El escándalo ha sido tal, que en veinticuatro horas los
portavoces de la comunidad han pasado de justificar el despilfarro a poner en
venta este inmueble y cuatro más situados en la Gran Vía, explicando que el
dinero recaudado se destinará a paliar las consecuencias de los devastadores
incendios. No dan demasiados datos, ni cuánto ha costado este bodrio transaccional,
ni a qué estaban destinados los pisos del centro de Madrid, ni las razones por las que de repente, sin
mediar palabra, donde dije digo, digo Diego.
A mí esta historia no me sorprende nada, porque la inscribo dentro
de la sensación de impunidad que envuelve muchos de los movimientos de Ayuso: turismo
en Méjico disfrazado de viaje de carácter oficial, con conflicto diplomático incluido;
participación de su jefe de gabinete en los manejos fiscales de su novio y
reuniones de gobierno en “la casita”, a cuarenta y cinco kilómetros de Madrid. Absoluta,
como digo, sensación de impunidad.
En cualquier caso, a doña Isabel no se le mueve una onda del
peinado. Tan acostumbrada está a que sus seguidores aplaudan todo aquello que
diga o haga, que las críticas le resbalan sin mojarla. Lo de la corrupción no
va con ella, eso es cosa de otros lares, de gente progre y mal educada. Lo suyo
es “peccata minuta” comparado con las barbaridades del rival, que por cierto no
es su adversario directo en la comunidad que preside, sino nada más y nada menos que el presidente del
gobierno.
A mí me parece vergonzoso todo esto. No puedo entender que los movimientos especulativos de Ayuso no le pasen factura. Me resulta inimaginable que no se
hayan presentado ya denuncias por el despilfarro del dinero que pagamos todos
los madrileños. Me abochorna que los de su partido miren para otro lado, no les
vaya a suceder lo que a Pablo Casado.
Pero sobre todo se me revuelven las tripas cuando veo a ciudadanos normales, a
los que considero honrados en sus comportamientos habituales, defender a toda
costa la continuidad en el cargo de la actual presidenta de la CAM.

Luis no te puedes asombrar, esta señora copia lo que hace su ídolo el señor Trump
ResponderEliminarLo primero que me ha hecho sonreír ha sido la imagen que acompaña el artículo. Esa humilde choza me ha hecho mucha gracia.
ResponderEliminarEn cuanto al fondo, confieso que últimamente me he tomado unas largas vacaciones de la actualidad política. No porque no me interese, sino porque cada día me hago más una pregunta: ¿la indignación perpetua alarga la vida o la acorta?
Seguramente es necesario denunciar todo aquello que nos parece mal. Pero también creo que vivir pendiente del escándalo diario termina siendo agotador. Yo, al menos, necesito respirar de vez en cuando.
Hay otra cuestión que me llama la atención. Si Isabel Díaz Ayuso mantiene desde hace años un respaldo tan amplio entre los madrileños, será porque muchas personas consideran que, junto a los asuntos que denuncian sus críticos, existen aspectos positivos de su gestión. Me gustaría leer también sobre ellos. Echo de menos noticias que hablen de las cosas que funcionan, porque si solo contemplamos la realidad a través del escándalo acabamos creyendo que todo es un desastre, y sospecho que la vida es bastante más rica que eso.
El acierto de Ayuso, que probablemente es la razón de sus éxitos electorales, ha sido atacar, a veces con razón, a veces sin ella, a Pedro Sánchez. Es una conducta criticable, pero ha sido eficaz para ella. Por eso, algunos pensábamos que era una indeseable,... pero una indeseable lista. Ahora con lo del piso y algunas otras cosas está demostrando que no es tan lista. Esto le va a costar votos, pero esos votos irán en su mayoría a Vox.
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