17 de marzo de 2026

Hay que saber decir no a los matones

 

Ahora que se ve incapaz de controlar el estrecho de Ormuz, Trump pretende involucrar a la OTAN en su guerra particular, por supuesto amenazando a los que no obedezcan las instrucciones de la gran potencia con derramar sus iras contra ellos. Aunque parece que los miembros de la alianza muestran sus reticencias a entrar en una guerra que no es la suya, los titubeos de algunos me hacen pensar que se pueda producir una gran fractura en la alianza. Pedro Sánchez, cuya posición en este asunto ha quedado clara desde el primer momento, ha vuelto a recordar que España no colaborará en conflictos bélicos que no estén amparados por la legalidad internacional. Ante todo, coherencia.

Confesaré que yo voté SÍ en el referéndum que convocó Felipe González para que los españoles decidiéramos si entrábamos en la OTAN. Lo hice, porque consideraba entonces y sigo considerando ahora que se trata de una alianza de carácter defensivo. Pertenecer a un grupo de aliados que unen sus fuerzas para hacer frente a las amenazas externas otorga una cierta sensación de seguridad. Lo que sucede es que, ahora, el ínclito morador de la Casa Blanca, en su deriva belicista, intenta cambiar el espíritu fundacional del tratado, nada más y nada menos que para convertirlo en un club de títeres a su servicio.

Lo cierto es que Trump se ha metido con sus ataques a Irán en un auténtico berenjenal, del que ahora no sabe cómo salir. Irán no es Venezuela, ni mucho menos. Es cierto que EE. UU. posee una capacidad destructiva impresionante, pero eso no significa que pueda vencer en una guerra de estas características, como no pudo en Vietnam ni en Afganistán. Destruirá sus infraestructuras, matará centenares de iraníes y dejará en la miseria a  millones de personas. Pero ganar la guerra, en el exacto sentido de la palabra, no está en sus manos.

Netanyahu, sin embargo, a quien considero el verdadero inductor de este disparate, sí conseguirá sus objetivos, afianzar la siempre expuesta seguridad de Israel, aumentar y consolidar los asentamientos en las regiones limítrofes y aglutinar a sus compatriotas alrededor de su figura. En realidad, el mandatario israelí no necesita ganar la guerra contra Irán. Le basta con debilitarlo y a ser posible dejarlo moribundo durante unas decenas de años. Es la estrategia  para sobrevivir cuando se vive rodeado de enemigos.

Por cierto, cuando oigo a determinados dirigentes políticos de la extrema izquierda vociferar contra nuestra pertenencia a la OTAN y contra las bases de utilización conjunta, no tengo por menos que pensar en que confunden defensa con agresión. Estamos en la alianza para defendernos si procede y hemos llegado a determinados acuerdos con EE. UU. porque lo consideramos un aliado. Otra cosa muy distinta es lo que está sucediendo ahora con Trump. Pero una cosa es hacer frente a los matones que nos quieren meter en sus guerras ofensivas y otra muy distinta destruir toda una organización defensiva, en la que estamos mucho más involucrados de lo que algunos piensan.

OTAN sí y guerras ilegales no. No hay absolutamente ninguna contradicción.

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