la información que nos llega, es que Trump se ha metido en un berenjenal del que no sabe salir, ya que hacerlo lo desprestigiaría ante la opinión pública norteamericana, aún más de lo que ya está. Creía que se iba a apuntar una victoria fácil que añadir a su palmarés, pero le está saliendo el tiro por la culata.

Lo curioso de todo esto es que no haya tenido en cuenta las derrotas de Vietnam o de Afganistán, que nadie le haya advertido de que hay guerras que no se pueden ganar, porque la victoria no sólo depende de la capacidad militar de quien ataca, sino de las condiciones geoestratégicas del enemigo.

Como Irán no es Venezuela, dentro de muy poco hablaremos de Cuba. Yo ya tengo preparada la pluma.

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