La academia de la lengua siempre ha recomendado el uso de la palabra Kiev, de la misma manera que recomienda que no digamos London, sino Londres; ni New York, sino Nueva York; ni Bruxelles, sino Bruselas. Pero hay algunos periodistas que pretenden demostrarnos a todos que saben idiomas, cayendo en un patético papanatismo.
En el caso de Kiev, parece ser que al tratarse de una
palabra procedente del ruso, a los ucranianos les gustaría que pronunciáramos Kiv y
escribiéramos Kyiv. Pero el uso de los idiomas no es un asunto de patriotismo,
sino de tradición oral. Mantengamos el nombre que siempre hemos dado a los nombres
geográficos extranjeros y no introduzcamos barbarismos innecesarios, por muchos idiomas que creamos que sabemos.
Hablando de Ucrania, quién nos iba a decir hace poco más de un año que los ucranianos iban a resistir al todopoderoso ejército ruso como lo están haciendo. Todavía siguen en nuestras retinas las imágenes de aquellas columnas de carros de combate avanzando hacia Kiev, cuando nadie dudaba de que la guerra acabaría enseguida, porque parecía imposible resistir una embestida como la que estaba sufriendo el país invadido. Sin embargo, aunque el sufrimiento del pueblo ucraniano esté alcanzando cotas inimaginables, Ucrania, no sólo resiste, sino que además ha neutralizado los avances rusos.
Lo que está sucediendo es que Putin ha quedado en evidencia. El mundo entero está contemplando las debilidades del hasta hace pocos años poderosísimo ejército ruso, incapaz de ganar una guerra convencional. Por eso China, la verdadera potencia rival de Estados Unidos, debe de estar preocupada al comprobar que las flaquezas de Rusia redundan en beneficio de la hegemonía de Washington, lo que podría llevarla a tomar partido a favor de Rusia.
Y esa sí que sería una mala noticia para el mundo libre.
A ver qué noticias nos trae Sánchez a su regreso de China.
ResponderEliminarFernando
Los chinos son inescrutables. Aunque nunca lo sabremos, no creo que hayan ido más allá de mostrar buena voluntad.
EliminarRespeto lo que diga la RAE; mejor todos de acuerdo en una dirección, que cada cual a su aire. Sin embargo creo que sería preferible que las denominaciones de países y ciudades fuese la que usan los habitantes del país o ciudad. Así, sería preferible, en mi opinión, hablar de London en lugar de Londres. Se evitarían situaciones, como la de mi amigo Manolo, que allá por los setenta del siglo pasado, estrenó su "Seiscientos" viajando por Europa y tenía previsto dormir en Amberes, pero no la encontró; menos mal que al final pudo dormir en lo que pensaba que era una pequeño pueblo indicado como Antwerpen y que resultó ser que no era tan pequeño.
ResponderEliminarAlfredo, esos equívocos son inevitables. Además está el fenómeno de la fonética, que aunque se unificara la grafía, después cada uno pronunciaría a su manera. Como tu dices, es mejor que vayamos todos en la misma dirección. La Academia recomienda seguir la tradición lingüística y no andar con cambios cada dos por tres. Supongo que Manolo a partir de ese despiste consultará los nombres originales de los sitios donde vaya antes de salir.
Eliminar