Dice Felipe González que bastaría con que el ínclito de la
motosierra se paseara por nuestro país una semana más para que Pedro Sánchez
tuviera asegurada su reelección. Yo creo que ha sido suficiente con su breve
estancia durante estos días, para que muchos españoles tomen conciencia de hasta donde
puede llegar la insidia política, el espectáculo bochornoso en el que han
participado, entre otros, Abascal con sus falsas carcajadas y Díaz Ayuso con
sus amorosos abrazos.
Pedro Sánchez le ha respondido con ironía, advirtiéndole de
que no estaba en sus intenciones devolverle los insultos, porque tenía puesto todo
su empeño en ganar las próximas elecciones y no tenía tiempo para tonterías. Lo que no ha dicho, pero seguro que
lo ha pensado, es que cuanto más le ataque un individuo como Javier Milei, más
cerca está de la victoria.
Tengo la sensación de que este periodo preelectoral está
siendo muy distinto a todos los que hasta ahora he conocido. Supongo que se
trata de que tan convencida está la derecha y la ultraderecha de su triunfo electoral,
que se están pasando de rosca en su estrategia, lo que nada tiene de particular
porque lo peor que le puede pasar a un político es estar convencido de que, haga
lo que haga, la victoria es suya.
Hace muchos años que las bases progresistas no estaban tan
movilizadas como lo están en este momento, un fenómeno que yo achaco a las
torpezas de la oposición y no a los aciertos del gobierno. Claro está que a las
torpezas hay que sacarles punta y para eso Pedro Sánchez es un maestro. Desde
los colectivos a los que pueda afectar los temidos recortes que se intuyen a partir de las declaraciones de la derecha, hasta los sindicatos, se observa unos
movimientos reivindicativos que hace unos meses parecían completamente
dormidos.
Ahora bien, ojo con los disturbios callejeros, porque los
ruidos estridentes asustan al ciudadano medio. Muchos, por cierto,
están provocados por activistas infiltrados entre los manifestantes pacíficos, con el único objetivo de convertir las manifestaciones en desórdenes ciudadanos. A mí, esas
algarabías me parecen completamente fuera de lugar y, aunque la policía esté
obligada a dar respuestas proporcionales a la situación, no es difícil que profesionales de la
violencia les obliguen a actuar con contundencia, para de esa manera evitar
males mayores. Por tanto, mucho cuidado porque la agitación en las calles puede volverse
contra las intenciones de los manifestantes.
Seguiremos hablando de la precampaña, un tema que da mucho de sí

Creo que deberíamos regalar el libro “Lecciones de Urbanidad” que estudiamos en Primaria, a esta persona argentina que ha venido a España a insultar torpemente. Tenemos que darle las gracias por la campaña gratuita y desinteresada que está haciendo a la izquierda
ResponderEliminarInteresante reflexión, Luis. Coincido contigo en que, en política, la soberbia y la confianza excesiva en una victoria que todavía no se ha producido pueden terminar convirtiéndose en los peores enemigos de quien las exhibe. A veces, los adversarios hacen más por movilizar a quienes se les oponen que todos los aciertos de sus propios rivales.
ResponderEliminarTambién me parece importante tu advertencia sobre las manifestaciones: defender el derecho a protestar pacíficamente no está reñido con rechazar la violencia, venga de donde venga. Al final, los excesos pueden acabar perjudicando precisamente a quienes tienen razones legítimas para hacerse oír.
Habrá que seguir de cerca esta precampaña, porque, como bien dices, parece que todavía queda mucho por contar. ¡Esperamos la próxima entrega!