10 de marzo de 2026

Hay que mojarse o la impunidad de Trump

 

Posicionarse ante la situación creada en el mundo por el binomio Trump-Netanyahu con el ataque a Irán no es fácil, porque, al ser tantos los matices y circunstancia que concurren en la situación, se corre el riesgo de perderse uno en la maraña de explicaciones que habría que dar antes de emitir una opinión. Sin embargo, a pesar de las dificultades, yo voy a dar la mía sobre el ataque y sobre la tensión creada por Pedro Sánchez con EE. UU al negar que los aviones americanos que intervienen directamente en el conflicto despeguen de las bases españolas de utilización conjunta. Como dicen los castizos, hay que mojarse. 

Empezaré diciendo que, por encima de cualquier circunstancia que concurra en el caso, yo no creo que pueda ni deba justificarse una agresión como ésta. Es cierto que el régimen de los Ayatolás es digno de la mayor de las condenas morales que se puedan hacer. La obligada sumisión de las mujeres a una doctrina religiosa extremista es inaceptable, como también lo es la dictadura impuesta por un sistema teocrático que no respeta los derechos humanos de una población de más de noventa millones de habitantes. No lo digo ahora, sino que mantengo la misma posición desde finales de los setenta, es decir, desde la época de Jomeini, el fundador de este sistema político.

Ahora bien, intentar cambiar un régimen bombardeando un país no tiene ningún sentido por varias razones. La primera, porque el uso de la fuerza, con la consiguiente pérdida de vidas humanas, es aberrante. En segundo lugar, porque con la derrota se podrá descabezar un sistema, pero no acabar con un régimen. La Historia está plagada de intentos fallidos, que nos demuestran la imposibilidad de eliminar lo que cuenta con el respaldo de una gran parte de la población. Sin ir más lejos, acordémonos de Afganistán. Lo que sucede es que ni a Trump ni a Netanyahu les mueve el interés por restituir las libertades en Irán. Son otros muy distintos sus intereses, unos de tipo económico y otros de supuesta seguridad. 

Por otro lado, volviendo a la posición del gobierno español, una cosa es colaborar con los que atacan un país y otra muy distinta defender el área geopolítica a la que se pertenece. Desde Rota y Morón despegaban aviones cisterna que abastecían a los cazabombarderos que machacan a la población iraní. Los dos buques de guerra enviados a Chipre, encuadrados en una operación auspiciada por la Unión Europea, se dirigen allí para colaborar, si fuera necesario, en la defensa de nuestras fronteras. No hay absolutamente ninguna contradicción.

Otra cosa es que este envío le sirva a la Casa Blanca para presumir de que ha doblegado la voluntad de Sánchez, a los ínclitos Feijóo y Abascal como excusa para continuar insultando al presidente del gobierno y a la extrema izquierda española para repetir sus utopías pacifistas. Al primero le mueve la soberbia, a los segundos la frustración que arrastran desde hace tiempo y a la tercera sus contradicciones.

En cuanto a las posibles represalias económicas, por supuesto que asustan. Ahora bien, estoy completamente seguro de que el riesgo está muy medido y de que la sangre no llegará al río. Otra cosa muy distinta es la crisis que se nos avecina por culpa de la insensatez de Trump. Pero ésta también la sufrirán ellos, lo que por supuesto no me consuela.

Me atrevería a decir, una vez más, que Sánchez sabe lo que hace en política internacional. Me pongo a temblar cuando pienso que quizá algún día este papel les corresponda a Feijóo y a Abascal, que ni siquiera hablan inglés.

4 comentarios:

  1. En los foros internacionales cuando Núñez, o Nuñez, sea presidente se sentará al lado del primer ministro portugués si es en Europa y al lado de o Milei (si lo hacen por orden alfabético) o con Kast y Abascal al lado de Trump o de Bukele, porque Idi Amin Dada (ni idea de dónde van los acentos en suajili) se ha muerto, pero podria hacerlo al aldo de Obiang.
    Angel

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    1. Ángel (con acento), cuando Núñez Feijóo sea presidente del gobierno español -si es que llega a serlo- necesitará un intérprete. En cualquier caso, no creo que éste sea un tema que le preocupe, porque en política internacional, cuando uno se deja llevar por los que manejan el nuevo orden mundial, con saber decir "yes" basta. Quizá, para enfatizar, le convenga añadir "of course".

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  2. Sobre este conflicto, mi impresión es que el uso de la fuerza vuelve a plantearse como una solución simplista a un problema estructural profundo; la historia reciente nos dicta que bombardear un país puede descabezar un sistema, pero rara vez cambia la mentalidad de una población, y ahí está el ejemplo de Afganistán para demostrarlo.

    En cuanto a la gestión de las bases, me parece que se está trazando una línea necesaria entre la colaboración defensiva dentro del marco europeo y la implicación directa en una ofensiva que no responde a nuestros intereses geopolíticos. Diferenciar entre lo que ocurre en Chipre y lo que se pretendía desde Rota no es una contradicción, sino un ejercicio de soberanía. Al final, en este tablero internacional, el riesgo parece medido, pero la incertidumbre que genera la política de Trump es un factor de inestabilidad inquietante.

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