24 de octubre de 2026

De maleducados, líbranos Señor

Llamar maleducado al actual presidente argentino es tratarlo con consideración. Se merece apelativos mucho más sonoros, a la altura de los que él suele prodigar a los que le resultan incómodos, que por cierto son muchos a lo largo y ancho de este planeta. Pero como eso sería ponerme a su altura y como no puedo olvidar que es el presidente de una nación hermana por la que siento una gran simpatía, lo voy a dejar ahí.

Dice Felipe González que bastaría con que el ínclito de la motosierra se paseara por nuestro país una semana más para que Pedro Sánchez tuviera asegurada su reelección. Yo creo que ha sido suficiente con su breve estancia durante estos días, para que muchos españoles tomen conciencia de hasta donde puede llegar la insidia política, el espectáculo bochornoso en el que han participado, entre otros, Abascal con sus falsas carcajadas y Díaz Ayuso con sus amorosos abrazos.

Pedro Sánchez le ha respondido con ironía, advirtiéndole de que no estaba en sus intenciones devolverle los insultos, porque tenía puesto todo su empeño en ganar las próximas elecciones y no tenía tiempo para tonterías. Lo que no ha dicho, pero seguro que lo ha pensado, es que cuanto más le ataque un individuo como Javier Milei, más cerca está de la victoria.

Tengo la sensación de que este periodo preelectoral está siendo muy distinto a todos los que hasta ahora he conocido. Supongo que se trata de que tan convencida está la derecha y la ultraderecha de su triunfo electoral, que se están pasando de rosca en su estrategia, lo que nada tiene de particular porque lo peor que le puede pasar a un político es estar convencido de que, haga lo que haga, la victoria es suya.

Hace muchos años que las bases progresistas no estaban tan movilizadas como lo están en este momento, un fenómeno que yo achaco a las torpezas de la oposición y no a los aciertos del gobierno. Claro está que a las torpezas hay que sacarles punta y para eso Pedro Sánchez es un maestro. Desde los colectivos a los que pueda afectar los temidos recortes que se intuyen a partir de las declaraciones de la derecha, hasta los sindicatos, se observa unos movimientos reivindicativos que hace unos meses parecían completamente dormidos.

Ahora bien, ojo con los disturbios callejeros, porque los ruidos estridentes asustan al ciudadano medio. Muchos, por cierto, están provocados por activistas infiltrados entre los manifestantes pacíficos, con el único objetivo de convertir las manifestaciones en desórdenes ciudadanos. A mí, esas algarabías me parecen completamente fuera de lugar y, aunque la policía esté obligada a dar respuestas proporcionales a la situación, no es difícil que profesionales de la violencia les obliguen a actuar con contundencia, para de esa manera evitar males mayores. Por tanto, mucho cuidado porque la agitación en las calles puede volverse contra las intenciones de los manifestantes.

Seguiremos hablando de la precampaña, un tema que da mucho de sí 

2 comentarios:

  1. Creo que deberíamos regalar el libro “Lecciones de Urbanidad” que estudiamos en Primaria, a esta persona argentina que ha venido a España a insultar torpemente. Tenemos que darle las gracias por la campaña gratuita y desinteresada que está haciendo a la izquierda

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  2. Interesante reflexión, Luis. Coincido contigo en que, en política, la soberbia y la confianza excesiva en una victoria que todavía no se ha producido pueden terminar convirtiéndose en los peores enemigos de quien las exhibe. A veces, los adversarios hacen más por movilizar a quienes se les oponen que todos los aciertos de sus propios rivales.

    También me parece importante tu advertencia sobre las manifestaciones: defender el derecho a protestar pacíficamente no está reñido con rechazar la violencia, venga de donde venga. Al final, los excesos pueden acabar perjudicando precisamente a quienes tienen razones legítimas para hacerse oír.

    Habrá que seguir de cerca esta precampaña, porque, como bien dices, parece que todavía queda mucho por contar. ¡Esperamos la próxima entrega!

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