15 de julio de 2021

Oposición de brocha gorda

Cuanto más fino se quiere pintar, más delgado debe ser el pincel que se utilice. Con brochas gordas, con las que se usan para recubrir las paredes y las fachadas de los edificios, no se puede crear buena pintura. Con ellas sólo saldrán trazos gruesos y manchas difuminadas, pero no un retrato ni un paisaje dignos. Los detalles, los matices las precisiones cromáticas exigen utensilios adecuados.

Con las declaraciones de la oposición sucede lo mismo. Cuando un líder de los partidos opositores saca la brocha gorda para censurar la labor del gobierno, todo se queda en farfolla, en superficialidad y en canto de ranas. Suelen ser expresiones que flotan en el aire durante unos segundos, en ocasiones provocan la sonrisa aduladora de los palmeros de turno e incluso a veces se repiten en los cenáculos de los afínes, pero inevitablemente mueren en muy poco tiempo. Es decir, no sirven para nada, si acaso para zaherir o como válvula de escape del rencor y la impotencia.

En la última remodelación del gobierno, cuando todavía ni se conocía el alcance de los cambios ni a los analistas políticos les había dado tiempo a pensar sobre las intenciones subyacentes a la decisión del presidente del gobierno, los tres caballero -dos caballeros y una dama- que ostentan la dirección de las tres formaciones de derechas hoy en la oposición se apresuraron a sacar las brochas gordas, en vez de elegir los pinceles que más interesaran a la situación. Para qué perder el tiempo, debieron de pensar, si aquí de lo que se trata es de descalificar. No nos distraigamos ni un minuto, porque el gobierno se ha movido y eso nunca puede ser bueno para nosotros.

Algunos de los brochazos más curiosos que se han oído estos días han sido: “cambian los títeres, pero no el titiritero”, “Sánchez se ha hecho un voto de censura a sí mismo” o “el que tenía que irse es él”. Incluso uno tan curioso como el que salió de la boca del señor Casado el otro día: “ha nombrado a sus ministros a dedo”. Ni un solo juicio sobre el perfil de los nuevos responsables, ni un comentario sobre las causas y consecuencias de que se haya tomado esta decisión, ni una simple valoración de la gran maniobra política que comporta una remodelación de carteras a mitad de legislatura. Qué más da, pensarán, no vamos a perder el tiempo en analizar la labor del gobierno, simplemente hay que descalificarla.

Es una pena, porque en una democracia, para que funcione con eficacia, siempre debe haber un gobierno que tome decisiones y una oposición que hile fino a la hora de censurar la labor gubernamental. Pero, de la misma manera que gobernar no es nada fácil, controlar a los que gobiernan tampoco lo es. Se requiere analizar y valorar las decisiones gubernamentales, separar el grano de la paja. Los tres citados líderes y sus acólitos suelen tirar el grano y guardar la paja o, dicho de otra forma, gastan la pólvora en salvas. Mucha algarabía y ningún fundamento.

Si yo formara parte de alguno de sus gabinetes asesores– es sólo un decir, una elucubración sin fundamento, un calentón repentino de mi imaginación- les aconsejaría que no dejaran pasar los dos años y medio que todavía le quedan a este gobierno, que dejaran las brochas gordas a un lado, que sacaran los pinceles y que se pusieran a pintar fino. Lo que ocurre es que quizá me contestaran que eso no lo saben hacer y que, por tanto, hacen lo que les piden sus votantes, esta última aseveración un tanto errónea, porque, aunque entre el electorado conservador haya quienes prefieran los trazos gruesos y las manchas difuminadas, son muchos los que valorarían la finura y la exquisitez.

A Casado a Arrimadas y a Abascal no les vendría mal darse una vuelta por alguna escuela de bellas artes. Quizá aprendieran a distinguir los pinceles de las brochas gordas, aunque posiblemente no a utilizarlos con la maestría que se neesita para ejercer la oposición.

11 de julio de 2021

La gallina de los huevos de oro

Si no fuera porque los índices de incidencia de la pandemia están creciendo en las capas más jóvenes de la población, yo me sentiría optimista. He observado a mi alrededor un palpable aceleramiento de la actividad económica que me ha hecho pensar que la reactivación está en marcha. Los hoteles ocupados, las playas concurridas y los restaurantes llenos. Cuando ya nos habíamos acostumbrado a no tener que hacer reservas con demasiada anticipación, volvemos a las viejas costumbres. Parece como si nuestra economía hubiera estado como las ollas a presión antes de que las válvulas de escape se abran. Es simplemente una impresión captada del entorno, pero que me ha llegado con tanta fuerza que todo me hace pensar que se trata de una realidad.

Pero la pandemia, si no se pone remedio, puede cargarse una vez más la gallina de los huevos de oro, que aquí y ahora se llama turismo. Es cierto que estos rebrotes no están trayendo, como en ocasiones anteriores, ni un aumento considerable de las hospitalizaciones ni la saturación de las UCI, pero no lo es menos que espantan al turismo. Que en el mapa europeo España esté tintada de rojo, cuando otros países lo están de amarillo o verde, no es una buena carta de presentación. Todos los días la prensa, los diarios hablados y los telediarios abren sus noticias con la famosa curva de incidencia creciendo, lo que asusta a los que ya habían empezado a hacer las maletas y pueden volver a deshacerlas en cualquier momento.

Tengo la sensación de que una vez más las autoridades no han previsto las consecuencias del levantamiento de las medidas de restricción. Confiar en que la población -así, dicho como si se tratara de un ente concreto- va a mantener las precauciones que observaba cuando las normas se lo exigían parece, como poco, una ingenuidad. El ser humano tiende al esparcimiento, a la libertad de movimiento y al contacto con sus congéneres. Es un animal sociable al que le resulta muy difícil practicar el aislamiento. Por tanto, dale la mano y se tomará el brazo. Dile que se puede quitar la mascarilla y se meterá en las discotecas cerradas, frecuentará los botellones o acudirá a los conciertos de masas.

