Lo que está ocurriendo en España con el estilo de oposición
que utiliza el dúo de la bencina incendiaria no conoce precedentes. Yo he seguido
las comparecencias en el Congreso de varios presidentes y de otros tantos jefes
de la oposición, de manera que puedo asegurar que nunca he visto tanta mala
baba y tanto “macarrismo”, ni en las expresiones ni en los “epítetos cariñosos”.
De un estilo de hacer política en el que se valoraba la gracia y el donaire
parlamentario, hemos pasado a otro en el que cuantas más vulgaridades se
introduzcan más aplauden los acólitos.
Lo lamentable es que esto no ha empezado hoy, sino que viene
sucediendo desde que Pedro Sánchez es presidente del gobierno, es decir, desde
hace ocho años. Cuando se gobierna se cometen errores y el actual presidente no
iba a ser el único que se librara de este riesgo. Pero esta oposición
encabezada por Feijóo-Abascal, en vez de denunciar los fallos y proponer
soluciones razonadas, hace un totum revolutum de la figura del presidente y de
todo aquello que lo rodee, lanza soflamas incendiarias a los cuatro vientos, pero
ni dice qué habría que hacer para solucionar lo que a ellos no les gusta ni plantea alternativas.
Este comportamiento tiene varias causas. Yo diría que la
primera es el afán de revancha, porque no han podido digerir que un voto de
censura, basado en la corrupción del PP condenada en sede judicial, los desplazara del
poder. La segunda, que, sin un programa definido, guiados sólo por la inercia conservadora
de oponerse a todo aquello que signifique progreso, carecen de propuestas que
poner sobre la mesa, de manera que es mucho más fácil insultar, llamar traidor o corrupto a
quien preside el gobierno, que razonar. La tercera, que la falta de escrúpulos de esta oposición,
su errática trayectoria les hace confiar más en la internacional ultra que en
las instituciones de su país.
Ahora bien, que tengan en cuenta que por la boca muere el
pez.

Estoy de acuerdo contigo, Luis. Más allá de las diferencias ideológicas, lo que me preocupa de la derecha actual es la pérdida de cierta tradición de cultura política, de educación y hasta de elegancia en la discrepancia. Se puede ser muy firme en la oposición sin convertir el Parlamento en un concurso de descalificaciones.
ResponderEliminarEcho en falta esa derecha más asentada, con sentido institucional y capacidad para argumentar, que en otros tiempos formaba parte de la vida política española. Hoy, salvo excepciones —el PNV me parece una de ellas—, veo demasiada estridencia y muy poca reflexión. Y quizá lo más preocupante sea que ese lenguaje termina degradando no sólo a quien lo utiliza, sino también el espacio común en el que todos tenemos que convivir.
Por eso me quedo con tu última frase: por la boca muere el pez.
Gracias Fernando. La desmesura nunca ha sido buena consejera. Lo que sucede es que la competencia entre PP y Vox se ha convertido en una especie de campeonato de insultos contra el "sanchismo", a ver quien lo suelta más hiriente.
ResponderEliminarPuede ser que sea el único estilo que conozcan, de manera que no lo puedan evitar. Pedirles elegancia en el debate es algo así como esperar que Trump, uno de sus ídolos, deje de decir majaderías.