Si alguien todavía tenía dudas de que el PP y Vox ya son lo
mismo, supongo que tras estas noticias se le habrán disipado, porque, como dicen los castizos,
blanco y en botella. Aquel Feijóo que presumía de haber ganado cuatro
elecciones en Galicia con mayoría absoluta, que vino a Madrid rodeado de una
aureola de moderación y que pregonaba que su intención era centrar al partido,
en muy poco tiempo se ha entregado por completo a los populistas antieuropeos que lidera
Abascal. Durante un tiempo ha intentado disimular con evasivas y hasta con
falsedades que estaba dispuesto a mantener una absoluta independencia de los neofascistas, pero la cruda realidad de la política española lo ha derribado de
sus propósitos.
Es curioso observar los argumentos que utilizan en ocasiones
los políticos para encubrir sus maniobras. Feijóo dice que necesita a Abascal
para garantizar la estabilidad necesaria en la Comunidad Valenciana, cuando en
realidad lo que ha conseguido es evitar una convocatoria de elecciones que no le convenían. No ha querido que
los valencianos vayan a las urnas, porque temía que su partido se llevara un
batacazo. Vox se le aproxima y las izquierdas podrían incluso haber ganado los comicios. No quiere riesgos y, si para eso hay que aliarse con el diablo,
pues bendito sea.
Por otro lado, Mazón ha iniciado una lenta retirada, evitando perder el
aforamiento, porque sabe que la jueza de Catarroja le puede poner en apuros en cualquier
momento y no las tiene todas consigo. Su inepto comportamiento el día de la DANA
y sus maniobras posteriores para escurrir el bulto han creado en su imagen tal
desprestigio, que se ha visto obligado a echarse a un lado de la
política.
Feijóo lo ha estado
respaldando durante este largo año de contradicciones y mentiras, lo que a la
vista de muchos lo hace culpable de complicidad. No me sorprendería que en la
conversación que tuvieron los dos hace unos días para dar el paso de la
dimisión, el presidente del PP le dijera a Mazón que no se preocupara, que
procuraría mantenerlo en situación de aforado.
En definitiva, maniobras sucias para conseguir el poder y alambicados acuerdos con el objeto de protegerse unos a otros. Pero lo cierto es que ya se les ve venir y mucho me temo que los demócratas de este país nos llevemos un disgusto. Cuentan con el apoyo de la internacional ultraderechista que hoy lidera Trump. Yo, por si acaso, ya he puesto mis barbas a remojar.
A no ser que vuelva a imperar el sentido común y la ciudadanía les vuelva a tumbar en las urnas.






