Ahora que tenemos una derecha salida de madre, que ni sabe
ni contesta, cuando podría sacarse una gran ventaja en intención de voto con respecto al PP porque éste no es un país que esté hecho para veleidades fachas, resulta que las izquierdas
se desnortan, pierden el sentido de la realidad y se dedican a “marcar
territorio”, no vaya a ser que los pocos que todavía conservan sus escaños
vayan a perderlos. Al fin y al cabo, la política para algunos no deja de ser un
modus vivendi. Pero es que, por si fuera poco lo anterior, el estilo de algunos de sus dirigentes
es tan patético, en el sentido de tan triste que induce a la risa, que estamos
asistiendo a una auténtica carnavalada de despropósitos.
De esta esperpéntica situación no se libran ni los socios
del PSOE en el gobierno. Cuando surgió Sumar, yo contemplé su creación como un
intento de corregir los entuertos políticos a los que nos tenían acostumbrados
los de Podemos. Aunque la posición de Yolanda Díaz me parecía más radical de lo
que yo creo que debe ser el progresismo democrático, al mismo tiempo veía
en ella un intento de abandonar el populismo demagógico y jugar en serio. Pero
lamentablemente me equivoqué. Su debilidad electoral los ha llevado a defenderse
patas arriba, con lo cual los arañazos le llegan a la izquierda en su conjunto.
La pregunta que me hago ahora es qué es Sumar. Ni tienen
líderes reconocibles ni estructura orgánica ni tan siquiera un ideario político
claramente diferenciado del de los que le disputan el espacio electoral. Por
eso, porque no es más que humo, están desapareciendo poco a poco del escenario
político español. El espectáculo del plante en una reunión del consejo de
ministros figurará, para regocijo de las derechas de este país, en los manuales
de cómo no se deben hacer las cosas.
Se oyen ahora muchas voces escandalizadas por la situación que proponen pactos y alianzas, listas conjuntas y revisión de líderes. Sin
embargo, todos estos intentos se me antojan cantos de cisnes, intento
desesperado de enmendar errores o gritos de sálvese quien pueda. Un auténtico
desbarajuste que me recuerda al camarote de los hermanos Marx.
Es una pena, pero así veo las cosas de tristes. Más de lo
mismo y más de los mismos. Deberíamos empezar a entonar aquello de “que vienen,
que vienen, taca-taca-tá” o, como alternativa piadosa, “al que Dios se la de, san Pedro se la
bendiga”.

Me entristece profundamente este espectáculo de la 'izquierda izquierdísima' que describes, Luis. Al leerte, no puedo evitar sentir añoranza por los años de Julio Anguita; para mí, quizá el mejor líder que hemos tenido en ese espacio. Aquella era una política de altura, de principios y de pedagogía, muy alejada de este 'camarote' actual donde parecen sobrar personalismos y faltar ideas.
ResponderEliminarAl final, como bien dices, entre peleas por el escaño y estrategias de supervivencia, se pierde el norte de la realidad y se acaba perjudicando al conjunto. Es una pena que se haya pasado de la rigurosidad a esta 'carnavalada' que tan bien retratas.
Parece mentira, pero es real. Han perdido la noción de lo que dicen defender. Su preocupación son los escaños, no la igualdad de oportunidades de los más desfavorecidos.
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