28 de enero de 2026

Que me quiten lo "viajao"

 

A lo largo de mi vida he intentado viajar cuanto más mejor. Lo digo en pasado, porque ahora, con el paso y con el peso de los años, he restringido la frecuencia, pero sobre todo las distancias. Por eso, cuando miro hacia atrás me felicito por no haber perdido el tiempo cuando podía, entre otras cosas porque siempre fui consciente de que llegaría un momento en el que no podría soportar el ajetreo que comportan los viajes. Ahora, salvo alguna que otra escapada, nunca demasiado lejos, me queda el recuerdo de unos tiempos en los que soportar el martirio de los aeropuertos, los inhumanos madrugones y las deprimentes colas ante las taquillas turísticas formaban parte de lo inevitable y no suponían ningún obstáculo para emprender un viaje a cualquier parte del mundo que se me antojara.

Por simplificar, diré que en esto de viajar ha habido en mi vida dos etapas, la de los viajes por trabajo y la de los que he hecho por el puro placer de viajar. Pero, sin embargo y para ser precisos, procuré siempre convertir los primeros en algo más que asistir a cursos y a reuniones, con clientes o sin clientes, con mi mujer o solo, porque las circunstancias que rodeaban aquellos obligados desplazamientos me permitían lograr un buen equilibrio entre responsabilidad laboral y placer turístico. Es más, estoy convencido de que aquellas obligaciones profesionales me permitieron conocer un mundo que, de no haber tenido que hacerlos, quizá nunca se hubiera despertado en mí la afición a viajar. 

En los últimos años, mi mujer y yo nos hemos repetido en muchas ocasiones la conocida frase tópica, “aprovechemos que aún podemos, porque ya vendrán tiempos peores”. Ahora que esta premonición se va cumpliendo porque forma parte de la realidad de la vida, es cuando nos damos cuenta de que merecía la pena no dejar para mañana lo que pudieras hacer hoy.

En los últimos años, estamos pasando una etapa de viajes “nacionales”, de esos que no necesitas sufrir los sinsabores de los aeropuertos ni las estrechuras de los aviones. En nuestro coche, con etapas que nunca sobrepasan nuestra capacidad de resistencia o, si se quiere, de comodidad, hemos recorrido España de arriba abajo y de izquierda a derecha, como dicen los que no manejan bien la rosa de los vientos. Por cierto, alojándonos en paradores de la red de Paradores de España, excelentes hoteles por lo general bien situados, donde las estrellas de su clasificación se corresponden con la realidad.

De los cien paradores con los que cuenta esta cadena, conocemos aproximadamente la mitad. Mi inclinación al coleccionismo me hizo abrigar en un momento determinado la idea de visitar con el tiempo todos o casi todos. Pero “tempus fugit” y, como dicen ahora los posmodernos, va a ser que no.

En cualquier caso, siempre nos quedará el buen recuerdo de los viajes que hemos hecho a lo largo de nuestra vida y sobre todo el bagaje cultural que aporta cada uno de ellos, sea en China o en Chinchón.

4 comentarios:

  1. “sea en China o en Chinchón”.
    Estupendo final de un artículo con el que estoy totalmente de acuerdo, excepto que has dejado de citar a otra cadena al lado de la de “paradores”.
    Y permíteteme un ripio final:
    “sea en China o en Chinchón
    magnifico colofón”

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  2. Gracias, anónimo. Ya sabes que los colofones nacen de las ilusiones y no hay nada como soñar para ponerte a viajar.
    ¿Te refieres a la cadena Sheraton?

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    Respuestas
    1. Como decías cuando eras joven: "Efectiviwonder".

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    2. Anónimo, aunque no firmes dejas huella.

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