5 de mayo de 2026

Cuando un amigo se va...

 

Cuando un amigo se va, algo se muere en el alma. Esta conocida sevillana, cuya letra es pura poesía, me ayuda a iniciar un breve recuerdo de uno de los mejores amigos que he tenido en la vida y que, tras una larga enfermedad, nos acaba de dejar.

Conocí a Pepe en 1953, cuando uno de los cambios de destino de mi padre me trasladó junto a mi familia a Barcelona. Él era algo mayor que yo, pero mi estatura nos igualaba; ya se sabe que, vencidos los obstáculos de la diferencia de edad, lo demás depende de la voluntad. Lo cierto es que desde el principio trabamos una buena amistad, favorecida por el hecho de que vivíamos a escasos metros el uno del otro, en el enorme recinto del Hospital Militar de Barcelona, hoy desaparecido como tal. Además, aunque en cursos diferentes, los dos estudiábamos en el mismo colegio, el de La Salle Josepets, junto a la plaza de Lesseps, también desaparecido como todo aquello que me trae buenos recuerdos.

A esa edad, cuando las futuras personalidades se está formando, la influencia de los amigos suele ser decisiva. Lo cierto es que, aunque no sabría explicarlo, algo de Pepe hay en mí y algo de mí supongo que había en Pepe. Como anécdota contaré que, cuando su deterioro cognitivo había avanzado hasta convertirlo casi en un ser ajeno al mundo que lo rodeaba, si su mujer, en un alarde de cuidado exquisito de la memoria, le mencionaba a su amigo Luis, él contestaba Luis Guijarro Miravete.

Contaré una anécdota de las muchas que retiene mi memoria. Cuando él empezaba la carrera de medicina y yo todavía no había acabado la segunda enseñanza, paso un mes de agosto con nosotros en Castellote. En aquel momento se estaba reconstruyendo la iglesia de San Miguel, un templo gótico construido durante la primera mitad del siglo XV e incendiado durante la guerra civil. Como al levantar el suelo fueron apareciendo infinidad de esqueletos de religiosos enterrados allí cuando las costumbres de la época lo permitían, mosén Adolfo, el párroco de entonces, le ofreció a mi amigo que dispusiera de cuantos huesos quisiera para beneficio de sus estudios. Pepe volvió a Barcelona con una maleta cargada de osamentas. Afortunadamente, no se le abrió durante el viaje.

Aquella etapa de Barcelona duró dos años. Después, un nuevo cambio de destino de mi padre me llevó a Madrid, donde desde entonces no me he movido. Pepe, como he dicho, estudió medicina y se hizo cirujano, yo ingeniería agronómica y me dediqué a la informática. 

Las circunstancias de la vida bifurcaron nuestras trayectorias, debido entre otras cosas a que vivíamos en lugares distintos y distantes. Pero al cabo de muchos años, cuando yo empecé mis aventuras literarias, con motivo de la presentación de uno de mis libros en Barcelona recobramos el contacto. Desde entonces, Pepe, su mujer, Lines, mi mujer y yo nos hemos visto en varias ocasiones, reanudando aquella amistad de hacía tantos años. 

Los reencuentros con amigos al cabo de los años suelen producir en ocasiones ciertas desilusiones, porque la memoria retiene fotos fijas y la película de la vida nos cambia a todos. Pero puedo asegurar que ese no fue el caso de mi amigo Pepe, con quien desde el reencuentro hablaba con él como si no hubieran pasado los años. Diferencias de pensamiento sí, pero las amistades arraigadas envían muy pronto los pelillos a la mar.

Amigo Pepe, descansa en paz.

9 comentarios:

  1. Qué importantes son los amigos

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    1. Pero mucho me temo que por lo general no se les da la importancia que tienen.

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  2. Cuando un amigo como Pepe se va, es inevitable sentir que nos quedamos un poco más solos en este mundo; se nos va un testigo de nuestra propia vida.
    Me quedo con esa imagen de la maleta cargada de huesos en Castellote: es una escena maravillosa, digna del mejor Berlanga, que logra arrancarnos una sonrisa incluso en un momento tan triste.

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    1. Fernando, la anécdota de la maleta es de las muchas que podría contar de Pepe. En mi libro Pinceladas, que me consta que has leído, recojo algunas más.

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  3. Begoña Moreno07 mayo, 2026 12:29

    Hola Luis, muchas gracias por este escrito tan bonito y acordarte de mi padre, cuántas veces nos había contado la anécdota de los huesos y otras tantas contigo! Y está claro que algo de ti había en él, porque como bien dices, cuando su memoria era muy muy justa si algo le salía de carrerilla era tu nombre y apellidos!
    Un abrazo Luis.

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  4. Gracias, Begoña. Tus palabras me han emocionado. Tu padre me hablaba mucho de vosotros. Sentía el legítimo orgullo de haber creado una gran familia.
    Un beso muy fuerte

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  5. MªAngeles Moreno07 mayo, 2026 22:39

    Hola Luis,
    Soy MªAngeles, la hija mayor de Pepe. Es emocionante, entrañable y muy interesante descubrir anécdotas o episodios, que nos hacen descubrir cómo fue mi padre antes de ser nuestro padre. Es como poder ver momentos robados de su infancia o adolescencia. Y aunque algunas anécdotas las hayamos escuchado, no es lo mismo oírlas relatadas por un amigo suyo. Los hijos conocemos la versión de esa persona en el rol “padre”. Hemos crecido y vivido bajo su protección, seguridad, cuidado. El poder imaginarlo en esta otra faceta es maravilloso. Los últimos años de su vida, mi padre tuvo la idea de escribir la historia de su familia. Quizás preveía que la iba a olvidar y quería poder leerla cuando la mente le fallara.
    Tenia la obsesión de escribir los nombres, las fechas importantes. Porque creía que los olvidaría. Fue un trabajo laborioso que con la ayuda de su hermana Mari Lola, y su memoria prodigiosa, pudimos completar y que le causó mucha satisfacción.
    Un par de años después no recordaba prácticamente nada. Un par de nombres de hermanos. Algún recuerdo vago y efímero.
    La mente, decía , es una mentira, es un engaño. ¿Papá, pero porque dices eso? Pues porque yo sé que he vivido mil cosas, mil anécdotas, experiencias, toda una vida. Y no recuerdo nada, busco y está vacío.
    Tu nombre no lo olvidó. Pero no era sólo el nombre.
    Papá, pero..¿sabes quien es?
    No te quepa la menor duda. Mi amigo de Madrid.
    Un beso

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    1. Mª Ángeles, gracias por tus palabras. He conocido a todos los hermanos de vuestro padre, a vuestros abuelos paternos y a vuestra madre, con la que mantengo contacto. Pero a ninguno de vosotros, sus hijos, ni a ninguno de los nietos de mi amigo Pepe. No sé si algún día podré volver a mi querida Barcelona, porque los años pesan y la pereza me vence. Pero si en algún momento me atrevo, lo primero que haré será intentar veros a todos vosotros.
      Por cierto, hace tiempo que en este blog escribí algunas anécdotas en las que vuestro padre es el protagonista. Si no recuerdo mal, los títulos son "El perro rabioso", "El Semíramis" y "Explorando alcantarillas". Como entre 955 artículos que llevo publicados es algo complicado encontrarlos, voy a buscar las fechas y enviárselas a vuestra madre. El orden cronológico del blog facilita la búsqueda.

      Un beso

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  6. ¡Gracias Luis¡ Los hemos leído todos, mi madre siempre nos avisaba. Ojalá nos podamos conocer, sea en Madrid o en Barcelona. ¡Un abrazo!

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