La oposición lo sabe perfectamente, pero el poco sentido de Estado
que caracteriza a sus líderes actuales agudiza el problema. Es consciente de que
la única manera de mantener el statu quo es el uso de la diplomacia, la continua
negociación y la aplicación de paños calientes, todo ello bajo la innegable realidad de
unas excelentes relaciones comerciales entre los dos países. Sin embargo, en vez de
colaborar con el gobierno en el mantenimiento del mejor clima posible en la comunicación con nuestros vecinos del sur, su política partidista enardece las aspiraciones de Marruecos. Mohamed VI se debe de estar frotando las manos al oír el griterío de los líderes del PP y de Vox. ¡Qué disparate!
Se ha hablado de un viaje del rey a Ceuta. El gobierno recuerda que cualquier movimiento del monarca que afecte a la política
exterior de nuestro país debe contar con su refrendo, como ordena nuestro sistema constitucional. Pero la oposición, dirigida por el tándem
Feijóo-Abascal, reivindica a gritos la conveniencia de que Felipe VI se
traslade allí.
Los viejos del lugar recordamos cuando el entonces Príncipe
de Gales, hoy rey Carlos III del Reino Unido, hizo escala en Gibraltar en 1981 durante su viaje de novios con lady Di, España protestó por vía diplomática,
porque partiendo de la premisa de la existencia de un conflicto territorial, se
consideraba una provocación. Los partidos políticos de la época, de derechas y
de izquierdas, apoyaron la reclamación. Pero es que además, los reyes Juan Carlos
I y Sofía no acudieron a la boda del heredero británico para expresar su
malestar.
Si se ignora la existencia de este conflicto, se está ocultando
la verdadera realidad de la situación a la ciudadanía, que como consecuencia no entenderá la aparente pasividad del gobierno español ante la “invasión” de
Ceuta que tuvo lugar durante los días 30 y 31 del pasado mes de julio.
Entrecomillo la palabra invasión para quitarle enjundia a lo sucedido. Pero no
se debe dar la espalda a un hecho incuestionable, que Marruecos con este
movimiento de masas avisó de que no está dispuesto a renunciar a sus
aspiraciones territoriales.
El asunto es de tal importancia para España que, si no
se quiere elevar la confrontación a términos mayores, es preciso manejarlo con mucha cautela. El gobierno tiene la obligación de ser prudente y
no cometer errores y la oposición debería apoyar esta cautela en vez de
utilizar el conflicto para desgastar al gobierno mediante declaraciones explosivas, como la de la siempre malhumorada Cuca Gamarra, que pide la intervención del ejército, o con visitas extemporáneas, como la del ínclito Aznar.
La oposición está falta de líderes responsables. Si algún día llegan a gobernar, pagarán las consecuencias de su mezquindad.

Me parece que este es uno de esos asuntos en los que debería existir un cierto sentido de Estado. Hacer piña con el Gobierno cuando está en juego una cuestión tan delicada no significa renunciar a exigir explicaciones ni a ejercer la oposición; significa entender que hay momentos en los que el interés general debería estar por encima de la disputa partidista.
ResponderEliminarNo conozco lo suficiente el fondo de la cuestión como para entrar en ella, pero sí comparto esa idea de que, ante un conflicto con un país vecino y con una historia tan complicada detrás, la prudencia y la diplomacia deberían estar por delante del ruido político.
Y al leerte me he acordado de 1975 y de la famosa Marcha Verde. Yo era bastante más joven, pero recuerdo perfectamente la sensación que transmitían entonces los periódicos: parecía que la guerra con Marruecos podía estallar en cualquier momento. Quizá por eso, cuando aparecen de nuevo situaciones como esta, uno comprende un poco mejor la importancia de manejar estos asuntos con mucha prudencia.