En un esquema sencillo, podría decirse que la izquierda
propone impuestos progresivo, acordes con las posibilidades de cada contribuyente, para poder
sufragar el estado del bienestar, es decir, para mitigar las
diferencias de oportunidades que existen entre las capas menos favorecidas de la
sociedad y las más favorecidas. La derecha, sin embargo, defiende la iniciativa
privada como motor del crecimiento económico y, por tanto, tiende a privatizar
los pilares sobre los que aquél se sostiene. Es más, supone que la protección
social perjudica el progreso, porque adormece la iniciativa de los ciudadanos.
Ahora que estamos en periodo preelectoral, vamos a oír
hablar con frecuencia de estos temas, con la particularidad de que, como anunciar
recortes no es conveniente desde un punto de vista electoral, será preciso
estar muy atento a las frases de doble significado que lancen los candidatos de
la derecha, a las contradicciones en la que incurran sus líderes y a las rectificaciones que
se hagan sobre sus deslices orales, porque muchas veces son más elocuentes los
intentos de desdecir que lo que se dijo.
En el tema de las pensiones, que es el que hoy me ocupa, la
batalla ya ha empezado. Desde que José María Figaredo, diputado de Vox,
soltó aquello de que, como el sistema de pensiones es insostenible, será
preciso rebajar las prestaciones y complementarlas con fondos privados, las alarmas se han encendido, porque mayor
elocuencia no cabe. A partir de aquí han empezado a llover puntualizaciones,
explicaciones y todo tipo de intentos de decir donde dije digo, digo Diego.
Lo curioso es que como PP y Vox van de la mano, las explicaciones empiezan a llegar también del lado de los de Feijóo, con frases tales como que las pensiones son innegociables. Si no fuera porque en España hay 9,54 millones de pensionistas que se están jugando su capacidad económica en estas elecciones, sería para troncharse de la risa. Lo último, por cierto, es la advertencia de que lo que le ocurre al PSOE es que, como sabe que el sistema tiene un gran agujero, temen que se ponga de manifiesto. Una forma de anticipar que ya se encargarán ellos de arreglar entuertos.
Cuantas más explicaciones se pretenden dar, más claro queda que éste va a ser el primer recorte o uno de los primeros que un hipotético gobierno
conservador pondría en marcha cuando empezara a gobernar.

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