Pero no se ha tratado de una ingenuidad, sino de un intento de reactivar la actividad económica cuanto antes, confiando en que se mantuviera un equilibrio entre riesgos y oportunidades. Lo que sucede es que no es tan fácil como algunos lo imaginan desde sus despachos. La prueba está en que algo tan lógico en principio como continuar con la tradición de los viajes de fin de curso se ha convertido en una fuente de contagios, algo que a toro pasado todo el mundo valora como insensato, pero que el mes de junio, cuando se puso en práctica, consideraba de lo más normal. Si la pandemia ha pasado, por qué no van a viajar mis hijos a Mallorca con sus compañeros de estudios como se ha hecho toda la vida.

La vacunación lleva buen ritmo, es cierto, pero, por razones obvias, no el suficiente para que nos podamos sentir seguros. Supongo que en otoño la inmensa mayoría de la población estará inmunizada, pero durante el verano, la época en la que nos las prometíamos felices, la vulnerabilidad colectiva seguirá siendo alta. Cuando creíamos que el empujón del turismo aliviaría la situación económica, vuelven los rebrotes, las curvas se empinan y los europeos nos miran con desconfianza. Lamentable, pero así es.

Sin embargo, aquí no hay culpable a quien señalar con el dedo, aunque los políticos como siempre  intentarán sacar tajada. El gobierno central ha intentado y sigue intentando mantener un equilibrio entre mejora de la economía y protección de la salud. Los autonómicos se han subido rápidamente al carro de la apertura, mirando la temporada turística con ilusión. Y la población en general ha confiado en que las señales que le llegaban fueran fiables y no ha dudado en volver a sus viejas costumbres. Entre todos la mataron y ella sola se murió.

En cualquier caso, prefiero ser optimista, porque a mi alrededor veo la alegría de volver a vivir con normalidad.


 

5 de julio de 2021

Buscadle un trabajo al chico

Cuando Toni Cantó abandonó Ciudadanos, nada más anunciar su decisión manifestó que lo primero que iba a hacer era llamar a su representante para que le buscara trabajo. Todo el mundo entendió su preocupación, porque cuando se cierra una fuente de ingresos hay que abrir otra lo antes posible. Esto es algo que sucede en las mejores familias.

Muy pronto le llegó una oferta desde la Comunidad de Madrid. Lo que sucede es que no reunía los prerrequisitos necesarios, por lo que el actor tuvo que renunciar a presentarse a las elecciones autonómicas dentro de la lista del PP, es decir, en la de Isabel Diaz Ayuso. Los tribunales dictaminaron que no residía en la capital de España ni en ninguno de los municipios de la circunscripción electoral. A don Antonio no le había dado tiempo a cambiar de residencia. Las precipitaciones, las urgencias y las espantadas conllevan algunos inconvenientes.


Aquel tropiezo no lo amilanó, porque su futura empleadora dejó claro ante los medios de comunicación que en cualquier caso contaría con él, un activo político del que no estaba dispuesta a prescindir. En aquel momento no especificó cual sería su trabajo, porque posiblemente no hubiera ninguno disponible. Pero en política, ya se sabe, crearlos de la noche a la mañana es tarea fácil. Sólo hay que tener alguna imaginación y a la presidenta de Madrid no le falta.

Ahora, pasado muy poco tiempo, el misterio se ha desentrañado, porque ya sabemos que el señor Cantó será el responsable de la defensa del español en la comunidad, un departamento que no existía y que era necesario crear cuanto antes. Si la Real Academia Española, por un lado, y el instituto Cervantes, por otro, no son capaces de poner orden entre los hablantes madrileños, que se encargue el nuevo fichaje, porque de estos menesteres es el que más sabe.

Los mal intencionados, que abundan como las chinches en las porquerizas, han tachado de chiringuito a la nueva creación administrativa, puede que porque no se hayan puesto a meditar sobre los grandes beneficios que reportará a los ciudadanos de esta comunidad disponer de una persona de la categoría de Toni Cantó al frente de tamaña responsabilidad. Habla correctamente el castellano y no se le conocen localismos ni barbarismos, por lo que puede hacer una labor de gran magnitud en defensa de la pureza idiomática.

El nuevo responsable del cuidado, la limpieza y la fijación del español se ha apresurado a desmentir a los que le acusan de regentar un chiringuito, porque, aclara, sin estructura no hay tal. Parece ser que no contará con recursos, de manera que estará él solo ante el peligro. Por tanto, que nadie se inquiete, porque a las arcas de la hacienda comunitaria esta empresa sólo le costará los emolumentos del señor Cantó, es decir nada más que los 75.000 euros anuales que se le han prometido. Parece claro que nuestros impuestos seguirán empleándose en tareas productivas.

Como el anuncio de las nuevas responsabilidades del que primero fue colaborador de Rosa Díez, más tarde de Albert Rivera e Inés Arrimadas y ahora de Isabel Díaz Ayuso ha sido tan precipitado, apenas se conocen detalles. Por ejemplo, nadie sabe como se llamará el nuevo departamento, para lo que debería abrirse un concurso de ideas. Yo presentaría alguna propuesta para el nombre, como el de “Dirección Madrileña de la Defensa del Español en el Mundo” (DIMADESMUN) o el de Agencia Madrileña para la Universalización del Idioma de Cervantes” (AMAUNICER). Son un poco largos, lo sé, pero con las abreviaturas quedan bien.

Lo malo es que hay tantos mal intencionados, tantas lenguas de doble filo, que quizá terminen llamándolo “El chiringuito de Toni”.